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Cuando tu pasado es importante para mucha gente, puedes vivirlo como una carga o bien recordarlo con cariño para seguir adelante. Amateur no olvidan que fueron parte de uno de los grupos más importantes de la música independiente del país, el exponente más añorado del Donosti Sound, los deliciosos La Buena Vida. Pero Mikel Aguirre, Iñaki de Lucas y Cheli Lanzagorta afrontan su nuevo proyecto con la ilusión renovada de quien necesita volver a componer y a tocar como terapia, mirando atrás con una sonrisa.

Tras tres años trabajando en él, Amateur publicarán en septiembre su primer disco, «Debut!». El 26 de mayo nos dejaron escuchar las cuatro canciones de «El golpe», el primer EP de avance al que seguirá a finales de junio otro con cuatro temas más. Han pasado ocho años desde la publicación del single viaje-por-paises-pequenos de La Buena Vida, seis desde la muerte de Pedro San Martín, su carismático bajista, y por el camino se quedó un disco sin terminar. Javier Sánchez, guitarrista y uno de los compositores del grupo, se ha centrado en su otro proyecto, AMA, e Irantzu Valencia, cantante junto a Mikel Aguirre, sigue alejada de la música desde que decidió poner fin a esa etapa en el 2009.

Mikel Aguirre volvió a escribir «una vez pasada la etapa en el desierto que supuso la muerte de Pedro y de asimilar todo aquello«. Explica que «enseguida surgieron las ganas de volver a hacer cosas» y que empezaron «a preparar versiones, sin ningún objetivo». «Vimos que teníamos bastantes bocetos de canciones, Iñaki De Lucas un día nos dijo «esto hay que grabar unas referencias y ver si podemos tirar para adelante. En febrero de 2014 hicimos 18 bocetos de ideas, era el esqueleto pero estaba claro que había material para hacer un disco. Poco a poco, sin ninguna pretensión, haciendo el disco que queríamos hacer, sin pensar en quien lo iba a publicar ni cuando iba a salir. Lo hemos hecho al detalle, con mucha tranquilidad» afirma el músico. La necesidad de hacer canciones estaba ahí, en parte para dar salida a las emociones contenidas en los últimos años, como demuestran las múltiples referencias al pasado del EP «El Golpe» y así lo cuenta Mikel: «Los años con La Buena Vida, y mis compañeros con otros grupos, nos han permitido desarrollar la vocación de hacer canciones y es algo muy potente de lo que yo he disfrutado mucho. Cuando desapareció La Buena Vida el vacío fue muy grande, porque a pesar de que no tuvimos una repercusión brutal sí hicimos muchas cosas. A la hora de tragar la muerte de Pedro, el final del grupo, también ha servido como de catarsis el ponerse a trabajar en nuevas canciones, renovar las ilusiones, y el disco lo demuestra porque las canciones hablan de eso«.

La Buena Vida
La Buena Vida

A pesar de aquel triste fin, Mikel Aguirre habla de Amateur con la ilusión luminosa de quien comienza algo nuevo y repite que están muy satisfechos con el disco y contentos con la buena acogida que han tenido las nuevas canciones. » «El Golpe» creo que transmite esperanza, retomamos y vamos a aparecer de nuevo. Somos amateurs porque siempre lo hemos sido pero no partimos de cero, no somos unos desconocidos. Seria tonto negar que yo era uno de los cantantes de La Buena Vida y era parte de la composición de las canciones del grupo, los 20 años en él fueron una universidad para mi», explica Aguirre y añade que con este nuevo proyecto está intentando «mirar hacia adelante cogiendo lo bueno del bagaje. Suena a La Buena Vida porque soy yo quien canta pero creo que hay diferencias en matices que se pueden apreciar«.

Entre esas diferencias considera que «Debut!» «es más clásico, aunque también ha habido apuestas por unas guitarras, algunos sonidos que en La Buena Vida no hubiéramos hecho porque teníamos nuestro código de funcionamiento, nos poníamos nuestras propias barreras. Amateur es un grupo diferente aunque no ha sido intencionado el desmarcarnos, aquí están plasmados los gustos de tres personas que eran parte de La Buena Vida pero no están los de Pedro, Javi o Irantzu«.

