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Diseño de Manuel Moreno
Diseño de Manuel Moreno

Las fiestas Nuevo Anochecer nacen a comienzos de 2012 con la premisa de –como su propio nombre indica- darle una vez al mes un nuevo aire a la noche madrileña. Sus instigadores andan involucrados en distintos proyectos discográficos, de ahí que este lanzamiento vea la luz a través de tres sellos como son Discos Walden, Boletines de la Dirección General y LaFonoteca.

Desde LaFonoteca auspiciamos este lanzamiento discográfico perseverando en el intento de fomentar el intercambio musical y cultural entre Madrid y Barcelona con la representación de un grupo por cada ciudad en lo que supone nuestra quinta referencia.

El artefacto en que aparecen estas canciones es un flexidisco de 7″ en edición limitada a 199 copias a la venta, impreso con tinta dorada y portada crepuscular a cargo de Manuel Moreno, que esperemos haga las delicias de los coleccionistas.

Por Barcelona, El Último Vecino aporta la versión «volada» de «Riscas», presente en su fantástico álbum de debut, «El Último Vecino» (Domestica, 2014). En la misma cara, los madrileños Futuro aportan la instrumental «Nella Foresta», electrónica retrofuturista con ecos italodisco y querencia por los sintetizadores.

Dos grupos con sonido complementario unidos bajo un mismo disco.

Julio Nexus
Julio Nexus en Última Emoción

Julio «Nexus» Pastor es una referencia del synthpop en España. Comenzó en 1980 a tocar con los seminales Europa (más tarde renombrados Última Emoción) que formaban parte de la barroca escena electrónica valenciana, después con Megabeat e Invisible Records se encargó de poner banda sonora a la etapa más popular de la Ruta acuñando el Sonido Valencia. A día de hoy, aún sigue pegado a sus sintetizadores y secuenciadores.

¿Cuál fue el pistoletazo de salida para toda la escena synthpop valenciana de principios de los 80? ¿Había un pub reseñable, un grupo seminal, una radio en especial? ¿Cómo llegaron los sintetizadores a la capital del Turia?
En Valencia antes de 1.980 ya existía un «movimiento» que giraba alrededor del culto al sinte, y en mi opinión, en el momento en el que se empezaron a conocer a nivel nacional grupos valencianos (como Glamour y otros más), es cuando empezaron a ser conocidas muchas otras formaciones que ya llevaban tiempo haciendo cosas a nivel local. No olvidar que al mismo tiempo, estaba la Movida Madrileña, la cual monopolizó el panorama musical gracias a los medios de comunicación de la época, que no sabían que en Valencia, Galicia, Barcelona, y en otros lugares, antes, ya se hacían cosas de bastante calidad. Respecto al pub, existía un local llamado Pyjamarama, punto de reunión de todas las bandas (de todos los estilos musicales) y en el cual se gestaron muchos proyectos. Recuerdo que había una tienda de discos, se llamaba Amsterdam, creo que sigue abierta. Los sintes ya estaban en Valencia antes de los 80. Yo tuve uno montado en kit, en una caja de madera del tamaño de una de zapatos. No tenía teclado, pero era muy divertido. Los sintes tenían un precio prohibitivo en aquella época en España, hasta que llegaron los japonenes, claro.

Últimamente existe una ola de interés hacia todo lo relacionado con el ahora llamado minimal synth, etiqueta que podría englobar al synthpop / tecnopop más o menos underground de la primera parte de los 80. Por un lado se ha plastificado «Máquinas Románticas» (Turia, 2010), las últimas grabaciones del grupo. Por otro, un sello estadounidense reedita también en vinilo la maqueta primeriza de «Europa» (Dark Entries, 2012). A los fanáticos irredentos de la banda que no nos podemos gastar el dinero que se pide por él en las ferias de coleccionismo nos gustaría saber si hay alguna posibilidad de que se reedite «Dos Minutos de Odio» (MR, 1983) que sacó la extinta discográfica MR y que contiene la mítica «El misterio de los tomates eléctricos» en su versión definitiva o la envolvente «TV Pasión».
No creo que se reedite nada, pero para ser sincero, he aparcado, por no decir abandonado, el tema de Ultima Emoción. Si los demás miembros de la banda quieren hacer algo, por mí encantado.

