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“EN EL INFIERNO TAMBIÉN ESCUCHAN ROCK” (LETRAME, 2019). MIGUEL ALFÉREZ CANÓS

 

EnelInfierno

Dice Miguel Alférez, batería de Decibelios al que ya tuvimos ocasión de entrevistar en nuestra sección Punk ¿Qué Punk?, que con este libro no pretende presentar una guía musical para el turista despistado, sino que se trata más bien del repaso tras 66 años de vida. Y así es, porque no escatima espacio ni esfuerzo para, por ejemplo, situar los avatares familiares en su infancia, cuando sus padres le llevaron a él, a sus dos hermanos y hermana a vivir a Francia. Sabremos igualmente de sus comienzos laborales, vueltos ya a Barcelona, en la editorial de tebeos en la que trabajaba su padre, o en trabajos de metalistería y carpintería del aluminio, o de su servicio militar.

Pero, como bien reconoce desde un principio, sus inclinaciones musicales terminarían marcando definitivamente su actividad principal. Primero en Decibelios, donde también militaría su hermano Manuel como bajista, y luego en una serie de proyectos diferentes como RivoltaAñade este contenido o Subtrabelios, en el que se juntaría con miembros de Brighton 64 en un caso, y de La Banda Trapera del Río y Subterranean Kids en otro. También llegó a oficiar de promotor de conciertos y de agente o mánager de bandas.

Impone un estilo directo y sincero en su narración, sin ocultarse ni cuando la ocasión requiere solicitar disculpas a quienes pudo molestar ni cuando se trata de exponer de manera franca y honesta su parecer ante situaciones complicadas. Subyuga y convence pues con la resolución de los momentos más espinosos a partir de la simple exposición de su visión cuando tocó intercambiar pareces distintos con compañeros de formación (Fray en los mismos Decibelios o Albert Gil en Rivolta) o vivir momentos especialmente delicados, como por ejemplo, los acontecimientos vividos en la grabación en directo del «Vivo’s 88» (DRO, 1988).

Sirve asimismo esta crónica para comprobar lo amplio del espectro de amistades que ha tenido de siempre Miguel. Quien pensara que el círculo de las mismas se iba a ver restringido por lo radical de la propuesta musical de Decibelios en su momento, estaría pecando de desconocimiento, tanto del carácter de nuestro protagonista como del ambiente que se respiraba en la escena de los primeros 80. En la larga lista de personajes que aparecen en órbitas cercanas están Loquillo, Manolo García (El Último de la Fila) o Morfi Grei.

El cantante de La Trapera es además autor del prólogo con el que se abre el libro, en el que, entre otras cosas, se encarga de resaltar el nexo de unión entre la mítica banda de Cornellá con Decibelios, que viniendo de El Prat de Llobregat, se convertían igualmente en «altavoz del lumpen» del extrarradio de Barcelona. Si bien no funcionó en su momento la prueba que hizo Miguel para el puesto de batería de La Trapera, los caminos de los dos hermanos Alférez se terminaría cruzando ineludiblemente con el de Morfi cuando pusieron en marcha Subtrabelios.

Otra de las asociaciones claves para el devenir de Decibelios fue la que establecieron con DRO. La visita que hiciera Miguel para convencer a Servando Carballar (El Aviador Dro y sus Obreros Especializados, Los Iniciados)  de editar el que a la postre sería el sencillo de debut de la banda, «Paletas Putrefactos» (DRO, 1982), no hizo sino iniciar otra de las relaciones más estables y fructíferas que mantuvo la banda. El sello madrileño no sólo les sirvió de rampa de lanzamiento, sino que fue en su catálogo donde sacaron el grueso de su discografía. Con ellos se vivieron grandes momentos, divertidas anécdotas (algunas no incluidas en el texto como la interpretación conjunta del «Monkey man» en una actuación para la televisión) pero, sobre todo, se lidió con situaciones especialmente duras, como cuando tuvieron que destruir toda la tirada del «Vacaciones en el Prat» (DRO, 1986) y costear una multa millonaria tras la denuncia de los herederos de Manuel Álvarez «Maciste» por haber incluido una versión del «Angelitos negros«.

También cuenta Miguel Alférez del emparejamiento con Rosendo (al que escogieron en vez de a Ramoncín, que era quien le ofrecía el sello Twins) a la hora de producir su último disco «Con el Tiempo y una Caña» (Twins, 1989). Al contrario de lo que se hubiera pensado en un primer momento, el grupo funcionó a las mil maravillas con el músico de Carabanchel, que les obligó a utilizar metrónomo y que resultó fundamental a la hora de desbloquear al batería con uno de los temas que se le resistía.

Poco hay que calle el autor, que con idéntica franqueza a la utilizada para lidiar con los momentos más espinosos, no tiene reparo en admitir que de lo que no va a tratar es de su etapa como mánager de Rumpelstinkin.

Libro que se termina rápido y que deja a uno con la certeza de que se trata de la crónica hecha por alguien que ha disfrutado de todo lo vivido.

Como si de un escaparate de tribus urbanas se tratara, hemos seleccionado en esta ocasión tres títulos que hablan por separado de mods, rockers y punks. Si bien los dos primeros, ambos del 2009, constituyen números consecutivos dentro de la colección de la Editorial Milenio, el tercero corresponde a la colección Los 80 Pasan Factura, de la editorial canaria Lágrimas y Rabia, centrada en la música de aquellas islas.

AhoraNo

¡AHORA! NO MAÑANA
Los mods en la nueva ola española 1979-1985
Pablo Martínez Vaquero
Editorial Milenio, 2009

Componen el núcleo importante del libro las biografías, comprendidas en el intervalo de tiempo que reza el título, de un buen puñado de bandas (Los Flequillos, Los Elegantes, Los Nocturnos, Telegrama, Sprays, Kamenbert, Brighton 64, EscándalosAñade este contenido, Pánico Speed, Scooters, Los Scooters y Los Negativos) que «fueron mods sencillamente porque decidieron serlo«, como dice el autor en el comienzo. Escritas inicialmente en un informe que apareció allá por el 1999 en una revista musical y dos portales cibernéticos, se han actualizado y completado con datos sobre las escenas del revival mod en Madrid y Barcelona, apuntes sobre bandas del momento con cierta relación, modzines y contribuciones externas.

El volumen dista mucho de ser una mera relación de fechas, conciertos y grabaciones, sino que el aporte de los protagonistas e implicados permite conocer no sólo de las bandas mencionadas, sino de la época y el ambiente en que se desenvolvieron con todo lujo de detalles y narrado de forma amena y dinámica.

Llama la atención al profano la importancia que adquiere en el universo mod las cuestiones cronológicas relacionadas con las generaciones a las que pertenece cada cuál. Al respecto se pronuncia Kiko Amat en su prólogo, donde no desperdicia la oportunidad de mostrar sus credenciales personales. Asimismo destaca la relevancia concedida a la estética, muchas veces por encima de la posible valía de la banda en cuestión. Pero por las mismas conmueve el sentimiento de pertenencia al movimiento: «Y es que, entre las mejores cosas que podían pasarte siendo mod en aquella España de la Transición, es que si encontrabas a un desconocido ataviado con una parka, o una gabardina con una diana o bandera británica cosida en ella, era motivo suficiente para que se entablase una camadería a prueba de clases sociales o ideologías«.

En el campo de las anécdotas, de las que lógicamente hay muchas, se encuentra una con la posibilidad de saber del pasado mod de artistas como Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) o Mario Martínez (La Unión), que es uno de los que aparece precisamente en la foto de la portada, o de las raíces musicales de Sergi Arola, que antes de dedicarse a cuestiones culinarias militó en una banda llamada Los Interrogantes.

Cierra un epílogo sobresaliente de Miguel Trillo, responsable además de mucho del material fotográfico del libro, en el que se resalta lo triste de tener que acabar la historia relatada con la muerte a puñaladas de un joven. Se refiere al triste suceso acontecido a las puertas de la sala Rockola en la que tocaba Pánico Speed, una de las bandas protagonistas. Su biografía se ve interrumpida por copiosa información acerca de las pesquisas y procedimientos judiciales, así como el tratamiento en la prensa de la noticia tras el acontecimiento que provocó la desaparación de los denominados Camel Boys, uno de los grupos de mods más nutridos de Madrid.

 

Rockers desterrados de la movidaROCKERS… DESTERRADOS DE LA MOVIDA
Laurén Jordán
Editorial Milenio, 2009

Laurén Jordán, miembro de Inoportunos y Gatos Locos, es el autor de este repaso por la escena rocker desde los 80. Protagonista por tanto del día a día que acompaña a la pertenencia a una banda, y bien relacionado con colegas y amigos de dicho mundo, a los que invita en diferentes momentos a participar de la narración, es mucha la información sacada de la propia experiencia la que llena las páginas más interesantes del libro.

