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«LA EVOLUCIÓN SECRETA»

SILVIA RESORTE 

TEGE (2018)

 

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Superviviente de aquellos peligrosos y anfetamínicos años 80, Silvia Escario, esto es, Silvia Resorte, constituye, probablemente muy a su pesar, algo parecido a todo un icono de esa época. Tiene mucho de símbolo de una manera de entender la vida, o más bien de enfrentarse a ella a lo que tiene de gris, rutinaria y opresiva. En aquellos años la cantante fue la del pezón a través de una redecilla, o a la que alguien del público del Rockola quiso dejar sin camiseta sobre el escenario, la que quiso marcar la diferencia entre las muñequeras de pinchos que llevaba ella en Barcelona y las que utilizaba Alaska en Madrid.

Ahora que quizás estemos viviendo los momentos de lucha más decidida y convencida por parte de las generaciones más jóvenes por abolir de una vez por todas cualquier distinción discriminatoria por cuestiones de género, su figura junto a la de Ana Curra, las componentes de Vulpess o las de Chute de Esperma cobran una especial relevancia. En una escena en la que siguen existiendo reflujos y maneras impropias de un género que se debiera distinguir por su carácter contracultural y vanguardista, la pelea y provocación que sostuvieron todas ellas en condiciones especialmente adversas las coloca probablemente como verdaderas pioneras.

Si antes fue al frente de Último Resorte y más tarde con Berlín 80, desde hace un tiempo Silvia combate desde las filas de Algo Tóxico y Días de OdioAñade este contenido. Silvia Resorte sigue marcando con su cabellera luminosa el camino a la utopía, sigue indignándose ante las miradas de repulsa o de burla que adivina en los transeúntes de a pie con los que se cruza. Es la misma que acumula bloqueos de su cuenta de Facebook cada vez que los guardianes de la moral del gigante de la redes sociales considera que el material fotográfico de sus porno fiestas punk no es apropiado. Silvia sigue manteniéndose, a pesar del paso de los años, terrible, radical, excesiva, categórica. En realidad sigue siendo consecuente con los parámetros de conducta que garantizan el desarrollo de la libertad personal sin cortapisas de inercia sociales.

Por todo ello, si en Londres tuvieron a Johnny Rotten o Siouxie y en Berlín a Nina Hagen ¿por qué no se ha de reivindicar con igual determinación que en Barcelona tuvieron a Silvia?

Con este pequeño librito de relatos ella no hace sino abrir un frente más en una nueva dirección de su lucha, la de la escritura. El contenido de estos cuentos parece extraído del mundo de las pesadillas. Dice la introducción de su editorial que el texto narra sobre la salvación y la destrucción de la Humanidad. Quizá sea así, quizá sea ése el objetivo final que persigue, pero en cualquier caso, el formato escogido es sin duda el de un mal sueño, uno de aquellos antibióticos sueños de los que hablaba La Polla Records, esos momentos de pseudo realidad que da el éter hospitalario o los narcóticos medicinales.

Vomitona argumental en la que aparecen, entremezclados y arrastrados por el flujo de la narración ingredientes de lo más variopinto: movimientos de extrema derecha que consiguen instalarse en el poder, el odioso presidente de Estados Unidos, repúblicas catalanas independientes, incluso Fermín Muguruza el cantante y líder de Kortatu. Pero probablemente sea todo lo que subyace de fondo, las manías personales persecutorias, las paranoias opresoras, los laberintos cíclicos casi imposibles de romper o la personal visión de la lucha feminista lo que más interesante hacen este libro. Son todas ellas en realidad coordenadas válidas para entender a Silvia o al menos para poder interpretar las señales que emite al exterior. Resulta especialmente conmovedor ese último momento del drogadicto que con la jeringuilla clavada en el brazo yace agonizante tirado en un callejón que apesta a orines y emplea sus últimas fuerzas en llamar con un grito desgarrador a su madre.

Silvia concitaba tanto adhesiones incondicionales como repulsas decididas. Su personaje no admitía ni las medias tintas ni las valoraciones intermedias y eso evidentemente no ha cambiado con el paso del tiempo.