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6a014e6089cbd5970c01bb0938a9e6970d-800wiLuis Boullosa entregaba hace unos años «El Puño y la Letra: Creación Literaria y Rock & Roll Underground » (66 rpm, 2013), un análisis certero de la relación entre música, literatura y creación artística. Luis estudiaba todo el proceso compositivo: desde la inspiración y el hecho creativo mismo hasta el proceso de exploración interior que culmina con el nacimiento de las canciones. En aquella ocasión se centraba en músicos y bandas extranjeras: The Drones, Strange Boys, Kill Devil Hills, los Swans de Michael Gira o los Enablers de Pete Simonelli.

En «Santos y Francotiradores: Supervivencia, Literatura y Rock & Roll» (66 rpm, 2016) continúa la senda iniciada con su anterior entrega, pero centrándose en artistas nacionales como Rafael Berrio, Josele Santiago (Los Enemigos), Fernando Alfaro (Surfin’ Bichos, Chucho), Javier Colis, Alberto Acinas o Niño de Elche.

Luis afirma que en “El Puño y la Letra” fue el turno “para esos ganadores extranjeros, y poco tuve que contar de sus entornos y sus cuitas domésticas”. Aquí se centra también en la supervivencia, tanto personal como artística de los músicos, a los que nunca podremos llamar perdedores. Porque el arte en la mayoría de los casos es una apuesta arriesgada, pero no podemos recurrir al tópico de vencedores y perdedores. Como dice Boullosa, “atendiendo a la realidad económico/social de los artistas que circulan por este volumen, bastantes de ellos deberían considerarse estoicos supervivientes. Sus victorias existen pero tienden a ser pírricas. Y, exceptuando a casos concretos, sacrifican muchas cosas para poder seguir produciendo un tipo de arte que considero imprescindible”.

Personajes que consagraron su vida al arte que, como diría Burroughs, pelearon a la contra para mantenerse a flote. Nos encontramos con importantes reflexiones acerca del arte en general y de sus obras y de su manera de escribir y componer en particular. También hay tiempo para intimidades y para conocer sus impulsos y razones para dejarlo todo atrás y casarse con la música. Para ello se necesita una fe ciega… “Lo puedes llamar inconsciencia o irresponsabilidad y también lo puedes llamar fe. Es lo mismo, es tirarse de cabeza. Nosotros lo hicimos. Yo tenía un trabajo, y estuve cargando pianos y repartiéndolos por Madrid, porque me saqué el carnet de conducir muy pronto, y… en un momento dado lo dejé porque salían bolos y era mucho más divertido”, se sincera Josele Santiago. Pero el éxito en muchas ocasiones es efímero y luego llega la cruda realidad del día a día… y a veces el éxito vuelve, en una montaña rusa constante… “Antes de juntarnos de nuevo Los Enemigos yo estaba yendo con mi guitarra acústica y mi coche a plantarme donde fuera”. Una apuesta constante por crear, soñar y sobrevivir.

Luis analiza también el concepto de malditismo y todas sus vertientes. Lo hace analizando la figura de Fernando Alfaro, quien reflexiona sobre una palabra con la que se le ha vinculado a lo largo de toda su carrera… “Yo ahora no puedo ir de bendito. Porque mis canciones eran muy oscuras, cosas terminales todo el rato, y yo era muy de extremos, que es un poco lo que me ha gustado siempre”. Como en su anterior libro, Luis dedica un espacio a analizar la inspiración, ese momento difuso situado entre el trabajo y la iluminación; asociándola con la teoría del inconsciente colectivo de Carl Gustav Jung, “la inspiración puede ser considerada como un momento de acceso a ese inconsciente y de canalización de éste hacia formas expresivas”. Ello sirve para analizar todo el imaginario propio de Alfaro: los perros, los aspectos bíblicos y religiosos, la carne, la muerte…