Descoloca un tanto, eso sí, lo específico del título. No parece ser precisamente la descripción de abandono o destierro de las bandas rockers durante los años de La Movida madrileña el nudo argumental principal. Salvo la mención explícita hecha en el prólogo de Pedro J. Pérez (Nueva Ola 80), tampoco es que las referencias a aquella escena de la capital española sean constantes (y a mi juicio, ni falta que hace). De haber sido así sospecho que se hubiera requerido de una mayor profundidad en la descripción de personajes como Alberto García-Alix, por poner tan sólo un ejemplo. Además, en varias ocasiones se reitera el buen momento vivido por la música nacional durante aquella década en general, sin excluir género alguno.

La descripción de las bandas en las que se centra el autor es detallada. Gusten o no al lector, el libro proporciona información interesante sobre una buena relación de grupos. Si bien son inevitables los debates de lo acertado o no de la inclusión de unos en detrimento de otros, sorprende lo categórico de afirmaciones acerca de lo prescindible de los 90 en lo musical para rescatar casi en exclusiva a bandas como Los Rodríguez como enseña «heredera de los años 70 y 80«.

El curso de la narración se hace a veces algo anárquico. Algunos de los capítulos pueden contener cuestiones muy variopintas sin solución clara de continuidad: Consideraciones generales pueden venir seguidas casi inmediatamente por biografías concretas de bandas, experiencias en la producción del propio autor o encendidas deliberaciones sobre aspectos no directamente relacionados con la música. Pero, por contra, la descripción de la elaboración del disco homenaje a Elvis por parte de bandas nacionales, el consiguiente viaje para depositarlo en la residencia natal del cantante o las disquisiciones previas sobre el movimiento rocker son más que notables.

El volumen lo completa una jugosa cantidad de fotos y una lista de treinta discos recomendados.

Degeneración Troll
DEGENERACIÓN
Troll
Colección Los 80 Pasan Factura
Editorial Lágrimas y Rabia, 2010

«Degeneración» es la crónica de un superviviente, Alberto Troll. Relato despiadado, cruel y demoledor, ambientado en principio en el origen del punk en las Islas Canarias en los 80, el texto transciende sin embargo dichos límites para convertirse por contra en el « punto de vista donde los perdedores van a los restaurantes caros, y los ganadores tirados en la cuneta, brillan como estrellas viviendo en plenitud, comprobando que se puede sobrevivir… con tan poco».

Deambulan los personajes del libro movidos por un sólo afán, el de escapar; de la familia, de las Islas Canarias, de España, de un «sistema de vida hipócrita de la gente normal, que hacen lo que deben hacer y no realmente lo que quieren hacer». Prueban en su rumbo errante en casas okupadas, en sectas milenaristas, en parejas, por separado… Vagan por las calles, importunan al ciudadano de a pie con su transgresión de las más mínimas normas cívicas de convivencia, follan, se drogan…

Todo desde el más absoluto rechazo a cualquier estímulo social externo: «Así las cosas, todo aquel que pensase que había que luchar por cambiar algo en el mundo, allí o no tenía cabida, o no iba a durar mucho tiempo. Porque en esa situación de pura decadencia sin límites, al primero que se le ocurría hablar de cualquier movilización en defensa de no se qué coño importa ahora, recibía un rechazo total por parte de todos. Ese ‘todo mierda y todo a la mierda’, más allá de cualquier manipulación o engaño venida de los supuestos idealistas antisociales, esa lucha estéril asumida, se entendía perfectamente desde cualquier perspectiva antisocial. No nos habíamos olvidado del Johny Rotten con su destroy anarquista, cantando ‘No future for you, no future for me’ junto a Sid Vicious con su esvástica nazi, en una colosal apología del sin sentido, evitando alinearse a toda costa.»

La música es seleccionada como banda sonora de esta existencia al límite. Las letras de las canciones de Larsen, Decibelios, R.I.P., Eskorbuto, La Broma de Ssatán, Psicosis Crítica, Guerrilla Urbana y No describen, como era de esperar, el día a día de estos jóvenes embarcados en un viaje sin retorno. Pero además, habiendo sido el autor miembro de Hemorragia Sexual y Psicosis Crítica, aparece también el relato de los comienzos de estos primeros, así como de la violenta respuesta que generaba su música en los pueblos de la isla.

Autodestrucción con locura, SIDA, prostitución o drogadicción como alternativas. Un libro francamente sobrecogedor.

Muchos entienden el punk como un vehículo con el que articular la protesta y la lucha contra un sistema que abusa y oprime al individuo. Si bien es cierto que todo ejercicio de nostalgia debe hacerse con mesura y precaución, también es verdad que conviene mantener bien fresco el recuerdo de quiénes se esforzaron en una batalla genuina por intentar cambiar aquello con lo que no estaban de acuerdo. Es éste probablemente el caso de quién nos visita en esta ocasión: Pilar, guitarrista de IV Reich, grupo formado en Zaragoza a comienzos de los 80 y que practicó punk-hardcore en su versión más abrasiva. A pesar de estar lejos de los focos más activos de aquella época (Barcelona, Euskadi y quizás en menor medida en Madrid) los maños se ganaron a pulso el reconocimiento entre los seguidores del género. Opuestos a todo, involucrados en mil y una luchas, tuvieron que sobreponerse a la pérdida de uno de sus miembros, Juanra, cuando cumplía el servicio militar.

Sus canciones no serían editadas hasta años después de la disolución de la banda. Primero Outline, sello de Boliche, batería de los míticos Subterranean Kids, Bazofia Records desde Zaragoza y finalmente Desobediencia desde México fueron sacando el material que tenía IV Reich en maquetas y directos: «IV Reich Discografía Completa» (Outline, 2001), «1000 Años de Anarkía» (Bazofia, 2007) y «Primera Maqueta» (Desobediencia, 2007).

¿Cómo os influyó ser de Zaragoza? ¿Tuvisteis cierto aislamiento por estar fuera de Madrid, Barcelona o Euskadi?
Aquí también se estaba gestando movimiento, pero al ser una ciudad pequeña estábamos todas las tribus juntas, los punks, skins, rockabillies y hasta los heavies, hacíamos conciertos juntos y nos dejábamos los instrumentos. Había buen rollo entre nosotros y nos apoyábamos. Pero es cierto que cuando salimos fuera y vimos la cantidad de punks que había en otras ciudades, sobre todo en el País Vasco, nos dio cierta envidia porque aquí éramos cuatro gatos. Sobre el aislamiento sólo lo sentimos en cuanto a apoyo para grabar. Aquí nos tuvimos que buscar la vida nosotros y aún tuvimos suerte porque el hermano del batería montó un sello (Linacero) pero en cuanto a conciertos no, porque fuimos mucho a Euskadi e incluso a Cataluña.

¿Erais un grupo comprometido política o socialmente?
Yo creo que más políticamente porque Cota y yo nos metimos en la Liga Comunista Revolucionaria y empezamos a currar con los movimientos feminista, antimilitarista, anti-OTAN, etc. Y eso se reflejaba en nuestras letras bastante.

¿Qué grupos o referencias os llevan a decantaros por un estilo como el hardcore?
El caso es que nos gustaba más el punk que el hardcore (por lo menos a mí) pero cuando escuchamos a los Dead Kennedys, con ese estilo tan rápido, yo creo que intentamos hacer lo mismo. Luego ya nos calmamos y decidimos elaborar un poco más los temas, pero no éramos especialmente de hardcore.

Personalmente, ¿qué es lo que crees que hace diferente al punk-hardcore respecto de otros estilos?
Lo primero la rapidez al tocar y después traía consigo unos cuantos cambios con el punk, el look skateboard, pantalón corto por ejemplo, pelo largo y un montón de actitudes con las cuales no me he identificado nunca. Prefiero el punk de siempre, el del no future o el punk combativo, pero ese rollo californiano no me va.

Tuvisteis una relación especial con Decibelios. ¿Exactamente en que momento empieza? ¿Qué impresión tenias de su música, de la estética que llevaban?
La relación sólo era con Fray, el cantante, y empezó cuando Isa, la bajista, se lió con él y se trasladó a vivir a Barcelona. Justo empezamos a grabar la primera maqueta e Isa vino con él al estudio, así que nos aconsejó bastante y nos hizo coros para el tema «Hombres asquerosos«. Con el resto del grupo sólo tuvimos relación cuando nos juntamos en varios conciertos, en la muestra, en Olot, en San José. Su música nos gustaba y respecto a su estética la respetábamos, pero eran otro rollo diferente.

