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Volvemos como cada mes a colaborar en «El Sonido de las Montañas al Revés» de Radio Gavà con nuestra sección «Puente Aéreo», en la que intentamos dar a conocer a grupos madrileños emergentes o menos conocidos. En este caso hemos dedicado la sección a El Palacio de Linares, con una entrevista a Gonzalo Marcos, el líder o al menos portavoz del grupo.

La particularidad de esta entrevista es que está realizada a un grupo que supuestamente se ha separado hace unos seis meses, pero cierta actividad en redes sociales nos ha llamado la atención y hemos decidido llamarles para aclarar qué planes tienen y aprovechar para repasar de paso la discografía de uno de los grupos de pop más originales y personales surgidos en los últimos años en Madrid.

En la entrevista, además de poner algunas canciones representativas del grupo, repasamos su trayectoria desde su primer single con Elefant en 2012 hasta su separación en noviembre de 2014. Una discografía de veinte canciones repartidas en seis sellos diferentes. Gonzalo también nos cuenta el porqué de la separación del grupo y aclara los planes de la banda para un futuro no muy lejano. Podéis escuchar la entrevista a partir del 56″.

Premios Siroco 2014 - header
Con motivo del vigesimo quinto aniversario de Siroco, donde hemos mantenido una programación regular desde 2010, la organización de la sala ha promovido una simbólica a la par que cariñosa entrega de premios en la que los propios trabajadores votarán en distintas categorías sus predilecciones.

Por nuestra parte hemos tenido el honor de ser nominados por nuestra labor como promotora junto a grandes como son Giradiscos, Holy Cuervo y los decanos Elefant. Ya simplemente el hecho de que se hayan acordado de nosotros nos es gratificante, más aún considerando la admiración que profesamos hacia nuestros compañeros de nominación.

El evento, que será por invitación, tendrá lugar el martes 16 de septiembre a las 21h. Nos hace especial ilusión ver cómo el premio honorífico será compartido por Paco Clavel y Juan de Pablos, con quienes hemos tenido oportunidad de compartir alguno de nuestros eventos.

También nos alegra ver que dos de las propuestas presentes en nuestro último recopilatorio de grupos emergentes madrileños, Biznaga y Somos la Herencia, aspiren a conseguir un premio como banda revelación.

Con motivo de la exposición «Esta Canción Me La Encontré Tirada» (Ferrol, Centro Torrente Ballester) que se inagura el viernes 19 de julio a las 20:00, uno de nuestros administradores, Fernando Fernández Rego, analiza la escena independiente gallega actual y sus antecedentes en este artículo que forma parte del proyecto editorial con carácter divulgativo y recopilatorio que presenta, con gran calidad gráfica, una serie de fichas técnicas, letras de canciones, fotografías y todo el trabajo de autoedición y producción compartida que rodea al singular universo creativo de cada grupo. Ahí aportamos nuestra base de datos como material de apoyo principal. La exposición pone de manifiesto la estrecha relación entre la música y las artes gráficas, intentando analizar todo desde la perspectiva de cómo los grupos consiguen su propia imagen trabajando el do it yourself, creando sus propios canales de difusión o colaborando con gente de otros campos creativos como el diseño gráfico o el audiovisual.

Hubo un tiempo en que para encontrar propuestas medianamente interesantes a nivel musical había que viajar a Londres o Nueva York, a Madrid o Barcelona. Desde los años 80, aquellos años de Movida en Vigo y del despegue de la música pop gallega con Siniestro Total y Os Resentidos al frente, los tiempos han ido cambiando, y mucho. Hablar de escenas es complicado, de hecho a veces me da la sensación de que éstas tan sólo existen si se habla de ellas, de que somos los cronistas los que convertimos a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia en el espacio y en el tiempo en una escena. Como ejemplo tenemos aquellos hoy lejanos años 80. A mucha gente le sonará La Movida de Vigo, aunque pocos tengan claro qué es movida y qué no. Unos grupos se suben al carro y otros reniegan, según sus intereses; pero todos asociamos el término a “música hecha en los 80”, a recopilatorios de cuatro CD e innumerables libros sobre el tema. Un término fagocitador que terminó absorbiéndolo prácticamente todo, incluso bandas de zonas geográficamente deslocalizadas del área de influencia viguesa. Con todo, pocos se acuerdan de formaciones como Cuadros Malvendidos (Ferrol), Metro (Carballo), Bar (Vigo), Desertores (Vigo) y muchos otros, quedándose todo en el ramillete Siniestro – Resentidos – Aerolíneas Federales – Semen Up – Golpes Bajos.

