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«MIERDA DE BIZKAIA Y SUS GRUPOS PUNKS MAQUETEROS 1977/1989″

ANDONI FERNÁNDEZ AZKARAI

READ FANZINES HATE FASCISM / EDICIONES SIN GLUTEN / DDT BANAKETAK (2018)

 

MierdadeBizkaia

Lo que iba a ser material para un fanzine terminó convirtiéndose en una pequeña enciclopedia imprescindible que alberga la práctica totalidad de la segunda división (o quizás por aquello de la localización geográfica del proyecto, la tercera regional) del punk vizcaíno desde el 1977, la formada por los grupos que tan sólo lograron grabar alguna maqueta (excepción hecha de posibles contribuciones en algún disco recopilatorio). Bien cubierta desde un tiempo a esta parte la primera línea formada por los Eskorbuto, M.C.D. o Zarama, por eso de no salirnos de la provincia, el libro viene a resolver de forma definitiva la injusticia que se comete siempre con aquellas bandas que se quedan exclusivamente en la demo como única grabación.

Para la elaboración del libro, al menos su primera parte, el autor, Andoni Fernández Azkarai, estuvo entrevistando a los componentes de las hasta casi 60 bandas que aparecen ordenadas por municipios en la obra. Cronológicamente el recuento tiene a Corrupción de Barakaldo como el grupo que antes empezó (desde el 1977 hasta 1983), y a Fosa Común de Gernika como los últimos (desde 1985 hasta 1995). Cada uno de los apartados viene presentado en formato de fanzine, tanto en el tipo de letra como en las fotos y recortes de diferentes publicaciones con los que se completan.

En los relatos de los protagonistas hay de todo, tanto nostalgia por aquellos tiempos pasados de quienes conservan incluso los instrumentos con los que tocaron, como duro pragmatismo de quienes no olvidan la dureza de aquella década. Se encuentran anécdotas jugosas que van desde el boicot a actuaciones de Ramoncín por aquellas tierras hasta ajustes de cuentas con hijos pródigos como Kike TurmixAñade este contenido que las abandonaron para irse a Madrid. Cuentan algunos sus sensaciones al haber tocado en alguna ocasión bien con nombres con mayúsculas de aquella escena del punk rock vasco (Kortatu, La Polla Records, R.I.P., Eskorbuto, Cicatriz …) o con bandas internacionales de visita por El País Vasco. A través de sus páginas conocemos de gaztetxes, de conciertos en condiciones inimaginables, de relación entre bandas en una misma localidad…. Incluso de relación entre escenas, lo que da pie a más de una situación curiosa, como cuando a la pregunta a uno de los grupos por la opinión que les merecía La Movida Madrileña responden indicando que, para vacilar y meterse con todo aquello, hacían una versión de “Yo quiero ser torero”, refiriéndose a “Torero”, un tema que, en realidad, era de los vitorianos Korroskada.

Tiene una segunda parte en la que, apartándose del que parece su estricto objetivo inicial alrededor de bandas maqueteras, se incluyen entrevistas a responsables de sellos, de salas, promotores, ingenieros de sonido, locales emblemáticos… Hay reservada incluso una sección destinada a poner algo de luz al respecto de los problemas entre bandas y discográficas. Todos estos últimos testimonios ensanchan el espectro permitiendo una mejor descripción de lo que debió de ser la escena musical punk rock de Vizcaya en aquellos momentos.

El libro, generosamente voluminoso, tiene un plus impagable en el bandcamp elaborado con muchas de las maquetas que dejaron grabadas todas estas bandas. Todo ello convierten a este “Mierda de Bizkaia” en un proyecto enorme. Su publicación, una de las mejores noticias sin lugar a dudas.

Como si de un escaparate de tribus urbanas se tratara, hemos seleccionado en esta ocasión tres títulos que hablan por separado de mods, rockers y punks. Si bien los dos primeros, ambos del 2009, constituyen números consecutivos dentro de la colección de la Editorial Milenio, el tercero corresponde a la colección Los 80 Pasan Factura, de la editorial canaria Lágrimas y Rabia, centrada en la música de aquellas islas.

AhoraNo

¡AHORA! NO MAÑANA
Los mods en la nueva ola española 1979-1985
Pablo Martínez Vaquero
Editorial Milenio, 2009

Componen el núcleo importante del libro las biografías, comprendidas en el intervalo de tiempo que reza el título, de un buen puñado de bandas (Los Flequillos, Los Elegantes, Los Nocturnos, Telegrama, Sprays, Kamenbert, Brighton 64, EscándalosAñade este contenido, Pánico Speed, Scooters, Los Scooters y Los Negativos) que «fueron mods sencillamente porque decidieron serlo«, como dice el autor en el comienzo. Escritas inicialmente en un informe que apareció allá por el 1999 en una revista musical y dos portales cibernéticos, se han actualizado y completado con datos sobre las escenas del revival mod en Madrid y Barcelona, apuntes sobre bandas del momento con cierta relación, modzines y contribuciones externas.

El volumen dista mucho de ser una mera relación de fechas, conciertos y grabaciones, sino que el aporte de los protagonistas e implicados permite conocer no sólo de las bandas mencionadas, sino de la época y el ambiente en que se desenvolvieron con todo lujo de detalles y narrado de forma amena y dinámica.

Llama la atención al profano la importancia que adquiere en el universo mod las cuestiones cronológicas relacionadas con las generaciones a las que pertenece cada cuál. Al respecto se pronuncia Kiko Amat en su prólogo, donde no desperdicia la oportunidad de mostrar sus credenciales personales. Asimismo destaca la relevancia concedida a la estética, muchas veces por encima de la posible valía de la banda en cuestión. Pero por las mismas conmueve el sentimiento de pertenencia al movimiento: «Y es que, entre las mejores cosas que podían pasarte siendo mod en aquella España de la Transición, es que si encontrabas a un desconocido ataviado con una parka, o una gabardina con una diana o bandera británica cosida en ella, era motivo suficiente para que se entablase una camadería a prueba de clases sociales o ideologías«.

En el campo de las anécdotas, de las que lógicamente hay muchas, se encuentra una con la posibilidad de saber del pasado mod de artistas como Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) o Mario Martínez (La Unión), que es uno de los que aparece precisamente en la foto de la portada, o de las raíces musicales de Sergi Arola, que antes de dedicarse a cuestiones culinarias militó en una banda llamada Los Interrogantes.

Cierra un epílogo sobresaliente de Miguel Trillo, responsable además de mucho del material fotográfico del libro, en el que se resalta lo triste de tener que acabar la historia relatada con la muerte a puñaladas de un joven. Se refiere al triste suceso acontecido a las puertas de la sala Rockola en la que tocaba Pánico Speed, una de las bandas protagonistas. Su biografía se ve interrumpida por copiosa información acerca de las pesquisas y procedimientos judiciales, así como el tratamiento en la prensa de la noticia tras el acontecimiento que provocó la desaparación de los denominados Camel Boys, uno de los grupos de mods más nutridos de Madrid.

 

Rockers desterrados de la movidaROCKERS… DESTERRADOS DE LA MOVIDA
Laurén Jordán
Editorial Milenio, 2009

Laurén Jordán, miembro de Inoportunos y Gatos Locos, es el autor de este repaso por la escena rocker desde los 80. Protagonista por tanto del día a día que acompaña a la pertenencia a una banda, y bien relacionado con colegas y amigos de dicho mundo, a los que invita en diferentes momentos a participar de la narración, es mucha la información sacada de la propia experiencia la que llena las páginas más interesantes del libro.