Os tocó vivir juntos más de una experiencia amarga, ¿no es cierto? En concreto pienso en la pérdida de Juanra en el servicio militar. La respuesta de las dos bandas se tradujo en dos temas de lo más impactante. ¿Qué recuerdas ahora tras el paso de los años de todo aquel momento?
Recuerdo sobre todo el concierto de Olot que hicimos en su memoria, para nosotros fue un desastre porque Cota no apareció, y encima a la vuelta tuvimos un accidente de coche que menos mal que no fue grave, pero tuvimos un buen susto. Y también asumir la muerte de un colega cuando eres tan joven resulta basatante impactante, no nos podíamos creer que ya no lo íbamos a volver a ver. Eso nos unió a todos un poco, supongo.

¿No encontrasteis en Zaragoza afinidad con alguna otra banda por actitud o estilo?
Ensayábamos juntos con Parásitos y nos llevábamos bien y también estaban Cocadictos, pero cada grupo tenía su rollo y nosotros íbamos por libre. Quizá teníamos más afinidad y más relación con otros grupos que no tenían que ver con el punk y con los que hacíamos conciertos, como Parkinson, por ejemplo.

Leí en alguna entrevista que quizá por vuestro nombre tuvisteis alguna que otra sorpresa entre el público en alguna actuación, ¿qué os pasó exactamente?
Por el nombre en concreto no fue. Sí que es verdad que a veces nos decían que nos imaginaban diferentes por el nombre, pero luego ya se veía de qué íbamos. Lo que nos pasó en un pueblo de Aragón (hicimos una mini-gira con varios grupos de diferente estilo) fue que empezaron a mirarnos muy raro sobre todo a Isa y a mí, como que no se creían que dos chicas pudieran tocar. Y entonces Cota empezó a meterse con la gente y ellos reaccionaron fatal y de repente se nos echaron encima, así que tuvimos que salir corriendo en pleno concierto. En otro pueblo también nos tiraban latas pero rellenas de arena y nos hicieron daño, así que tocamos pero en pie de guerra por si había que partirse la cara… Los pueblos de los 80…

¿Os tocó sufrir alguna experiencia desagradable como a las Vulpess, por ejemplo, por el hecho de ser dos mujeres en el grupo?
Por suerte, estaban Cota y Juanvi para defendernos además de nosotras mismas, claro, pero no recuerdo nada importante, excepto lo que te he contado antes.

¿Veíais en el punk un instrumento válido de protesta, de denuncia?
Claro, para nosotros era una forma de vida, era ser un anti-sistema y expresar nuestras denuncias en forma de canciones era lo que nos gustaba.

¿Contra qué luchabais principalmente? ¿Mereció la pena?
Fuimos una gota de agua en el océano, pero sin esas gotas no existiría. Cuando hablo con mi sobrino le digo: no haces la mili gracias a lo que luchamos en mi generación, yo misma me encadené en las rejas de capitanía, aparte de muchas manifestaciones, etc. Cota fue de los primeros insumisos en el estado español, se la jugó y le salió bien, pero ¿cuántos vinieros detrás que tuvieron que ir a la carcel? El antimilitarismo era una de ellas, pero tambien el feminismo, por el derecho de igualdad respecto a sexos, y sobre todo a comprender cómo el sistema nos aliena, nos engaña, nos hace creer en una sociedad que después se desmorona y nos quita todos los derechos por los que llevamos años luchando. Y no hace falta que ponga ejemplos porque es lo que estamos viviendo ahora mismo con la llamada crisis.

Al echar la vista atrás, ¿qué balance sacarías de todos aquellos años? ¿Fue una época especial?
Fue muy especial, digamos que fue una adolescencia muy vivida, aprendimos muchas cosas buenas y malas pero en poco tiempo y disfrutamos de la musica; viajamos sin tener dinero y sobre todo pertenecimos a un movimiento como el punk que surgió como protesta. Y nos divertimos muchisimo. También rozamos el límite.

¿A qué crees que responde el interés que ha despertado IV Reich años después de su disolución?
Supongo que simplemente fuimos pioneros, nada más. De hecho cualquier grupo hoy en día suena mucho mejor que nosotros. Pero vivir en aquella epoca se reflejaba en nuestra música y en las letras y bueno, le gustamos a la gente.

¿Hay algo que lamentes especialmente no haber hecho en su momento? De igual manera, ¿cambiarías algo de todo aquello?
Me apena no haber podido viajar a Latinoamerica; sobre todo en México teníamos muchos fans, pero entonces eso era impensable, incluso Londres estaba muy lejos. Y también si hubiéramos sabido dejar las drogas a un lado, habríamos hecho muchos mejores conciertos y quizá hubiéramos durado más, pero fue así y por algo será.

 

Si bien a los de Nueva York se les ha perdonado desde siempre su despreocupación total por nihilismos y veleidades político-sociales que se le supone al género, los Ramones madrileños, los de Algete, tuvieron en contra a gran parte de la comunidad más ortodoxa para con estas cuestiones. Víctimas directas del enfrentamiento entre escenas musicales, a Los Nikis, al igual que a Siniestro Total, por ejemplo, su aparente frivolidad y su estética les granjearon cierta antipatías desde otras geografías peninsulares en las que se estaba haciendo punk. A pesar de ello quedaron incluidos en recopilatorios míticos de la época, como aquel «Punk Ibérico» que circulaba en cinta de cassette por los mercadillos, reconociéndoles así su papel en esto de las guitarras poderosas. Siempre tuvieron claro que la música era una cuestión secundaria, que estudios al principio y trabajo posteriormente iban primero, por lo que, sobre todo, se propusieron pasarlo bien. Y bien que lo hicieron, además de transmitir algo especial que atrapó a legiones de fans que aún hoy en día, años después de su disolución, siguen venerándolos, como lo demuestra la reacción en su reaparición sorpresa en octubre de 2011 en un concierto de Airbag.

Los Nikis sirvieron igualmente de inspiración a multitud de bandas que hicieron del punk-pop su único credo. Joaquín, que tras la disolución del grupo se embarcaría en labores de producción con Javier Pelayo (ddt, Vigilante Gitano) y en un nuevo proyecto musical, Los Acusicas, responde a nuestras preguntas en un capítulo más de nuestra particular revisión de aquellos años.

¿Cómo descubrís a los Ramones? ¿Es el único grupo punk que os influencia?
Rafa tenía algún disco y ya era fan. El primer disco que me compré en mi vida fue el «Leave Home» (Sirex, 1977) de los Ramones de oferta por 200 pts. en Pan de Azúcar Jumbo. Reconozco que lo compré por la oferta. ¿El único? No. Supongo que nos influyeron todos los de la época.

¿Estarían Los Nikis en el mismo capítulo de la historia de la música que bandas como La Polla Records, Kortatu o Decibelios? ¿Qué os distingue o qué tenéis en común?
No te puedo contestar, porque nunca los he oído. No sé si me gustan o no. Tampoco sé si tenemos algo en común. Sólo podía escuchar lo que sonaba en las radios que yo escuchaba o los discos que me regalaban en DRO. Antes no era tan fácil como ahora escuchar la música de otro grupo y ponerme a escucharlos ahora me da pereza. Realmente todo lo de los 80 suena tan mal que me da mucha pereza escucharlo, empezando por Los Nikis.

¿Tuvisteis algún tipo de relación con bandas del punk que se hacía en el País Vasco o en Cataluña en aquella época?
No. Tuvimos relación con los gallegos y los de Madrid. ¿Loquillo es punk? Con él si tuvimos relación.

¿Qué repercusión llegasteis a alcanzar fuera de Madrid? ¿Gustaban Los Nikis en los primeros conciertos que disteis en otras ciudades? ¿Cómo era la acogida fuera de la capital?
Salimos muy tarde a tocar fuera de Madrid. Sobre el 84, creo. Llevábamos ya cuatro años tocando. La acogida fue buena después del «Marines a Pleno Sol» (DRO / Tres Cipreses, 1984) porque al menos les sonaba el nombre del grupo.

¿Fue fundamental para el punk despreocupado de Los Nikis el haber crecido en el Madrid de La Movida? ¿Hubierais llegado igual de lejos en otros ámbitos?
Realmente nosotros estábamos a 30 km. de La Movida, que entonces no se llamaba Movida ni nada. Y no teníamos coche. Tampoco salíamos por los sitios de moda, porque el último autobús salía a las 22.30h. Vamos, que sólo crecimos en «el Madrid de La Movida» a ratos cortos por las tardes.

¿Qué contactos tuvisteis con el punk dela capital de La UVI, Commando 9mm, Espasmódicos, OX Pow…? ¿Y de la vertiente más oscura, como Parálisis Permanente?
Con Parálisis bastante. Compartíamos a Johnny de batería. Con los demás cero. Yo creo que por lo del autobús que te he contado antes.