Los 90 parecen más claros, supusieron el desarrollo del término independiente o alternativo para referirse a todo lo que presentaba una alternativa a la música mainstream. El problema como suele ocurrir en estos casos es que pronto las multinacionales vieron un filón en las bandas que seguían los jóvenes y entraron en el negocio, tanto las discográficas como las marcas de bebidas, coches y demás. Incluso se generaron todo tipo de grupos prefabricados. A nivel nacional bandas como Australian Blonde, Sexy Sadie o Dover alcanzaron un importante y efímero, salvo en el caso de estos últimos, reconocimiento. De hecho los madrileños llegaron a vender más de 800.000 copias del “Devil Came To Me” (Subterfuge, 1997), cifra astronómica en España para un grupo que, además de pertenecer a una compañía independiente sin demasiados medios, tenía el estigma de cantar en inglés… con nivel de COU. En los 90 Galicia no gozaba de una buena infraestructura ni de una industria como tal que pudiese sacar a delante las propuestas que surgían, diseminadas por toda su geografía. Los inicios fueron duros, en algunos casos, muy duros. La falta de medios dificultaba no sólo la edición física, sino también el desarrollo de las carreras musicales de los grupos. Aunque bandas como Os Resentidos, Los Suaves o Siniestro Total gozaban de una posición privilegiada a nivel nacional, no todos alcanzaron el reconocimiento, y el malditismo estuvo también muy presente. Bandas como La Rosa del incombustible Magín Blanco, Cosecha Roja –hoy en día Burgas Beat– o Los Eskizos y Los Contentos –profetas que trajeron a nuestras tierras el garage más sucio y ayudaron a que muchos descubrieran a los Stooges, a The Cynics, a MC5 y el rock más visceral-, no alcanzaron nunca el reconocimiento que realmente merecen. ¿La razón? En Galicia no teníamos una industria consolidada, faltaba un circuito de salas en la que los grupos pudiesen realizar conciertos en condiciones, faltaban estudios de grabación profesionales, un público que respondiese, festivales, compañías de management, discográficas propias que pudiesen editar a los grupos y un largo etcétera. En otra liga jugaban los que lograban firmar con sellos multinacionales, como es el caso de Los Piratas, quienes rápidamente dieron el salto y se colaron en las radiofórmulas, haciendo que las ventas se disparasen con aquel “Poligamia” (Warner, 1995) y ese himno titulado “Promesas que no valen nada”.

En estos años tiene lugar la eclosión del Rock Bravú, que es la gran aportación gallega a la música de los 90. El bravú fue un movimiento heterogéneo con una serie de pautas comunes: la utilización de la lengua gallega, una acérrima reivindicación de las raíces, un nivel elevado de costumbrismo agrícola y rural, y en unos casos muchas ganas de fiesta. en otros un carácter insurgente y crítico. El movimiento creció gracias al apoyo de la TVG y a un programa en concreto de esa cadena: el Xabarín Club; debido a la realización de múltiples videoclips que se emitían a modo de karaoke y que consiguieron que muchos de nosotros tengamos esas canciones grabadas a fuego en nuestra memoria. Grupos bravú como Os Diplomáticos de Monte-Alto, Heredeiros da Crus o los propios Yellow Pixoliñas lograron un importante calado en los medios y el público gracias a que cada tarde miles de personas cantaban sus temas frente al televisor. Como decíamos, los primeros años 90 fueron los de la eclosión indie. Con grupos como Pavement, Sonic Youth o Nirvana en mente, surgen multitud de bandas que copiando geometrías sonoras anglosajonas y con el inglés por bandera fueron poco a poco tomando posiciones. Los asturianos Australian Blonde dieron el primer gran pelotazo con aquel “Pizza Pop” (Subterfuge, 1992) y aquellas “Chup chup” o “September song”. En Galicia el movimiento independiente también cobra pujanza con bandas como Blood Filloas, Os Maruxa o The Killer Barbies.

Estos últimos irrumpen con gran éxito en la escena nacional. Hablamos de uno de los grupos con una mayor visión para el espectáculo y la diversión, con un impacto internacional realmente importante. Enamorados de la serie B, los ídolos de la cultura basura, el cómic y bandas como los Ramones o Misfits, su irrupción a mediados de los 90 facturando cómic punk o trashy punk trajo consigo un soplo de aire fresco necesario en una escena dominada por el pop y el noise. Tras grabar sus primeros trabajos en su propia discográfica –Toxic Records-, su fichaje por el sello del diablo, Subterfuge, y el pelotazo “Love killer” los catapultan al estrellato: suenan en las radios, en la televisión –gracias a que el tema es utilizado para el spot de Radical Fruit Company- y alcanzan las 10.000 copias vendidas de su primer largo, “Dressed To Kiss” (Subterfuge / Toxic, 1994). Una forma distinta a Los Piratas de alcanzar el éxito, desde la independencia más absoluta. Una de las bandas que más importancia concede a la imagen en estos años es Kozmic Muffin, grupo coruñés de rock progresivo y sinfónico que, como suele pasar en estos casos, tuvo un mayor reconocimiento en el extranjero que en nuestro país. Unos rara avis dentro de la escena gallega que se acercaron al mundo multimedia gracias a los trabajos de su batería, percusionista, letrista y guionista Patxi Valera. Resumiendo, podemos decir que los 90 fueron tiempos de luces y sombras, tiempos en los que se fueron estableciendo las bases para la explosión que se produce en los primeros años de la década del 2000.