No ha sido concebido como un disco de artistas invitados pero los créditos del disco van a ser muy largos, porque Amateur han contado con múltiples colaboraciones. Mikel hace memoria: «No teníamos bajista y tiramos de un par de amigos, Carlos Subijana y Fernando Neira, que hicieron cada uno hizo la mitad de las canciones del disco. Queríamos meter arreglos de cuerda y recurrimos a Joserra Senperena, como habíamos hecho con La Buena Vida, quien también metió los órganos Hammond, que creo que es uno de los elementos clave del disco que empasta todo. Jaime Stinus, un guitarrista de Donosti que fue miembro de La Orquesta Mondragón y tuvo el primer grupo de San Sebastián de rock progresivo en los 70, Brakaman. Irantzu canta en «Lo que nunca tuvo que pasar», en la que recordamos los dúos de los viejos tiempos, porque nos apetecía introducir matices de voces femeninas (en este sentido colaboran también las parejas de Mikel, Amaia Intxausti , e Iñaki, Virginia Pina). A Diego Vasallo le invitamos a meter una armónica en «Mil razones para no volver» y entonces le dijimos que metiera una voz y lo hizo en «Da Vinci». Al Macauley, miembro de Tindersticks, que vive en Pamplona, también ha metido un par de baterías muy jazzeras«.

La Buena Vida publicó sus discos, salvo alguna excepción, siempre en sellos independientes (Siesta, Sinnamon y El Volcán) mientras que Amateur contarán para el suyo con la multinacional Sony. Se trata de una licencia, puesto que lo han financiado y producido ellos y, una vez listo, lo ofrecieron «a todo aquel que estaba interesado en la industria» cuenta Mikel quien añade que «el interés fue mayor del esperado» ya que siete discográficas se interesaron por él. «Al final, teniendo en cuenta lo que más ilusión nos hacía, se consolidó la opción con Sony. Ellos fabrican, distribuyen y comercializan el disco pero todo el tema artístico es nuestro. Entendemos que es una compañía importante que puede garantizarnos que el trabajo llegue en las mejores condiciones al mayor número de gente posible. Un poco quitándonos esos prejuicios de si una indie nos iba a tratar mejor y estamos contentos porque creemos que no habríamos tenido el interés de una multinacional si el producto no fuera bueno«, explica Aguirre.

Amateur
Amateur

El feedback ante las primeras canciones de Amateur está siendo bueno ya desde un inicio.»Ha habido gente que ha tenido que escuchar las canciones en el proceso y nuestra sorpresa ha sido que todo el mundo ha hablado maravillas y eso nos hace un montón de ilusión» dice Mikel que piensa que se nota «que el disco está hecho con cariño, que las canciones son bastante bonitas, están bien arregladas… y es un poco un homenaje a Pedro, a La Buena Vida, pero con una lectura optimista«. «Siempre he jugado a eso, como en «Vapor de carga» que es el estandar de mi manera de ver las cosas: un poco triste pero siempre un par de toques de esperanza. Yo tengo un montón de ilusión, no tengo 20 años como entonces pero no importa, vamos a quitarnos el óxido y para adelante» afirma y se le nota contento. «Estoy optimista, he superado la tristeza que fue la muerte de Pedro y en parte lo he hecho componiendo este álbum con Amateur».

Hay nostalgia en las cuatro primeras canciones que han publicado Amateur («El golpe», «En aquel entonces», «Atardecer#74» y «Fueron buenos tiempos») pero también guiños amables, gratitud y ganas de más aventuras. «Lo que viví con La Buena Vida fue la bomba. Tuvimos la suerte de disfrutar de un montón de años de creatividad, de experiencias, de conocer sitios y gentes interesantes. Todo muy bueno, por supuesto que hubo cosas malas pero con el paso del tiempo se han convertido en nimiedades. Las cosas han cambiado un montón, en lo musical y en lo personal: soy padre de dos hijos, sigo trabajando, Pedro que era mi íntimo amigo y con quien componía no está aquí. Todo tiempo pasado fue bueno y yo me quedo con lo bueno siempre, trato de no mirar las cosas malas que fueron muy pocas y «lo malo de la vida suele ser lo mejor», porque con las cosas malas conoces a la gente de verdad y te ponen en su sitio«, según Aguirre.

