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Vainica Doble, la caricia popVainica Doble. La Caricia Pop
De madres de La Movida al Donosti Sound
Marcos Gendre
Editorial Milenio, 2014

Tras esta «sorprendente» portada, que poco o nada tiene que ver con el exquisito gusto gráfico que destilaron las Vainica a lo largo de su trayectoria, se esconde un completo estudio de Marcos Gendre en torno al mítico dúo, obra que surge con vocación completista de aquel libro de Fernando Márquez editado por Ediciones Júcar en 1983. La cuidada edición a cargo de Milenio incluye un libreto con fotografías, pinturas y cartelería de películas a las que compusieron sus bandas sonoras, procedentes del archivo familiar (sobre todo, de Elena Santonja) así como instantáneas de algunos de los grupos que según el autor continuaron su estela o se vieron influenciados.

Son ya varios los libros leídos y reseñados a Marcos Gendre, en los cuales hemos tenido la oportunidad de contribuir humildemente, y quizá sea en éste en el que el autor más se desmelene, posiblemente fruto de la gran admiración que parece profesar por las susodichas. Esta pasión le lleva en ocasiones a ser vehemente de más, como si el mito de las Vainica necesitara de revancha, tono que pienso podrá en ocasiones desconcertar al lector, que ya por encontrarse con el libro en cuestión entre manos no puede sino tratarse o bien de un fan irredento o bien de un curioso diletante sin necesidad alguna de acicate.

En este afán revanchista se intentan buscar finales felices a historias que no pueden tener mejor final que el ya evidente, que no es otro que Vainica Doble está escrito con letras de oro en las líneas de la historia del pop español. Así, por mucho que se desee, el disco de Elefant es emotivo y tierno, pero lejos queda de sus grandes obras, de ninguna manera equiparable a «Heliótropo» (Ariola, 1973) o «Taquicardia» (Nuevos Medios, 1984), dicho esto con perdón.

Otro punto en el que difiero con el autor es en el de intentar mostrar a las Vainica como víctimas de lo que no fueron más que sus propias decisiones artísticas, sin obviar que muchas de ellas -por no decir la mayoría- fueron acertadas y si la comercialidad les dio la espalda, antes se la dieron ellas de manera deliberada con sus actos, hecho éste en el que radica gran parte de su mito, por otro lado. Tan sólo cuando pretendieron acercarse a ella, ya de manera tardía y por motivos meridianamente económicos, es cuando fracasaron estrepitosamente en el intento; pero de que supieron aprovechar su momento no cabe la menor duda al contemplar el elenco de personalidades del que se rodearon y el interesante espectro de trabajos desarrollados en torno a la música: encargos para Tickets, Nuevos Horizontes o La Romántica Banda Local, canciones para programas y series de televisión tales como «Fábulas» (Jaime de Armiñán, 1968-1970) -desperdigadas en su discografía y recopilatorios posteriores-, portadas a cargo de ilustradores tan reputados como Eguillor o Iván Zulueta, musicazos y arreglistas como Pepe Nieto, Manuel Gálvez, Hilario Camacho o Gualberto en sus discos, actrices como Chus Lampreave o Amparo Baró entre sus amistades, viajes exóticos a enclaves recónditos e inusitados como Pakistán, relación con cineastas como Jaime de Armiñán, Jaime Chávarri, Borau o el clan Berlanga… Todo esto y más se cuenta con todo lujo de detalles en el libro en lo que supone un gran acierto.

Igualmente interesante es que se ahonde en su inclinación pictórica y su faceta cinematográfica, aspectos ambos más bien desconocidos, algo que es muy de agradecer por lo curioso y relevante del asunto, amén de por la calidad de las obras enumeradas.

A diferencia del libro de Fernando Márquez, se pierde inevitablemente la frescura de la primera persona en las propias entrevistadas, pero se gana en perspectiva y recorrido histórico. Es cierto que a veces se otorga demasiado protagonismo a las impresiones en forma de citas de diferentes personajes del ámbito musical, entre los cuales me incluyo. Tan cierto como que uno de los pasajes más interesantes es precisamente el que recoge íntegramente una entrevista de Jesús Ordovás a Carmen en 1976 con motivo del lanzamiento de «Contracorriente» (Movieplay-Gong, 1976), el testimonio de Paco Clavel, uno de los principales valedores y amigo del dúo en su última etapa, y una entrevista reciente a Elena Santonja, hermana de Carmen.