Con el auge de Internet y la mayor disponibilidad de los medios tecnológicos se produce una democratización del sector y los grupos y la edición de discos comienzan a crecer de forma exponencial. Hoy podemos decir que algo importante se cuece en Galicia. Podemos hablar de escena underground, independiente… llamadlo como queráis. ¿El mejor momento de la escena de aquí? Pues posiblemente sí. Ahora en Galicia hay muchas bandas de diferentes estilos musicales como el powerpop, garage, electropop, punk, noise, hardcore, etc. Nunca antes en la historia de la escena musical gallega ha habido tantos grupos, de tan diferentes estilos y que derrochen tanta calidad. Esto evidentemente no pasa desapercibido, y los medios especializados tanto a nivel regional como nacional se han dado cuenta de ello y las bandas gallegas realizan con frecuencia giras nacionales. Al mismo tiempo es habitual que los medios realicen artículos cubriendo la escena gallega, preguntándose qué les dan de comer por aquí. En estos últimos tiempos han aparecido estos especiales en revistas como Rockdelux o Mondosonoro y webs como Hipersónica, por poner ejemplos. ¿Cuándo y por qué se ha empezado a gestar esta nueva escena musical? ¿Cómo se ha alcanzado este posiblemente mejor momento en cuanto a creación musical en la historia de la música alternativa gallega?

Podemos hablar de distintos factores, siendo quizá el más importante la revolución digital de nuestros días que supuso ante todo la democratización de la música, de sus medios de producción y distribución. La bajada de precios a la hora de hacerse con un equipo profesional ha facilitado por un lado la proliferación de estudios de grabación por toda la geografía gallega y por otro la de los estudios caseros. Internet es otra de las claves, los grupos además de grabar con facilidad tienen en la red la clave fundamental para su relación con el público y una fuente inagotable de promoción gratuita, utilizando plataformas como Bandcamp o Soundcloud para subir canciones y discos; y portales como Vimeo o Youtube para colgar videoclips y actuaciones. Es decir, no es necesario tener miles de euros para poder producir, ni tener un gran conocimiento técnico musical para poder realizar un disco. Cualquiera puede comprar un ordenador, descargar un programa de edición musical, grabar su propia música y hacer en días lo que antes se hacía en meses. Además, el talento de los artistas tiene más oportunidades de darse a conocer. Todo esto ha liberalizado los medios de producción y promoción. El proceso en muchos casos se cierra con la autoedición, es decir la edición física del disco (cassette, CD, vinilo…), que supone una nueva actitud ante el trabajo creativo. Esta puede hacerse de diversas formas. La más profesional sería recurrir al micromecenazgo o crowdfunding, que consiste en la aportación económica de muchos donantes para la causa a través de Internet; pero también se recurre a ediciones más “artesanales” y menos costosas. Porque lo importante es la música, emocionarse con ella, y eso en la actualidad puede hacerse sin intermediarios ni grandes campañas promocionales. Autoeditarse, además, es la forma de poder controlar todo el proceso de edición de un disco, evitar ese eterno conflicto entre el creador y la industria, decidir sobre el disco antes y después de la grabación, evitar que se convierta en un objeto ajeno en el estante de cualquier tienda.

También ha cambiado la manera en la que el público escucha música a través de Internet, destacando el crecimiento del streaming musical, que ha facilitado por un lado el descubrimiento de propuestas por parte de público y bandas, y por otro lado traspasar Pedrafita vía cable de alta velocidad para dar a conocer a las bandas gallegas por toda la geografía española y más allá. Hoy en día es frecuente que bandas reconocidas como Triángulo de Amor Bizarro triunfen en México –ya han ido a tocar en varias ocasiones al país azteca- y Sudamérica en general, pero otras con menor calado como Mequetrefe suenan por todo el globo y sus discos se reseñan en lugares como Costa Rica o Rusia. Incluso bandas como los ferrolanos Quant consiguieron llamar la atención del sello de Michigan Jam Records y Bang 74 recibieron elogios de uno de sus ídolos musicales, Michael Davies de los MC5, tras descubrirlos por casualidad. Le gustó tanto la canción “Time to make things right” que la puso en el perfil de su MySpace. Evidentemente todo esto sería prácticamente imposible sin Internet. Esta nueva era de transformaciones y democratización global ha sido crucial para dar el empujón que necesitaba la industria musical gallega y sacar a la luz muchos proyectos que de no ser por esta revolución seguramente no podrían haber tenido tantas posibilidades. Pero como casi siempre ocurre, las máquinas necesitaron calor humano para ponerse en marcha.

Pero un factor primordial es atender a los distintos colectivos que agrupan bandas, aunando fuerzas para salir hacia delante y hacer más ruido, tirando de ingenio con el do it yourself (hazlo tú mismo) por bandera. Ahí está la gente del Galician Bizarre (Novedades Carminha, Metralletas Lecheras, Carrero Bianco, Fantasmage…) haciendo piña y realizando recopilaciones en vinilo que se distribuyen a nivel nacional; colectivos como Seara Records (Jay, Vietnam) realizando recopilaciones de vídeos en VHS y lanzamientos en cassette con caja de lija (artesanía pura); Metamovida (Unicornibot, Cró!, Es Un Árbol, Why Go…) aglutinando grupos de Pontevedra y Vigo con lemas como “El verdadero arte está en lo amateur” (R. Crumb) y “Toca desde el puto corazón” (Bill Hicks); o Discos da Máquina (Ataque Escampe, Grampoder, Das Kapital…) en Santiago de Compostela. Todos ellos como amantes de la música, cuidan muchísimo la estética, el diseño… el disco como formato físico, como arma cargada de futuro. A todo ellos contribuyen grandes diseñadores gráficos, todo un lujo tenerlos por estas tierras, como Andrés Magán, Rubén Domínguez, Zé Pequenho o Santiago Paredes. Esto es lo más underground pero también existen discográficas profesionales que siguen cauces establecidos, como Ernie Records (Igloo, Maryland, Holywater, Niño y Pistola…) y Grabaciones de Impacto (The Allnight Workers…), y células de resistencia como El Beasto y Lixo Urbano (Samesugas, Curtinaitis, The Brosas…).