La huella que dejó La Buena Vida es muy profunda y está muy presente para muchas personas todavía hoy. A Mikel le da «un poco de vértigo» pensarlo porque se confiesa un tímido y eso le da respeto: «Por supuesto que me gusta que me digan que las canciones de La Buena Vida suponen una parte importante de la vida de mucha gente pero te da como cosa, me parece una gran responsabilidad. A la hora de hacer las canciones intento no pensar en eso, transmitir las sensaciones que me apetece transmitir«.

Ya hay una primera fecha confirmada para la presentación de «Debut!», la del 15 de septiembre en el Donostia Kutxa Kultur Festibala y el grupo tiene muchas ganas de «tocar todo lo que se pueda». Para ello han reforzado la banda en directo con Fernando Neira al bajo, Paul San Martín al órgano y Joseba Irazoki a la guitarra. Amateur viene para quedarse, Mikel Aguirre dice tener el móvil lleno de bocetos de canciones nuevas, material para dar un golpe, un gran golpe de efecto, el gran golpe de Pedro pero un golpe nuevo.

La selección literaria de hoy se centra en el Rock Radikal Vasco, con obras escritas por periodistas y protagonistas directos de la música que se hizo en Euskadi en los 80.

HRV-600x842HISTORIA DEL ROCK VASCO
Edozein herriko jaixetain
Elena López Aguirre
Ediciones Aianai, 2011

Tengo la sensación de que un proyecto de las dimensiones que se ha impuesto Elena López Aguirre, periodista y antigua guitarrista de Potato representa una empresa de alto riesgo. Como bien indica en la sección final de esta revisión de la crónica del rock vasco, condensar en unas pocas frases la trayectoria, muchas veces de años de duración, de todos aquellos grupos, sellos, salas, promotores, revistas, etc. es, cuando menos, complicado. Se expone de entrada al lamento del que no encuentre algún nombre en concreto o del que se decepcione de la brevedad con la que se mencione o trate a otro. Pero además, supongo que se ha de ser extremadamente cuidadoso en no apabullar al lector con una riada de datos e información. Y, sin embargo, sale bien airosa de la empresa. Poco amigo como soy de las guías de cualquier cosa creo que el libro trasciende la condición de mero listado de nombres y fechas. La suma de las pequeñas contribuciones individuales de los protagonistas citados termina conformando una gran historia, que no es sino la de la música, esa marea que subyace por debajo, de forma soterrada a veces, en el devenir de pueblos, ciudades y comunidades. Empapa el día a día, venciendo en su avance a la represión de reyes, la censura de dictadores, la cortedad de miras de militancias intransigentes o la mezquindad comercial de compañías discográficas. Imparable pues, elemento consustancial a la cultura de cualquier colectivo, entra en las casas por los aparatos de radio, por las verbenas de los pueblos, en salas de fiesta o night clubs, aprovecha determinaciones de concilios vaticanos para acercarse a salones parroquiales, se toca en frontones, polideportivos o en gaztetxes. Es de ese eje vertebrador del que realmente se habla.

Iniciada la crónica en la labor recopiladora y archivística de monjes y clérigos pasa rápido al ámbito de txistularis y bertsolaris, al de las orquestas de pueblo, al de los cantautores de una época de nubarrones en el cielo, de barbas pobladas y de faldas largas en repuesta a la frivolidad de las ye-yé. Recuperación de una lengua para forjar con bonitas melodías letras que cantaban de las excelencias de Mao Tse Tung.

Quedan reflejados los momentos de cambios y revolución, el paso del txistu, férreamente instaurado como símbolo nacional («Herria lantzen txistua jotzen» / «El pueblo trabajador toca el txistu«) a la electrificación, de las arcadias etéreas de una Euskadi pastoril a las ratas de Vizcaya y demás centros industriales que trajeron el punk. Se habla por supuesto de la irrupción del Rock Radikal Vasco, que arrasó todo en lo que la izquierda aberztale filosofeaba sobre si el rock podía o no ser considerado revolucionario. De las encrucijadas que los nuevos aires traían («Las rutinas del anti franquismo cobraban vigencia día a día y las canciones contra la policía, los maderos, txakurras, txibatos, txotas, cipayos, pitufos y pikoletos triunfaban mientras en la cara B, el antimilitarismo vitoreaba a la lucha armada«) se pasa al ska y al Euskadi tropical.