Descoloca un tanto, eso sí, lo específico del título. No parece ser precisamente la descripción de abandono o destierro de las bandas rockers durante los años de La Movida madrileña el nudo argumental principal. Salvo la mención explícita hecha en el prólogo de Pedro J. Pérez (Nueva Ola 80), tampoco es que las referencias a aquella escena de la capital española sean constantes (y a mi juicio, ni falta que hace). De haber sido así sospecho que se hubiera requerido de una mayor profundidad en la descripción de personajes como Alberto García-Alix, por poner tan sólo un ejemplo. Además, en varias ocasiones se reitera el buen momento vivido por la música nacional durante aquella década en general, sin excluir género alguno.

La descripción de las bandas en las que se centra el autor es detallada. Gusten o no al lector, el libro proporciona información interesante sobre una buena relación de grupos. Si bien son inevitables los debates de lo acertado o no de la inclusión de unos en detrimento de otros, sorprende lo categórico de afirmaciones acerca de lo prescindible de los 90 en lo musical para rescatar casi en exclusiva a bandas como Los Rodríguez como enseña «heredera de los años 70 y 80«.

El curso de la narración se hace a veces algo anárquico. Algunos de los capítulos pueden contener cuestiones muy variopintas sin solución clara de continuidad: Consideraciones generales pueden venir seguidas casi inmediatamente por biografías concretas de bandas, experiencias en la producción del propio autor o encendidas deliberaciones sobre aspectos no directamente relacionados con la música. Pero, por contra, la descripción de la elaboración del disco homenaje a Elvis por parte de bandas nacionales, el consiguiente viaje para depositarlo en la residencia natal del cantante o las disquisiciones previas sobre el movimiento rocker son más que notables.

El volumen lo completa una jugosa cantidad de fotos y una lista de treinta discos recomendados.

Degeneración Troll
DEGENERACIÓN
Troll
Colección Los 80 Pasan Factura
Editorial Lágrimas y Rabia, 2010

«Degeneración» es la crónica de un superviviente, Alberto Troll. Relato despiadado, cruel y demoledor, ambientado en principio en el origen del punk en las Islas Canarias en los 80, el texto transciende sin embargo dichos límites para convertirse por contra en el « punto de vista donde los perdedores van a los restaurantes caros, y los ganadores tirados en la cuneta, brillan como estrellas viviendo en plenitud, comprobando que se puede sobrevivir… con tan poco».

Deambulan los personajes del libro movidos por un sólo afán, el de escapar; de la familia, de las Islas Canarias, de España, de un «sistema de vida hipócrita de la gente normal, que hacen lo que deben hacer y no realmente lo que quieren hacer». Prueban en su rumbo errante en casas okupadas, en sectas milenaristas, en parejas, por separado… Vagan por las calles, importunan al ciudadano de a pie con su transgresión de las más mínimas normas cívicas de convivencia, follan, se drogan…

Todo desde el más absoluto rechazo a cualquier estímulo social externo: «Así las cosas, todo aquel que pensase que había que luchar por cambiar algo en el mundo, allí o no tenía cabida, o no iba a durar mucho tiempo. Porque en esa situación de pura decadencia sin límites, al primero que se le ocurría hablar de cualquier movilización en defensa de no se qué coño importa ahora, recibía un rechazo total por parte de todos. Ese ‘todo mierda y todo a la mierda’, más allá de cualquier manipulación o engaño venida de los supuestos idealistas antisociales, esa lucha estéril asumida, se entendía perfectamente desde cualquier perspectiva antisocial. No nos habíamos olvidado del Johny Rotten con su destroy anarquista, cantando ‘No future for you, no future for me’ junto a Sid Vicious con su esvástica nazi, en una colosal apología del sin sentido, evitando alinearse a toda costa.»

La música es seleccionada como banda sonora de esta existencia al límite. Las letras de las canciones de Larsen, Decibelios, R.I.P., Eskorbuto, La Broma de Ssatán, Psicosis Crítica, Guerrilla Urbana y No describen, como era de esperar, el día a día de estos jóvenes embarcados en un viaje sin retorno. Pero además, habiendo sido el autor miembro de Hemorragia Sexual y Psicosis Crítica, aparece también el relato de los comienzos de estos primeros, así como de la violenta respuesta que generaba su música en los pueblos de la isla.

Autodestrucción con locura, SIDA, prostitución o drogadicción como alternativas. Un libro francamente sobrecogedor.

La selección literaria de hoy se centra en el Rock Radikal Vasco, con obras escritas por periodistas y protagonistas directos de la música que se hizo en Euskadi en los 80.

HRV-600x842HISTORIA DEL ROCK VASCO
Edozein herriko jaixetain
Elena López Aguirre
Ediciones Aianai, 2011

Tengo la sensación de que un proyecto de las dimensiones que se ha impuesto Elena López Aguirre, periodista y antigua guitarrista de Potato representa una empresa de alto riesgo. Como bien indica en la sección final de esta revisión de la crónica del rock vasco, condensar en unas pocas frases la trayectoria, muchas veces de años de duración, de todos aquellos grupos, sellos, salas, promotores, revistas, etc. es, cuando menos, complicado. Se expone de entrada al lamento del que no encuentre algún nombre en concreto o del que se decepcione de la brevedad con la que se mencione o trate a otro. Pero además, supongo que se ha de ser extremadamente cuidadoso en no apabullar al lector con una riada de datos e información. Y, sin embargo, sale bien airosa de la empresa. Poco amigo como soy de las guías de cualquier cosa creo que el libro trasciende la condición de mero listado de nombres y fechas. La suma de las pequeñas contribuciones individuales de los protagonistas citados termina conformando una gran historia, que no es sino la de la música, esa marea que subyace por debajo, de forma soterrada a veces, en el devenir de pueblos, ciudades y comunidades. Empapa el día a día, venciendo en su avance a la represión de reyes, la censura de dictadores, la cortedad de miras de militancias intransigentes o la mezquindad comercial de compañías discográficas. Imparable pues, elemento consustancial a la cultura de cualquier colectivo, entra en las casas por los aparatos de radio, por las verbenas de los pueblos, en salas de fiesta o night clubs, aprovecha determinaciones de concilios vaticanos para acercarse a salones parroquiales, se toca en frontones, polideportivos o en gaztetxes. Es de ese eje vertebrador del que realmente se habla.

Iniciada la crónica en la labor recopiladora y archivística de monjes y clérigos pasa rápido al ámbito de txistularis y bertsolaris, al de las orquestas de pueblo, al de los cantautores de una época de nubarrones en el cielo, de barbas pobladas y de faldas largas en repuesta a la frivolidad de las ye-yé. Recuperación de una lengua para forjar con bonitas melodías letras que cantaban de las excelencias de Mao Tse Tung.

Quedan reflejados los momentos de cambios y revolución, el paso del txistu, férreamente instaurado como símbolo nacional («Herria lantzen txistua jotzen» / «El pueblo trabajador toca el txistu«) a la electrificación, de las arcadias etéreas de una Euskadi pastoril a las ratas de Vizcaya y demás centros industriales que trajeron el punk. Se habla por supuesto de la irrupción del Rock Radikal Vasco, que arrasó todo en lo que la izquierda aberztale filosofeaba sobre si el rock podía o no ser considerado revolucionario. De las encrucijadas que los nuevos aires traían («Las rutinas del anti franquismo cobraban vigencia día a día y las canciones contra la policía, los maderos, txakurras, txibatos, txotas, cipayos, pitufos y pikoletos triunfaban mientras en la cara B, el antimilitarismo vitoreaba a la lucha armada«) se pasa al ska y al Euskadi tropical.

