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“AVIADOR DRO. ANARQUÍA CIENTÍFICA. LA FASCINANTE REVOLUCIÓN TECNO DEL AVIADOR DRO” (LA FELGUERA, 2019)

ED. DE PATRICIA GODES

 

AnarquiaCientificaSe cumplen ahora unos 40 años desde el primer vuelo del Aviador Dro y sus Obreros Especializados, cuando despegaron de aquel viejo hangar en el que aprendieron a pilotar. Nos invitaron entonces a ir con ellos en un viaje por otros mundos y universos habitados por cyborgs, robots y postmutantes como formas evolucionadas más allá del hombre. Pioneros de lo que ellos mismos denominaron tecnopop, su propuesta provocadora bebía de las corrientes futuristas y dadaistas, con una impactantes ganas de sorprender desde la misma puesta en escena. Adoptaron las maneras de Devo o The Residents y proclamaron la necesidad de una revolución basada en la anarquía y la ciencia que pusiera patas arriba todo el orden establecido para volver a reconstruirlo todo a partir de la industria y la tecnología.

Su proyecto transcendía los estrictos límites de la música, acompañando sus comunicados políticos con la acción directa sobre la industria del disco fundando una compañía, Discos Radiactivos Organizados (DRO), sin la que sería totalmente imposible concebir la escena musical nacional desde los 80. Su apuesta independiente, apoyada por la radio, incluso desde emisoras inesperadas que les favorecieron como excusa ante las grandes multinacionales, creció y terminó implosionando de éxito. Obligados a separarse del sello que ellos mismos fundaron, Biovac N (Servando Carballar) y Arco Iris (Marta Cervera), intentaron repetir infructuosamente la operación con La Fábrica Magnética, que terminaría quebrando tras un contencioso con Los Deltonos. Aguantando todos esos reveses y superando etapas de silencio, el grupo seguiría hasta nuestros días, que ocupan con giras por todo el país.

Desde La Felguera han querido celebrar el aniversario de la banda con la edición de esta Anarquía Científica, un dossier poliédrico de cuya gestión se ha encargado la periodista Patricia Godes. Elaborado como suele gustar en la editorial, la obra da voz a muchísimos personajes, protagonistas directos algunos de las diferentes etapas que atravesó la trayectoria del grupo, periodistas, seguidores, aficionados y allegados. El resultado es un auténtico compendio en el que difícilmente habrá quien no encuentre datos de interés o apartados que se devoran a gran velocidad. En formato grueso (como otros muchos títulos de la editorial) de tapas duras, el libro está acompañado de abundante material fotográfico e información producida por el propio grupo, como comunicados y panfletos de los que solían utilizar en sus actuaciones, con los que contentar la componente coleccionista y fetichista del lector.

Personalmente he de reconocer que las partes que más he disfrutado son aquellas de narración pura y dura informando detalladamente sobre momentos concretos en la cronología del grupo, probablemente movido por la voracidad casi arqueológico-biográfica que tanto nos gusta aquí en La Fonoteca. Un ejemplo claro es el capítulo escrito por Elena Cabrera acerca de los comienzos; otro es el tratamiento que ha hecho Sol Alonso de uno de los puntos de inflexión más dramáticos de toda la historia, el ya mencionado divorcio forzado en la gestión de DRO, dando la palabra a las dos partes directamente enfrentadas en aquel entonces.

Resultan igualmente jugosas las aportaciones de los propios Biovac N y Arco Iris, apostando el primero por un enfoque personal y subjetivo en el que abundan los sentimientos que arrastra hacia fuera un ejercicio de revisión y nostalgia como éste o por el relato fresco y distendido de algunas anécdotas en el caso de Marta. No son los únicos componentes que hablan, ya que hay quien se ha extendido más allá del simple cuestionario al que se enfrenta todo aquel que haya sido obrero especializado. Es de sospechar, por el tono y brevedad en las respuestas del mismo que habrá quien sencillamente no haya querido colaborar con más.

La conexión con la ciencia la pone (como cabía esperar) CTA 102 (Alejandro Sacristán) que no escatima esfuerzos a la hora de hacer un recorrido por las canciones del grupo que se adelantaban a su tiempo. Algo así como el punto visionario del Julio Verne que era capaz de vislumbrar los viajes en submarino, en nave espacial o hacia las profundidades de la Tierra mucho antes de que hubiera siquiera indicios fehacientes de la capacidad tecnológica para abordalos.