Hay momentos de especial lucidez, como el certero “Indie, Espejismos y Supervivencia”, capítulo en el que se realiza un análisis generacional de lo indie, cuestionándose su base, y de lo hipster –con referencias a la inteligente maniobra comercial de Lenore, el hype: “Indies, Hipsters y Gafapastas (Crónica de Una Dominación Cultural)” (Capitán Swing, 2014)-. También se habla de la supervivencia de los músicos que no se ganan su sustento con sus creaciones… “Para poder vivir de la música tienes que hacer una música que le guste a un número determinado de personas. Así funciona la industria”, afirma Juan Fernández Navazas (Cuchillo de Fuego). Esteban Hernández por su parte, tiene claro que el aspecto económico es la clave del asunto, y que “sin tiempo, sin dinero y sin recursos no logras poner en juego todo tu potencial… Muy pocas carreras pueden desarrollarse cuando casi todo tu tiempo debe dedicarse a otras tareas y el dedicado a la creación son unas horas robadas al sueño”.

Un aspecto importante es que Luis, como ya hiciera en su anterior entrega, reivindica las letras. En todo momento, sus argumentaciones son sostenidas por la inclusión de versos de las canciones que son analizados con minuciosidad. Ello trae consigo un efecto secundario claro: va a hacer que escuches con más atención y de una forma más intensa canciones ya conocidas en unas casos, y en otros te va a descubrir artistas y canciones desconocidas. Particularmente, que un libro invite al descubrimiento de canciones, discos y, en este caso, también libros, es una bendición.

Luis dedica un capítulo a los mesías del nuevo punk: Cuchillo de Fuego y Fabuloso Combo Espectro. Y lo hace desde una interesante perspectiva política. Analizando pasado y presente para hacernos entender la rabia y la necesidad de rebelarse que transmite su música ante una realidad social alienante y sumisa por un lado, y de des manteamiento de la cultura y las clases medias por otro… “Concretamente en Galicia creo que muchos de entre la gran cantidad de retornados que fuimos explotados más cerca o más lejos, de parados con licenciaturas o sin ellas y demás decepcionados, le hemos dado un giro positivo a nuestras vidas y, en vez de hundirnos en la mierda, hemos decidido ponernos en serio con esto de llevar a cabo proyectos a priori imposibles”, comenta Xosé Lois García de Cuchillo de Fuego.

Además del nuevo punk, se analiza también el nuevo folk vía Alberto Acinas, Mursego, Orthodox (doom, metal) y PylarAñade este contenido; y la vanguardia de raíces con el Niño de Elche.

En el tramo final se reflexiona sobre la escena subterránea, las propuestas más arriesgadas y el papel del periodismo a la hora de dar visibilidad a estas propuestas… “Los héroes y sus hazañas los tenemos todos los días, de eso no falta. Lo que falta es el bardo que narre esas hazañas para que no se pierdan el olvido. Y en la escena española la crítica y el periodismo musical no acompañan. Funcionan a base de excepciones”, comenta Xavier Castroviejo. En el aspecto periodístico, sus luces y sombras, sus miserias e intelectualizaciones vacías, se ahonda en profundidad.

Un libro disfrutable, que invita a la reflexión y al descubrimiento, al que seguro que se recurre periódicamente para consultar o para releer algún pasaje. Es cierto que en algunos momentos Luis hace demasiado hincapié en sus obsesiones y en sus experiencias vitales, pero esto también ayuda a darle calor y cercanía a la narrativa.

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The divan comedy - Chucho
Digitalización de las viñetas por HoffaMM

 

 

Fernando Alfaro ha escrito, al menos, dos de las mejores canciones que conozco sobre la paternidad. No sobre la figura del padre, que es una temática más recurrente, sino sobre el hecho de ser padre, con toda su complejidad. De hecho, “Chapoteosis de chiquillos en la bañera” tiene su secuela en la posterior, “Y minera”, donde podemos seguir el curso de los juegos de identificación, incorporando ya la palabra del hijo (la hija, en este caso).

En esta primera aproximación, sin embargo, el hijo aún no tiene palabra, pero aún siendo mudo, ya puede ser receptor de un mensaje. La imagen que abre la canción, un cenagal donde lo primero que encuentra el recién nacido es la cara estragada del padre, ya avisa de la oscura senda que se avecina. Pero es el personaje de la cigüeña, que en sus ambiguas intenciones llega a parecer un águila, donde me he querido detener, para entender los claroscuros de la figura paterna, esa que todos tenemos dentro y que en cualquier momento podemos ser llamados a encarnar.