¿Por qué crees que se ataca desde posiciones punk ortodoxas a la música que hicisteis vosotros o Siniestro Total? ¿Es posible el punk sin hacer crítica social o política?
Nosotros no hacíamos punk ortodoxo. Era más bien cristiano porque todos habíamos hecho la Comunión. Y, siendo pijos, sería poco consecuente hacer crítica social, ¿no?

Hubo quien vio en vuestras pintas de niños bien, en las referencias a Ultras-Sur y retornos al imperio de la tortilla de patata razones para recelar, mientras que otros para saludar brazo en alto vuestras canciones. ¿Finalmente se politizó vuestra música desde fuera? ¿Como vivisteis toda esta polémica? 
Todo eso fue post-mortem, en los 90. En la época que estuvimos en activo la gente era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que nuestras letras sólo hablaban de chorradas como la tortilla de patatas, Brutus, el perro de Rafa o Charlton Heston en «El Planeta de los Simios» (Franklin J. Schaffner, 1968). En fin, cualquier tema chorras para evitar hacer canciones de amor.

¿Mereció la pena haber participado de todo lo vivido en aquellos años de La Movida? ¿Fueron tiempos creativos?
Tocar en un grupo es muy divertido en cualquier época. Yo creo que todas las épocas son creativas, lo que pasa es que nosotros somos subjetivos y nos gusta más la nuestra, pero para gustos, los colores.

¿Se han dicho muchas exageraciones o inexactitudes de aquella época pasado el tiempo?
Está todo muy mitificado. El otro día vi un documental en la tele sobre los 80 y mi conclusión fue: Qué gris y qué cutre. De verdad.

¿Por qué terminan Los Nikis? ¿Cansancio?
Bueno, llevábamos ya diez años tocando y yo no me veía con fuerzas para hacer otras doce canciones para un disco. Además, Emilio y Arturo se fueron a vivir a USA.

¿Cual es el secreto de la repercusión de Los Nikis?
Pues reconozco que a esa pregunta le he dado muchas vueltas. Han hecho diez nikifiestas en nuestro honor con gente que viene de toda España. Yo flipo. ¿El secreto? Yo creo que las letras y Emilio, que es insustituible.

Con Los Acusicas se recuperan a mi juicio los mejores momentos de tus letras, ¿En qué te sueles inspirar para escribirlas? ¿Qué diferencia el nuevo grupo con respecto a Los Nikis?
Te agradezco mucho el piropo. Me sienta mal cuando la gente idolatra las letras de Los Nikis y ni se fija en las de Los Acusicas, que son más de lo mismo, pero hechas con mas empeño porque la música no era mía sino de Mauro Canut y me sentía con más responsabilidad. Me ponía a mi mismo un listón muy alto para cada frase. Intento hacerlas de temas originales y que no haya hecho nadie antes. Por ejemplo, una canción de relleno contando su vida en primera persona. El grupo es parecido. Chunta-chun, dos minutos y fuera.

¿Cuándo comienzas a dedicarte a todas las cuestiones técnicas de la producción? ¿Resulta más gratificante que tocar tu propia música?
Empecé en los 90 con el «Mas de lo Mismo» (Hormigonera, 1998). Grabar a otros grupos, si me caen bien, es muy gratificante.

¿Tienes planes de seguir con Acusicas o algún otro proyecto?
Pues no, la verdad.

¿Cual es el balance que te sale después de todos estos años dedicados a la música? ¿Has tenido momentos especialmente malos?
Balance totalmente positivo. Como esto nunca ha sido un trabajo, sólo he hecho exactamente lo que me apetecía hacer en cada momento.

¿Cómo se os ocurrió la reaparición sorpresa en Madrid recientemente? ¿Qué sensaciones tuvisteis en el concierto? ¿Qué tal reaccionó el publico?
Fue idea mía. Yo quería que saliéramos a tocar sólo una canción y por sorpresa total. El que estuviera meando se lo perdía. Luego Johnny y Emilio se empeñaron en hacer seis canciones. Debo ser muy mal negociante porque al final tocamos seis. Yo he ido a casi todos los conciertos que ha dado Airbag en Madrid y sabía lo que iba a pasar conociendo al público de Airbag. A los demás les pilló por sorpresa y alucinaron. Nos aprovechamos de la mitificación de la que hablaba antes. La gente pensó que estaba ante un momento histórico y no se dieron cuenta de la realidad: Cuatro abuelos tocando seis canciones viejas. Punto pelota.

Volvemos hoy a Barcelona para encontrarnos con Silvia Escario, cantante de Último Resorte, uno de los grupos míticos de aquellos años 80 en la Ciudad Condal. Fueron uno de los pioneros tras la estela que abrieron La Banda Trapera del Río con su rock de las cloacas, su proto-punk de las alcantarillas. En una Barcelona gris, la de los años de la Transición, como otros tantos jóvenes desencantados, decidieron hacer de la calle y de los locales de ensayo, su hábitat natural. De ahí, además de violencia en muchos casos, surgieron un puñado de bandas que conformaron el tejido de una escena musical que haría de Barcelona uno de los centros principales del punk y el hardcore de la península.

Formados junto con su entonces inseparable Juanito tras el regreso de Silvia de un viaje a Londres, donde entre otras cosas, se enzarzó en una pelea con Nancy Spungen, compañera del mismísimo Sid Vicious, Último Resorte sólo registrarían en vida dos sencillos: “Cementerio Caliente” (Flor y Nata, 1982) y “Una Causa Sin Fondo” (Flor y Nata, 1983), con canciones vertiginosas, directas, contundentes y con las deficiencias de sonido propias de las prisas del momento.

Víctima de la respuesta irracional que su provocación llevada al extremo generaba, la cantante vivió en su propia carne, experiencias desagradables como la de tener que ser prácticamente rescatada de entre la audiencia de la madrileña sala Rock-Ola que trataba de despedazar su camiseta. Una vez disuelto el grupo y tras un doloroso silencio, Silvia regresó formando sucesivamente Berlin 80 y Algo Tóxico, banda esta última con la que sigue en activo. Personaje indiscutible, testigo pero sobre todo protagonista de toda aquella virulenta época, comparte experiencias en su blog. Hoy lo hace con nosotros en esta entrevista:

Decías de aquella época que os sentíais jóvenes y llenos de energía, con ganas de romper y llevar la contraria. ¿Crees que fue ése el secreto de lo explosivo de los 80, de la importancia que tuvieron aquellos años?
Sí, sin duda, yo siempre digo que el entusiasmo es el arma secreta de los punks para destruir el mundo, aunque la verdadera intención sea salvarlo de sí mismo.

¿Piensas que con el paso del tiempo se han exagerado o distorsionado las cosas?
No, yo creo que no, pienso que tiene precisamente el aura que se merece porque fue un tiempo donde continuamente tratábamos de divertirnos, llevando el sentido del humor a pie de calle, pero que, sin embargo, jamás lo conseguíamos. Todo era urgente y peligrosamente descabellado, y todos más o menos lo sufrimos con mucha intensidad.

¿Qué aspecto lamentarías más de aquellos años: drogas, posibles rencillas entre bandas, entre escenas?
Yo creo que lo más peliagudo fue que cerraran el grifo de las anfetaminas en las farmacias, pues debido a ello, al no haber nada que supliera la excitación y buen rollo que daban, muchos de sus acólitos se arrojaron a los brazos de la heroína; o así al menos es como lo cuenta el fallecido Kike Kangrena en el libro “Harto de Todo” (BCore, 2011) de Jordi Llansamá, pues fue exactamente lo que les ocurrió tristemente a Kangrena como a otros muchos, a los cuales, más tarde la llegada del speed desde Holanda, les sirvió para librarse de nuevo de las ataduras del jaco.

¿Dónde situarías a Último Resorte dentro de lo que ocurría musicalmente en Barcelona en los 80?
No es por vacilar, porque a mi esa sensación, me daba vértigo, pero Último Resorte estaba justo en el centro; en el centro de todas las contrariedades, de todos los prejuicios, de todas las miradas, de toda la acción en los escenarios. Éramos la causa de los pogos, y los culpables de una escena que nadie se la hacía suya tanto como nosotros. Nosotros creíamos en nuestros propósitos, a pesar de que estaba mal, hacer el mal, y eso nos contrariaba a todos aunque lo hacíamos igualmente, pues hacer el mal para nosotros eran cosas tan consideradas hoy en día inocentonas, como era el hecho de montar un grupo y tocar en directo, sin saber tocar, y sonando a rayos y truenos. Afortunadamente esto a día de hoy esta superadísimo, todo el mudo sabe que la actitud es el 80% de la música.