El precio a pagar ante semejante disparidad de maneras de abordar el acercamiento a la banda, significando cuestiones bien diferentes entre sí, haciendo hueco a tantas voces dispares es la imposibilidad de hacer un recorrido por  la trayectoria completa del Aviador Dro. Conviene advertir de antemano al lector de los huecos y lagunas de varias etapas del grupo, porque esta Anarquía Cientifica no es un recorrido biográfico que siga un disciplinado orden cronológico informando, por ejemplo, de la elaboración de su extensa discografía. A pesar de ello algunas piezas del gran puzzle global elegidas al azar, por ejemplo las giras por Alemania o Latinoamérica o el contenido del disco «La Voz de la Ciencia» (PIAS, 2012), quedan perfectamente descritas.

La relación existente entre la banda y el mundo del tebeo hace evidente la necesidad del aporte del cómic al libro. Es lo que probablemente explique la invitación formulada a un nutrido número de dibujantes para que contribuyeran con sus historietas. Si bien algunos de los contenidos de esta gran ópera coral se podían ya consultar en algunas de las páginas webs que se han elaborado con el paso de los años acerca de todo lo relacionado con El Aviador Dro, la visión antropológica y social de las influencias en vestimentas, puesta en escena y musicales de Victoria Hurtado asegura una componente académica de lujo que habla de lo especial del esfuerzo hecho desde La Felguera para conmemorar como se merece a un grupo imprescindible. Texto con mil y un recovecos diferentes en los que meter la cabeza y hurgar que hará las delicias de sus seguidores.

El Madrid Popfest, una cita ya habitual en la capital, llega a su fin tras cinco ediciones. Lo que surgió como el sueño de unos amantes de la música, echa el telón, pero ni mucho menos por los malos resultados cosechados o por falta de ilusión, sino como fin de ciclo en la cumbre, un poco al estilo de Sarah Records y la mitomanía y malditismo que tanto atrae a todo apasionado por la música indie pop que se precie.

Entre sus filas, muchas caras conocidas, Óscar, de Discos de Kirlian, Ignacio, de Discos Garibaldi, Marco, de Alborotador Gomasio, Dani, de Aplasta Tus Gafas de Pasta y Puzzles y Dragones, Cris, de Sundae, Jorge y Eva, habituales asistentes de conciertos cámara en ristre… otros miembros cuyas caras también nos suenan a fuerza de verlos edición tras edición, y siempre en el puesto de merchandising los miembros oficiosos María y Hoffa de Calabaza Discos y Celica XX. Y es que el Madrid Popfest no dejaba de ser eso: un punto de reunión de amigos, una cita anual que homenajeaba al indie pop, el DIY y el amateurismo.

Un encuentro que nos ha dejado multitud de buenos detalles, de confraternización, en estos cinco años, y cuya última edición pensamos disfrutar a lo grande, tanto desde nuestro puesto de venta como a pie de escenario. Encima, para colmo, este año pincha nuestro compañero de LaFonoteca BCN… Desde aquí, un agradecimiento a estos abnegados melómanos, a los cuales entrevistamos.

Madrid Popfest
Organización inicial del Madrid Popfest

Entonces se acaba el Popfest en Madrid, ¿por qué?
Sentimos que hemos acabado un ciclo tras estos cinco años. Iniciamos esto con el objetivo de tener un festival en Madrid con esos grupos que era prácticamente imposible ver porque no entraban en los grandes festivales o nadie se arriesgaba a traerlos, que incluyera grupos de aquí que nos emocionan. Y eso llevarlo adelante sin patrocinadores, en una sala con buen sonido, dimensiones medianas, sin ánimo de lucro y partiendo de cero. Tras estos cinco años pensamos que hemos conseguido el festival que soñamos en aquel principio, y sencillamente preferimos dejarlo aquí y en este momento, en el que por parte de la organización aportamos lo mejor de cada uno. Quizá es mejor parar, con la ilusión y las ganas en todo lo alto.

¿Cuál es el balance de estos cinco años?
Cuando empezamos años atrás a través de ideas sueltas en el foro People Like Us, que aportábamos gente que no nos conocíamos de nada, difícilmente pensamos que el Popfest tendría cinco ediciones. Nos ha hecho mucha ilusión ver cómo el festival se convertía en el punto de encuentro musical anual de amigos que no se ven a lo largo del año, las ganas de muchos grupos que nos han enviado sus propuestas queriendo participar, cómo grupos dicen «SÍ, queremos estar ahí», sin importarles el que no podamos llegar al caché al que están acostumbrados con otro tipo de promotores o festivales… Y todo esto aprendiendo mientras íbamos andando el camino, porque desde fuera tienes una idea de cómo puede hacerse, pero hasta que no estás dentro no te das con la realidad. Y claro, también ha habido de eso, ver cómo no se termina de entender el que no tengamos patrocinadores, el que no podamos tener cachés normales, el que no haya acreditaciones, el nombre Popfest… Increíble la sensación de comprobar que si se quiere, se puede, no hacer un festival sino mantenerlo. Y habernos podido dar a conocer y que gente de la ciudad, de otra ciudades, otros países e incluso continentes hayan querido estar. Y haber podido traer grupos que actuaban por primera vez en España, grupos nacionales que nos emocionan, reuniones tras muchos años sin tocar…. Un sueño.