No todo es de color de rosa, y aunque «el momento en que vivimos es tan brillante que hay que usar gafas de sol», parafraseando a los Carrero Bianco, sólo se han puesto las primeras piedras del camino y resulta necesario profesionalizar una industria que, en realidad, vive mucho del hazlo tú mismo, del compañerismo, de la autogestión y de la autoedición, aspectos loables pero que no garantizan de por sí el futuro, una escena y una industria que permita que los gallegos creemos, produzcamos y consumamos nuestras ideas y nuestra música. Para ello sigue faltando infraestructura, discográficas profesionales, medios de comunicación con un importante calado, más promotores, salas que apuesten por la música en directo… y que no se pongan trabas a las que intentan hacerlo bien. Dejando a un lado a Triángulo de Amor Bizarro -lo suyo es para darles de comer aparte ya que no es que sean la punta de lanza de la escena gallega, sino que son una de las bandas más importantes de la escena independiente nacional-, tenemos que hablar de los grandes nombres del panorama actual; y ahí sin duda están Telephones Rouges una banda que ha alcanzado la madurez suficiente para desarrollar una personalidad propia que produce brillos centelleantes, para entregar canciones que convulsionan corazones y nos permiten viajar por la memoria con una sonrisa dibujada en el rostro, entre tintes siniestros e hipnóticos, entre melodías inquietantes, con una profunda carga poética y urbana.

“Recibo no meu buzón as partes dun laberinto de pel escamas a contraluz, fronteiras que amargan partes en ti. Non busco explicacións, debúxoas e agora podo seguir as cordas nas túas mans, sinais que me remiten á fin… sentirte é resucitar, sentirte é resucitar de min”.

También tenemos que hablar de Franc3s, los de Carballo han desarrollado una personalidad dominada por el ruido y el ritmo, por las sombras y la electricidad, por un imaginario propio que crece con cada entrega, por melodías envenenadas que como indica Henrique Mariño «suenan a nanas para el hijo del diablo». Y por supuesto de Disco Las Palmeras! -una verdadera descarga de rock oscuro y ruidoso-, de Novedades Carminha y su punk old schoolcon las miras puestas en la actualidad y con la dosis justa de costumbrismo casero y mucha mala leche. Fluzo, es decir, el MC que es es feliz siendo triste, Hevi, y el hombre tras los aparatos, Javier Álvarez, saltaron directamente al frente, con su rap del futuro. Ellos representan la vertiente más experimental y renovadora del hip hop tanto gallego como nacional, se alejan del rap tradicional y amplían horizontes dejándose llevar por la frescura y la efectividad. Hay un personaje que merece mención aparte y no es otro que Rafa Anido: una de las mentes más inquietas de la escena más subterránea gallega. Nombrar todas las formaciones por la que pasó a lo largo de su vida es una tarea complicada, desde los tiempos del colectivo La Familia Feliz de Santiago en los 90, en el que nos encontramos a Marco Maril –Dar Ful Ful, Apenino-, hasta Travesti Afgano, pasando por Los Iribarnes, Jiménez del Oso, Jiménez Los Santos y los ya citados Metralletas Lecheras. Sin olvidarnos de sus inquietantes y recomendables maquetas en solitario. Esta es la primera línea, pero pisando fuerte vienen formaciones como los antes mencionados Mequetrefe y su post rock aderezarlo con filtros de ruido, electrónica y psicodelia perfectamente canalizados. Los de Santiago acaban de firmar con El Genio Equivocado (Barcelona).

Otras como Unicornibot y Lendrone han demostrado que el rock instrumental y experimental también tiene cabida en estas tierras. Carrero Bianco revisan la nueva ola y el tecnopop, fabricando hits como forma de vida. También destacan el dúo de garage punk Fantasmage -Daniel Nicolás (batería y voz), de los extintos Indómitos y Andrés Magán (guitarra y voz), artista polifacético responsable de gran cantidad de portadas de discos-; las riot grrrl Wild Balbina –fichadas por un sello mítico de la independencia nacional: Elefant (Madrid)-, el noise rock de Tora! Tora! Tora!, la crudeza y visceralidad de Jay –del colectivo Seara han pasado a grabar para Discos Humeantes (Asturias)-, los inclasificables e irreverentes Srasrsra –ellos se autodefinen como “dos pavos de A Coruña que tocan movidas guapas”-, el rock de serie B de Ataque Escampe… y un sinfín de nombres. La riqueza de bandas que vivimos en la actualidad es tan grande que cada vez es más difícil abarcarla. Se trata de una suerte de juego de muñecas rusas, como tirar del hilo de una madeja, cada grupo lleva a otro.