¿Con qué bandas tuvisteis una mayor relación?
Con Kangrena y Desechables principalmente, pero también con Vulpess, R.I.P., Frenopaticss y Decibelios, además de un cordial trato con Alaska y los Pegamoides. Al principio Juanito y yo nos relacionábamos con Carlos de Tendre Tembles y/o con Gay el cantante de Peligro o con Magda de los Xerox. También tuvimos relación con Ruidos Molestos, Zoquillos, Attak, o con el Flash, el cantante de Disturbio.

¿Qué crees que os distinguió?
El caos que siempre nos rodeaba, y la obcecación de volver a empezar siempre desde cero, ocurriese el desastre que ocurriese, se fuera quien se fuera del grupo, nuestro lema era «punto partida cero»… de hecho teníamos un tema, inédito, que se llamaba así.

¿Cómo os influyeron bandas inmediatamente anteriores como La Banda Trapera del Río? ¿Ves en su música un precursor del punk o directamente punk?
Sí, Trapera nos influyó con sus letras, aunque musicalmente nosotros tendíamos a hacer una fórmula punk mucho más novedosa, temas cortos, rápidos y con estribillos directos a la cabeza, mientras que Trapera seguían una fórmula musical más cercana al rock clásico. Sin embargo, su cercanía a las calles, a la gente de la calle, era la vertiente que les hacía más punks, además de que cuando apareció la Trapera con sus guitarrazos, los saltos estricnínicos de Morfi, y sus berridos, aquí en la Barcelona de los 70, nadie hacía lo que hacían ellos, pues todo el mundo se dedicaba a hacer jazz, jazz-rock, folk, nova canço, psicodelia, rock sinfónico, o hasta incluso progresivo. Pero a nadie se le había ocurrido ser soez y cagarse en la puta sociedad, y eso también los hacia muy punkies.

¿Es el punk una forma de ver las cosas más que un simple estilo musical? ¿Canal de expresión, arma de protesta?
No te líes, no te líes. El punk es una actitud, una actitud escéptica principalmente, no conformista, vital, urgente, una locura, una broma, un insulto, son patadas y puñetazos al aire. Es depresión, es ser grandes perdedores orgullosos, temerarios suicidas que se suicidan sólo por vivir intensamente, es una forma de que los chicos y las chicas hagan cosas juntos, para erradicar el machismo, tanto femenino como masculino… En fin, así podría seguir media hora más enumerando las cualidades del punk, pero creo que ya te habré azorado bastante.

¿Ser mujer te hizo las cosas especialmente complicadas para la época? Cuéntanos del papel que os tocó desempeñar a ti, a Tere (Desechables) en todo aquello.
Tengo una postal enviada por Loles Vulpess donde me cuenta que hicieron un concierto en la ejpaña profunda, y que los muy bejarracos empezaron a tirarles piedras, botellas y todo lo que pillaban, y que las Vulpes corrieron a esconderse detrás de los bafles, donde se estrellaban todas aquellas cosas, y que corrieron verdadero peligro. Otro ejemplo es lo que me ocurrió a mí en el Rock-Ola, que me tiraron del escenario y me arrancaron la camiseta sin contemplaciones. Sí era una situación difícil pues el punk se trataba de provocar, pero había quien se tomaba esas provocaciones por el ámbito de la perversión y la obscenidad, y subrepticiamente te hacían notar su aversión a ti y a tus modos haciéndote el vacío; y te dejaban sola en un rincón del bar sin que nadie te dirigiera la palabra o se inventaban mentiras con las cuales acrecentar tu mala fama. Como por ejemplo, el día que el PSUC trajo a los Ramones a Barcelona, alguien corrió la voz de que yo había provocado una pelea entre punks y rockers en primera fila, cosa que nunca sucedió, pero que lo hacían continuamente para hacerme servir de cabeza de turco de sus envidias y ofuscaciones del ego.

Tuviste ocasión de ir a Londres en un momento especialmente activo en lo que a la música se refiere. Aparte de sonados encuentros con protagonistas de todo aquello como los mismos Sid y Nancy, ¿qué te encontraste allí? ¿Fue realmente una fuente de inspiración?
Totalmente. El sol brillaba más radiante, el mundo era un sitio emocionante en donde ocurrían un montón de cosas interesantes e intensas, y además cualquier punk era tu aliado, era como de tu familia, de tu equipo. Los punks eran fascinantes, hacían cosas que nadie hacía y estaban extrañamente unidos en una hermandad en donde la mayor perversión a alcanzar era ejercer continuamente tu voluntad, estuviera bien o mal, pero es que el bien y el mal es relativo a la época y lugar donde vives.

Cuéntanos cómo era la relación con la escena madrileña. ¿Cómo veíais a los grupos de la denominada Movida Madrileña? Alguna vez has comentado haber sentido todo aquel altercado a cuenta de las muñequeras de Alaska, ¿fue con ella y los Pegamoides con los que encontrasteis más conexión?
Aunque había mucho ingenio, como La Broma de Ssatán con el “Baila pogo sobre un nazi”, y aunque los Espasmódicos sonaran a los mismísimos Dead Kennedys, nosotros decíamos que en la Movida había mucho punk de plástico, y eso era debido a que los punks de Madrid, como músicos, se habían dignificado y hasta eran reconocidos por la tele y por el alcalde Tierno Galvan, mientras que en Barcelona, no paraban de apalizarnos por las calles por ser punks, cualquier energúmeno, entre ellos principalmente los quillos. Además de que la policía nos detenía a diario y nos llevaba a comisaria sin haber hecho , solo por vestir punk y esto resultaba ser mucho más crudo que la escena social de Madrid. Y por eso yo vestía mis muñequeras con el propósito de defenderme de tanta agresividad callejera, de ahí la frase que dije de Alaska, pues ella no tenía que usarlas como yo para algún asalto de violencia ocasional como la que vivíamos los punks en Barcelona. Así que la cosa no iba exactamente como agravio hacia ella, sino como resultas de una situación que ella en la Villa de Madrid no tenia que afrontar, mientras que aquí todo el mundo era unos incivilizados, nosotros incluidos.

¿Qué es lo primero que te viene a la mente al echar la vista atrás?
Dolor, pero también emoción, momentos, situaciones y personas únicos, pero como decían los Ramones en “Pet semetary”: “Yo no quiero volver a vivir mi vida otra vez”. Si tuviera que volver a pasar por lo que pasé dentro del laberinto, o una de dos, o me mataba yo, o mataba a alguien con mis propias manos.

Alguna vez has hecho hincapié en la tensión que te supuso ser parte activa del punk de la época. Al evaluar todo con el paso del tiempo, ¿encuentras que el balance fue positivo? ¿Te llevas muchas cicatrices de aquellos años?
La época que estoy viviendo actualmente de reconocimiento, es sumamente dulce y embriagadora… Casi me hace olvidar. También es que cuento actualmente con un grupo y unos amigos formidables. Por otro lado, mi mejor aliada de toda la vida, mi madre, ya esta muy viejita aunque muy lúcida y tan divertida como siempre, e igualmente lúcida y divertida está mi mejor amiga Deborah, que tiene una terrible enfermedad que me va a dejar sin ella. Pero aparte de esto es que ya llevo veintiún años conviviendo con el corazón más punk de lo que me merezco, se lo debo todo. Aparte de todo eso es que yo sigo estando en mis ejes aunque a veces me vuelva conspiranoica con los que me rodean.

¿El final de Último Resorte resulta una liberación?
Noooo, yo creía que sí lo sería pero fue precisamente el verdadero principio de mi caída al infierno profundo…

¿Qué lamentas no haber hecho entonces? ¿De qué te arrepientes más?
De no haber trabado amistad con Sid y Nancy. Pero de lo que hice por ser punk no me arrepiento de nada, es más, me reafirmo: reivindico mis buenas intenciones.

Tras un periodo de silencio volviste con Berlín 80. Háblanos de cómo iniciaste el nuevo proyecto. ¿Qué cosas diferentes querías intentar?
Yo creo que el descenso al infierno y su posterior ascenso con las uñas, me ha dejado un poso de sabiduría de valor incalculable, y precisamente en las letras que compuse para Berlín 80 llevaban en su trasfondo todo ese tesoro, tanto por lo que contaba, como el modo tan efectivo como se lo hacia llegar a los demás. Una de las cosas que más maravillosamente me han complacido últimamente con respecto al “Punk Fiction” (Outline, 2002) de Berlín 80 es que mi amigo Pitufo se ha llegado a enamorar del tema “Ahora o nunca” y se lo escucha continuamente, una y otra vez, dejándose regar por las endorfinas que suelta esa canción. No sé, a mi esto me llena de orgullo y satisfacción.