Sabemos que en la organización ha ido entrando y saliendo gente, y que sois un grupo nutrido… ¿Pero qué momentos destacaríais?
Desde el principio hemos sido un grupo numeroso y cada festival implica muchos meses de curro de organización y tareas e infinidad de emails por detrás. Algunas veces miembros de la organización lo han dejado por no poder dedicarle el tiempo suficiente, o porque sencillamente han decidido que era mejor parar por un motivo u otro, quizá algo que todos y todas los que estamos hemos pensado en algún momento. No destacaríamos ningún momento especialmente, quizá los primeros años en que en la organización estábamos cerca de quince personas decidiendo todo a través de debate y votaciones y miles de emails. Actualmente estamos diez. Todas las personas que han estado han aportado un punto de vista diferente y necesario.

¿Habéis tenido algún sinsabor?
Quizá cuando te encuentras a alguien que juzga el festival sin conocerlo y sin conocernos, pero hace ilusión cuando al indagar un poco más o participar en él, la opinión de ese alguien cambia completamente y así nos lo han hecho llegar. También nos da pena no haber podido tener en el cartel a grupos que nos gustan y que nos han mostrado su interés en participar en alguna o varias ediciones, debido al hecho de querer tener todas las propuestas representadas o al número limitado de huecos en cada edición.

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Fanzines Madrid Popfest

¿Cómo encajaríais que otra gente tomara el relevo de la «marca» Popfest en Madrid?
El Popfest no nos pertenece a las personas que estamos ahora en la organización, por supuesto. En nuestros comienzos decidimos hacer aquí lo que ya se estaba haciendo en otros lugares del mundo siguiendo sus principios de total independencia y DIY; y tras estos cinco años los que estamos hemos decidido no hacer más Madrid Popfests en el futuro y dejarlo aquí. Cualquiera que se sienta con ganas e ilusión puede retomarlo con su idea de Madrid Popfest, pero nos gustaría que se respetaran las ideas fundamentales de autonomía, independencia, altruismo y falta de ánimo de lucro que caracterizan a los Popfests. Por supuesto que sería el Madrid Popfest, pero no el conocido hasta ahora. Ni mejor ni peor, sino un Madrid Popfest nuevo y diferente y de acuerdo a las preferencias de las personas que estuvieran detrás.

¿Qué os parece el surgimiento de otros Popfest en Zaragoza y Santiago (de Chile) inspirados en vosotros?
Hace mucha ilusión, porque surgen en base a vivir el nuestro de cerca y de sentir la cercanía entre organizadores, público, grupos, y han decidido querer reproducirlo en otros lugares ya no sólo siguiendo el modelo general Popfest, que también, sino teniendo el nuestro como referente. Realmente muy ilusionante y desearles a todos lo mejor para el futuro.

¿Cómo veis la oferta de conciertos en Madrid? ¿No pensáis que llenabais un hueco necesario?
Es muy destacable y positivo que prácticamente cada día o fin de semana haya múltiples propuestas, que grupos que emergen toquen una y otra vez, y que haya colectivos varios como vosotros, Madrid Radical, Autoplacer, La Resistencia DC, etc que lo hagan posible a pesar de los cada ver mayores impedimentos y dificultades como escasez de salas, IVA cultural, restricción de horarios… Nosotros hemos intentado ser uno más, intentando aglutinar a los grupos que nos emocionan de aquí o de fuera durante tres días; quizá no hay otra propuesta de festival en Madrid con grupos nacionales e internacionales de pequeño formato como el nuestro, eso es verdad. Queda también hueco para propuestas de conciertos internacionales pequeños, hueco que antes llenaba Pacific Street.

A lo largo de estos años el abanico estilístico del Popfest ha ido dando cabida a otras propuestas que, por sonido, inicialmente no cuadraban, sobre todo en el apartado nacional. ¿A qué ha sido debido?
Creemos que es coincidencia, los grupos se eligen tras votación entre quienes estamos en la organización, y quizá grupos que han estado en los últimos años nos hubiera gustado que estuvieran en ediciones previas pero no fue posible. O también ocurre que no tenemos huecos suficientes para todos los que nos gustan y no pueden estar en una edición pero se intenta en la siguiente. O que se dan situaciones especiales que hacen que un grupo que consideramos imposible pueda estar en una edición determinada en el festival. En cada edición hemos intentado que todos los estilos estuvieran representados, esperamos haberlo conseguido.