Si lo más intrascendente es el tedioso recorrido discográfico canción a canción, plagado de detalles técnicos inapreciables salvo escucha simultánea de la composición en cuestión, lo más jugoso llega con las conexiones musicales posteriores. El testigo que tomó Carlos Berlanga y su férrea reivindicación de las Vainica durante La Movida y una vez pasada ésta en su carrera en solitario, entroncó con el llamado Donosti Sound y una serie de bandas que dotaron de cierta idiosincrasia al pop español en castellano, a sus letras, evitando emular las fórmulas anglosajonas, enriqueciéndose de ellas pero ahondando en las raíces populares de aquí: la copla, el villancico, la música sacra… Se describe, como se ha dicho, la evolución lógica de los herederos de Berlanga en forma de agrupación denominada por la prensa como Donosti Sound y que englobaría a bandas con un componente común en su sonido tales como Aventuras de Kirlian, El Joven Bryan, La InsidiaAñade este contenido, Family, Le MansLa Buena Vida y, postreramente y como colofón a todo ello, Single.

Entre los grupos sucesores, más muertos que vivos, todo sea dicho de paso, una muestra un tanto personal por parte del autor: Parade, Refree, El Hijo, Kikí d’Akí, Pauline en la Playa, SerpentinaAñade este contenido, Grupo de Expertos Solynieve, Klaus & Kinski, Nosoträsh, Prin’ La LáAñade este contenido. Un listado válido para tener presente la constelación de grupos actuales influenciados de alguna manera por el universo vainiquero, la mayoría con un toque evidente, otros de cariz más subjetivo.

Más disparatado es el apartado denominado «telaraña en expansión», extenso name dropping en el que se fuerza a la práctica totalidad del indie patrio de calidad a verse infectado por un supuesto virus Vainica en expansión, con autores como Josele Santiago o Nacho Vegas incluidos, y que de alguna manera no hace sino identificar cualquier feliz anomalía para situarla en la misma órbita. Sinceramente, dudo que muchos de estos grupos citados conozcan a Vainica Doble más que de una manera superficial, aunque sí las profesen respeto como se lo podrán profesar a, qué se yo, otros imprescindibles como Triana.

Pero estas discrepancias que entran en el terreno de la subjetividad no pueden empañar un libro minucioso y preñado de detalles, a todas luces necesario, natural y digna continuación del de 1983 incluso para el propio Fernando, tal y como ha manifestado en su Facebook personal recientemente.

¿Es Fernando Márquez tan fiero como lo pintan o se ha amansado con el paso de los años?
Es algo menos idiota y procura desperdiciar menos energías y entrar menos al trapo. En cuanto a la fiereza, quienes me seguís en Facebook podeis juzgar si me he amansado (ya sabes, el tema de los peajes, los baneos, las semblanzas con acritud de la red social, etc).

¿Por qué piensas que, siendo objetivamente como eres una de las personas más importantes de la historia de la música española, no ostentas públicamente ese reconocimiento como sí lo pueden tener otras que igualmente pueden haber generado antipatías en algún momento como Carlos Berlanga o Santiago Auserón?
Supongo que resultar persona non grata para el PSOE con un veto y campaña de caza de brujas en toda regla como fue la encabezada por Manrique (hasta convertirme en el Céline de La Movida –algo que no sufrieron ni Carlos ni Santiago-) pues lo explica bastante.

La Movida está a estas alturas muy trillada, no nos vamos a detener demasiado tiempo en esto… pero si sólo pudieras rescatar una cosa de esta etapa, ¿qué rescatarías?
La explosión de creatividad interdisciplinar de los tres primeros años. Sólo la época primorriverista de los años 20 se le podría comparar.

¿Cuánto de mitificada está? ¿No érais todos demasiado pequeños para el desfase y hedonismo que se le presupone justo en el período más interesante creativamente hablando de esta?
El quid es que en La Movida se querían vivir a un tiempo varias épocas, la Factory neoyorkina, la oscuridad morrisoniana, el glam británico, el punk, la new wave… y esto, sumado a la adherencia indeseable de vampiros oportunistas como Almodóvar, sobrecargó la situación y creó equívocos y derivas y excusas para el kistch y la picaresca.

¿Hasta qué punto eres responsable de tu propio malditismo?
En tanto en cuanto no he besado culos y he pecado de excesiva ingenuidad en las expectativas y poca estrategia en el combate dialéctico, soy, lo reconozco, bastante responsable. He sido un agónico del compromiso, nunca un profesional ni un narcisista del mismo, como se estila en los últimos años. Y eso resulta imperdonable “para hacerse una carrera”.