Entra todo, los que quedaron al margen en aquellos 80, el Donosti Sound, mods y rockers, la escena jazz vasca, el pop, la aparición del metal, el folk, Oskorri, Errobi, la Orquesta Mondragón, los mestizajes propuestos desde Negu Gorriak

No es necesariamente cronológico el hilo argumental que sigue Elena López, y así, no duda en romper toda rigidez que eso hubiera podido imponer, retrocediendo en el tiempo lo que haga falta al empezar un capítulo con respecto al final del anterior si es necesario; o incluso abrir un apartado nuevo dedicado a temas específicos: bandas de mujeres, la escena en Iparralde (el País Vasco francés), la visión desde el mundo académico (sociología, antropología, museos…), la industria en sí, con cachés, promotores e instituciones.

En resumen, completísimo ejercicio periodístico con una exposición más que agradable. Libro de consulta, libro para la reflexión.

 

HERTZAINAK. LA COhertzNFESIÓN RADICAL
Pedro Espinosa & Elena López
Ediciones Aianai, 1993

También es Elena López Aguirre responsable, a medias esta vez, de la biografía, a estas alturas ya antológica, de Hertzainak. Se trata de su primer libro y según tuve la suerte en su momento de constatar de primera mano, lo considera por tanto como «el más natural y el más querido«. Escribe en esta ocasión, o quizás fuera mejor decir, transcribe, en compañía de Pedro Espinosa, su compañero en proyectos vitales, Potato entre ellos. Y digo transcribe porque la historia está montada a través de las voces de sus protagonistas, allegados y testigos de las numerosas etapas por las que pasó la banda vitoriana. Únicamente falta Xabier Montoia -Gamma-, el cantante de la formación original y cuya salida del grupo supuso todo un pequeño seismo, que residía en Estados Unidos en el momento en que se escribió el libro.

Hertzainak nació en un caldo de cultivo de txistularis y bertsolaris, células políticas contestatarias y unas ganas enormes de romper con un montón de cosas y hacerlo cantando en euskera. Alrededor suyo muchos nombres, grupos y colectivos: Karra Elejalde, La Banda Municipal de Ska, el AEK (Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización). Fueron pioneros a la hora de iniciar y desarrollar muchas vertientes que luego seguirían otros (Cicatriz y Potato por poner dos ejemplos de bandas de su misma ciudad que participan en el relato) pero empeñados en que no se les pudiera encasillar en etiqueta alguna se dedicaron a ir quemando etapas diferentes a toda prisa, hasta terminar convirtiéndose en uno de los nombres más grandes del rock vasco, con giro incluido a una orquestalidad e intimismo -el de la confesión «Aitormena» (Oihuka, 1989)– que les acercó a un público mucho más amplio que el que conformaba sus audiencias originales. No todo lo amplio que ellos hubieran querido, ya que, como les ocurriera a Zarama, su apuesta idiomática a ultranza les cerraría el mercado en el resto de la Península.

El libro está plagado de interesantísimas anécdotas contadas de primera mano, de actuaciones interrumpidas por la irrupción de tanquetas de la policía y botes de humo, de viajes a Cuba…  Pero asimismo los autores no olvidan conceder hueco para poder escuchar a aquellos que trabajaron con Hertzainak, los que discutieron con ellos (que no fueron pocos), los que disfrutaron a su lado y los que finalmente despidieron a la banda alavesa. Letras de canciones, discografía, una sucinta cronología y un prólogo de otro imprescindible, Pablo Cabeza, terminan por rematar la presentación de un texto histórico.