Cuéntanos también de Algo Tóxico, tu proyecto actual, ¿cómo se pone en marcha? ¿Qué es lo que más te ilusiona de esta nueva etapa?
Lo que más me ilusiona es que a mis cincuenta y pico años, aún me quedan oportunidades de subirme a un escenario a punkrockear. Me ilusiona que gracias a eso tengo millones de amigos, gente que por ser quién soy me trata con cariño y deferencia. Algo Tóxico se puso en marcha en cuanto tuvimos que matar el cadáver de Berlín 80. Con Berlín 80 habíamos subido muy alto, pero tal vez no era ese nuestro lugar, el de Wilko y yo, y a lo mejor tampoco era ese nuestro momento. Así que partimos de cero a encontrar nuestro nuevo lugar, y lo encontramos en La Báscula; allí la diversión se convirtió en nuestra segunda piel, y yo perdí todo el recato y encontré mi lugar haciendo la cucaracha entre los pies de la gente que nos estaba viendo mientras Irene me lamía la cara como un gato. Pero aunque habíamos encontrado nuestro camino, tal como empieza una época termina otra, y aquella época esplendorosa en La Báscula aparentemente terminó, aunque no fue así exactamente. La Báscula sigue estando ahí sólo que hay que mirarla con nuevos ojos y darle más oportunidades, pues sigue estando llena de gente valiosa. En la actualidad Algo Tóxico acabamos de cambiar por enésima vez de formación. Pero es que esta formación que tenemos ahora es la hostia consagrada. Estamos afiladísimos. Derrapamos de alta velocidad pero con toda elegancia. Tenemos personalidades que brillan. No sé a dónde llegaremos, pero no nos creemos los malos rollos de los Mayas: es imposible que ahora se acabe el mundo con el pedazo de banda que tenemos, y si se acaba, estaremos al filo de los acantilados y las grietas arrojando sobre el pogo de víctimas nuestro sulfatado aliento tóxico.

¿Cabe imaginarse una explosión como la que hicisteis vosotros por parte de los jóvenes de ahora?
Nunca tiempos pasados fueron mejores, el ahora siempre está por construir y eso ya es mejor. ¡Sí, creo en la juventud de ahora! Tienen muy buen trasfondo y no pueden seguir masticando lo que ya está masticado, pero pueden abrir ramificaciones por doquier. Yo les recomiendo tres cosas: que crean en sí mismos, que escojan bien a las personas que han de tener alrededor y por último que no tengan miedo ni se sientan culpables de querer ser felices. La felicidad es como una melodía, es magia.

En una nueva entrega de nuestra sección «Punk ¿Qué Punk?» hoy invitamos a Niko Vázquez, bajista de M.C.D., a que rememore con nosotros experiencias de aquellos años 80. Ejercicio de nostalgia que dirán algunos, pero es que M.C.D., grupo nacido del barrenkale o casco viejo de Bilbao allá por el 1985, dejó discos que muchos tenemos como banda sonora indispensable del punk facturado en aquella década.

El grupo participó de forma activa en la explosión de bandas, sellos, gaztetxes, fanzines y emisoras de radio que se vivió en Euskadi en ese momento. Su debut se produjo con los tres temas que incluyeron en el recopilatorio ya mítico para los amantes del género: “Condenados a Luchar” (Discos Suicidas, 1986), pero fue con una grabación en directo, la realizada en el gaztetxe de Bilbao, “Bilboko Gaztetxean” (Discos Suicidas, 1987), con la que se presentaron con un álbum sólo para ellos.

Autores además de una larga lista de discos y varios sencillos, fue con “Imbecil.com” (Imbecil, 2001), que Niko dejó el grupo. Diferencias internas con respecto a la gestión del entonces manager de la banda precipitan el final de la misma tal y como había funcionado hasta entonces.

Mientras Niko monta con su hermano el germen de un nuevo proyecto, Motorsex, el resto sigue funcionando por un tiempo como Macarrada. Tampoco entraría el bajista en la formación con la que M.C.D. iniciaría una gira de reaparición el año pasado. De todo ello le preguntamos en la entrevista que te presentamos a continuación.

¿Dónde situarías a MCD dentro de la efervescencia de los 80 que se vivió en Euskadi?
En una banda de segunda fila que sólo nos preocupábamos de expresar nuestras cosas pasándolo bien pero a ser posible tocando las narices de la autoridad vigente; de paso sin importarnos las consecuencias.

¿Ves conexiones con alguna otra banda en particular?
Pues a nivel musical nos gustaban muchas bandas pero creo que realmente cada una éramos un mundo aparte. Unos más punkies, otros más rockeros y otros más poperos. A todas las bandas nos unían las ganas de gritar nuestro inconformismo sin pretensiones.

¿Qué recuerdas principalmente de aquella época?
Que teníamos malditos granos de pus en la cara

¿Sientes algún tipo de nostalgia?
No, en absoluto. Sería terrible repetir la era de la marmota.

¿Qué aspectos crees que ha magnificado el paso del tiempo? ¿Te has encontrado alguna exageración o inexactitud que te haya llamado la atención especialmente?
Que el tiempo lo exagera todo, criba lo positivo sobre lo negativo, muchas veces magnificando erróneamente lo que unos chavales de veinte años hacíamos para divertirnos. Los chavales de hoy hacen otras cosas pero con el mismo objetivo. Vivir sin futuro.

¿Destacarías algo de la escena o del ambiente entre bandas de Bilbao respecto al de poblaciones vecinas?
Las bandas de poblaciones industriales teníamos mucha mala baba a la hora de expresarnos. Vivíamos en barrios periféricos obreros -sin que sirva de excusa- con toda clase de carencias y nosotros berreábamos nuestras experiencias del día a día, no las del imbécil de la canción del verano. Como todo bicho considerado raro, nos movíamos en manada en torno por y para la música, a los pocos sitios que se atrevían a programar rock, así que había una especie de ambiente de gran familia transgresora que ahora evidentemente, y al no incidir socialmente casi nada, se ha perdido.

En tu caso, fuisteis varios los hermanos implicados en grupos y cuestiones musicales ¿crees que se debió a algo concreto? ¿Cómo se llevaba en casa esta hiperactividad?
A que nuestros padres eran, en el aspecto cultural y político, muy libertarios y a que un hermano mayor ya tocó en diferentes grupos en los 60. Los padres nos dejaban hacer y les dimos más de un disgusto que supieron disimular bien. El tocadiscos era el objeto de deseo más preciado y disputado a diario.

¿De qué cosas te arrepientes, o no volverías a hacer en la misma situación?
De habernos dejado manejar por un manager cuando éramos un grupo de amigos con ganas de pasarlo bien. Y que no deberíamos haber tirado un bote de humo en la sala El Garaje, porque podíamos haber matado a alguien del público durante la evacuación.

¿Fue el punk un canal de lucha, un estilo musical?
Un modo de vida.

¿Qué piensas que caracterizó aquellos años, la razón de toda la repercusión que tuvo luego?
El importarnos una mierda lo que iba a pasar al día siguiente. Vivíamos absolutamente al día sin esperar nada a cambio. Fue la mejor válvula de escape que pudimos tener.

Inevitable establecer comparaciones entre lo que se hacía en Euskadi frente a Madrid y Barcelona. Háblame de tu contacto personal con una y otra escena. ¿Qué bandas que destacarías de una y otra ciudad de aquel momento?
Tuvimos mucha relación con Decibelios de Barcelona y La UVI de Madrid, sobre todo a través de Vulpess que eran nuestras hermanas y amigas. Éramos grupos que compartíamos el punto macarra-musical que pensamos debe tener una banda de rock and roll.

¿Piensas que hubo una excesiva politización de todo lo que se denominó Rock Radikal Vasco? ¿Hubiera tenido todo el empuje que tuvo sin ella?
Política es todo. El que dice que es apolítico pienso que miente o es marciano, y de éstos, todavía no conozco ninguno. Marino Goñi puso la etiqueta del RRV desde Iruñea a un movimiento cultural destroyer totalmente anárquico con el objetivo común de pasarlo bien. La campaña «Martxa Eta Borroka» de HB sirvió para que bandas de maketos excepto la nuestra -que estábamos al margen del rollo abertzale- no fuésemos mirados como «enemigos» y aceptada nuestra forma de vivir y expresarnos de los 80. El movimiento abertzale movilizó a través del rock a una impresionante generación de jóvenes que de otro modo no hubieran movido un dedo.


Justo después de grabar «Jódete» (Basati, 1988) tuviste que irte a Londres. ¿Aprovechaste la ocasión para vivir el ambiente musical de por allí? ¿Qué te encontraste?

Una ciudad fantástica para vivir con mucha energía … ¡¡y motos clásicas!! Era la época en la que Sonic Youth o The Cure arrasaban musicalmente. Además estudié, sin saberlo, en el College donde los Sex Pistols dieron su primer concierto, Ravensbourne. Un lugar de «artistas» y gente de todo pelaje.