¿Te consideras una persona íntegra? En este sentido, ¿te arrepientes de tu consabida significación puntual con las FE-JONS allá por el 84? ¿Crees que los grupos han de significarse políticamente?
Con FE/JONS me significo puntualmente en el 86, con el famoso spot y la primera actuación del grupo Proyecto Bronwyn. Lo hago porque apoyo el paso de ese partido, bajo la jefatura de Diego Márquez, del feroz escuadrismo de la etapa raimundista previa a un abandono de la violencia y un alejamiento formal del culto a Franco. Meses después, cuando las elecciones vascas, al descubrir que esos cambios estaban desembocando en un acercamiento a las suciedades antiterroristas del PSOE, tema GAL y cloacas de Interior, rompo con el partido. No me arrepiento de las intenciones con que me signifiqué pero, de haber estado más informado sobre las conexiones entre azules y el gobierno felipista y que la reconversión del golpismo y del búnker iba a consistir en readaptarse a un modelo delincuencial a la mexicana, me habría ahorrado el acercamiento a FE/JONS y la creación de Proyecto Bronwyn. Y, claro, no habría habido veto (porque se me vetaba no por fascista desestabilizador de la prístina democracia del PSOE, sino por metepatas, por hacer propaganda de algo, FE/JONS, cuya tarea dentro del orden felipista era mantenerse en las cloacas cumpliendo su tarea de machaca, no bajo los focos como partido trendy, de moda). En cuanto a lo de la integridad, creo que mi problema es el ya mentado, el haber hecho (por exceso de ingenuidad y vehemencia) un ejercicio poco funcional de la misma (y, por cierto, en lo que yo pueda tener de tonto útil, soy completamente inútil: así, con mi presencia en el spot, FE/JONS logró los resultados más pobres hasta ese momento, pues por una parte ahuyenté al facherío más irreductible y, por otra, no logré atraer a elementos críticos del partido, fuesen azules de izquierda o gentes directamente ajenas a lo falangista).

¿Es «El Eterno Femenino» (Nuevos Medios, 1982) tu obra cumbre como artista? ¿Aquella donde desarrollaste todos tus miedos y obsesiones, desde osos de peluche a perversiones inconfesas?
Mi obra cumbre no la veo en un disco determinado sino en canciones sueltas («La cólera», «En cualquier fiesta», «El único juego en la ciudad», «Diálogo», «El eterno femenino», incluso alguna poco conocida de experiencias ulteriores como «La Exposición Internacional de los 80», «El hombre que sabía demasiado», «Sunset Boulevard» o «Con paciencia» –recuperadas estas dos con mi actual grupo La Ruleta China-…).

¿Como es que nunca llegó un proyecto o colaboración con Carlos salvo en los albores creativos de ambos? ¿Y con tus admiradas Vainica?
Supongo que con Nacho Canut por medio, intrigando, era imposible. Quedó claro con el fallido intento de Piernas Ortopédicas, experimento paralelo a Paraíso y Pegamoides cuando compartíamos local de ensayo en Tablada. Y con las V2 ya tuve mi momento en aquella canción, «Sueño 84», donde hicieron voces y cuya música y arreglos corrió a cargo de Álvaro, el hijo de Gloria y bajista de La Mode, amén de la entrevista en profundidad para el libro de Júcar. Después, cuando se fueron acercando más y más a gentes como Sabina, Wyoming o Luz Casal, era inevitable que me viesen cada vez más como alguien ajeno a su mundo. Recuerdo el sofocón y disgusto que me llevé cuando vi en el programa de Tola la presentación de «Mi alumno» en plan duet con Wyoming (ahí abrí los ojos sobre cuál era mi lugar real en el mundo de las Vainica).

¿Qué opinión te merece todo el sonido continuador del pop que Carlos y tú os cansasteis de reivindicar durante los 80, con clara inspiración en las Vainica? Me refiero especialmente a lo que se dio en llamar Sonido Donosti, desde Aventuras de Kirlian o Family, pasando por Le Mans y La Buena Vida, y que en definitiva acabó impregnando al pop español de una cierta idiosincrasia de la que carecía.
Me alegro por Carlos. Es su revancha campeadora. Lo echan de su grupo, Dinarama, y en solitario, rumiando miserias, traiciones y soledades, alumbra momentos mayúsculos que servirán como referente para ese pop de los 90.