Entra todo, los que quedaron al margen en aquellos 80, el Donosti Sound, mods y rockers, la escena jazz vasca, el pop, la aparición del metal, el folk, Oskorri, Errobi, la Orquesta Mondragón, los mestizajes propuestos desde Negu Gorriak

No es necesariamente cronológico el hilo argumental que sigue Elena López, y así, no duda en romper toda rigidez que eso hubiera podido imponer, retrocediendo en el tiempo lo que haga falta al empezar un capítulo con respecto al final del anterior si es necesario; o incluso abrir un apartado nuevo dedicado a temas específicos: bandas de mujeres, la escena en Iparralde (el País Vasco francés), la visión desde el mundo académico (sociología, antropología, museos…), la industria en sí, con cachés, promotores e instituciones.

En resumen, completísimo ejercicio periodístico con una exposición más que agradable. Libro de consulta, libro para la reflexión.

 

HERTZAINAK. LA COhertzNFESIÓN RADICAL
Pedro Espinosa & Elena López
Ediciones Aianai, 1993

También es Elena López Aguirre responsable, a medias esta vez, de la biografía, a estas alturas ya antológica, de Hertzainak. Se trata de su primer libro y según tuve la suerte en su momento de constatar de primera mano, lo considera por tanto como «el más natural y el más querido«. Escribe en esta ocasión, o quizás fuera mejor decir, transcribe, en compañía de Pedro Espinosa, su compañero en proyectos vitales, Potato entre ellos. Y digo transcribe porque la historia está montada a través de las voces de sus protagonistas, allegados y testigos de las numerosas etapas por las que pasó la banda vitoriana. Únicamente falta Xabier Montoia -Gamma-, el cantante de la formación original y cuya salida del grupo supuso todo un pequeño seismo, que residía en Estados Unidos en el momento en que se escribió el libro.

Hertzainak nació en un caldo de cultivo de txistularis y bertsolaris, células políticas contestatarias y unas ganas enormes de romper con un montón de cosas y hacerlo cantando en euskera. Alrededor suyo muchos nombres, grupos y colectivos: Karra Elejalde, La Banda Municipal de Ska, el AEK (Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización). Fueron pioneros a la hora de iniciar y desarrollar muchas vertientes que luego seguirían otros (Cicatriz y Potato por poner dos ejemplos de bandas de su misma ciudad que participan en el relato) pero empeñados en que no se les pudiera encasillar en etiqueta alguna se dedicaron a ir quemando etapas diferentes a toda prisa, hasta terminar convirtiéndose en uno de los nombres más grandes del rock vasco, con giro incluido a una orquestalidad e intimismo -el de la confesión «Aitormena» (Oihuka, 1989)– que les acercó a un público mucho más amplio que el que conformaba sus audiencias originales. No todo lo amplio que ellos hubieran querido, ya que, como les ocurriera a Zarama, su apuesta idiomática a ultranza les cerraría el mercado en el resto de la Península.

El libro está plagado de interesantísimas anécdotas contadas de primera mano, de actuaciones interrumpidas por la irrupción de tanquetas de la policía y botes de humo, de viajes a Cuba…  Pero asimismo los autores no olvidan conceder hueco para poder escuchar a aquellos que trabajaron con Hertzainak, los que discutieron con ellos (que no fueron pocos), los que disfrutaron a su lado y los que finalmente despidieron a la banda alavesa. Letras de canciones, discografía, una sucinta cronología y un prólogo de otro imprescindible, Pablo Cabeza, terminan por rematar la presentación de un texto histórico.

 

FLORES EN LA BASURA
Los Días del Rock Radikal
Roberto Moso
Hilargi Ediciones, 2003

Roberto Moso es el cantante de Zarama, la banda que puede acreditar el haber editado el primer disco sencillo de punk cantado en euskera, el «Nahiko» (Discos Suicidas, 1982). Pero además es licenciado en Ciencias de la Información, habiendo ejercido de periodista en radio y prensa escrita desde muy pronto. De hecho fue uno de artífices de Muskaria, aquella primera revista-fanzine que se encargó de documentar los cambios vividos en la escena musical del País Vasco desde finales de los 70. Su doble condición de protagonista y cronista de aquella escena le ha hecho uno de los candidatos ideales para participar y dirigir algunas de las revisiones documentales del Rock Radikal Vasco. Este «Flores en la Basura», de título a caballo entre una de las estrofas del «God save the Queen» de los Sex Pistols y el significado del nombre de la banda, es un ejemplo, delicioso además, de sus capacidades para dejar por escrito la crónica de aquellos días.

Elige Roberto Moso una línea argumental personal, basada principalmente en su experiencia propia, lo que posibilita a mi juicio, casi desde el principio, un acercamiento inmediato entre lector y narrador. Sabremos pues de sus partidos de fútbol de juventud o del engorro que el servicio militar le supone a su incipiente carrera en Zarama. Pero igualmente, directamente implicados en lo que se cuenta en las líneas del libro, aparecerán Iosu Eskorbuto, que tocaría además con ellos en los primeros conciertos del grupo, La Polla Records, Zipper, una banda de rockeros-moteros a la que vencieron Zarama en uno de los primerísimos certámenes-concursos en los que participaron, RIP o Hertzainak, banda en la que terminaría tocando Gari, cantante primero de Zipper, precisamente.

Y es que, quizá escudado en esa cercanía con el receptor labrada con el buen talante deplegado, no tiene empacho en reconocer abierta y entrañablemente los problemas o pequeñas competiciones con estos compañeros de escena. Tiene uno la sensación de que Zarama vivió en una continua necesidad de demostrar al resto su condición de grupo lo suficientemente duro como para ser reconocidos con todo merecimiento en aquel devenir radical que se cocía en los 80 en Euskadi. Cuenta Roberto Moso en el libro cómo tuvieron por ejemplo que dejarse literalmente la piel para convencer o impactar a una audiencia que esperaba en realidad el momento de poder ver a La Polla Records. De todas maneras, no rezuma hiel de afilado ajuste de cuentas tardío todo ello, y no falta ni un solo reconocimiento a los méritos (discos, directos, etc.) de las demás bandas, detalle que sin lugar a dudas se agradece y que creo engrandece la crónica.

El libro se hace extremadamente corto, se lee prácticamente de un tirón y resulta rico en anécdotas referentes a conciertos, festivales, grabaciones, grupos y demás detalles que agradará sin duda al seguidor, no sólo de Zarama sino de esta música. Un auténtico lujo de crónica de aquellos años de alguien que los vivió y además sabe contarlo de forma entretenida y completa.

Vómito, la banda iruñesa que se estrenó en aquel ya mítico vinilo “Skalherria Punk” (Discos Suicidas, 1986), fue de las que experimentó una de las evoluciones más interesantes con el paso de los años de toda aquella escena vasca y radical. De la rabia propia del momento, sus discos pasaron a verse impregnados del oscuro de los tebeos que tanto gustaban a Claus, Víctor -el cantante de la formación-, o a Fermín Muguruza (Kortatu), compañero y paisano suyo. La trayectoria de Vómito se vio golpeada por la muerte de Víctor, que termina desencadenando el parón de toda su actividad.