¿Algún sueño irrealizable en esta andadura?
Respecto a la idea conjunta de festival, lo que hemos conseguido ha sido un sueño que hemos visto convertirse en realidad. No hemos conseguido tener algún grupo que por motivos de fechas en ocasiones o por no poder alcanzar sus condiciones ha sido imposible, muchas veces eran quimeras pero no hemos querido dejar de intentarlo. En los casos en que veíamos que había puerta abierta para años siguientes lo hemos vuelto a intentar. Seguramente ese grupo, nacional o internacional que alguna vez habéis pensado, «jo, ya podían traer a este grupo al Popfest», sea uno de ellos.

Por último, ¿qué os movía a hacer esto y cómo afrontáis esta última edición?
Nos movían y nos mueven las ganas e ilusión desde el minuto uno. Esta edición es muy especial porque es la última y los sentimientos estarán a flor de piel, porque tendremos grupos en el cartel que nos emocionan, incluyendo grupos con enormes ganas de tocar aquí venidos de otros continentes, por todas las amigas y todos los amigos que estarán esta última vez… Desde aquí y hasta que quitemos la banderola del Popfest del escenario de Clamores tras la pinchada del sábado, seguiremos esforzándonos con la misma ilusión para que todo salga lo mejor posible, como intentamos hacer en cada edición y que la gente que compra su abono sea lo más feliz posible de nuevo en estos tres días de música. Queremos aprovechar esta entrevista para dar las gracias una vez más al público del festival por estar ahí apoyando año tras año y en las fiestas preliminares, a los colectivos que nos hacéis un hueco en vuestras plataformas o habéis compartido algo del Madrid Popfest en algún momento, a los grupos y DJ’s participantes de las fiestas de presentación y de estas cinco ediciones, a los grupos que han aportado lo mejor de ellos mismos para que cada año tuviéramos la mejor sintonía, y a todas y todos los que en algún momento habéis sentido el festival como vuestro también: GRACIAS.

Madrid Popfest

Parálisis Permanente - Adictos a la lujuria
El incombustible Marcos Gendre ha vuelto recientemente a la carga con otro capítulo de la historia musical de nuestro país, esta vez, la correspondiente al mítico grupo Parálisis Permanente a través de Quarentena Ediciones; un libro que viene a plasmar toda la leyenda que envuelve a la formación y en concreto a su líder indiscutible, Eduardo Benavente; pero que también efectúa un importante repaso a los prolegómenos y a lo que aconteció tras aquel fatal accidente de tráfico que le hizo perder la vida con tan sólo veinte años. En este punto, bastante tabú, se otorga la palabra a quien posiblemente más sufrió con todo ello: Ana Isabel Fernández, Ana Curra, pareja sentimental y creativa, quien responde sin tapujos y sin eludir las cuestiones más polémicas. Aquellas referentes a las drogas, a la ausencia de royalties procedentes del grupo por no figurar como miembro oficial al tener en la época contrato exclusivo con Hispavox e incluso las motivaciones que le hicieron presentar hace ya dos años y con otros miembros, «El Acto» (DRO, 1982). Interesante en este punto conocer las impresiones de Rafa Balmaseda, bajista, y la naturalidad y sencillez con que se explica su ausencia en esta gira, suprimiendo cualquier tipo de suspicacia: viviendo en otra ciudad y con una vida organizada en torno a otras prioridades se hacía imposible su presencia, sin más.

Se plantea el libro como una recopilación exhaustiva de testimonios y pareceres, recortes y entrevistas de la época y del momento actual. Por ahí pasan desde Patricia Godes, asumiendo un papel protagonista al ser responsable de uno de los prólogos, hasta el recientemente fallecido Javier Benavente, hermano de Eduardo y presente en la formación inicial, Jesús Ordovás, cronista de excepción de la época, de quien se reproduce a modo de epílogo una interesantísima entrevista inédita a Ana y Eduardo que desempolvara para su libro «La Revolución Pop» (Calamar, 2003) tras la extinción de Alaska y los Pegamoides… Así hasta completar el recorrido completo de la banda, llegando hasta la actualidad.