¿Por qué no ha habido revival de La Mode como sí lo ha habido de multitud de otros grupos de la época? Tus seguidores te lo agradecemos, pero ¿por qué? ¿Tan traumático fue el fin del grupo?
Hubo la rentreé en directo del 94 (el llenazo de Revólver y el vacío de la sala Apolo –por el boicot catalanista contra lo madrileño-). Mario Pacheco propuso preparar un nuevo disco pero ni Mario (Gil) ni Antonio (Zancajo), por entonces plenamente integrados en sus historias televisivas (y Mario, además, con sus ServandosAñade este contenido y sus Pingüinos), mostraron el menor interés. De hecho, ni se molestaron en hablarlo conmigo y me enteraría años después a través de Pacheco.

¿Qué paso con ese máster de LP de Paraíso que circula por Internet? ¿Por qué aún permanece inédito?
Miguel Ángel Sánchez tiene contrato conmigo para sacarlo desde 2002 y parece ser que, por fin, saldrá este mes de marzo.

¿Tan enemigo de la nostalgia eres como para negar el «Para ti»?
Fue un encargo de Carlos Berlanga en los inicios richmanianos de Paraíso, no una idea que me surgiese de manera espontánea. A medida que sacaba otros temas, su posible carisma se empequeñecía a mis ojos, y el hecho de que los antifans -esos personajes a lo «Misery» (Stephen King, 1987) que quieren encajarte en la estrecha caricatura que tienen de sus ¿ídolos?- me la pidan, me incita todavía más a pasar de recuperarla. Con Charlie quiero deconstruirla (algo a lo Flyng Lizards o Residents) y entonces, sí, interpretarla de nuevo como un zas, en toda la boca.

¿Qué queda del Zurdo adolescente que todos sus seguidores conocemos? Las Vainica, los comics, la nouvelle vague, la timidez enfermiza… ¿Sigues dibujando? ¿Has cambiado mucho desde entonces?
Ahora le doy al Photoshop: en esta entrada cuento toda mi grafopeya (palabra que acabo de inventar en un alarde de genialidad torera). Sobre la adolescencia, el jetlag entre mi corazón quinceañero, mi cronología mediando la cincuentena y mi sangre sabia a base de bofetadas y (todo sea dicho) alguna que otra recompensa, convierte al Tom Hanks de «Big» (Penny Marshall, 1988) en un sujeto de lo más equilibrado y armónico.

¿No crees que a veces te has complicado la vida con declaraciones más o menos polémicas? Por ejemplo, te leí una vez afirmar que la película representativa de la nueva ola en España sería «Arrebato» (1979) de Zulueta, pero para apoyar tus argumentos denostabas la filmografía primigenia de Almodóvar, tachándole de advenedizo. Mi pregunta es, ¿crees que la pasión y el fervor con que has defendido tus ideas te ha podido llevar a la automarginación? ¿Has buscado la polémica a propósito o te la has ido encontrando a tu paso?
Me reafirmo en lo de «Arrebato» y Almodóvar. No busco la polémica pero no sé mentir ni eufemizar: o digo lo que creo debo decir o me callo. Mi madurez consiste en callar cada vez más.

Háblanos de El Zurdo hoy. ¿Cómo es un día cualquiera en la vida de Fernando Márquez? ¿A qué dedicas tu tiempo?
Internet (Facebook y correo, escribir para los blogs y la web, ver algunas series…), lectura, televisión, audición de música mientras me hago la comida, ir a la compra, ensayos… Más o menos como antes, pero en más pobre (desde 2006, por el affaire de AFINSA).

Recientemente publicabas en tu Facebook el supuesto estado de precariedad económica en el que te hallabas. Sin embargo, hace algún tiempo existía el mito, quizá extendido por ti mismo, de que vivías suficientemente con los derechos del «Para ti».
No cobro de la SGAE desde 2006, salvo las devoluciones de Hacienda por retenciones. Todo se lo llevan los plazos de la sociedad médica.

¿Sigues componiendo habitualmente? ¿Qué hay de La Ruleta China, tu proyecto musical junto a Charlie Mysterio y Clara Collantes?
Tenemos apalabrado un Siroco para el 1 de febrero aparte de que, según buenas fuentes, Siesta quiere sacar el disco que grabamos en 2008 para este 2013. A ver si es verdad…

¿Son estas dos personas tu nexo de unión con la actualidad musical? ¿La sigues de cerca?
Charlie, por su condición de apóstol y misionero del pop, es mi nexo desde que lo conozco con novedades y hallazgos. Últimamente, también Fb por cosas que cuelga el personal y que, de cuando en cuando, me llaman la atención.