Y a tu vuelta, ¿notaste alguna evolución en el grupo?
Mucho más rockandrollero y más experiencia tocando. Pero cierto cansancio. En esa época me dediqué además de hacer de roadie de M.C.D. a tocar con Cancer Moon.

¿En qué época empezaste a interesarte en cuestiones de grafismo y diseño, tu otra actividad al margen de la música, no es cierto?
Creo que desde enano cuando pintaba las paredes de casa. Empecé a trabajar muy joven con diecisiete tacos en una imprenta y aunque fui por Ciencias en COU me matriculé en Bellas Artes. La comunicación visual en todo su amplio significado, me apasiona.

El grupo vivió alguna turbulencia en su etapa última ¿serían estas cuestiones lo único que lamentarías de tu experiencia en MCD?
Sí, lo he contestado más arriba. Habernos dejado manejar por un manager cabrón cuando sólo éramos un grupo de amigos… Fue nuestro más grave error y creo que a todos nos ha pasado factura.

¿Notas muestras de reconocimiento o recuerdo hacia la banda en la actualidad?
Sí y no tiene porqué. No creo que hayamos hecho nada relevante salvo tocar un poco las pelotas al clero y a las autoridades.

Cuéntanos acerca de tu otro proyecto, Motorsex, ¿le pides cosas distintas a las ya vividas con MCD?
El objetivo de Motorsex es idéntico: la música es parte inseparable de nuestra vida, así que intentamos pasárnoslo bien rockanrolleando pero esta vez con el bagaje de todo lo aprendido, y buscando sonidos nuevos que nos satisfagan, o al menos intentarlo. «Sin vivir de las rentas, pero sin renegar de nuestro pasado, seguimos sin futuro».

Con Motorsex, y al final de tu paso por MCD, hiciste una clara apuesta por el estilo autogestionado de Creative Commons. ¿Por qué? ¿Funciona?
Porque el negocio musical con intermediarios garrapatas es, ha sido y será una pesadilla para todo el mundo. Las licencias CC nos abrieron una puerta a la autogestión de tu actividad. Así que nos da igual estar fuera, dentro o a un lado de la industria. Lo llevamos todo al día. Si mañana se acaba, ya intentaremos hacer otra cosa nueva. Sin lamentarnos. Funciona en base a tu listón. Nuestras necesidades son primarias, así que estamos a gusto.

Precisamente eso me lleva a pensar que mucho de los problemas de las bandas de los 80 fue su relación con las discográficas, ¿por qué crees que fue todo aquello? ¿No había posibilidad de autogestión en ese sentido entonces?
Cuando montas una banda de rock and roll lo que menos te preocupa es el negocio. Porque tú piensas ingenuamente que lo que haces en tu local de ensayo es un pasatiempo que además, llena tu vida. Pues sí, lo es. Pero el primer día que un intermediario te llame para tocar en un concierto, pagándote por ello, cosa que ya no se estila, aprenderás que la música también es un negocio y se rige por las mismas pautas que un tomate del supermercado. Así que una de dos, o lo cultivas y lo vendes tú mismo o lo negocias a la baja con Eroski. En nuestra época, como nadie teníamos ni puta idea de qué iba todo esto y primaba tanto en el público como en las bandas el modo de vida por encima del negocio especulador, nos dimos de morros. Incluso discográficas nobles y honradas. Pura ignorancia y atrevimiento de la dichosa juventud. Tardamos casi diez años en grabar nuestro primer disco en solitario, así que imagínate lo que nos importaba a nosotros, todo eso del negocio musical.

¿Qué planes futuros tenéis en la banda? Hay al menos un disco pendiente, ¿no? ¿Cómo lo lleváis?
Estamos con dos cosas: primero que el genio de Carlos Creator terminé de una vez de mezclar once canciones que salieron de dos jam sessions con muchas sorpresas. Y por otro lado, a nuestra edad nos estamos empollando el «Never Mind The Bollocks» (Virgin, 1977) porque tenemos que hacer unos conciertos «mixtos» dentro del ciclo Izar & Star organizados por Jerry (amigo periodista musical de Bilbao) versionando a Sex Pistols con un cantante impresentable de la Real Sociedad llamado Anartz. A medio plazo, sacar otro single para que siga la fiesta.

Bajo el nombre de una de las recopilaciones míticas del punk ibérico de los 80, hemos decidido abrir una sección en el blog en la que dar cabida precisamente a este tipo de música. Para ello, pretendemos ir citando a los protagonistas de aquellos días para que en nuestro suplemento compartan con todos nosotros su visión retrospectiva, sus valoraciones y recuerdos. La idea es convocar, en la medida de lo posible, a representantes de las diferentes escenas tanto geográficas como estilísticas que se desarrollaron entonces. Si bien en algunos casos ya estuvieron en contacto con nosotros para asesorarnos y garantizar así la rigurosidad de las reseñas de las bandas que ya están en nuestro archivo, ahora buscamos el lado estrictamente personal de quienes participaron de forma activa y directa en aquella explosión que sacudió todo el país tras el arranque del punk al final de los 70 en el Reino Unido.

Comenzamos esta galería de entrevistas con una visita muy especial, la de Miguel Alférez, batería de una de las bandas más emblemáticas de aquella época: Decibelios. El grupo de Barcelona hizo de auténtica punta de lanza en géneros como el oi!, ska y punk-hardcore en general. Desde su debut con el sencillo “Paletas Putrefactos” (DRO, 1982) hasta su disco LP “Con el Tiempo y Una Caña” (1989, Twins), dejaron buena muestra de su rabia en discos que constituyen auténticos clásicos del género. Situados en el ojo del huracán por lo extremo de su propuesto no pudieron sustraerse de polémicas sobre su posible orientación política y cambios de estilo. De todo ello nos habla Miguel en la entrevista que os presentamos a continuación.

¿Piensas que Decibelios fue una banda pionera en la música oi! y de una forma de entender el ska de este país?
Bueno, no se si decir pionera, pero sí que fuimos los que de alguna manera dimos a conocer tanto la música oi! como el ska. En el 82 no había muchas bandas haciendo ska; recuerdo que en alguno de nuestros primeros conciertos por Madrid, cuando tocábamos el tema “Oi! Oi! Oi!”, mucha gente no sabía de que iba y nos preguntaban qué era eso del oi!

¿Qué recuerdas del ambiente, de la escena musical de Barcelona cuando empezasteis?
Lo que recuerdo es que había muchas bandas con muchas ganas de hacer cosas, pero muy pocos medios, apenas salas donde tocar y nadie te hacía mucho caso, veáse radios, revistas especializadas, prensa y no hablemos de las televisiones. Se tuvo que empezar de cero, a base de mucha voluntad y mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Ahí empezaron a salir las radios libres, los fanzines, locales pequeños que programaban actuaciones, pero sin cobrar. Normalmente el caché de los grupos era barra libre y nada más, tenías que poner la furgoneta, desplazarte y después del concierto, recogerlo todo, cargar y para el local a descargar. Era la tónica habitual.

¿Fue con DRO que entablasteis contacto con la escena o los grupos de Madrid? ¿Qué impresión os causó lo que se hacía en Madrid cuando ibais de visita? ¿Con qué grupos de punk de la capital tocasteis o tuvisteis relación? ¿Había diferencias con Barcelona?
Nosotros hicimos algún bolo por Madrid y veíamos que los grupos estaban mejor organizados. Era frecuente que hubiera conciertos en cualquier Instituto o colegio con grupos como Alaska, Gabinete, Loquillo, Parálisis Permanente y aquí no era posible organizar este tipo de actos por falta de apoyo. Allí conocimos a un montón de bandas ya que cuando había concierto en el Rockola se podía ver la flor y nata de La Movida Madrileña, era como otro mundo. Recuerdo estar en un bar al lado de Rockola y coincidir con Antonio Flores, Eduardo Benavente o los Siniestro Total que también andaban mucho por Madrid. Si querías conseguir algo, tenia que ser vía Madrid. Por lo tanto las diferencias eran notorias.

Cuéntanos igualmente de vuestra relación e impresiones por lo que se hacía en el País Vasco por entonces. ¿Qué bandas os sorprendieron o gustaban más de lo que había por allí? ¿Notaste la politización del punk vasco de la que se ha hablado tanto?
Nosotros realizamos bastantes conciertos por el País Vasco y también nos sorprendió su propia autogestión. Casi cada fin de semana había algún concierto que solían organizar el algún frontón o en alguna sala. Lo de la politización no era muy notable en aquella época, creo que también los grupos se buscaban la vida como podían, allí coincidimos con gente como Eskorbuto, La Polla Records, RIP, MCD, Vulpess o Kortatu y teníamos muy buena relación con todos ellos. Pienso que comos todos los grupos de cualquier punto de España, perseguían lo mismo, tocar en directo y poder editar tus canciones en algún sello independiente que en aquella época tenía más valor que fichar por cualquier multinacional.