Tras estos dos frentes principales tenemos que hablar de nuevas formaciones como Cró!, Guerrera, Mvnich, Estrambote, Puma Pumku, Lobishome, Curtinaitis, When Nalda Became Punk, Alex Casanova, Lee Van Cleef, Vietnam, Mullet, Terbutalina, Músculo!, Mano de Obra… que garantizan el futuro. Debemos disfrutar del momento y apoyar la escena local. Y esto lo digo con la mano en el corazón. Es importante apoyar las bandas de tu barrio, de tu ciudad, de tu comunidad. Y más en tiempos de crisis. Este llamamiento no alude a razones chauvinistas, ni al tópico de que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades -aunque deberían serlo-, pero antes de pagar 30€ por ir a ver al último hype inglés de turno, se puede obtener más por menos: conciertos por 5€, maquetas, discos autoeditados, splits, 7″… ayudando a la creación de grupos o pequeños sellos discográficos, blogs, vídeos, diseños o más conciertos. Con Internet y los medios digitales el efecto llamada es mucho más grande, se agotan las ediciones en vinilo, CD-r o cassette dejándonos auténticas joyas en muchos casos, totalmente artesanales y próximas a la reliquia que desafiarán al tiempo y al olvido.

Está en tus manos, en nuestras manos, que esto que parece una escena alternativa de verdad no se estropee y continué creciendo. “Support your local scene”. Y, como decía Frank Zappa: “La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú”.

Café Molar
Fotografía de Ceci Quet

Tras la celebración del pasado Día de las Tiendas de Discos en el Café Molar, y fruto de la buena relación que iniciamos eligiendo este espacio para desarrollar una serie de actividades, a su finalización ambas partes concluimos en lo beneficioso de una asociación que permitiera abrir el abanico de sellos y estilos actualmente representados en el rincón de vinilos del establecimiento.

Así, en las cubetas de discos pronto se podrán advertir la incorporación de nuestra mano de los siguiente sellos:

Acuarela / Afeite al Perro / Alehop / Aloud / Austrohúngaro / Autoplacer / Bankrobber / B-Core / Blondes Must Die / Boston Pizza / Bowery / Burka for Everybody / Calabaza / Caleiah / Canadá / Chingaste la Confianza! / Delia / Discos Garibaldi / Discos de Paseo / Discos Humeantes / Discos Regresivos / Discos Walden / Domestica / El Genio Equivocado / El Volcán / Elefant / Everlasting / Fikasound / Föehn / Ghost Highway / Gramaciones Grabofónicas / Gran Derby / Gssh! Gssh! / HAO! / Hillside Stranger / Jabalina / La Agonia de Vivir / Limbo Starr / Lovemonk / Maravillosos Ruidos / Monasterio de Cultura / Munster / Musagre / Mushroom Pillow / For Noise’s Sake / Nueva Monarquía / Origami / Rumble / Sello Salvaje / Sólo Para Punks / Sonido Muchacho / Subterfuge / Sunny Day / Yo-Yo

Esperamos que pronto sean muchos más y así convertir este agradable y acogedor espacio en uno de los puntos de encuentro para los amantes de la música y de la música española en particular.

Recientemente y con motivo de su primera exposición en Madrid, Javier Aramburu ha vuelto a estar en boca de todos; aunque a decir verdad, nunca lo ha dejado de estar, bien sea por la mitología que rodea al universo Family, bien por las pequeñas píldoras gráficas con las que nos ha ido obsequiando a cuentagotas desde su decisión de dejar de lado la ilustración de portadas, Single mediante, principalmente.

Cuando uno repasa la obra de Aramburu no puede sino experimentar una sensación de respeto absoluto, pues hablamos de una persona -no vamos a descubrirla a estas alturas- que ha dado color, y de qué manera, a gran parte de los discos más míticos de los 90 y, por ende, del undergroundespañol. Curiosamente, a la mayoría de esos que ajenos a la moda del tiempo han conservado toda su esencia, aupándose en los altares del reconocimiento general y envejeciendo mejor que bien. No todo lo de Aramburu, por cierto, lo ha hecho del mismo modo. Ahí quedan carteles y flyersrelacionados con Contempopráneas y Benicàssims, vericuetos poperos plasticosos y cosas anodinas mucho más comerciales que ustedes mismos pueden juzgar en este fantástico blog recopilatorio de su obra.

Me gustaría destacar, atendiendo a mis gustos personales, cinco portadas geniales. El criterio empleado para ello es un compromiso entre lo estético y lo musical, pero primando más lo primero, pues sino estaríamos hablando de citar de una tacada «Un Soplo en el Corazón» (Elefant, 1993) de Family, el «Soidemersol» (Siesta, 1997) de La Buena Vida, el «Super 8» (RCA, 1994) de Los Planetas y un par más que podrían estar entre las que confeccionó para los lanzamientos en Elefant de Vainica Doble, Décima Víctima, Alaska y los Pegamoides y Carlos Berlanga; precisamente, ninguna de ellas de mis preferidas, pero simbolizando una asociación del todo natural.

Allá va, pues, mi selección:


 
Ana D – «Satélite 99» (Elefant, 1997)
Una rareza tan exigua como misteriosa como «Satélite 99» encuentra su mejor aliado en el arte de Aramburu, así como los textos de Javier Corcobado e Ibon Errazkin y las múltiples versiones que nos hallamos deconstruidas en el disco lo encontraron en la hiriente voz de Ana D. Un universo concentrado en un madejado de flores por el que Ana asoma tímidamente la cabeza, quizás reivindicando su huequito en la historia del popespañol. Una portada dulce, delicada y enigmática para un feliz accidente.
 