¿Sigues escribiendo? ¿Alguna novela o ensayo en ciernes? ¿Quizá algún libro que plasme tus dotes culinarias?
Tengo ese libro que hice con dos fotógrafas y que busca editor desde 2010. El resto se me va en cosas para la red y en alguna letra.

¿Por qué tu manía de autocitarte continuamente en tus escritos? ¿Crees, como aquella canción de El Niño Gusano, que todo lo que estás diciendo lo dijiste antes ya?
No es creencia, es certeza. También, con los años y los palos y los trillones de entrevistas, tengo cada vez menos paciencia para repetir las cosas. Para eso están los links.

Recientemente Pedro Pinzolas ha editado una película sobre tu figura. ¿Estás contento con el resultado o más bien te sientes a lo Panero tras ver «El Desencanto» (Jaime Chávarri, 1976)? Por cierto que poco o nada se conoce de tu familia…
Pinzolas está encantado conmigo y yo con Pinzolas. «El Bosque Zurdo» (2012) es el anti «Desencanto». De mi familia (mi madre, mi abuelo, y otros parientes), cuando me da la vena, suelo largar alguna que otra píldora.

¿Cómo te gustaría ser recordado?
Como lo seré: por pocas, pero excelentes personas. El resto arderán en las llamas eternas y tendrán cosas más importantes de que preocuparse que pensar en mí.

Recientemente y con motivo de su primera exposición en Madrid, Javier Aramburu ha vuelto a estar en boca de todos; aunque a decir verdad, nunca lo ha dejado de estar, bien sea por la mitología que rodea al universo Family, bien por las pequeñas píldoras gráficas con las que nos ha ido obsequiando a cuentagotas desde su decisión de dejar de lado la ilustración de portadas, Single mediante, principalmente.

Cuando uno repasa la obra de Aramburu no puede sino experimentar una sensación de respeto absoluto, pues hablamos de una persona -no vamos a descubrirla a estas alturas- que ha dado color, y de qué manera, a gran parte de los discos más míticos de los 90 y, por ende, del undergroundespañol. Curiosamente, a la mayoría de esos que ajenos a la moda del tiempo han conservado toda su esencia, aupándose en los altares del reconocimiento general y envejeciendo mejor que bien. No todo lo de Aramburu, por cierto, lo ha hecho del mismo modo. Ahí quedan carteles y flyersrelacionados con Contempopráneas y Benicàssims, vericuetos poperos plasticosos y cosas anodinas mucho más comerciales que ustedes mismos pueden juzgar en este fantástico blog recopilatorio de su obra.

Me gustaría destacar, atendiendo a mis gustos personales, cinco portadas geniales. El criterio empleado para ello es un compromiso entre lo estético y lo musical, pero primando más lo primero, pues sino estaríamos hablando de citar de una tacada «Un Soplo en el Corazón» (Elefant, 1993) de Family, el «Soidemersol» (Siesta, 1997) de La Buena Vida, el «Super 8» (RCA, 1994) de Los Planetas y un par más que podrían estar entre las que confeccionó para los lanzamientos en Elefant de Vainica Doble, Décima Víctima, Alaska y los Pegamoides y Carlos Berlanga; precisamente, ninguna de ellas de mis preferidas, pero simbolizando una asociación del todo natural.

Allá va, pues, mi selección:


 
Ana D – «Satélite 99» (Elefant, 1997)
Una rareza tan exigua como misteriosa como «Satélite 99» encuentra su mejor aliado en el arte de Aramburu, así como los textos de Javier Corcobado e Ibon Errazkin y las múltiples versiones que nos hallamos deconstruidas en el disco lo encontraron en la hiriente voz de Ana D. Un universo concentrado en un madejado de flores por el que Ana asoma tímidamente la cabeza, quizás reivindicando su huequito en la historia del popespañol. Una portada dulce, delicada y enigmática para un feliz accidente.
 
 
 

 
Apenino – «En la Hora Azul» (Jabalina, 2003)
Tras Dar Ful Ful, Apenino, o lo que es lo mismo Marco Maril, nos entrega este breve EP que entronca con el estilo más puramente Family, saliendo airoso del envite y dando forma a un trabajo tan disfrutable como la maravillosa portada con vistas al mar con la que Aramburu desdibujó el tiempo y la distancia. Una portada que sugiere de manera fehaciente lo que nos vamos a encontrar dentro.
 