Tuvieron que pasar años hasta que Claus reuniera de nuevo a la banda alrededor suyo. Acorazados en guitarras quizás más duras que antes, volvieron con “Regreso a la Escena del Crimen” (Potencial Hardcore, 2009)Añade este contenido, antesala de un par de discos más que ponían de manifiesto las ganas de este retorno. En medio de toda la actividad de Vómito, de gira de nuevo, le hemos pedido a Claus que compartiera con nosotros algunas de las experiencias vividas.

¿Dónde se situaba Vómito musicalmente dentro de todo aquel grupo de bandas que explotaron en el Euskadi de los 80?
Empezamos siendo un grupo de punk básico, crudo, de manual como suelo decir a veces, por no tener ni puta idea de tocar y tener la osadía de montar una banda. Había mucha energía, rabia y también ganas de juerga y desmadre. Pero a la vez intentando hacer las cosas bien, componer canciones, tocar cada vez mejor…

¿Tuvisteis alguna relación especial con alguna banda? ¿Kortatu quizá por proximidad geográfica?
Claro, Víctor y Fermín habían ido juntos al colegio, además de amistad siempre sintieron mutua admiración. Tocamos muchas veces con ellos. También con AntirrégimenAñade este contenido, con los que compartimos local de ensayo una buena temporada. Baldín Bada también eran del pueblo y colegas, Katu nos grabó las dos primeras maquetas. Con Basura y Odio también coincidimos mucho, eran de al lado, de Rentería. Recuerdo buenos conciertos y juergas a mediados de los 80 en La Pizzería, todo un antro increíble en Irún.

Sospecho que con el paso del tiempo se tiende a mitificar todo lo que ocurrió entonces. ¿Has tenido que oír alguna exageración o historia sin fundamento de aquellos años? ¿Qué es lo primero que te viene a la memoria de toda aquella etapa cuando echas la vista atrás?
Cualquier tiempo pasado fue mejor… supongo que te refieres a eso. Fue el momento de la explosión, un montón de grupos surgiendo donde antes no los había, las primeras okupaciones, conciertos a saco en polideportivos, fiestas, gaztetxes… teníamos ilusión, furia, creatividad, muchas ganas de expresarnos… era algo nuevo aquí y era nuestro; todos formábamos parte de ello como una piña. Eso es quizá lo que me viene a la cabeza, esa sensación de estar viviendo juntos algo especial, de concierto en concierto, de juerga en juerga y también a veces de pelea en pelea. Exageraciones o historias sin fundamento no, la verdad, no las he oído.

Por la misma época también se vivió el punk de forma especialmente intensa en Barcelona y Cataluña en general. ¿Tuvisteis contacto con los grupos de allí? ¿Podrías indicar alguna diferencia entre la escena allí y la que se desarrollaba en Euskadi?
La verdad es que no. Sí que es cierto que Vómito empezamos a tocar mucho por Cataluña pero en aquella época no tuvimos demasiado contacto con grupos de por ahí, en la mayoría de los conciertos casi todos los grupos éramos vascos. Recuerdo haber compartido escenario en tierras catalanas con Tijuana, La Polla, MCD, Eskorbuto, Hertzainak, Kojón Prieto, Belladona, Platero… Por lo que sé tampoco es que hubiera muchas diferencias en lo que a la escena punk se refiere, ni con catalanes, ni con madrileños, ni con gente de otros lugares, supongo que básicamente compartíamos la misma rebeldía, la misma música, las mismas sustancias con las que colocarnos…

De la música del Madrid de La Movida se criticó la frivolidad, lo insustancial frente a la contundencia y rabia que venía del País Vasco. ¿Es ésa la imagen que teníais?
Tampoco te creas. Joder, La Movida madrileña fue otro saco donde se metía casi todo lo que se cocía en Madrid en aquellos años y no sólo musicalmente hablando. Pero había muchos grupos y muy diferentes, del pop más ñoño al punk. Y músicos de todos lados. ¿Qué tenían que ver entre sí Derribos Arias, Parálisis Permanente, Objetivo Birmania o Radio Futura? Muy poco, sólo estar haciendo música ahí y en aquel momento. Algunos nos gustaban mucho, aunque no hicieran punk, como Radio Futura, otros nos dejaban indiferentes y otros nos parecían horribles… pero como la música en general, venga de donde venga. Sí es cierto que la eclosión musical vasca tuvo mayor contenido ideológico debido al contexto sociopolítico, y los grupos se decantaban por estilos más duros, pero no por ello criticábamos todo lo que se hacía en Madrid.

Vomito¿Qué recuerdas haber apreciado de los grupos que venían de Madrid?
Como ya te he dicho había grupos que nos gustaban además de los que hacían punk… Radio Futura, Derribos Arias, La Frontera… y qué decir de Parálisis Permanente. Creo que al ser estilos más abiertos y variados apreciaba las letras, sus temáticas, con recursos expresivos diferentes.

¿Tuvisteis algún contacto con el punk que se hacía allí en Madrid? En alguna ocasión te has pronunciado en plan crítico con respecto al apoyo institucional o posterior reconocimiento que se concedió a La Movida madrileña, ¿crees que es válida una crítica similar con respecto a la relación entre la izquierda aberztale y muchos de los grupos vascos de entonces?
A lo primero la verdad es que no. Habíamos escuchado a Espasmódicos, La UVI, Larsen, poco más… A Manolo le conocí cuando vinieron a tocar a fiestas de Irún Commando 9mm allá por el 86. A lo que te refieres de La Movida creo que lo dije en el documental sobre los RIP y si mal no recuerdo no es que yo criticara o cuestionara La Movida en sí misma, sino el poco reconocimiento que se le había dado a la eclosión musical aquí en Euskadi, con la importancia que también tuvo, con todos los grupos que surgieron y todos los discos que se grabaron. Pero claro, aquí éramos mucho más incómodos… para los de fuera y para los de dentro, que aquí siempre ha habido mucho meapilas. Tierno Galván apoyó La Movida en Madrid, aquí los del PNV, los de «Jaungoikoa eta lege zaharra» (Dios y leyes viejas) no estaban muy por la labor. El punk nunca les gustó, como debe de ser. Tampoco a algunos del entorno de la izquierda abertzale. Luego se dio la paradoja de que gente que hacía un par de años nos miraba mal por nuestras pintas o fumarnos un porro, acabó en la organización de conciertos para la causa. Y sí, es verdad que HB en un momento dado supo canalizar toda esa energía y esa rabia hacia sus postulados. Pero ellos no eran el sistema, así que tampoco creo que se pueda establecer un paralelismo entre eso y cualquier otra movida bendecida por el poder. Y luego la dichosa etiqueta de «Rock Radical Vasco», donde también se metió de todo. Hubo grupos que se subieron al carro encantados, pero si te pones a pensarlo pocos fuimos los grupos de punk que, salvo esporádicamente, participamos en sus fiestas, mítines, campañas…

Desde vuestra experiencia, ¿qué había de cierto en la presunta politización de la escena musical? ¿Era posible mantenerse al margen de ella si así lo querías?
Está claro que el contexto sociopolítico en Euskadi propició esa politización. Pero yo siempre he dicho que Vómito éramos y somos un grupo musical, no político, con nuestras ideologías individuales. Todos críticos con el poder, con el sistema, eso sí. El punksiempre ha tenido un rabioso componente ideológico pero eso no supone que te tengas que casar con ningún partido político aunque ideológicamente puedas tener cosas en común. Más bien al contrario. «Yo me cago en la política» cantaban los RIP, y muchos lo suscribíamos y lo suscribimos. El problema es que aquí, en el saco del Rock Radical, se ha mezclado de todo y las etiquetas siempre son reduccionistas. Y sí, si no te querías casar no te casabas, mira el caso de Eskorbuto, que desde el principio renegaron abiertamente de la izquierda abertzale.