Chucho, «Chapoteosis de chiquillos en la bañera», «Los Diarios de Petróleo» (Chewaka, 2002)

«Seré un genio, y el mundo me admirará. Quizá seré despreciado e incomprendido, pero seré un genio, un gran genio, porque estoy seguro de ello» – Salvador Dalí a los quince años.

Surrealista, esperpéntico, extravagante, narcisista y megalómano, Salvador Dalí nunca dejó indiferente con su actitud, sus formas y su manera de entender la vida. Mucho se ha escrito sobre su pintura, su escultura y su relación con el cine de la mano de Luis Buñuel pero aquí, como no podía ser de otra forma, haremos un somero repaso a la relación, bien sea directa o indirecta, de Dalí con la música.

Como hombre de su tiempo, Salvador Dalí tuvo contacto con muchos cantantes de la época, siendo el más destacable de todos ellos Paco Ibáñez. En los años 50 Paco se dedica a adaptar textos de poemas, primero de Luis de Góngora y posteriormente de Federico García Lorca, que una amiga suya hace llegar al pintor. Éste inmediatamente quiso conocer al autor y en el encuentro que tuvieron acordaron que el figuerense realizara la portada del primer LP del valenciano «Paco Ibáñez 1» (Polydor, 1964). Dalí opinaría sobre la misma: «Se puede decir que he creado la imagen de esta canción (‘Canción de jinete), con una sóla mancha de tinta… He tomado tinta china y al hacerlo he dicho: yo firmo esta cosa de Lorca con su sangre y con la mía. Esta salpicadura es una salpicadura de sangre. He firmado el disco de Ibáñez con sangre, a la manera española».

Pero el pintor catalán tenía unos gustos muy eclécticos, de la ye-yé más temperamental, Franciska, llegó a decir: «Franciska tiene una mirada psicodélica y sus ojos valen una verdadera fortuna». Y del cantautor segoviano Ismael opinó: «Ismael es el cantante místico vertical más elevado de la Tierra». Pero lo que quedó registrado en vídeo fue su apoyo a la cantaora y bailaora Maruja Garrido de la cual Salvador Dalí había apadrinado en sus presentaciones en el teatro Olimpia de París.

Aquí el impagable vídeo realizado en la Ciudad Condal bajo el Arco del Triunfo.

«Si te reencarnas en carne vuelve, a reencarnarte en ti que andamos justos de genios…» cantaba Ana Torroja en el tema «Eungenio Salvador Dalí» incluido en el LP culmen de la carrera de Mecano, «Descanso Dominical» (BMG / Ariola, 1988). Y es que el figuerense ha sido un personaje muy habitual en las letras de los grupos españoles de todos los tiempos. De este modo aparece, junto a Raimon, José Guardiola y Lita Torelló, en «Romanço del fill de vídua», la maravillosa adaptación que Els 3 Tambors hicieran del «Tombstone blues» de Bob Dylan. Los Archiduques en la psicodélica«Dimensión en Sol Mayor» ubicaban sus pinturas junto a flores, paz y soles perdidos mientras que el leonés Ricardo Cantalapiedra en «Éxtasis» lo menciona junto a figuras como Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, y el gran extremo diestro Amancio Amaro. También ha sido motivo de dedicatoria de algunas canciones como «Daliniana flor» de Pau Riba y «El faro de Dalí» por parte de Los Pekenikes.


Y como no podía ser de otra forma el influjo del figuerense también se deja notar en multitud de portadas de álbumes. Cierto es que más fuera de nuestras fronteras que dentro, ya que grupos como C.C.C.P., John Cage, Alice Cooper, Editors, Jackie Gleason, James Gang, Mercyless, Peggy March, Thought Industry o Brian Eno se han inspirado en algún momento en Dalí para el arte de algunos de sus trabajos. En España, el caso más reseñable es el del álbum «La Vida es Extraña y Rara» (Marxophone, 2011) de Fernando Alfaro, cuyo diseño elaborado por Joaquín Gómez Gálvez está inspirado en un detalle de la obra “La Estación de Perpiñán”.