 
 
 

 
Aventuras de Kirlian – «Aventuras de Kirlian» (DRO, 1989)
El do-it-yourself del pop viene presentado por una portada simple pero magnética, como las propias composiciones del grupo. Todo el arte gráfico de la corta pero interesantísima discografía de Aventuras de Kirlian, como no podía ser de otro modo, corre a cargo de Javier, quien se inclina para este disco por los colores grises, taciturnos y apagados, representativos de la saudade característica del Sonido Donosti, escena a la que el grupo en cuestión da el pistoletazo de salida. «Un día gris en una casa…»
 
 
 

Single – «Pío, Pío» (Elefant, 2006)
Quizá sea la de este «Pío, Pío» de las portadas más recientes de Aramburu la más hermosa. Teresa, convertida ya a estas alturas en una musa absoluta, de perfil e inundada en verdes besa a un pajarillo sin que sepamos cuál de los dos es más delicado, dando lugar a una de esas portadas que incitan a comprar el disco aun sin tener idea de lo que uno se puede encontrar dentro. O mejor aún, dando por sentado lo excelso del contenido a partir de la magnífica portada. Luego ya cuando uno descubre lo que hay dentro, no puede sino rendirse ante tan sublime asociación gráfica y musical.
 
 
 

Le Mans – «Mi Novela Autobiográfica» (Elefant, 1997), «Yin Yang» (Elefant, 1998) y «Aquí Vivía Yo» (Elefant, 1998).
Y, para terminar, la mejor despedida posible y una pequeña trampa por mi parte, al tratarse no de una sino de tres portadas. No se me ocurre una manera más sobria, sutil y elegante de decir adiós. Sin dramas ni ruido. Una despedida eterna, como su obra.
 
 
 
 
La mística de Aramburu, su aura de artista inaccesible extensible a su entorno, el misterio. Indudablemente ha sido, y posiblemente sea aún durante los próximos años, el portadista de la independencia española por antonomasia.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

Tengo muchas amigas, leo prensa femenina y pertenezco a varias redes sociales de chicas. No se trata de redes como Facebook, sino de intangibles asociaciones neurofísicas de comunión y confidencias de mujeres. Esa comunicación extrasensorial conocida como intuición. No sólo porque socialmente esté concebido así, sino por mera afición, casi todo nuestro universo (me refiero al de las chicas) versa sobre varones y seducción. A veces, de forma muy tangencial, a veces no a simple vista… Pero hasta las lesbianas tenemos, -perdón, tienen- interiorizadísima la preocupación de agradar y atraer al sexo opuesto. Con el fin de evitar pequeños desastres y ayudar a los perdidísimos varones de nuestro tiempo, me he decidido a escribir esta pequeña guía musical de seducción, para los chicos a los que pueda interesar.

Verán amigos, no somos tan diferentes. En las relaciones personales, como en las normas de educación, basta pensar qué le gusta a usted, para averiguar qué le gustaría a su interlocutora y futura amante. Supongamos que si usted está leyendo en este site, es porque tiene un determinado interés en temas musicales. Supongamos también que le gustan las muchachitas de parecidas filias artístico-sonoras. Esto no lo supongo yo, sino la biología, que se ocupa de buscar a nuestros iguales y hacer que sintamos atracción.

Sabiendo esto, ya tiene mucho recorrido, así que, aquí van los diez consejos musicales para seducir a una mujer:

1 – El lugar perfecto para ligar es un local con música. Nada de parques ni oficinas. Si hay música de fondo al conocerse, habrá música de fondo en la relación.

2 – En una primera cita a solas, caben con ustedes dos, los Charlatans, Family, Buddy Holly… Pero no le recomiendo Rage Against The Machine, Foo Fighters o Barón Rojo. Se trata de algo ambiental, pero sin llegar a ser raruno. Por ejemplo, Hidrogenesse, por mucho que le gusten, ofrecerán una imagen psicótica de usted.

3 – Quedar con una chica que le gusta, para ir a un concierto es algo acertadísimo: No es necesario hablar, puede haber un excelente cortejo de juego de miradas y a medida que avanza, ustedes van bebiendo y el directo asentándose, se irán desinhibiendo para besarse, enrollarse y abrazarse. Por supuesto no me estoy refiriendo a Shakira o Bisbal en el Palacio de los Deportes… seguro que usted ya me ha entendido.