Un hecho curioso en toda la escena electrónica peninsular de esa época es que muchísimos de los grupos como por ejemplo Última Emoción compartían el sintetizador Korg serie MS. ¿Cuál fue la razón? Vemos que en tus conciertos actuales Interfront lo seguís utilizando a pesar de tener sus limitaciones (muy pesado, sin memoria, monofónico…). En la carpeta de uno de los discos de Interfront el único agradecimiento va hacia la maquinaria de Korg. ¿Cuál es el secreto de ese teclado?
El MS-20 fue el primer sinte «de verdad» ya que era accesible, por precio, distribución y disponibilidad. Ya no lo llevo en directo, es un bulto muy incómodo de transportar, además de que no quiero que después de más de treinta años deje de funcionar por usarlo cinco minutos en un directo. No obstante, lo llevo virtual. Adoro el MS-20 por ser mi primer sinte y por haberme iniciado en la síntesis análogica.

¿Es cierto que fuiste el primer miembro en abandonar Última Emoción? ¿Pudo tener que ver la normalización de su sonido (tal y como se recoge en la grabación de «Máquinas Románticas») y pasar de hacer tecno-pop a un pop tecnificado más corriente?
Sí, abandoné UE en parte poque me aburría (soy así) y en parte porque me dediqué a programar en los primeros ordenadores personales que ya se podían adquirir sin necesidad de ser multimillonario. Más tarde, vendría la confluencia de la informática y la música. Además, suelo hacer parentesis en mis actividades, alternando mis aficiones, pero siempre sin olvidar la música. Hubo un par de trabajos editados en cassette, alguna sitonía para radio, pero sin saber muy bien qué quería hacer… Hasta que llegó Megabeat / Interfront. Cuando contactaron conmigo Fran (Lenaers) y Gani (Manero), ¡vuelta a empezar!

Los años 90 – 92 son frenéticos en términos productivos para Megabeat / Invisible Records, los sellos que creaste junto a Gani y Fran. ¿Tenías tiempo para salir del estudio y comprobar cómo temas vuestros como «Strange», «Es imposible, no puede ser» o «Balada para Jet Harris» se convertían en míticos en lo que se conocería como La Ruta? ¿Cómo recuerdas esa época?
No solía salir del estudio, no iba de ruta ni era asiduo de la noche. No quiero decir con esto que estuviera todo el día haciendo temas, por supuesto que no, pero tenía otras muchas distracciones y consideraba y considero la música como una más. Tuvieron que pasar muchos años para darme cuenta de lo que estos temas significaron y significan en el panorama musical.

La etiqueta Valencia / Sonido de Valencia fue incluida en las galletas de los discos de Megabeat Records desde un principio. ¿Cómo definirías al Sonido Valencia? Por otro lado, ¿a qué se debía tanto cambio de nombre (Megabeat, Interfront, Sun Corporation, Tyrell Corporation…) si siempre fuisteis los mismos integrantes?
La etiqueta de Sonido de Valencia (anteriormente Música de Valencia) fue acuñada por Gani y Fran. La definición de este sonido es Megabeat / Interfront, así de sencillo. Lo cual no quiere decir que después fuera incluida en cosas que poco o nada tenían que ver con nuestra idea. Vamos por partes con los nombres: Megabeat era un sello, un grupo y a la vez una corporación en las que se incluían todos los demás subsellos. En Megabeat / Interfront (grupo) éramos Fran, Gani y yo. Después, en el sello, se incluyeron otros grupos y formaciones. El hecho de cambiar el nombre fue primordialmente para preservar el sonido Megabeat / Interfront y poder sacar todo aquello que se nos ocurría, sin tocar el nombre. Además de ser muy divertido.