 

Capítulo aparte merece el disco «The Great Masturbator» (WSNS, 2004) de Vagina Dentata Organ que según explicó el mismo Jordi Valls a la revista Datacide: «Es un disco muy metafísico. Es el sonido de una campana de la iglesia tocando a muerto. Detrás de mi casa en Cadaqués hay una vieja iglesia, y cuando alguien del pueblo muere las campanas tocan una o dos notas a la vez, sin para durante veinte minutos o más para recordarle.»

“El amor nos hará perros”

En el 1994 Surfin’ Bichos ponían el telón. El cansancio era grande, muy grande, y la ilusión ya no era la misma. Tras la publicación de «El Amigo de las Tormentas» (RCA, 1994) llega el fin. El grupo ya ni realiza gira y la promoción es prácticamente inexistente, la discográfica tampoco es que los apoyase con fuerza.

En 2006, doce años después de la separación, Surfin’ Bichos vuelven a reunirse para realizar una gira de despedida por la geografía española con los cinco componentes de 1994. La productora La Nube Studio retrata la gira, centrándose en los últimos cinco conciertos. Un trabajo en doble DVD dirigido por Rogelio Abraldes y producido por Carlos Valcárcel que nos transporta al pasado. En el primer DVD nos encontramos con el documental propiamente dicho y en el segundo, dedicado a los extras, imágenes inéditas de los directos del 89, trece canciones de la gira de reunión del 2006, el relato de Fernando Alfaro “Buzos Haciendo Surf” y muchas cosas más. Problemas de copyright impidieron que el documental estuviese parado unos años, pero por fin en 2012 podemos disfrutarlo.

En cien minutos se recogen los mejores momentos de aquellos conciertos y un montón de reflexiones de los miembros del grupo sobre la banda, los motivos de su separación y cómo volvieron a juntarse para esta gira. Un retrato íntimo –disfrutar de Alfaro guitarra acústica en mano entonando “Mi refugio” es emocionante- que nos permite, al igual que el libro “Sermones en el Desierto” (Avant Press, 2003) de Jota Martínez Galiana conocer de primera mano la historia de uno de los grandes grupos nacionales de todos los tiempos. Un grupo que conoció el éxito y el fracaso, que asumió la derrota con determinación y cuyos componentes encontraron en la música la manera de alcanzar la redención.

Además de los miembros de la banda, pasean por delante de las cámaras Manolo Rock –primer mánager de la banda- que nos enseña imágenes inéditas de unos Bichos primerizos allá por el 89 y muestra una gran sensatez-, Jota Martínez Galiana, Mariano Tejera, Jesús Ordovás, Julio Ruiz…

Un documental necesario e imprescindible que disfrutarán tanto los feligreses de la banda como los nuevos conversos que generará.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Me presento: Me llamo Marcos y llevo tocando el bajo en Cosmen Adelaida desde abril de 2007. Esto ha supuesto, aparte de una más que considerable reducción de mi tiempo libre -y no tan libre-, unas cuantas alegrías y algún que otro disgusto normalmente aparejado a una alegría anterior o posterior, no soy tan masoquista. También me ha permitido vivir, desde la posición privilegiada que da el escenario, toda clase de tópicos y frases recurrentes sobre el pop de bajo octanaje comercial y con el amateurismo por bandera. La mayor parte de ellos son ciertos.

Cuando se me propuso rellenar con texto unos espacios en blanco que afeaban el aspecto de la web lo primero que se me ocurrió fue echar la vista atrás. Era un intento de encontrar algo interesante que contar en los cinco años que llevo en el grupo. Después de todo, estoy en esa perspectiva privilegiada del escenario y además toco el bajo, lo cual es doblemente privilegiado en este caso: Mientras que el cantante se lleva las presiones y los agasajos, yo me puedo dedicar a observar a los que presionan y agasajan al cantante. Mirando al pasado una idea vino rápidamente a mi cabeza: Nadie compara a nadie ya con Los Planetas.