¿En qué momento notáis que Decibelios se está convirtiendo en una banda importante?
No sé si Decibelios llegó a convertirse en una banda importante, al menos en aquella época, porque desde dentro del grupo, vivíamos el día a día normal, seguíamos con nuestros trabajos y ensayábamos cada día. Sí que es cierto que a partir de la edición del segundo disco “Oi!” (DRO, 1985) y posteriormente el “Vacaciones en el Prat” (DRO, 1986) cogimos más nombre, teníamos más conciertos, aparecíamos más en televisión, pero el grupo seguía siendo el mismo que cuando empezó, cuatro tíos unidos por la música y por una gran amistad. Con el paso de los años quizás Decibelios ha llegado a formar parte de la historia musical de este país y muchos grupos jóvenes tienen a Decibelios como una referencia y eso es un orgullo para nosotros.

Me imagino que resulta inevitable mencionar a Decibelios y no pensar en toda la polémica en la que se vio envuelta la banda respecto a sus posibles tendencias políticas ¿Piensas que se os maltrató injustificadamente en su momento?
Quizás sí, pero sobre todo fue debido a la desinformación y manipulación que hubo por parte de mucha gente. Tampoco nos preocupaba mucho por aquel entonces, pues teníamos muy claro lo que éramos y cuales eran nuestros objetivos, pero no siempre lo controlas todo y hubo muchas cosas que se nos fueron de las manos. Con los años se ha llegado a decir muchas cosas, pero en su gran mayoría son falsas, pues nadie ha sacado información directa del grupo, sino que hablan de lo que han oído, o de lo que les han contado, vamos como el cuento de la portera.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando echas la vista atrás pensando en toda aquella época? ¿Nostalgia, algún tipo de ganas de cambiar algo de lo que hicierais?
Cuando miro atrás lo que veo son diez años compartidos con otras tres personas que fueron una parte importante de mi vida. No siento nostalgia, porque el tiempo pasa y en esta vida vas cubriendo etapas y Decibelios fue una etapa en mi vida. En cuanto a lo de cambiar algo, pues no sé, quizás, beberme más cervezas de las que me bebí.

¿El peor momento del que te acuerdes durante la trayectoria de la banda?
Quizás el palo del “Vacaciones en el Prat». Fue un disco que hicimos con mucho esfuerzo y mucha ilusión; tener que destruir cinco mil copias fue bastante duro. Pero como se suele decir, nos caemos para aprender a levantarnos.

¿Resultó tan decepcionante todo lo que ocurrió en el concierto en el que grabasteis «Vivo’s 88»?
Con el tiempo sí, en su momento no, porque no fuimos conscientes de lo que pasó en la sala. Lo he dicho ya un millón de veces, desde el escenario no ves si unos tíos están con el brazo en alto o el portero se está tirando a la guardarropa. Como el “Vacaciones” el “Vivo’s” (DRO, 1988) fue un disco que hicimos con mucha ilusión, hacia tiempo que no tocábamos en Barcelona y nos apetecía hacer un buen concierto delante de nuestra gente y grabarlo en directo. Fue una gran inversión por parte de DRO a los que también les apetecía mucho y mucho trabajo por la nuestra. De hecho, creo que el disco quedó muy bien, pero ciertos medios de comunicación magnificaron en demasía lo que ocurrió y eso no ayudó mucho.

¿Fuisteis conscientes en algún momento de toda la repercusión que llegaríais luego a tener?
La verdad es que no, porque cuando empiezas una historia como es montar una banda de rock, siempre tienes ilusión en que funcione, pero todos éramos conscientes de lo difícil que era en aquella época y más con el estilo putrefacto, punk, oi!, ska que nosotros hacíamos, así que nunca imaginas que treinta años después, tengas tantos seguidores como tiene Decibelios. Como he dicho, es un orgullo.

¿Cómo fue la relación de la banda con sus seguidores? Tengo entendido que había quienes os pedían una respuesta más enérgica contra el sector más politizado del público o quienes no aceptaban de buen grado cambios de estilo con respecto a vuestros primeros trabajos. ¿Cómo se conjuga el hacer lo que realmente os apetece y soportar la presión de vuestros seguidores?
Siempre tuvimos seguidores fieles y los que estaban cerca de nosotros nos conocían muy bien. En cuanto a las presiones, para nosotros no existían, sólo los medios de comunicación presionaban sobre el tema tras el concierto del “Vivo’s”, pero como siempre Decibelios seguía el camino que creía más conveniente al margen de los rumores.

¿Queda algo por decir que no hubierais dicho entonces? En vuestra música, en las respuestas a las críticas…
Jamás nos cortamos un pelo al momento de poner las cosas claras, de hecho creo que éramos el único grupo que decía las cosas tal como eran sin ningún tapujo. ¿Algo pendiente? No creo que nos quedara nada, hicimos y dijimos lo que había que decir, pero te vuelvo a repetir: la manipulación periodística es una lacra. Me recuerda mucho al periodismo deportivo, lo mismo te encumbran como te hunden en la miseria, se llama el poder de la pluma.

Siento curiosidad por saber cómo empezáis a trabajar con Rosendo y cómo resultó la experiencia.
Nuestra relación con Rosendo fue increíble, él vino a Barcelona para escuchar los temas que íbamos a grabar y enseguida surgió una buena amistad, estuvimos casi un mes en Madrid grabando y Rosendo parecía nuestra niñera, se preocupaba de que todo estuviera a punto, nos venia a buscar al hotel con su coche, nos traía cerveza al estudio de grabación, como te digo increíble, aparte de que es un profesional como la copa de un pino.

Tengo especial predilección por alguno de los temas de vuestro repertorio: «Matar o morir», «Ningún nombre de mujer»… ¿hay alguna canción de la que te sientas especialmente contento? ¿Algún disco en especial?
Los discos, suelen decir los músicos que son como hijos y que es muy difícil decantarte por uno u otro. A mi me pasa algo parecido, me gustan todos los discos, pues todos ellos fueron compuestos con la misma pasión y entrega, aunque si tuviera que elegir uno, quizás me quedaría con el “Oi!”. Creo que es el disco que mejor define la rabia de Decibelios, en cuanto a composiciones, letras, diseño, etc.

¿Qué ha sido lo más gratificante a nivel personal de tu pertenencia a una banda como Decibelios?
Sin duda la gran amistad que se forjó entre los cuatro. Diez años son muchos, sobre todo si los vives intensamente como los vivimos nosotros. Creo que conocer a Fray y Manel, aparte de que Manolo es mi hermano, fue lo más gratificante que te queda con los años.

¿Cuáles son a tu juicio las razones para haberos convertido en una banda de referencia del género?
Pueden haber varias, pero creo que la mas importante fue que la gente vio en nosotros a una banda diferente, auténtica y que hablaba de problemas reales, problemas que de hecho siguen vigentes, esa forma directa de denunciar las injusticias, unido a la música y los shows que montábamos en directo nos hizo un grupo diferente.

¿Sientes después de todo el tiempo que ha pasado el reconocimiento al grupo?
Han pasado más de veinte años desde la disolución de Decibelios y mucha gente sigue escribiéndonos y escuchando nuestra música, otros grupos que empiezan hacen versiones nuestras… No necesitamos ningún reconocimiento para satisfacer ningún ego personal, el reconocimiento está ahí y es un orgullo ver que la gente no te olvida.

En breve celebráis aniversario del nacimiento de la banda, ¿qué estáis planeando para la ocasión? ¿Qué habéis hecho en aniversarios anteriores?
Bueno cuando estábamos en activo montábamos auténticas bacanales, con fiesta, cerveza y algún directo. Ahora se cumple el 32 aniversario del grupo y en principio hemos quedado los cuatro para reencontrarnos y repasar todos estos años que no nos hemos visto, al menos no como nos veíamos antes y celebrarlo a nivel privado. Lo que venga después ya se verá.

Me imagino que uno no se embarca en una banda como Decibelios simplemente por cuestiones musicales. ¿Sentíais ganas de cambiar o criticar aquello que no os gustaba de entonces? ¿Cuál es el balance de ese posible enfrentamiento con lo que criticabais? ¿Te llevas alguna cicatriz de todo aquello?
Todas las batallas dejan cicatrices. Cuando nació Decibelios, teníamos muy claro que iba a ser diferente; no sé, es una cosa que sientes enseguida. Indudablemente queríamos cambiar cosas, denunciar injusticias, apoyar causas perdidas, pero el sistema es indestructible y por más que luches es difícil lograr algo positivo. Pero nos queda la satisfacción de que al menos durante diez años fuimos un grano en el culo del sistema.