¿Cuál es a tu juicio el aspecto más negativo de todo lo que vivisteis en los 80? ¿Droga, represión policial, incomprensión, rivalidades entre grupos/escenas?
El SIDA sin ninguna duda. No creo que nunca una generación pagara tan cara su rebeldía. Ha sido terrible todos los que se han quedado en el camino, muchos sin haber llegado a estar nunca enganchados. Y la mayoría lo habían pillado ya a primeros de los 80, antes de que se oyera hablar de la enfermedad. Toda esa energía consumida de esa manera… mucho, mucho dolor.

Revisando la historia de muchas bandas de la época encuentras que es frecuente ver una decepcionante relación con sellos o compañías discográficas. ¿A qué crees tú que fue debido? ¿No era posible una autogestión en lo que a la edición de los discos se refiere?
Las discográficas hacían su negocio, y quizá hubo una época en la que, un tanto ingenuamente, pensábamos que las «independientes» podían ser distintas. Pero no, la pela es la pela. Luego en los negocios, como en todo, se puede ser elegante o ser ruin. Nuestra experiencia con Discos Suicidas siempre he dicho que no fue mala. Nos fueron ofreciendo condiciones de grabación cada vez mejores, movían bien nuestros discos, se curraban la promoción y sobre todo siempre nos trataron con respeto, aunque a veces les costara soltar la pasta. Y claro que harían negocio, pero para eso también habían apostado e invertido un dinero, que nosotros en esos momentos no nos hubiéramos podido permitir, e hicieron su trabajo. En aquella época yo estaba estudiando en Bilbo, tenía bastante contacto con ellos y te puedo asegurar que forrados no estaban. Luego he oído historias y parece que no con todo el mundo fue igual, no sé, yo sólo cuento nuestra experiencia. Hay que tener en cuenta que en aquella época un estudio costaba una pasta, porque montarlo también era una inversión enorme. La grabación de «A Un Paso de la Locura» (Discos Suicidas, 1990), en dos semanas, costó 400.000 pelas, 2400€ de ahora, ¡en 1990! Y en Tsunami, que no era un estudio especialmente caro. Con eso hoy te montas tu propio estudio domestico de puta madre. Luego estaba el tema del vinilo, su fabricación era mucho más costosa que la de los CD, y la distribución. No había Internet, parece que se nos ha olvidado, si tus discos no se movían por las tiendas era difícil que llegaras mucho más allá de tu círculo más cercano. Así que no, no era fácil la autogestión, a no ser que tú también tuvieras mucho dinero y pudieras montar además la infraestructura necesaria… y ese no era el caso de la mayoría de nosotros.

¿Cómo entiendes y has entendido el punk? ¿Música? ¿Forma de lucha, protesta? ¿Qué destacarías de este estilo frente a otras músicas?
Siempre he dicho que para mi el punk es una actitud. Tiene que ver con la rabia, con la energía, con cuestionate las cosas y ser crítico, incluso contigo mismo. Es buscar tu propio camino, el que necesitas, no el que te marcan. Y muy, muy importante, vivir y dejar vivir… Como etiqueta se acuñó a mediados de los 70, como espíritu ha existido siempre y no sólo en el contexto musical. Puedes tocar mejor o peor, hacer más ruido o ser más melódico, más acelerado o más pausado… pero siempre que lo hagas fiel a ti mismo, con ganas de dejarte la piel para expresarte, estará bien le pongan la etiqueta que le pongan. Y por cierto, a mí siempre me la ha sudado bastante eso de ser punk o no ser punk. Los que se creen más punks al final son los más dogmáticios, pontificando más que los curas, con sus santos y sus mártires, diciéndote cual es el camino que tienes que seguir… hostia, si te apartas ya no eres punk, ya no eres Vómito, ¡¡¡excomulgado!!! Joder, en todos lados te encuentras con idiotas y gente de mente estrecha. Yo hago lo que me apetece y me gusta en cada momento… y no obligo a nadie a escuchar mis canciones.

¿Cuál sería tu balance pasados los años de todo aquel enfrentamiento y lucha? ¿Te llevas muchas cicatrices?
Bueno, creo que éramos más gamberros y golfos que guerrilleros. Rockeros y crápulas más que revolucionarios… y eso puede ser más subversivo que nada, más que ponerse galones en la chupa. Y seguir siéndolo todavía, seguir teniendo esa mala baba, podría considerarse toda una victoria en el mundo del «no futuro».

¿Encuentras muchas cosas de las que hicisteis entonces a lo largo de la trayectoria de la banda que cambiarias de tener ocasión de ello?
Creo que no, creo que las cosas han estado bien como han sido. Hemos conseguido llegar hasta aquí de la nada, llamándonos Vómito, el nombre más comercial y atractivo que puede haber para un grupo, jajaja. Quizá a veces tomé decisiones anteponiendo motivos emocionales y sentimentales, que no siempre eran las mejores para el funcionamiento de la banda, pero no me arrepiento. Puede que hubiera sido mejor para el grupo, podía haberme juntado con mejores músicos, no haber tenido temporadas de poca actividad… pero prefiero poderme considerar mejor persona por esas decisiones.

Encuentro en Vómito una capacidad de evolución en su música desde vuestros comienzos que no es la tónica general entre las bandas que empezaron con vosotros. Oscuridad, guitarras poderosas en la última etapa… ¿Cómo lo ves tú, aprecias esta evolución? De hecho reconozco haber tardado en apreciar «A Un Paso de la Locura» como se merece, quizá por encontrar que os alejabais de la denuncia rabiosa de vuestro primer disco. Y, sin embargo, con el paso del tiempo he comprobado que probablemente contenga algunas de las canciones que más me gustan de vuestro repertorio. ¿Qué respuesta encontrasteis en vuestros seguidores cuando cambiabais vuestro sonido?
Vómito siempre hemos sido un grupo en constante evolución, nunca hemos hecho un disco igual al anterior, por mucho que les joda a todos esos que, como ya te he dicho, van tan de punkis y luego resultan los más inmovilistas y reaccionarios. Al principio haces las canciones que te salen, con los pocos recursos que tienes, pero a medida que vas aprendiendo y tienes mayor control, les empiezas a dar forma de otra manera, eres tú el que busca las canciones y empiezan a resultar más personales, intuyes qué música quieres para esa letra o qué letra para esa música. Nuestra primera época fue del 84 al 87, con Joseba a la guitarra y Dani a la batería, fue la época del primer aprendizaje. Joseba y yo nos encargábamos de la música y Víctor y yo de las letras. Con el cambio de formación, en el 88, y la entrada de Bingen y Pato, fui yo el que empezó a encargarse de la composición, terminando de dar forma a los temas en el local entre todos. Además, siempre he sido bastante abierto estilísticamente, y Víctor y el resto también, en absoluto escuchábamos únicamente punk, y creo que eso se nota. Y luego hubo un momento en el que muchos grupos parecía que estábamos hablando de lo mismo, y lo que es peor, de la misma manera, a veces cayendo en el panfleto. Y en ese momento no fue algo consciente, pero nosotros empezamos a desarrollar un estilo diferenciado, empapándonos también de nuestros gustos literarios, cinematográficos… Como tú dices nuestro primer disco podía parecer más rabioso, pero también era más burdo y básico. En «A Un Paso de la Locura» y en los siguientes también sigue habiendo denuncia, seguimos cuestionándonos el estado de muchas cosas, pero lo envolvemos en una poética más personal. Aparte de tratar otros temas que tienen que ver con nuestros sentimientos y experiencias. Prefiero escribir canciones sugerentes antes que explicitas, que estén abiertas a la interpretación y apelen a las emociones… Y la verdad es que aunque al principio pudo haber a quién le costara asimilar esa evolución, al final creo que el tiempo nos ha dado la razón. Ahora la mayoría de la gente se queda con «A Un Paso de la Locura» o «La Circulación en el Laberinto» (Discos Suicidas, 1995).