Durante esa temporada hicisteis muchas versiones, desde clásicos tecno como Kraftwerk, Vangelis o Grauzone a grupos de culto como Apple Boutique de un estilo completamente diferente. ¿Cuáles eran tus grupos de cabecera entonces? ¿Era fácil seguirles la pista y conseguir sus referencias en España?
Toda la música de todas las bandas, habidas y por haber, las tenían Fran y Gani, no olvides que son DJ, con lo que sus maletines de vinilos eran y son bastante completos. No había ningún problema para seguir a todas las bandas que sonaban. Y no teníamos Internet…

Europa: A modo de pequeño manifiesto incluís esta cita en vuestra cinta de 1981: «Somos optimistas respecto al futuro de la música en nuestro país, pues está tan mal que sólo puede ir a mejor». Tras pasar por una independiente, por la filial de una multinacional y por tu propia compañía, ¿con cuál experiencia te quedas? ¿Ha ido a mejor la música en nuestro país? ¿Te gusta algo de lo que se hace en estos momentos?
Uf, pregunta muy complicada… Hoy en día, filtrando los millones de terabytes de información que circulan por ahí, puedo decir que sí que hay muy buenas bandas en nuestro país, a las cuales tengo el honor de conocer personalmente e incluso haberles hecho alguna producción y/o remezcla pero, por desgracia, no salen de los círculos cerrados, cosa que siempre sucederá. Eso, o te vas a Eurovisión o haces la banda sonora de «Masterchef» o como se diga. Prefiero tener 500 personas en un concierto de Interfront, que saben lo que van a escuchar y les gusta, que 50.000 que pasaban por ahí y de paso sólo van a bailar. Aunque lo mejor es que haya 50.000, pero eso es otra historia…

Tus últimos temas son más relajados y ensoñadores, ¿piensas editarlos en algún formato o los produces como mero hobby?
Ya tenemos (Interfront) hecha la la selección (alrededor de veinte temas) compuestos desde el 2.009, muchos de los cuales no se pueden tocar en directo por ser, como dices, más relajados, así como un par de temas rescatados de lo que iba a ser el Interfront4 y alguna remezcla de temas clásicos hechos por personas bastante conocidas, pero no puedo adelantar más…

Ya que ha habido conciertos remember Interfront, ¿te animas a hacer uno exclusivamente con tu material nuevo?
En los directos de Interfront se incluyen y alternan los clásicos y los compuestos desde el 2.009, pero siempre hay que tocar los temas emblema de la banda. Me pongo en el lugar de las personas que vienen a vernos y procuro hacer el set tal como me gustaría a mí verlo desde abajo.

 

Si ya es difícil plasmar en unas cuantas líneas todo lo acaecido en un año, mucho más lo es en una lista. Quizá por ello no me gusten nada. Me parecen añejas, feas, insensibles e innecesarias en los tiempos que corren, y no deja de suscitarme auténtico estupor el hecho de que alguien sea capaz de hacer un repaso mental tan exhaustivo, o acaso lleve preparándose todo el año para tan señalado día. Si la memoria me falla lo suficiente como para hacer impensable lo primero, el acto premeditado que supone lo segundo nubla por completo uno de los principales parámetros que deberían emplearse a la hora de valorar un disco, que es el poso que este ha dejado en nosotros. Claro que el poso es algo pausado, reñido del todo con el ritmo frenético de Internet. Pero seamos serios: es absolutamente imposible que en un año nos hayan marcado cincuenta discos. Y si lo han hecho -hay quien es muy impresionable-, ¿acaso hay alguna diferencia entre el puesto 19 y el 32? La gente como yo, que lo descubre todo tarde, no puede hacer listas. Tendría que rehacerlas continuamente. Por no hablar de los discos que se mueven en la barrera que separa el año en curso del siguiente, o aquellos que copan los puestos altos incluso antes de haber sido publicados. El disparate llega ya cuando encima y pese a toda la sobreinformación a la que estamos sometidos, van y éstas son ABSOLUTAMENTE IGUALES.

Desde el punto de vista musical, y si de descubrir cosas se refiere, veo mucho más útil echar la vista atrás y preguntarse qué discos hemos escuchado más, qué escenas nos han cautivado, qué lugares hemos frecuentado con mayor asiduidad, cuáles directos nos han sorprendido. Las listas tienden a aislar y por tanto sepultar el contexto, haciendo en realidad flaco favor a la música, que ya de por sí se consume de una manera demasiado voraz. ¿Para quién están hechas? La listas deberían ofender tanto al que crea como al que promociona, y al melómano no le aportan nada. Las listas de fin de año, tal y como están ahora mismo concebidas, deberían desaparecer.