 
 

 
Apenino – «En la Hora Azul» (Jabalina, 2003)
Tras Dar Ful Ful, Apenino, o lo que es lo mismo Marco Maril, nos entrega este breve EP que entronca con el estilo más puramente Family, saliendo airoso del envite y dando forma a un trabajo tan disfrutable como la maravillosa portada con vistas al mar con la que Aramburu desdibujó el tiempo y la distancia. Una portada que sugiere de manera fehaciente lo que nos vamos a encontrar dentro.
 
 
 
 

 
Aventuras de Kirlian – «Aventuras de Kirlian» (DRO, 1989)
El do-it-yourself del pop viene presentado por una portada simple pero magnética, como las propias composiciones del grupo. Todo el arte gráfico de la corta pero interesantísima discografía de Aventuras de Kirlian, como no podía ser de otro modo, corre a cargo de Javier, quien se inclina para este disco por los colores grises, taciturnos y apagados, representativos de la saudade característica del Sonido Donosti, escena a la que el grupo en cuestión da el pistoletazo de salida. «Un día gris en una casa…»
 
 
 

Single – «Pío, Pío» (Elefant, 2006)
Quizá sea la de este «Pío, Pío» de las portadas más recientes de Aramburu la más hermosa. Teresa, convertida ya a estas alturas en una musa absoluta, de perfil e inundada en verdes besa a un pajarillo sin que sepamos cuál de los dos es más delicado, dando lugar a una de esas portadas que incitan a comprar el disco aun sin tener idea de lo que uno se puede encontrar dentro. O mejor aún, dando por sentado lo excelso del contenido a partir de la magnífica portada. Luego ya cuando uno descubre lo que hay dentro, no puede sino rendirse ante tan sublime asociación gráfica y musical.
 
 
 

Le Mans – «Mi Novela Autobiográfica» (Elefant, 1997), «Yin Yang» (Elefant, 1998) y «Aquí Vivía Yo» (Elefant, 1998).
Y, para terminar, la mejor despedida posible y una pequeña trampa por mi parte, al tratarse no de una sino de tres portadas. No se me ocurre una manera más sobria, sutil y elegante de decir adiós. Sin dramas ni ruido. Una despedida eterna, como su obra.
 
 
 
 
La mística de Aramburu, su aura de artista inaccesible extensible a su entorno, el misterio. Indudablemente ha sido, y posiblemente sea aún durante los próximos años, el portadista de la independencia española por antonomasia.

Automatics, una de las bandas que mejor desarrolló lo que algunos denominaron como noise-pop vuelven a juntarse para, al menos, dar un concierto en enero en la sala El Sol de Madrid. Compañeros de viaje de grupos como Usura, Penélope Trip, El Inquilino Comunista, Parkinson DC, Los Planetas, Patrullero Mancuso y muchos más, fueron responsables de llenar la escena de los 90 del panorama nacional con cortinas sonoras tejidas a partir de guitarras y distorsiones inmisericordes. Facturaron canciones y discos que para muchos vinieron a poner banda sonora a toda una década, la de los 90. Aprovechamos la excusa de su inminente reunión para charlar con ellos sobre si tiempos pasados fueron mejores o no, sobre festivales de música, sobre su historia y los proyectos que les ocupan en estos momentos.

Pasado el tiempo, al hacer recuento de los años 90, de las bandas, sellos, fanzines, revistas y festivales uno sacaría la impresión de que se trataron de unos años especialmente activos. ¿Fue así? ¿Se vivió una época de efervescencia musicalmente hablando? ¿Qué diferencias marcaríais vosotros con respecto a otras etapas?
Sí que fueron unos años muy activos musicalmente, pero a diferencia de los 80 los grupos no pasaron de la escena alternativa al mainstream, creo que en parte por el tema de cantar en inglés (a excepción de Dover). Por lo demás, los movimientos musicales pasan, salen nuevos, se hacen revisiones de décadas pasadas, etc. La ruleta sigue dando vueltas.

¿Se apoya ahora a las nuevas bandas desde la radio, revistas, etc. como entonces?
No. ¿Qué radios? ¿Qué revistas? Sinceramente, Internet ha matado la música. Gracias a Dios ha resurgido el vinilo, para los que verdaderamente nos gusta la música y coleccionarla. Tal y como está actualmente el panorama es muy complicado funcionar con un grupo.

¿Fue real la aparente dispersión geográfica de focos de actividad de bandas: Asturias, Andalucía, Madrid, Barcelona? ¿Estuvo todo menos centralizado en los 90 quizá que en etapas anteriores?
Sí fue real, y a diferencia de los 80, que se centralizó casi todo en Madrid y su dichosa Movida, en los 90 había actividad musical en muchos puntos diferentes del país. Aparte de esto las compañías discográficas no había que buscarlas necesariamente en la capital.

¿Fueron los Automatics abanderados de lo que vino a llamarse noise-pop? ¿Hubo realmente una escena de bandas con actitudes muy similares con respecto a las querencias por el ruido, distorsión, etc.?
No, no fuimos abanderados de nada, nacimos en medio de la tormenta, si entendemos noise-pop como canciones pop ruidosas pues efectivamente encaja un poco en nuestra forma de componer, aunque en directo estábamos más cercanos al rock, esa fuerza no conseguimos llevarla al estudio. También es verdad que para muchos esas “querencias” por el ruido tapaban las “carencias” como músicos, algo parecido al movimiento punk, que con dos acordes tenías una canción.