 

FLORES EN LA BASURA
Los Días del Rock Radikal
Roberto Moso
Hilargi Ediciones, 2003

Roberto Moso es el cantante de Zarama, la banda que puede acreditar el haber editado el primer disco sencillo de punk cantado en euskera, el «Nahiko» (Discos Suicidas, 1982). Pero además es licenciado en Ciencias de la Información, habiendo ejercido de periodista en radio y prensa escrita desde muy pronto. De hecho fue uno de artífices de Muskaria, aquella primera revista-fanzine que se encargó de documentar los cambios vividos en la escena musical del País Vasco desde finales de los 70. Su doble condición de protagonista y cronista de aquella escena le ha hecho uno de los candidatos ideales para participar y dirigir algunas de las revisiones documentales del Rock Radikal Vasco. Este «Flores en la Basura», de título a caballo entre una de las estrofas del «God save the Queen» de los Sex Pistols y el significado del nombre de la banda, es un ejemplo, delicioso además, de sus capacidades para dejar por escrito la crónica de aquellos días.

Elige Roberto Moso una línea argumental personal, basada principalmente en su experiencia propia, lo que posibilita a mi juicio, casi desde el principio, un acercamiento inmediato entre lector y narrador. Sabremos pues de sus partidos de fútbol de juventud o del engorro que el servicio militar le supone a su incipiente carrera en Zarama. Pero igualmente, directamente implicados en lo que se cuenta en las líneas del libro, aparecerán Iosu Eskorbuto, que tocaría además con ellos en los primeros conciertos del grupo, La Polla Records, Zipper, una banda de rockeros-moteros a la que vencieron Zarama en uno de los primerísimos certámenes-concursos en los que participaron, RIP o Hertzainak, banda en la que terminaría tocando Gari, cantante primero de Zipper, precisamente.

Y es que, quizá escudado en esa cercanía con el receptor labrada con el buen talante deplegado, no tiene empacho en reconocer abierta y entrañablemente los problemas o pequeñas competiciones con estos compañeros de escena. Tiene uno la sensación de que Zarama vivió en una continua necesidad de demostrar al resto su condición de grupo lo suficientemente duro como para ser reconocidos con todo merecimiento en aquel devenir radical que se cocía en los 80 en Euskadi. Cuenta Roberto Moso en el libro cómo tuvieron por ejemplo que dejarse literalmente la piel para convencer o impactar a una audiencia que esperaba en realidad el momento de poder ver a La Polla Records. De todas maneras, no rezuma hiel de afilado ajuste de cuentas tardío todo ello, y no falta ni un solo reconocimiento a los méritos (discos, directos, etc.) de las demás bandas, detalle que sin lugar a dudas se agradece y que creo engrandece la crónica.

El libro se hace extremadamente corto, se lee prácticamente de un tirón y resulta rico en anécdotas referentes a conciertos, festivales, grabaciones, grupos y demás detalles que agradará sin duda al seguidor, no sólo de Zarama sino de esta música. Un auténtico lujo de crónica de aquellos años de alguien que los vivió y además sabe contarlo de forma entretenida y completa.

Cuando en petit comité comenté que estaba preparando un artículo sobre escenas musicales, desde LaFonoteca no parecieron muy entusiasmados, la verdad. Aunque hubo algún resoplo, se me insistió en que podía hablar de lo que quisiera y bueno, pues al final de eso mismo es de lo que he querido hablar. Cierto es que el asunto está un poco manido, pero no es menos cierto que algo hay en él que siempre provoca prurito y, si el objetivo es generar debate, hay que decir que el debate sobre las escenas no está apagado. Bueno, tampoco encendido, la verdad. Más bien echa algún hilillo de humo de vez en cuando. Se ha convertido en algo así como un fuego fatuo, un asunto fantasmagórico.

Hace poco, un twittero con el original nombre de «indiegnado» (los sagaces juegos de palabra con el «indie» están apunto de superar al “funk” en cantidad y calidad) clamaba ante sus ¡cuatro followers! contra “la absurda microescena madrileña pop de Solletico, Rusos Blancos, Hazte Lapón y Cosmen Adelaida. No puedo evitar ver en esto algo entrañable. Yo soy de la idea de que en España es imposible alcanzar el éxito sin que haya un grueso de gente que te deteste. La pena es que sólo hubiera cuatro testigos ante tal arremetida. Pero me ha vuelto a surgir la duda, ¿hoy día, hay escena o no la hay? Y más importante aún, ¿a alguien le importa lo más mínimo? Porque al fin y al cabo, ¿cuantas escenas han existido en España? Voy a intentar hacer un repaso rápido y a ver si sacamos algo en claro. Prometo ser lo menos riguroso posible, a ver si así, al menos, le damos chicha a un tema fofo.