Comenzando como no podía ser de otro modo con aquello que atañe a nuestra propia actividad, está claro que uno de los motivos de más orgullo para nosotros llegaría el 8 de septiembre, con la presentación en Siroco de la que es nuestra tercera referencia, «Madrid Está Helado» (2012). De nuevo y tal y como sucedió con el anterior recopilatorio de bandas emergentes de Madrid que publicamos -el «No Te Apures Mamá» (2011)– la sala quedó abarrotada para ver un puñado de grandes grupos pequeños, demostrando que en ocasiones es verdad eso de que la unión hace la fuerza. Si pasado ya un tiempo más que razonable desde el lanzamiento del primero se puede advertir una clara progresión: la consagración de Los Claveles o Cosmen Adelaida, la expectación por los trabajos en ciernes de Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. En menos de un año del segundo percibimos que muchas de las bandas incluidas en él han dado ya un gran paso adelante, bien publicando sus primeros trabajos en largo (caso de Tigres Leones o Cómo Vivir en el Campo), o sencillamente insertándose en el circuito independiente de conciertos de la capital. Nos referimos a grupos que, como Esquimales o Alberto Azul han pasado de dar sus primeros conciertos a hospedar a bandas más asentadas como Franc3s o Blacanova en sus visitas a la capital, además de las numerosas listas en las que se insta a seguir a muchos de ellos, mención especial para Trajano! y Computadora.

En esta línea, es bonito observar los lazos casuales que se crean en directo entre grupos de sobra conocidos, como Juanita y los Feos, con otros más noveles, como Hielo en Varsovia. Como también lo es el entusiasmo con que gente que ha sido un referente en la independencia madrileña están acogiendo las proposiciones de los que llevamos menos tiempo en esto. Me refiero al entorno Gssh! Gssh!, Afeite al Perro, Isa Charades (ahora Aries y con discazo bajo el brazo), Chingaste la Confianza, etc.

Creo que este año no ha habido ningún disco que me haya obsesionado, pero el nivel medio ha sido muy elevado y a cambio he podido disfrutar de grandes directos, hasta el punto que se puede decir en voz alta y sin temor que los grupos españoles han derribado ya por fin del todo el tópico de que suenan mal. Sí, como espectador he podido disfrutar (y como organizador, padecer) un más que bullicioso estado de salud de la independencia en Madrid. Al buen hacer de sellos ya casi veteranos como Gramaciones Grabofónicas o Gran Derby, ejemplos de colectividad, se ha sumado la estruendosa y feliz irrupción de los ya omnipresentes Sonido Muchacho. Y de su fino olfato han venido algunas de las novedades más sorprendentes en este pasado 2012, desde Diego García a Tucán, pasando por Juventud Juché o Terrier. Sin duda, uno de los sellos que más alegrías nos depararán en este 2013, al menos yo espero con inusitada expectación cada uno de sus próximos e imprevisibles lanzamientos. Relevante es al hilo de esta colectividad mencionada el surgimiento de Nueva Monarquía, sello basado en la financiación por crowdfunding, signo de los nuevos tiempos, veremos si modelo válido e imperecedero también.

Mucho sello pequeño, diréis. Sinceramente, poco me interesan las propuestas de los «grandes», salvo contadas excepciones. Sus apuestas son tan conservadoras que tan sólo Limbo Starr me suscita cierto interés periódico. Así, Ornamento y Delito, Franc3s o Cuchillo han sacado muy buenos discos a su abrigo. Plausible es también el paso dado por Acuarela para engancharse de nuevo a la actualidad abanderando un proyecto tan joven como El Faro. O que Jabalina mime cada lanzamiento de ese grupazo que es Klaus & Kinski. Pero no oculto que mis miras cada día se vuelcan más hacia lo minoritario, con el universo Atomizador, Extinción de los Insectos, Prisma en Llamas, Grosgoroth. Con el do-it-yourself heroico en estos tiempos de crisis, con Madrid Radical retomando la senda iniciada por Aplasta Tus Gafas de Pasta, con Palo Alto. Y, sobre todo, con la resistencia de los sellos unipersonales enarbolados por los románticos empedernidos, siendo Manu Bang! (Autoplacer Sindicalistas, Discos Walden y su Club del Single), Hoffa (Discos Calabaza) e Ignacio (Discos Garibaldi, Madrid Popfest) mi troika favorita. Y La Faena II el nuevo lugar de evasión. A decir verdad, uno tan sólo echa en falta un festival en condiciones en la capital. Todo se andará.