Los Planetas por pichardomilciadesEvidentemente, esto es falso. Todavía hay muchos grupos a los que achacamos el sambenito de estar influenciados por los granadinos, pero hace un lustro era una constante, un mantra. La primera lectura que se desprende de esto, aparte de la pereza de la gente (y de los periodistas musicales) a la hora de encontrar influencias en la música de un grupo, es que Los Planetas han sido la banda más importante del pop (indie) español en los últimos veinte años, que es como decir que es la banda más importante del pop (indie) español, a secas.

Desde los primeros 90 hasta hace relativamente poco tiempo su influencia ha sido constante, a pesar de que ya con «Encuentros Con Entidades» (RCA, 2002) la gente empezó a cuestionarse su reinado. No está mal si tenemos en cuenta que llevaban casi diez años en el trono. Ha sido al desarrollar su personalidad como grupo, eso que les hace apartarse de las modas y mirar hacia los libros de historia (del pop español), cuando definitivamente han dejado de ser profetas en su tierra (sic). Los aires flamencos no han terminado de calar en el indie a pesar de que en un primer momento los recibió como algo fresco en el panorama algo anodino de mediados de la pasada década.

Una segunda lectura, consecuencia de la anterior, es que no ha habido ningún otro grupo español que haya sabido excitar al fan medio de la misma forma. Ninguno ha conseguido un consenso entre el público como para marcarlo generacionalmente, ni siquiera mi admirado Fernando Alfaro (me postro ante él) y sus continuas reinvenciones para seguir igual. Nadie comparó en su momento a Cosmen Adelaida con otro grupo nacional más, tras los de Granada solo surgían variadas referencias foráneas.

El panorama ha cambiado con la llegada de la nueva década. Los Planetas ya no marcan la tendencia pero tampoco ha tomado nadie el testigo. Paradójicamente, la gente ha comenzado a hablar de grupos nacionales para calificar a las nuevas bandas. Sin embargo, en lugar de concentrarse las miradas en un puñado de referencias, estas se han multiplicado. Ni siquiera hablamos de los grandes nombres en activo, que siguen siendo los mismos después de diez años o más. No hay más que mirar las últimas listas anuales: pocas repiten podio. Podríamos hablar sobre que es consecuencia del cambio en la industria y la cultura musical. Quizá en otro momento.

A decir verdad, si la gente ha dejado de comparar a Cosmen Adelaida con Los Planetas es porque hemos dejado de parecernos a ellos. Están muy presentes en nosotros, al menos en mí. Todos sus discos me parecen buenos, con mención especial a «Super 8» (RCA, 1994), «Una Semana en el Motor de un Autobús» (RCA, 1998) y «La Leyenda del Espacio» (RCA, 2007) -yo lo considero lo mejor que han hecho. Pero es cierto que poco a poco un grupo va haciendo su propio camino y, aunque la influencia externa es constante y muchas veces inconsciente, esta no modifica el núcleo que, como una hormiguita, has fabricado con tesón y paciencia, mucha paciencia.

Es un poco extraño explicar por qué me interesa un género como la bossa nova (“nuevo ritmo”). Digamos que hace ya casi trece años que lo tengo metido en la piel. Empezó una tarde soleada, en el cuarto de un compañero de residencia, con las persianas medio bajadas, fumando y charlando. Y cuando oí a Maria Creuza cantar los clásicos de Jobim y Vinicius de Moraes, me pareció la música más bonita que había escuchado en mi vida. Y lo bueno de escribir sobre el pop español y la bossa nova, ha sido darme cuenta de que, evidentemente, no he sido el único que ha caído en la maravillosa cadencia de esta música, en realidad, hija bastarda del jazz y la samba.