¿De dónde os venía a vosotros la afición por ese tipo de sonidos? ¿Os cansaron las comparaciones con The Jesus & Mary Chain?
Normalmente refleja la música que oyes, y en los 90 es lo que salía del mercado anglosajón que sigue siendo (aunque nos pese) la referencia, y lo de The Jesus & Mary Chain pues nos lo tomábamos a chufla. Tanto es así que en directo tocábamos «Sidewalking» para que la comparación tuviese más peso.

¿Por qué decidís cantar en inglés?
Bueno, nuestro inglés era muy peculiar; de todas formas nuestra música no la entendíamos o tenía la sonoridad que buscábamos cantándola en español, había que adaptar la melodía de la voz como un instrumento más a las canciones y para eso el inglés encaja mejor. También fue decisión de Jose.

A lo largo de vuestra trayectoria mantuvisteis una fidelidad absoluta por Elefant Records. ¿Por alguna razón en concreto?
Por amistad. Ahora que ha pasado el tiempo te contaré que estuvimos a punto de fichar por Subterfuge. Nuestro manager nos puso en contacto con Carlos, nos reunimos y quedó prácticamente acordado el cambio, pero a última hora nos echamos para atrás y decidimos seguir con Elefant.

Yo fui uno de los muchos que os vieron en el Festival de Benicàssim. Desde las primeras ediciones, el festival ha cambiado mucho, pero ¿creéis que, al menos en los comienzos, fue representativo del espíritu musical del momento? ¿Os gustaba tocar en él?
Digamos que ese espíritu estuvo presente en las tres o cuatro primeras ediciones, después cambió de manos, se masificó y los grupos españoles cada vez contaban menos. A nosotros nos encantaba tocar en Benicàssim, además de servirnos de promo para darnos a conocer a un público más amplio.

Tocasteis fuera de España, en Inglaterra por ejemplo. ¿Recordáis algo de la experiencia? ¿Fue importante para el grupo?
Fue muy importante; nos sirvió para quitarnos los complejos, en Inglaterra la experiencia fue genial y al público le gustaba (para variar nos comparaban con Oasis). En Francia fue aún mejor porque Eurockeennnes es un festival importantísimo a la altura de un Glastonbury y recuerdo que nos calló una tromba de agua impresionante y la gente aguantó hasta el final.

¿Es real la pequeña fama de ariscos que os ganasteis para con el ambiente exterior de la banda? ¿Teníais buena relación con el resto de grupos del momento? ¿Con qué bandas tuvisteis un mayor contacto?
Eso es totalmente falso, el problema es que nosotros hacíamos 100% vida rock and roll y no pretendíamos ni queríamos adoptar la pose de otros, y en ese grupo se incluyen bandas y algunos nuevos periodistas musicales; en fin, que tocábamos y nos lo pasábamos en grande después del concierto. En cuanto a nuestra relación con el resto de grupos de aquella época era excelente además de haber compartido escenario multitud de veces con ellos: Los Planetas, Nothing, Pribata IdahoAñade este contenido, Mercromina, Chucho

En vuestros últimos discos se aprecian elementos de evolución en vuestro sonido, introducción de efectos técnicos, exploración de nuevas atmósferas… ¿Erais de los que os gustaba experimentar?
Sí, nos gustaba mezclar nuestras guitarras con efectos y samplers en alguna que otra canción. De haber seguido funcionando seguramente la tecnología habría formado parte de las canciones en un 50% junto con las guitarras.

¿Algún disco del que os sintáis especialmente orgullosos?
Bueno, supongo que cada miembro del grupo tendrá sus preferencias pero en lo que si estamos de acuerdo es que “Space Rock Melodies” (Elefant, 1997) fue el que hizo despegar a Automatics y las críticas fueron excelentes.

¿Cómo situariais en esa posible evolución sonora vuestro último trabajo «Wilson Love Me» (Elefant, 2001)?
La supuesta evolución de «Wilson Love Me» no es tal, fue el techo al que llegamos en ese momento, y la meta final de Automatics, creo que en nuestro interior sabíamos que la historia estaba finiquitada y era el broche final.

¿Qué os lleva a disolveros?
Principalmente por personas ajenas al grupo y por otras que se habían incorporado en la última etapa y que no formaban parte de la filosofía de Automatics. Todo esto propició la separación, otro error fue no hablar y volver a coger las riendas los tres miembros fundadores (Jose, Manolo y Poncho). Había un claro distanciamiento y eso finalmente propició la separación.

Volvéis en enero a tocar en la Sala El Sol, ¿cómo os decidís a reuniros de nuevo? ¿Qué formación traerá Automatics para la ocasión?
Luis Calvo, nuestro antiguo jefe (Elefant), se puso en contacto con nosotros para comentarnos lo que estaba organizando la sala El Sol y la posibilidad de juntarnos para un concierto. Hablamos y nos gustó la idea. Tocaremos los que hemos estado en la formación desde el principio hasta nuestra separación, además de ser los fundadores del grupo, Jose Lozano (voz), Alfonso Linares (guitarra) y Manuel Aranzana (guitarra). En el bajo estará Javier H. Aranzana, que es el bajista original, el que más tiempo ha estado con nosotros y que ha grabado “Cesarea” (Elefant, 1994), “Space Rock Melodies” y parte de “Duty” (Elefant, 1999). La batería la compartirán Antonio Salas y Alvaro de Blas, además nos echará una mano en los teclados David Morales.