Respecto a las escenas pasadas, seguramente la única que todo el mundo tenga clara es La Movida madrileña, aunque posiblemente, nadie sepa ya muy bien qué fue movida y qué no. Todos los grupos parecen haber adoptado el término o renegado de él según conveniencia, y con tanto intento de rentabilizar el concepto, este ha acabado funcionando prácticamente como sinónimo de “música española hecha en los 80”. Los recopilatorios de cuatro cedés de lo mejor de la década han acabado por mezclar la velocidad con el tocino, y aunque aún haya quien se acuerde de las viejas polémicas entre babosos y hornadas irritantes, al final Mamá y Glutamato Ye-Yé han acabado condenados a aparecer de la mano hasta el fin de los días. Protagonistas directos como la ubicua Alaska, que igual posa desnuda para una foto antitaurina, sale en portada de la revista Psychologies o hace de tertuliana en la COPE, siempre ha dicho que entonces eran cuatro gatos que salían apedreados de los conciertos patronales y a palos con las fuerzas del orden. No me extraña que no añore aquella época, cuando, con el tiempo, ha sido la que se ha llevado la parte más grande del pastel (al menos, una parte tan grande con la de Almodóvar).

Pero entonces, si los grupos no estaban unidos y el público no era tan abundante, ¿dónde estaba la escena? Sí que parece cierto que más allá de rivalidades coyunturales y dificultades de un país recién llegado a la democracia, hubo un continuo intercambio de ideas entre artistas, no sólo de la música, también del cine o las artes plásticas. E independientemente de que en lo primeros años la mayoría de los españoles permanecieran aún ajenos a aquella efervescencia, Madrid era un hervidero.

Más que el estilo musical, sometido a continuo cambio, incluso dentro de una misma banda en un corto espacio de tiempo, lo que los unió fue ese fluir de ideas. Luego las rivalidades no eran para tanto, por ejemplo Javier Urquijo, de Tosv, germen de Los Secretos, llegó a ser miembro de los Pegamoides durante un tiempo. Víctor Coyote, de Los Coyotes, daba al respecto una visión interesante: En esa época no había suficientes rockabillies, suficientes punks, suficientes siniestroso suficientes modscomo para abrir un bar para cada estilo, y entonces todos coincidían en la misma sala o en el mismo pub, y el intercambio de opiniones surgía de forma natural. Cuando aquella música minoritaria fue creciendo, las tribus se separaron, las ideas dejaron de mezclarse y ese fue el principio del fin.

Sí puede decirse que La Movida tuvo lugares comunes: fanzines como La Liviandad del Imperdible dieron un pueril pero potente componente ideológico, concursos como el Villa de Madrid abrieron paso a la joven cantera, Ordovás dio salida a las nuevas bandas en su programa de radio, y, de forma natural, nacieron nuevos sellos para sacar los primeros singles de estos grupos. Se abrieron salas, como Rock-Ola, que además de a Ramoncín, abrieron sus escenarios a bandas imberbes, que podían recibir los oportunos gargajos tan de moda en aquellos tiempos, pero también compartir cartel con Echo & The Bunnymen o Spandau Ballet. Más adelante, un interés político por destacar todo aquello como un paso de España hacia la modernidad dio como resultado un programa en la televisión estatal, «La Edad de Oro» (TVE), que además de dar difusión masiva (con sólo dos canales y sin mando a distancia no había guerra de shares) ha quedado como el mejor testimonio de la época. Pocos grupos de aquellos tuvieron carreras largas, y como herencia han quedado algunos discos disfrutables pero también mucha tontería, mirada con muy buenos ojos, y sin embargo, las crónicas ayudaron a darle el lustre que todo mito necesita.