Marisol fue, no sé si la primera, pero por lo menos sí la primera que recuerdo. En plena explosión de la bossa, “Rumbo a Río” (1963) de Fernando Palacios propone una fusión entre las canciones de Marisol y la bossa nova de entonces, con arreglos que imitaban a los que el usurpador Stan Getz estaba haciendo durante esa época junto a Jobim para Joao Gilberto. El resultado es, como era de esperar, más un producto de publicidad para la joven Marisol que una seria fusión con el género brasileño. La voz de Marisol, tan emotiva, distaba mucho de la de Astrud Gilberto, Nara Lo o Elis Regina. Y evidentemente “Bossa Nova junto a tí” era una canción que estaba lejos de ser un estándar de bossa, aunque sí un acercamiento a una música que, sin ser anglosajona, tuvo sus primeros ecos en España.

Por supuesto, la bossa se fue popularizando en España con actuaciones de Sergio Mendes, Toquinho entre otros, aunque ya en los 70, para un tiempo en el cual la música brasileña había evolucionado enormemente.

El otro ojito derecho de los españoles, pero no del franquismo precisamente, Ana Belén, también tuvo sus incursiones en la bossa nova con su disco “Ana En Río” (Sony, 1992), en el cual hace una versión en castellano a dúo de “Noite dos mascarados” con el genial Chico Buarque, entre otras versiones. La producción de la época hace que esta incursión diste mucho de las cadencias tan hermosas de la bossa clásica.
Ana Belén es precisamente quien canta con Carlos Berlanga (el POP español) una versión calcada de “Aguas de Março” de Jobim. Es más, el ex-Pegamoides, se basa en “Wave” (A&M, 1967) del maestro Jobim para su portada de “Indicios” (Compadres, 1996).

Para entonces, un admirador de Berlanga, lleva a su terreno la bossa de la forma más interesante que he oído en España. Ibon Errazkin, que con Le Mans, llegan a titular un disco “Saudade” (Elefant, 1996) y en el que sí queda patente la influencia de esta música brasileña. La frialdad/dulzura en la forma de cantar de Teresa Iturrioz, los acordes y esos arreglos que parecen sacados de los que Jobim hacía a Joao Gilberto, o los que llevaban algunas de Buarque e incluso de Caetano Veloso.

Una canción que me parece un mundo aparte en lo que a fusión entre bossa nova, jazz, pop y hasta toques de samba es “Canción de todo va mal”, la que abre “Aquí Vivía Yo” (Elefant, 1998). En ella, Errazkin crea un universo donde el Donosti Sound se sitúa a un punto equidistante entre San Sebastián y Río de Janeiro. Todas las canciones se nutren de los elementos más importantes de la bossa: la cadencia, la voz, los acordes, y la saudade. Tiñe la bossa nova con lluvia que cae en la playa de la Concha.

Como no podría ser de otra forma, también otro referente del Donosti Sound, la voz de Irantzu Valencia de La Buena Vida, está cerca de la de Astrud Gilberto o Nara Leao en lo que a carácter se refiere. Sin embargo, La Buena Vida está más enfocado al pop, y su inspiración en la bossa no pasa de los arreglos y la voz de su cantante.

Pequeños toques se ven en Fernando Alfaro, con Surfin’ Bichos en “Abrazo en un terremoto” y luego más adelante con Chucho en varias canciones (“Un agujero excéntrico”, “El ruido de la calle”…). Siempre para crear esa especie de dualidad entre una música luminosa como la bossa y letras más oscuras. Pero siempre utilizando esos “aires” (en ningún momento bossa pura) como un recurso más del pop.

Fuera de lo musical -depende de cómo se mire-, dos fanáticos de la bossa nova son Victoria Abril y Pedro Almodóvar. La primera publicó un disco “Putcheros Do Brasil” (Sony, 2005) en el cual hace versiones de Gilberto, Jobim, Menescal, Mendes y… ¡no lo hace nada mal! Eso sí, cantadas en portugués. Almodóvar, fan de Caetano Veloso, en “Hable Con Ella” (2002) mete con calzador al bahiano para que cante “Cucurrucucú paloma”.

*Nota final: Me he puesto a investigar más y sólo me salen versiones (horribles) de Sole Giménez de Presuntos Implicados, de “Aguas de março” de Jobim y “Eu sei que vou te amar” de Vinicius de Moraes. Así que mejor o vuelvo a los clásicos o me pongo a Le Mans.