4 – De cara a una chica está bien mantener cierto estatus de buen gusto. Es más que aceptable admitir que le gusta Nirvana o que de vez en cuando escucha Christian Death… Pero que quede ahí la cosa; no vaya de rarito, atormentado y oscuro. De ahí a la psicopatía no hay nada.

5 – Tenga preparada para el primer coito una lista de canciones de Spotify, una recopilación en CD, o en el soporte que considere preciso. Aquí ya se debería permitir un in crescendo de intensidad. Perfecto comenzar con Police, Joy Division, y luego ir animando con Breeders, Wilco, The Byrds… Póngase un tope, un máximo de bits por segundo: LCD Soundsystem o Hot Chip, por ejemplo. Pasar de ahí o poner música en castellano, “sacaría” a su compañera del trance sexual. Un consejo: envíe/regale la recopilación al día siguiente a la chica: le parecerá un detallazo y deseará repetir.

6 – Si usted es uno de esos raros muchachos que toca en un grupo, no atosigue a sus posibles ligues hablándoles de sus faenas musicales. Piense que una mujer es como usted, pero en chica. Es más probable que quiera follárselo si obvia el tema de que se dedica a la música. Déjela que lubrique al verle en el escenario… y fuera de él, no le dé importancia a su carrera musical (aunque sea lo único que le interesa en la vida). Coleccionar groupies no es tan fácil como parece. Se interesarán por usted las que no quiere y las que le gustan, pasarán… Observe cómo lo hace un experto como Jota de Los Planetas: Ofrece un discurso de perdedor, necesitado de cariño y fuerza, y todas desean acudir a rescatarlo, aunque no esté bueno, aunque sea mayor… es Jota, que hace canciones preciosas y jamás alardearía de ello. Ahí está el secreto.

7 – Haga de las nuevas tecnologías su mejor aliado. Envíe una canción lo suficientemente explícita por Whatsapp a la chica de sus sueños. Sin palabras. Sólo la canción. Cuídese de no enviar “Déjame” de Los Secretos, ni joyitas tristes por el estilo. Que sean auténticos cantos al amor futurible. Algo como «I think I’m in love» de Spiritualized remixado por los Chemical, o “Ráfagas” de Los Bólidos.

8 – Por supuesto tenga tacto. Cuide los detalles tal y como hacemos las mujeres. Tanto olores corporales y medidas básicas de higiene, como tratar de agradar a su posible pareja. Párese a pensar qué le gusta a ella, porque si la chica es muy del noise, por poner un ejemplo, no valorará su invitación al Sónar… O lo que es lo mismo: no todas las mujeres somos iguales. Este concepto tan básico, a veces da pereza asimilarlo, pero es condición sine qua non para seducir a una mujer: ella es única.

9 – La pareja ideal para una mujer sería otra mujer, con cuerpo de tío hetero, arreglado como un gay. Es decir, un imposible. Sin embargo, puede aprender de las rock stars. Se puede tener sensibilidad y ser irresistiblemente viril arreglándose un poco. Enfréntese a su armario cada mañana como si fuera a dar un concierto. Con esa premisa, acertará en sus estilismos.

10 – Déjese llevar por la música. Sabrá si una mujer merece la pena, o si le gusta de verdad, si una bella melodía le recuerda a ella, si son capaces de emocionarse con la misma canción o si, de forma extrañamente milagrosa sabe que está enamorado al escuchar unos acordes perfectos en su corazón.

Es complicado poner fecha al nacimiento de Los Autócratas, pero este podría ser el cumpleaños de María en noviembre de 2008, cuando sus amigos le regalaron un bajo. Ese mes Miguel A. se había comprado también una guitarra eléctrica, y Frankie andaba cacharreando con un rudimentario programa de ordenador. Para la batería se piensa en Kototo, quien ya en el primer ensayo demostraría estar técnicamente a años luz del resto, cosa que a él no pareció importarle demasiado.

Tras las primeras versiones de rigor llega Frankie con la primera canción, «La plaga de Benioff», que no se llegó a grabar ni tocar nunca en directo, pero que daba mucho juego en los ensayos para desarrollar un medley en el que cabía desde Spiritualized y Elvis hasta Family o Mocedades. Las canciones siguen surgiendo y así aparece «Plutón no es un planeta», con la que María se lanza definitivamente a cantar; un pequeño hit de MySpace que recibe comentarios muy positivos de gente como Papá Topo, Zipper, Linda Guilala, Mano de Santo o Raúl Querido, con quien precisamente tocarían en el local de ensayo que ocupaban en el ático de La Matilda en Carabanchel, como fiesta de despedida a Kototo, que parte a Irlanda.