Los 90 parece que están más claros. Indie(antes “música alternativa”) es aquello que salía en el «Generation Next Music» (1998) de Pepsi, ¿no? Bueno, aquel recopilatorio fue el primer contacto con aquella música que tuvimos muchos adolescentes, pero no hay que ser tramposos. Alternativo era lo que presentaba una alternativa a la música mainstream, aunque luego las marcas comerciales, siempre astutas, enturbiaran el espíritu inicial. Este fenómeno, más descentralizado que el anterior, tuvo epicentros esparcidos por la península. Sabemos que hubo un Xixon Sound, un Donosti Sound, que había escenas más o menos nutridas en Granada o Sevilla. Y también estaban Dover, que eran alternativos al principio, pero luego no, porque tuvieron éxito a partir de un anuncio de la tele, ¿no es así? Aunque eso también les sucediera a Australian Blonde, que eran un icono de aquella eclosión asturiana, junto a grupos como Penelope Trip, Los Locos de Paco Loco o Eliminator Jr. ¿Entonces, en que consistía la escena?

Fran Fernández, que lo vivió todo de primera mano, siempre dudó de que hubiera habido una escena real. Más bien eran unos pocos chavales interesados por nuevas bandas ruidosas, anglosajonas y americanas, como Ride, My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. o Sonic Youth, referentes musicales que no compartían con la mayoría de la gente de su alrededor, lo que los animó a intentar hacerla ellos mismos. Esto posiblemente hubiera sido muy minoritario si no hubieran sido arrastrados por el fenómeno Nirvana, que al desbancar en las listas a Michael Jackson demostró las inmensas posibilidades comerciales de la música underground. Antes de eso, eran tan pocos que en Oviedo, uno de los dueños del bar Movie, que resistía desde del inicio de los 90 (recientemente cerró) me contaba que en esos años se acercaba a hablar con cualquiera que llevara una camiseta de The Pastels. El público era tan escaso que a veces sólo se iban a ver los unos a los otros; pero los propios grupos, a través de radios locales de escaso alcance, podían pinchar los discos que se traían de sus viajes a Inglaterra o directamente intercambiar en mano las cintas de cassette que grababan.

Así lo hicieron Tito Pintado o Ibón Errazkin, introduciendo nuevos sonidos, igual que hiciera Olvido Gara a finales de los 70. Estos fenómenos locales difícilmente se hubieran unificado si no hubieran existido fanzines como Malsonando, nuevos sellos, como Elefant o Acuarela, o concursos de maquetas como los de la revista Rockdelux, donde destacaron grupos como Los Planetas o Australian Blonde, aunque luego fueran premiados proyectos ignotos, como el grupo de hip hop Eat Meat. En aquellos primeros años, la prensa tuvo mucho importancia a la hora de apoyar a los nuevos músicos, valorando la novedad y el riesgo por encima de aspectos más discutibles. Una mirada crítica generosa dejó crecer a la bandas, haciendo la vista gorda ante plagios obvios, voces desafinadas, grabaciones apresuradas y letras muchas veces pobres.

Luego vino el tontipop. Eso también parece que fue una escena, ¿no? Y lo que les une está bastante claro, porque el nombre es delator: pop de tontos ¿o para tontos? Con la llegada de Meteosat cantando “Mi novio es bakala”, una horda de niños pijos dieron carpetazo al existencialismo abrasivo y la decadencia loser de los 90 saludando al nuevo milenio con ganas de diversión. Los recopilatorios de lo mejor del año, sin embargo, se llenaron sobre todo de canciones de herencia sixties y electropop de letras más costumbristas que bobas, influidas por Family y Los Fresones Rebeldes.

Aparecen grupos como Portonovo, Ellos, La Monja Enana, Me Enveneno de Azules, Mirafiori o La Casa Azul, muchos de los cuales tendrán una trayectoria breve, que a veces ni siquiera culmina en un disco. Pero radio y prensa, ansiosos de una nueva cosa de la que hablar, prestan atención a este “huracán de sensaciones pop, algo nuevo, diferente y muy moderno”, aunque no siempre los tratan con tanta amabilidad como a sus predecesores.

Hoy resulta curioso que por tontipop pasara, por ejemplo, un grupo como Astrud, que hablaba de “proyecciones mitopoyéticas” y hacían juegos de palabra con “lounge” y “Lynch” y que, con su pinta de empollones, más bien parecían los listos de la clase. Todo vuelve a ser confuso, pero lo que está claro es que, una vez más, parece que es una imprecisa etiqueta de la prensa la que actúa de aglutinante. La escena es fugaz y muere al poco de nacer, pero eso no es necesariamente un impedimento. Si uno lo piensa, más o menos eso duró el punk británico.

