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Así de bonita quedó mi cinta

2012 parece ser un año de reconocimientos infinitos para la siempre genuina figura de Daniel Johnston. Descorcharon la botella los chicos de Ondas del Espacio editando desde Granada un cassette pinta-y-colorea (del cual no quedarán muchos ejemplares, si es que aún quedan) en el que un montón de grupos españoles y latinoamericanos versionaban distintas canciones del artista californiano. El lanzamiento, cuya gestación se remontaba a un par de años atrás, no podía llegar en mejor momento: el 51 cumpleaños de Daniel y el 50 aniversario del primer modelo de cinta compacta editado por Philips.

Así, inspirados por el proyecto internacional «Discovered Covered – The Great Late Daniel Johnston» que contó con el apoyo de grupos como Eels o Teenage Fanclub, una importante representación de nuestra escena independiente, desde Odio París (que no se pierden una versión, y mejor que no lo hagan porque son fantásticas) a La Estrella de David, hacen lo propio configurando un artefacto con disparidad de aciertos pero sobresaliente en intenciones.

Alguno de estos grupos, caso de Los Punsetes o los argentinos Valentín y los Volcanes ya contaban con estas versiones de Daniel grabadas con anterioridad. Lamentablemente, los precursores de esta idea no pudieron hacerse con una muestra en condiciones del «Speeding motorcycle» que Penelope Trip representaba en la cinta de un concierto que su amigo Paco de Subterránea Comics – Discos conserva. Hubiera sido un puntazo.

Ya al mes siguiente, y con la rumorología hirviendo con la posibilidad de la visita de Daniel Johnston a la capital, pudimos ver -comprar, todavía no- una pequeña muestra de su obra pictórica en ARCO. Un aperitivo para lo que nos podremos encontrar desde el 20 de este mes en La Casa Encendida, dentro de la exposición «Visiones Simbólicas – Una Mirada al Universo de Daniel Johnston» capitaneada por Íñigo Munster y Estela Aparisi a partir de la colección privada del ex manager de Daniel Jeff Tartakov, quien parece conservar más obras de Daniel que el propio Daniel.

Pero antes de que ello suceda, en concreto hoy mismo, el gran día. El día en el que por fin Daniel Johnston dará un concierto en Madrid. A mí todo esto me recuerda a la escena que Jardiel Poncela evoca en la «La Tourneé de Dios» (1932) del pueblo de Madrid completamente extasiado ante la inminente visita divina, no tanto por el aforo del recinto sino por la premura con que se agotaron las entradas a la venta; algo así como media hora. Y yo, que sin ser ningún fanático tuve la fortuna de ver a Daniel en Londres en el 2009, me debato ante una duda existencial: ¿Debería ir poniendo en riesgo el espectáculo singular e hipnótico que de él conservo en mi retina? Esperemos que todo esto no termine como en la citada novela.