¿Cómo se hace para superar a nivel personal y para el grupo algo como la pérdida de Víctor? ¿Cómo se recompone una banda después de un mazazo así? ¿En vuestro caso, cuál fue la clave para seguir adelante?
Tiempo, hace falta tiempo, para que el dolor se vaya diluyendo y al final queden los buenos recuerdos y el cariño que sentiste por esa persona. Como grupo, no sé, Víctor no sólo era el cantante de Vómito, era mi mejor amigo, si no hubiera sido así las cosas hubieran sido de otra manera. En el 93, después de grabar «El Ejercicio del Crimen» (Discos Suicidas, 1993) me planteó dejar el grupo, ya que no se podía comprometer a seguir haciendo conciertos ni a venir a ensayar regularmente, no se encontraba con ánimo. Me dijo que nos buscáramos a otro. Tomé una de esas decisiones de las que te he hablado antes, antepuse nuestra amistad al funcionamiento de la banda, y asumí que aunque no pudiéramos hacer más que algún concierto esporádico, Víctor seguiría con nosotros. Además ya teníamos bastante avanzadas las canciones para «La Circulación en el Laberinto». Del verano del 93 hasta su muerte sólo hicimos dos o tres conciertos y en la mayoría de los ensayos yo me hacía cargo de la voz. No me arrepiento en absoluto, creo que la perspectiva de grabar el disco le hizo seguir adelante un poco más. Y recuerdo cuando llegó el disco, muy poco antes de morir, y cómo se le iluminó la cara. Y luego, aunque estuvimos hasta el 98 dando bolos conmigo también a la voz, tampoco me sentía con ánimos para seguir haciendo canciones de Vómito sin él. Hice «Radio Terror» con El Gordo y grabamos el disco «Canciones Sin Piedad», pero lo dejé por discrepancias creativas y personales. Tuvieron que pasar diez años para que me animara a seguir con Vómito. Además de tocar tenía ganas de seguir haciendo cosas nuevas, si no no nos hubiéramos vuelto a juntar. Y ya me sentía cómodo como cantante.

¿Podrías marcar alguna canción, o incluso alguno de vuestros discos, del que te sientas especialmente satisfecho?
Ufff, pregunta jodida. No sé, es difícil contestar. Quizá como disco te diría que «A Un Paso de la Locura», no ya porque me pueda parecer mejor que otros, sino por lo que supuso estilísticamente, por encontrar nuestra propia personalidad como grupo. Y como canción «Radio Terror«, creo que es una canción que tiene todo lo que nos define. Y mucha gente, muchos de ellos músicos, me han dicho que les parece una canción perfecta.

¿Qué es lo más gratificante de una carrera como la tuya dedicada a la música?
Componer, el momento de la creación, cuando coges una idea, le vas dando forma, la desarrollas y al final todo encaja, música, letra, arreglos… y aparece la canción. El otro día lo hablaba precisamente con Guanche, el batería de Lobo Eléctrico, para mí está incluso por encima de tocar en directo, que es lo segundo más gratificante. Ahora, además, con nuestro propio estudio, es aún más acojonante… grabas una línea de bajo, programas una batería, empiezas a probar con las guitarras, grabas una pista, otra, pruebas cosas… luego las voces, los coros… Tienes muchísimas más posibilidades que cuando hacías los arreglos tocando en el local todos juntos. Tocar en directo puede ser más intenso y salvaje, tiene mucho de ritual atávico, cuando fluye la energía entre la banda y el público… pero no deja de ser un momento fugaz. Las canciones quedan.

Es conocida tu inquietud para hacer muchas cosas, para dedicarte a facetas diferentes con cierta facilidad. Háblanos de tus proyectos pasados fuera de Vómito y fuera de la música.
Estoy licenciado en Bellas Artes con dos especialidades, audiovisuales y pintura. Desde que tengo uso de razón me he dedicado a dibujar y pintar y he sido un apasionado del cine. Seguramente seré de los últimos que descubrieron la imagen en movimiento en una sala oscura antes que en la televisión, porque el diabólico aparato no entró en mi casa hasta bien entrados los 70. Se lo debo a mi abuelo, que era amigo del taquillero del antiguo cine Uranzu de Irún. Así que al final he terminado dirigiendo tres cortos en cine, además también escritos y producidos por mí, «Dientes de Leche» (2004), «Algo Para Descongelar» (2005) y «Alimañas» (2007). Los tres se estrenaron en el Festival de Cine de San Sebastián y han sido seleccionados en muchos festivales tanto nacionales como internacionales. «Alimañas» en algunos tan importantes como el de Palm Springs, en Los Ángeles, o el Festival Internacional de Cine Iberoamericano de Nueva York. Creo que se pueden ver como una prolongación cinematográfica de muchas de las paranoias que vuelco también en las canciones de Vómito. Son bastante crudos, duros y secos, pero no exentos de cierto humor macabro y a la vez poéticos. Y atención a la canción «Dientes de leche» de los créditos finales del corto, que compuse con Mikel Irazoki (M-ak). También me propusieron después de «Dientes de Leche» que escribiera una obra de teatro, «Bichitos (La Vida en el Tiesto)». Fue flipante, porque era una producción importante y bastante ambiciosa, sobre todo para ser una comedia musical infantil. Incluí muchas alegorías sociales y políticas y Fermín Muguruza se encargó de las canciones, que terminó publicando en CD. Para colmo me nominaron a los premios MAX. Fue una experiencia acojonante, pudiendo seguir el montaje de la obra desde la primera lectura con los actores, hasta los ensayos finales con los decorados, vestuarios, coreografías… Y luego nunca he dejado de dibujar y pintar. Cuando volví a juntar a Vómito en el 2009, tenía muy avanzada una serie de cuadros y dibujos… la retomaré cuando la música no me tenga tan absorbido.

¿Notas haber dejado de hacer algo que hubieras proyectado?
Bueno, tengo escrito otro corto «Little Hero», incluso ya lo hablé con los actores y parte del equipo técnico. Ahora mismo, con el resto de cosas que me traigo entre manos es complicado que me pueda embarcar en algo así. Lo escribí pensando en mi hijo pequeño Daniel como protagonista, y la pena es que si no lo hago ahora, más adelante estará ya demasiado crecido para poder hacerlo. También tengo escritos dos guiones para largometrajes, «La Alegría del Abuelo» y «Muere Joven». El primero es una comedia sentimental, fue finalista en el certamen Julio Alejandro y lo presenté en el Festival de Cine de Valladolid. «Muere Joven» es el retrato de un grupo de punk-rock ficticio, desde sus comienzos a principios de los 80, hasta la muerte de su cantante a mediados de los 90… y también el reflejo de una juventud, de una época. Pero esto ya son palabras mayores, estamos hablando de largometrajes y de mucho dinero. Para sacar adelante proyectos así tienes que dedicarle mucha energía a las relaciones públicas, buscar subvenciones, productores, financiación… me da muchísima pereza.