¿Qué pasó después? Pasa el tiempo sin que surja nada nuevo hasta que de repente, un polémico artículo de Rockdelux sobre las nuevas escenas de Madrid y Barcelona, (ignorando al resto de ciudades, por cierto) marcan un nuevo maridaje generacional. Los Punsetes en Madrid y Tarántula en Barcelona, con los sellos Gramaciones Grabofónicas y Producciones Doradas detrás, capitanean un nuevo relevo generacional.

Empieza a hablarse de Cohete y de Garzón, de Juanita y los Feos y de Decapante, de Za! y de Manos de Topo, de El Guincho y de Le Pianc. Pero, ¿puede haber escena entre grupos tan dispares? Si lo pensamos, el punk americano agrupó a Suicide y a Blondie, a Talking Heads y a Television, a Devo y a Patti Smith. Entonces, el nexo común fue una sala de conciertos, el CBGB. ¿Y aquí?

Pues no está claro, aunque hay salas en estas ciudades que se convierten en señeras, como es el caso de la madrileña Nasti, quizá la clave para entender comuniones tan eclécticas sea la influencia de Internet. Las canciones ahora se pueden oír de forma inmediata, sin necesidad de que exista formato físico, y los numerosos blogs musicales se encargan de pregonar las buenas nuevas y convertir algunas maquetas en vox populi. Puede parecer algo muy desmembrado, pero si hacemos un análisis más a fondo, si que puede decirse que hubo muchos nexos entre los grupos: conversaciones, colaboraciones, splits, conciertos compartidos, miembros que saltan de un grupo a otro. Las relaciones entre ellos son fáciles de rastrear, a través de los amigos que se exhibían en el entonces rutilante MySpace. Otra vez, aunque el germen real existe, es un artículo periodístico el que hace de cemento para que los oyente asocien algunos nombres.

Mi conclusión es que ese es el principal punto común en toda esta historia, las escenas existen si se hablan de ellas como tal. Son los cronistas los que convierten a unos grupos más o menos unidos por la afinidad y la coexistencia espacio-temporal en una escena. Entonces, volviendo al principio e intentando responder a “indiegnado”, ¿existe aún esa absurda microescena en Madrid a día de hoy? ¿La hubo en algún momento? ¿La va a haber en el futuro? Supongo que eso dependerá de que alguien quiera contarlo así. Muchas de las personas de generaciones anteriores puede que frunzan el ceño, es ley de vida. También George Harrison dijo que iba a dejar la música cuando surgió el punk.

Si establecemos similitudes con otras escenas, haberlas, haylas. Hay un concurso de grupos revelación del festival Contempopránea donde aparecen en puestos destacados grupos como Rusos Blancos, Cosmen Adelaida, Los Ingenieros Alemanes, Alborotador Gomasio o Ed Wood Lovers, hay un bonito disco llamado “No Te Apures Mamá, Es Sólo Música Pop” (LaFonoteca, 2011) donde muchos de esos nombres se repiten, añadiéndose otros como Solletico, Los Autócratas, Raúl Querido o Betacam y un concierto de presentación de este disco, con un lleno absoluto de la sala Siroco y un centenar de personas que se quedan a las puerta. Hay un blog (y radio) como Aplasta Tus Gafas de Pasta, en cuyos recopilatorios y fiestas pueden rastrearse las primeras grabaciones y actuaciones de algunos de estos grupos, así como los primeros debates sobre la presencia o no de una nueva escena. Hay continuas colaboraciones y nexos, hay nuevas publicaciones, como Jenesaispop, que han dado cuenta, aunque tímidamente, de estas primeras andanzas. También es cierto que hay una repercusión de público aún pequeña.

Posiblemente, hay tantos argumentos para estar a favor como en contra. Al fin y al cabo, la mayoría ni siquiera hemos publicado aún un disco largo, a pesar de que casi todos nos acercamos o superamos la treintena. Esto, al fin y al cabo, también puede ser el espíritu de los tiempos. La repercusión a la larga está aún por ver. ¿Alguien se acordará de todo esto? ¿Alguien se encargará de alimentar el mito? Vete tú a saber. Hagan sus apuestas.