Pero esta es mi «no-escena», que si vais y preguntáis a mi compi fonoteco TGL, con lo que más se va a emocionar es con todo lo que sucede alrededor del Rock Palace y grupos como Vigilante Gitano, Obediencia o Sudor. Es cuestión de gustos y mentideros, y a este último respecto no me gustaría pasar por este repaso a la actualidad musical de Madrid sin hacer referencia al Nuevo Anochecer, proyecto que desarrollo junto a Manu Bang! y Láynez Coca (Regiones Devastadas, Futuro), y fruto del cual una vez al mes el Tempo II se entrega al baile, a los sintetizadores, el post-punk, el italo raro y la new wave, y donde aprovecho siempre que puedo para colar ritmos de grupos que encajen en esta fête triste, llámese Futuro, Linda Mirada, Granit, Violeta Vil (uno de los directos del año), Villarroel (lo mismo) o Espanto (a los que deseo que hagan algún otro este mismo año).

Alguno dirá que encuentra demasiados nombres de grupos que hemos programado. Obvio. Si no los encontráramos interesantes no lo haríamos. Y algún otro que hay muchos amigos citados. Lógico también. Cuando uno se pone a hacer balance es normal que tire de lo que tiene más a mano. Al fin y al cabo es lo que hace la Rockdelux sin rubor alguno y muchos aún se rasgan las vestiduras por ello. Pero cambiemos de coordenadas, que no todo sucede -afortunadamente- en Madrid.

Galicia. Desde aquí miramos con expectación lo que sucede en torno al consabido Galician Bizarre, otro exponente de cómo de una manera colaborativa se puede trascender. No todo lo que se engloba bajo esta etiqueta heredera del Zeitgeist encarnado por el buque insigne del undergroundnacional, Triángulo de Amor Bizarro, me resulta igual de interesante, pero no cabe duda que ya son dos años consecutivos generando una cantera más que envidiable, y así lo han demostrado Telephones Rouges, Fantasmage y Tora! Tora! Tora! en este 2012 que ya se esfumó.

Tampoco quitamos ojo a Barcelona, con más admiración que recelo de lo que se nos presupone. Dos conquistas, el llenazo de Doble Pletina dentro de nuestro ciclo de conciertos en El Juglar en colaboración con Grabaciones Azul Alcachofa, con un público absolutamente rendido, y lo mágico de Pegasvs musicando “El Gabinete del Dr. Caligari” (Robert Wiene, 1920) en el Festival SyFy. En general seguimos con mucho detenimiento cada uno de los pasos de Canadá, así como los geniales proyectos efímeros a los que nos tiene acostumbrados la modernidad de la Ciudad Condal, me vienen irremediablemente a la cabeza los ya mencionados Granit.

Preguntando en nuestro foro, Roberto Macho nos señala la confirmación de dos bandas del sello Sones, como son Mujeres y Fred i Son, cuyos segundos largos han cumplido las expectativas depositadas en ellos. Nos apunta que los recientes trabajos de Mishima y Antonia Font los siguen conservando como los dos grandes grupos de la escena local. Y nos señala a Isaac Ulam del sello Bankrobber. «Folk mediterráneo optimista y luminoso que seguramente no aparecerá en casi ninguna lista pero que merece toda nuestra atención». Dicho queda.