¿Qué es lo que te traes entre manos ahora mismo? ¿Hay Vómito para rato? ¿Proyectas alguna otra cosa además de Vómito?
Pues la verdad es que estoy embarcado a tope en un nuevo proyecto, INOX. Están conmigo Iban Martínez, el actual batería de Vómito, aquí a la guitarra rítmica, y Josu Alecha, a la solista. Los dos han tocado en Bisai, ahora en Thanks To Losers. También ha colaborado al saxo en varias canciones Plum Latirili, de Tóxicas y Rockaína. Para la batería hay algún que otro candidato pero sin prisas, de momento a la hora de componer se está encargando Iban. Nuestra intención es terminar nuestro primer disco de aquí a final de año, para que salga la primavera del 2013, pero ya empezar a dar algunos conciertos este otoño. Se pueden descargar varias demos de canciones en el perfil de Facebook. Estilísticamente es mucho más abierto que Vómito, no quiero encorsetarme en nada, pero siempre enérgico y visceral. Nuestra primera canción en soporte físico es «Hiéreme», en El Notes, la revista con CD que acaba de editar la Coordi de Montcada en Barna, donde también participo con una ilustración. Como Vómito seguimos en la carretera… ¿hasta cuando? Supongo que mientras haya un puñado de gente que quiera que le maltratemos los oídos.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Bajo el nombre de una de las recopilaciones míticas del punk ibérico de los 80, hemos decidido abrir una sección en el blog en la que dar cabida precisamente a este tipo de música. Para ello, pretendemos ir citando a los protagonistas de aquellos días para que en nuestro suplemento compartan con todos nosotros su visión retrospectiva, sus valoraciones y recuerdos. La idea es convocar, en la medida de lo posible, a representantes de las diferentes escenas tanto geográficas como estilísticas que se desarrollaron entonces. Si bien en algunos casos ya estuvieron en contacto con nosotros para asesorarnos y garantizar así la rigurosidad de las reseñas de las bandas que ya están en nuestro archivo, ahora buscamos el lado estrictamente personal de quienes participaron de forma activa y directa en aquella explosión que sacudió todo el país tras el arranque del punk al final de los 70 en el Reino Unido.

Comenzamos esta galería de entrevistas con una visita muy especial, la de Miguel Alférez, batería de una de las bandas más emblemáticas de aquella época: Decibelios. El grupo de Barcelona hizo de auténtica punta de lanza en géneros como el oi!, ska y punk-hardcore en general. Desde su debut con el sencillo “Paletas Putrefactos” (DRO, 1982) hasta su disco LP “Con el Tiempo y Una Caña” (1989, Twins), dejaron buena muestra de su rabia en discos que constituyen auténticos clásicos del género. Situados en el ojo del huracán por lo extremo de su propuesto no pudieron sustraerse de polémicas sobre su posible orientación política y cambios de estilo. De todo ello nos habla Miguel en la entrevista que os presentamos a continuación.

¿Piensas que Decibelios fue una banda pionera en la música oi! y de una forma de entender el ska de este país?
Bueno, no se si decir pionera, pero sí que fuimos los que de alguna manera dimos a conocer tanto la música oi! como el ska. En el 82 no había muchas bandas haciendo ska; recuerdo que en alguno de nuestros primeros conciertos por Madrid, cuando tocábamos el tema “Oi! Oi! Oi!”, mucha gente no sabía de que iba y nos preguntaban qué era eso del oi!

¿Qué recuerdas del ambiente, de la escena musical de Barcelona cuando empezasteis?
Lo que recuerdo es que había muchas bandas con muchas ganas de hacer cosas, pero muy pocos medios, apenas salas donde tocar y nadie te hacía mucho caso, veáse radios, revistas especializadas, prensa y no hablemos de las televisiones. Se tuvo que empezar de cero, a base de mucha voluntad y mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Ahí empezaron a salir las radios libres, los fanzines, locales pequeños que programaban actuaciones, pero sin cobrar. Normalmente el caché de los grupos era barra libre y nada más, tenías que poner la furgoneta, desplazarte y después del concierto, recogerlo todo, cargar y para el local a descargar. Era la tónica habitual.

¿Fue con DRO que entablasteis contacto con la escena o los grupos de Madrid? ¿Qué impresión os causó lo que se hacía en Madrid cuando ibais de visita? ¿Con qué grupos de punk de la capital tocasteis o tuvisteis relación? ¿Había diferencias con Barcelona?
Nosotros hicimos algún bolo por Madrid y veíamos que los grupos estaban mejor organizados. Era frecuente que hubiera conciertos en cualquier Instituto o colegio con grupos como Alaska, Gabinete, Loquillo, Parálisis Permanente y aquí no era posible organizar este tipo de actos por falta de apoyo. Allí conocimos a un montón de bandas ya que cuando había concierto en el Rockola se podía ver la flor y nata de La Movida Madrileña, era como otro mundo. Recuerdo estar en un bar al lado de Rockola y coincidir con Antonio Flores, Eduardo Benavente o los Siniestro Total que también andaban mucho por Madrid. Si querías conseguir algo, tenia que ser vía Madrid. Por lo tanto las diferencias eran notorias.

Cuéntanos igualmente de vuestra relación e impresiones por lo que se hacía en el País Vasco por entonces. ¿Qué bandas os sorprendieron o gustaban más de lo que había por allí? ¿Notaste la politización del punk vasco de la que se ha hablado tanto?
Nosotros realizamos bastantes conciertos por el País Vasco y también nos sorprendió su propia autogestión. Casi cada fin de semana había algún concierto que solían organizar el algún frontón o en alguna sala. Lo de la politización no era muy notable en aquella época, creo que también los grupos se buscaban la vida como podían, allí coincidimos con gente como Eskorbuto, La Polla Records, RIP, MCD, Vulpess o Kortatu y teníamos muy buena relación con todos ellos. Pienso que comos todos los grupos de cualquier punto de España, perseguían lo mismo, tocar en directo y poder editar tus canciones en algún sello independiente que en aquella época tenía más valor que fichar por cualquier multinacional.

¿En qué momento notáis que Decibelios se está convirtiendo en una banda importante?
No sé si Decibelios llegó a convertirse en una banda importante, al menos en aquella época, porque desde dentro del grupo, vivíamos el día a día normal, seguíamos con nuestros trabajos y ensayábamos cada día. Sí que es cierto que a partir de la edición del segundo disco “Oi!” (DRO, 1985) y posteriormente el “Vacaciones en el Prat” (DRO, 1986) cogimos más nombre, teníamos más conciertos, aparecíamos más en televisión, pero el grupo seguía siendo el mismo que cuando empezó, cuatro tíos unidos por la música y por una gran amistad. Con el paso de los años quizás Decibelios ha llegado a formar parte de la historia musical de este país y muchos grupos jóvenes tienen a Decibelios como una referencia y eso es un orgullo para nosotros.