¿Teneis intención de hacer algo más como Automatics?
No lo creo, segundas partes nunca fueron buenas, cada uno tenemos otras historias musicales que atender: Universal Circus entran ahora a grabar nuevo disco y Husband terminando el segundo LP, pero… ¡Nunca se sabe! Tampoco creíamos que volveríamos a juntarnos después de tantos años y fíjate. El tiempo dirá.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.

Aterrizaron los gallegos de Aerolíneas Federales en Madrid en un fin de semana que se presentaba nostálgico: Un día antes Bernardo Bonezzi había tocado en la sala Caracol, desempolvando su «Groenlandia» inmortal.

Los de Vigo vuelven de la mano y dirección de Elefant Records, que para acompañarles en Madrid propusieron a L-Kan. Las recientes aventuras como Bla de Luis y Belén, la pareja en el seno de la banda madrileña ayudaron en la decisión del sello. El dúo además oficiaba de verdaderos anfitriones poniendo la sala: la BUT en versión Ocho y Medio.

No queda claro si las razones del emparejamiento eran más profundas pero lo cierto es que bien mirado, los dos grupos comparten algún que otro parámetro. Y es que a pesar de lo evidente de la apuesta definitiva por los respectivos dúos que, micrófonos en mano, son los que encaran en primera línea al público, deben mucho de su solidez precisamente a sus retaguardias.

Por ejemplo L-Kan, encargados de abrir la noche, se apoyan en la solvencia de Luis, Maru y para la ocasión, la batería de Jesús, para montar el entramado sobre el que actúan sus cantantes. Si bien su entrega y entusiasmo es incontestable, quizá pecara Belén de un arranque demasiado frenético, con saltos, carreras y continuas conversaciones con el público que terminaron por pasarle factura; se la vio con necesidad de recuperar fuelle para solventar las exigencias del tercer tema. Una vez cogido el ritmo, sin embargo, no hubo problema alguno salvo el que se autoimpusieron con el constante cambio de disfraces.

Gusta esta puesta en escena a sus incondicionales, a los que convencen con sus hurras republicanos (dado lo señalado de la fecha) y sus disquisiciones seudo filosóficas. Yo me quedo con lo musical de un buen puñado de temas, muy lejos ayer por cierto de los aires tecno que quizá justificaran en otros tiempos su inclusión en recopilatorios de Subterfuge. Les noté con ganas de disfrutar el momento, excusa perfecta para volver a encender sus turbinas. Belén incluso se tiró al público -cuidadosamente, eso sí- y terminó lanzando su sostén al respetable en el bis que harían al final de la noche con los gallegos, ante la impotencia de Coral que desolada le mostraba su escote. Ya decían las Aerolíneas Federales que estaban cansadas de que las tetudas ligasen más.

Si bien L-Kan no dudaron en entregar su «Aburrida de estar tan salida» casi de comienzo, Aerolíneas Federales remolonearon para tocar «Soy una punk» hasta casi el final. Precisamente al hacerlo, y como hiciera el realizador del telediario del mediodía con el concierto de Bernardo Bonezzi y una actuación del pasado en televisión, alguien decidió emitir por las pantallas repartidas por la sala, a la vez que la cantaban, el videoclip correspondiente rescatado del baúl de los recuerdos. Admitiendo lo que de ejercicio de nostalgia tienen estas reapariciones de grupos míticos de los 80, sospecho que estas comparaciones in situ y en tiempo real de las consecuencias del paso de los años de poco sirvieron aparte de para evidenciar la fragilidad actual de Coral, por ejemplo.

Pero consideraciones extramusicales aparte, he de decir que gustaron Aerolíneas Federales. La sorna de sus letras, aunque se refieran a temas insustanciales, y la contundencia guitarrera que demostraron los alejan a mi juicio de las memeces de otros grupos. Olvidado el teclado, la propuesta pasa por un rock robusto de fondo. Se muestran solventes y con experiencia. La presencia de Miguel Costas, que parece seriamente implicado en el retorno, me parece un punto extra. Oficia de moderado maestro de ceremonias presentando a la banda y arrancando él solo en solitario el tema que abre los bises en lo que se incorpora el resto desde camerinos. Aerolíneas Federales de todas maneras no son Siniestro Total, ni falta que les hace, y aquí cantan las chicas y Silvino también. Recorrieron los grandes éxitos, desplegaron el disco bar, se quejaron de besarse en los labios… Hasta ska.

No me adentro en debates de cuáles son las razones últimas que justifiquen estos retornos. Realmente me vale cualquiera, tanto si se trata de rentabilidad económica como si se trata de pasarlo bien juntos de nuevo y hacerlo pasar bien. El otro día lograron esto último conmigo que nunca fui incondicional de ninguna de los dos, y dieron la impresión de pasarlo bien ellos mismos.

En la recta final hubo comunión de los dos grupos tocando «Rollo porno», un tema de los gallegos que L-Kan suelen versionar y que ayer, en ejercicio de anfitrión exquisito, no dudaron en sacrificar de la lista que habían preparado con tal de poder disfrutar de un ejercicio de todos juntos en el escenario.