Su debut oficial se produce el 30 de julio de 2010 vía el colectivo Aplasta Tus Gafas de Pasta, en un concierto organizado en la Wurlitzer junto a Alborotador Gomasio y Hazte Lapón. Los Autócratas fueron la gran sorpresa de una noche exitosa en la cual destacan la presencia de Pili al violín y el primero de una larga lista de disfraces de Frankie: camisa hawaiana, alas de angelito y orejas de orco. Pronto llega una segunda cita, esta vez en el Ocho y Medio con Ed Wood Lovers y Raúl Querido. Para sustituir a Kototo, se elige a Miguel S., guitarrista de Capitán Sunrise, y tras la marcha de Miguel A. a Barcelona, entra Enrique en la formación. Con esta formación tocan junto a Los Lagos de Hinault, Regiones Devastadas, telonean a las Aias en el Ocho y Medio y tienen la oportunidad de participar en la primera edición del Madrid Popfest.

«El Período Demo-Crático» (2012), cuatro canciones grabadas de la mano de Ricardo Alonso, miembro de Mata a Tus Ídolos, a comienzos del 2011, ve ahora por fin la luz. De ellas, ya conocíamos la aquí rebautizada como «La república independiente de tu casa», que había formado parte del recopilatorio que editamos de grupos maqueteros de la escena independiente madrileña –«No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop» (LaFonoteca, 2011)-, en el que comparten surco con muchos compañeros de escenario.

La edición -y presentación- de estas canciones coincide con el momento en que Frankie, obligado por la situación actual, decide marchar a Chile a ganarse la vida, por lo que el futuro del grupo es incierto. Enrique está volcado en Gatopersa, Miguel S. sigue con Capitán Sunrise y Pili toca habitualmente con un proyecto en Talavera llamado El Leopardo Más Lento, además de ser violinista de estudio y de directo de Klaus & Kinski. Lo que está claro es que la amistad seguirá incólume.

Es, para nosotros, muy emotivo organizar este concierto de presentación y despedida.

El Popfest es un festival de indie pop que se celebra a lo largo y ancho del globo, desde Nueva York hasta Roma, organizado por pequeñas células independientes, unidas eso sí, por el mismo espíritu: autogestión y ausencia de patrocinadores, sin renunciar a colaboraciones puntuales con colectivos afines, y querencia por un estilo heredero de sellos legendarios como Sarah o K Records.

El año pasado, un grupo de foreros de People Like Us, se hicieron la siguiente pregunta: ¿Si era posible en Londres, Roma o Berlín, sería también posible en Madrid? Dicho y hecho. Se pusieron manos a la obra y parieron la primera edición del Madrid Popfest, con grupos tan míticos como Allo Darlin’, la reverencial presencia de Amelia Fletcher, y momentos impagables como cuando el bajista de The Orchids salió a cantar junto a los primeros la que quizá sea su canción más conocida, «Dreamin'».

En el apartado nacional, se contó con la participación de Autócratas, Zipper, Aias, Fred i Son y Cola Jet Set, los cuales sorprendieron a todos tocando hasta cinco versiones de Family, provocando un pogo de dimensiones descomunales que pilló por sorpresa al propio grupo cuando cerraron su concierto con «Al amanecer» de Los Fresones Rebeldes.

Obviamente, para poner en marcha todo un festival sin ningún tipo de patrocinio, fue necesario desarrollar durante todo el año una serie de fiestas de presentación, que sirvieron tanto para abrir boca como para recolectar fondos.

Así, LaFonoteca, por afinidad con la organización y su filosofía, se une a esta empresa por partida doble. Por un lado, el día 4 de febrero estaremos en Barcelona, en La [2] de Nitsa con los madrileños Zipper y los barceloneses Grushenka. Por otro, el día 10 de febrero, ahora en Madrid, en la sala Siroco podremos disfrutar de la presentación del debut homónimo en largo de la mano de Limbo Starr de Reina Republicana, acompañados inmejorablemente por Wild Honey y Zippper.

Estamos muy contentos de colaborar con una edición que va a contar con el inesperado regreso de Close Lobsters, y que refuerza la sección nacional con la incorporación de las siguientes bandas: Parade, Los Ginkas, Sundae, Doble Pletina, When Nalda Became Punk y Alborotador Gomasio. Un auténtico cartelazo.