Me imagino que resulta inevitable mencionar a Decibelios y no pensar en toda la polémica en la que se vio envuelta la banda respecto a sus posibles tendencias políticas ¿Piensas que se os maltrató injustificadamente en su momento?
Quizás sí, pero sobre todo fue debido a la desinformación y manipulación que hubo por parte de mucha gente. Tampoco nos preocupaba mucho por aquel entonces, pues teníamos muy claro lo que éramos y cuales eran nuestros objetivos, pero no siempre lo controlas todo y hubo muchas cosas que se nos fueron de las manos. Con los años se ha llegado a decir muchas cosas, pero en su gran mayoría son falsas, pues nadie ha sacado información directa del grupo, sino que hablan de lo que han oído, o de lo que les han contado, vamos como el cuento de la portera.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando echas la vista atrás pensando en toda aquella época? ¿Nostalgia, algún tipo de ganas de cambiar algo de lo que hicierais?
Cuando miro atrás lo que veo son diez años compartidos con otras tres personas que fueron una parte importante de mi vida. No siento nostalgia, porque el tiempo pasa y en esta vida vas cubriendo etapas y Decibelios fue una etapa en mi vida. En cuanto a lo de cambiar algo, pues no sé, quizás, beberme más cervezas de las que me bebí.

¿El peor momento del que te acuerdes durante la trayectoria de la banda?
Quizás el palo del “Vacaciones en el Prat». Fue un disco que hicimos con mucho esfuerzo y mucha ilusión; tener que destruir cinco mil copias fue bastante duro. Pero como se suele decir, nos caemos para aprender a levantarnos.

¿Resultó tan decepcionante todo lo que ocurrió en el concierto en el que grabasteis «Vivo’s 88»?
Con el tiempo sí, en su momento no, porque no fuimos conscientes de lo que pasó en la sala. Lo he dicho ya un millón de veces, desde el escenario no ves si unos tíos están con el brazo en alto o el portero se está tirando a la guardarropa. Como el “Vacaciones” el “Vivo’s” (DRO, 1988) fue un disco que hicimos con mucha ilusión, hacia tiempo que no tocábamos en Barcelona y nos apetecía hacer un buen concierto delante de nuestra gente y grabarlo en directo. Fue una gran inversión por parte de DRO a los que también les apetecía mucho y mucho trabajo por la nuestra. De hecho, creo que el disco quedó muy bien, pero ciertos medios de comunicación magnificaron en demasía lo que ocurrió y eso no ayudó mucho.

¿Fuisteis conscientes en algún momento de toda la repercusión que llegaríais luego a tener?
La verdad es que no, porque cuando empiezas una historia como es montar una banda de rock, siempre tienes ilusión en que funcione, pero todos éramos conscientes de lo difícil que era en aquella época y más con el estilo putrefacto, punk, oi!, ska que nosotros hacíamos, así que nunca imaginas que treinta años después, tengas tantos seguidores como tiene Decibelios. Como he dicho, es un orgullo.

¿Cómo fue la relación de la banda con sus seguidores? Tengo entendido que había quienes os pedían una respuesta más enérgica contra el sector más politizado del público o quienes no aceptaban de buen grado cambios de estilo con respecto a vuestros primeros trabajos. ¿Cómo se conjuga el hacer lo que realmente os apetece y soportar la presión de vuestros seguidores?
Siempre tuvimos seguidores fieles y los que estaban cerca de nosotros nos conocían muy bien. En cuanto a las presiones, para nosotros no existían, sólo los medios de comunicación presionaban sobre el tema tras el concierto del “Vivo’s”, pero como siempre Decibelios seguía el camino que creía más conveniente al margen de los rumores.

¿Queda algo por decir que no hubierais dicho entonces? En vuestra música, en las respuestas a las críticas…
Jamás nos cortamos un pelo al momento de poner las cosas claras, de hecho creo que éramos el único grupo que decía las cosas tal como eran sin ningún tapujo. ¿Algo pendiente? No creo que nos quedara nada, hicimos y dijimos lo que había que decir, pero te vuelvo a repetir: la manipulación periodística es una lacra. Me recuerda mucho al periodismo deportivo, lo mismo te encumbran como te hunden en la miseria, se llama el poder de la pluma.

Siento curiosidad por saber cómo empezáis a trabajar con Rosendo y cómo resultó la experiencia.
Nuestra relación con Rosendo fue increíble, él vino a Barcelona para escuchar los temas que íbamos a grabar y enseguida surgió una buena amistad, estuvimos casi un mes en Madrid grabando y Rosendo parecía nuestra niñera, se preocupaba de que todo estuviera a punto, nos venia a buscar al hotel con su coche, nos traía cerveza al estudio de grabación, como te digo increíble, aparte de que es un profesional como la copa de un pino.

Tengo especial predilección por alguno de los temas de vuestro repertorio: «Matar o morir», «Ningún nombre de mujer»… ¿hay alguna canción de la que te sientas especialmente contento? ¿Algún disco en especial?
Los discos, suelen decir los músicos que son como hijos y que es muy difícil decantarte por uno u otro. A mi me pasa algo parecido, me gustan todos los discos, pues todos ellos fueron compuestos con la misma pasión y entrega, aunque si tuviera que elegir uno, quizás me quedaría con el “Oi!”. Creo que es el disco que mejor define la rabia de Decibelios, en cuanto a composiciones, letras, diseño, etc.

¿Qué ha sido lo más gratificante a nivel personal de tu pertenencia a una banda como Decibelios?
Sin duda la gran amistad que se forjó entre los cuatro. Diez años son muchos, sobre todo si los vives intensamente como los vivimos nosotros. Creo que conocer a Fray y Manel, aparte de que Manolo es mi hermano, fue lo más gratificante que te queda con los años.

¿Cuáles son a tu juicio las razones para haberos convertido en una banda de referencia del género?
Pueden haber varias, pero creo que la mas importante fue que la gente vio en nosotros a una banda diferente, auténtica y que hablaba de problemas reales, problemas que de hecho siguen vigentes, esa forma directa de denunciar las injusticias, unido a la música y los shows que montábamos en directo nos hizo un grupo diferente.

¿Sientes después de todo el tiempo que ha pasado el reconocimiento al grupo?
Han pasado más de veinte años desde la disolución de Decibelios y mucha gente sigue escribiéndonos y escuchando nuestra música, otros grupos que empiezan hacen versiones nuestras… No necesitamos ningún reconocimiento para satisfacer ningún ego personal, el reconocimiento está ahí y es un orgullo ver que la gente no te olvida.

En breve celebráis aniversario del nacimiento de la banda, ¿qué estáis planeando para la ocasión? ¿Qué habéis hecho en aniversarios anteriores?
Bueno cuando estábamos en activo montábamos auténticas bacanales, con fiesta, cerveza y algún directo. Ahora se cumple el 32 aniversario del grupo y en principio hemos quedado los cuatro para reencontrarnos y repasar todos estos años que no nos hemos visto, al menos no como nos veíamos antes y celebrarlo a nivel privado. Lo que venga después ya se verá.

Me imagino que uno no se embarca en una banda como Decibelios simplemente por cuestiones musicales. ¿Sentíais ganas de cambiar o criticar aquello que no os gustaba de entonces? ¿Cuál es el balance de ese posible enfrentamiento con lo que criticabais? ¿Te llevas alguna cicatriz de todo aquello?
Todas las batallas dejan cicatrices. Cuando nació Decibelios, teníamos muy claro que iba a ser diferente; no sé, es una cosa que sientes enseguida. Indudablemente queríamos cambiar cosas, denunciar injusticias, apoyar causas perdidas, pero el sistema es indestructible y por más que luches es difícil lograr algo positivo. Pero nos queda la satisfacción de que al menos durante diez años fuimos un grano en el culo del sistema.