En esta senda más desconocida, algo más outsider, Miguel Atienza nos destaca al Colectivo Detakón. Y un humilde servidor se decanta por HAO! y la Cofradía de la Pirueta, cuyos movimientos sigo con atención, especialmente a lo que suceda con Corte Moderno, el enésimo proyecto de El Ortiga (Anticonceptivas, Thelematicos, Pelea!, Cotolengo). Por supuesto es digna de mención la gran labor de El Genio Equivocado, que está ofreciendo la posibilidad de que grupos noveles crezcan bajo su auspicio: los ya citados Cosmen y Blacanova, Odio París, Las Ruinas o Grushenka, así como la incombustibilidad del universo Austrohúngaro, este año a la carga con Hidrogenesse, Espanto y Lidia Damunt. ¡Qué rara avis es Foehn también!

Por último, y desde la distancia, me gustaría señalar la percepción de hervidero de buenos grupos que supone Pamplona en la escena nacional (Tremenda Trementina, Violeta Vil, Kokoshca, Los Ginkas, Reina Republicana), y la gran personalidad de las bandas que nos llegan desde Sevilla (Tannhauser, Blacanova, Pony Bravo, Las Buenas Noches, Fiera, Marina Gallardo); la irreverencia valenciana (Tucán, Rajoy Division) y el movimiento alicantino (recién empezado el año estoy flipando y mucho con el sello Musagre y todito todo lo que está sacando en cassette); el terremoto asturiano que es Discos Humeantes y más que curiosa la actividad en el Baix Llobregat: Gúdar, Primogénito López. Pero todas estas cosas dan para un capítulo aparte, y si no tienen cabida en una entrada así de larga, imaginaos en una lista.

El mes pasado tuve el honor de pertenecer al jurado del II Concurso de Maquetas Autoplacer, un certamen que contó con la participación de setenta y pico grupos de distinto pelaje y procedencia. De entre todos los participantes los organizadores nos pasaron un filtro de quince finalistas, de entre los cuales se erigieron como ganadores por su regularidad en votos obtenidos los coruñeses Mano de Obra. Tecno-pop desabrido e incómodo deudor de grupos como Esplendor Geométrico, Aviador DroAñade este contenido y coetáneos a sus vecinos Fasenuova.

Mano de Obra eran, para un servidor, dignos candidatos al título. Sin embargo, tres fueron las propuestas que me arrebataron. Aunque he de reconocer que no eran del todo desconocidas para mí, sí que me sorprendieron gratamente y sin duda darán que hablar de manera inminente, si es que no lo están haciendo ya.

 

Hielo en Varsovia son Ki (un tipo extraído de La Movida a lo Rafa Balmaseda), Buddy (un tipo sacado de un mundo más feliz con drones y sitares) y Bea (una tipa sacada de un garage de Seattle); o lo que es lo mismo, una amalgama sonora ante la cual es verdaderamente difícil permanecer impasible. Tuvimos la oportunidad de organizarles un concierto (junto a Franc3s y Trajano!) y desde hace tiempo les seguimos la pista como una de las bandas emergentes madrileñas que mayores sorpresas nos pueden deparar. Por ahora tienen una maqueta que es un post todo, trece cortes intensos y desquiciados que harán las delicias de los buscadores de nuevas experiencias.


 
 

 
Futuro son Cólin y Laynez, a quien ya conocerán por su descacharrante grupo Regiones Devastadas. Amantes de los 80, del italo raro y del synth pop -de hecho el segundo es uno de los cabecillas del Nuevo Anochecer, una noche en Madrid con querencia hacia estos sonidos en la cual también me hallo involucrado (ejem). Futuro pone el punto de mira en el pasado para vislumbrar un futuro distópico mientras nos incitan al baile y el hedonismo.

Aún no han debutado en directo, pero raro sería que en unos meses los mentideros indiesno nos bombardeasen con ello y entonces no nos quedará más remedio que decir aquello tan manido de «ya se lo avisamos».

 

 
Por último, Calma en los Mercados, el enésimo proyecto del inquieto Raúl Querido, concebido como un colectivo abierto de corte contestatario cuya intención es la crítica social y económica a golpe de sinte. Destaca sobre anteriores proyectos la cabida de inquietantes pasajes sonoros instrumentales en los que dar pie al spoken word o simplemente a la reflexión entre cortes de mayor calado político. Un genuino banco de pruebas al que se irán sumando poco a poco otros inconformistas de la escena. Una revisión de la canción protesta y los colectivos de los 70 adaptada a tiempos modernos necesitados de un mismo mensaje.