Y esta es, fundamentalmente, la virtud del libro: erigirse como aglutinador de un universo un tanto disperso. Adolece, quizá por las mismas, de un poquito de ritmo, al tratar de hilvanarse tantísimas citas, episodio en el cual participamos humildemente mi compañero TGL y un servidor. De este se reproduce íntegramente la crónica del ensayo al que pudo de manera privilegiada asistir cuando Ana Curra y sus nuevos secuaces estaban preparando la consabida presentación de «El Acto». Se echa en falta la pluma del escritor que, cuando se lanza, demuestra tenerla bien afilada, y en ocasiones la lectura se hace un tanto tediosa por lo ya comentado y por una homogeneización ortotipográfica algo descuidada.

Se habla del antes: desde los inicios de Eduardo en Plástico, el ingreso de Ana y Eduardo en los Pegamoides, su alianza musical y vital, sus viajes a Londres, la deriva hacia la oscuridad y la gestación de dos proyectos paralelos: el propio Parálisis Permanente, junto a Nacho y Johnny Canut, y Seres Vacíos, creado inicialmente para dar salida a las canciones de Ana que no tenían gran aceptación en Pegamoides -recordar en este punto que la mítica «Quiero ser Santa» de Parálisis Permanente fue compuesta por Ana Curra y la propia Olvido-… En definitiva, todo el meollo de grupos y subgrupos, ajenos y propios, que pululaban en la misma órbita hasta el momento clave de 1982 en que ven la luz dos discos capitales del pop español, el «Grandes Éxitos» (Hispavox, 1982) de los Pegamoides y «El Acto», tras un single compartido ese mismo año con Gabinete Caligari (Jaime Urrutia incluso llegó a formar parte de la formación inicial de Parálisis).

Quizá lo más curioso para los que ya estábamos al tanto de estas asociaciones sea el acopio de testimonios desperdigados en diferentes medios a lo largo de los años, lo cual nos permite conocer un poco más de las diferentes personalidades entrevistadas, además de un ingente cuadernillo con fotos y memorabilia cedidos por el entorno y allegados. Uno encuentra especialmente interesante los relacionados con Servando Carballar y todo lo que rodea a DRO y, en general, al surgimiento de la nada de una industria musical independiente. Pero cada uno puede encontrar su porción de interés en este libro, sea fanático o sea profano. A mí, entre medias de ambos, me ha descubierto entre otras cosas esta actuación televisiva más bestia si cabe que el ínclito piloto de «La Edad de Oro» de Paloma Chamorro. Y en realidad, es por detalles como este que el libro ya vale la pena.

¿Cómo se formaron Alaska y los Pegamoides, Paraíso o Radio Futura? ¿Dónde ensayaban y cómo fueron sus primeras actuaciones? ¿Cómo respondieron la España y el público de la época a este despertar musical?

«Música Moderna», escrito por Fernando Márquez, El Zurdo y publicado por primera vez en 1981 por La Banda de Moebius, habla de la creación de grupos como Zombies, Kaka de Luxe, Radio Futura, Las Chinas, Tequila o Los Elegantes, así como del contexto en el que se desarrolló esta nueva ola desde el punto de vista de uno de sus protagonistas; lo que hace de este libro una instantánea del panorama musical de la España de principios de los 80 y un documento fundamental para entender la postura del undergroundnacional en la actualidad.

Tras caer en la cuenta de que el libro estaba hoy por hoy descatalogado y era objeto de coleccionistas, Libros Walden y LaFonoteca decidimos reeditarlo, no con la intención de recuperar o recordar tiempos pasados, sino con la motivación de demostrar el vínculo ineludible que une a la escena musical actual con la que describe Fernando Márquez en su libro como el comienzo de la «música moderna» en España.

Tal y como comenta José Manuel Costa en el prólogo a la reedición, «‘Música Moderna’ es la visión de un músico, de un protagonista principal y eso le sitúa en un nivel de conversación al que ningún crítico o radiofonista, por muy cercano que estuviera, podía acceder. Esa mirada del artista como cronista no existe en ninguna parte y menos describiendo una fase tan temprana en la evolución del sujeto: la Nueva Ola. El Zurdo describía desde el absoluto presente un breve pasado que tendría un futuro igualmente efímero».

La reedición de Música Moderna incluye nuevo material, como el ya citado nuevo prólogo a cargo del periodista cultural José Manuel Costa y un libreto interior de fotografías de dos grandes cronistas visuales de la época: Miguel Trillo y Javier Senovilla, que ceden varias de sus instantáneas, algunas inéditas, para reflejar en imágenes la efervescencia que describe Fernando Márquez en las páginas del libro.

 

 

 

 

La reedición se presentará al público en La Fábrica el 19 de diciembre, y con concierto de La Ruleta China al día siguiente en la sala Siroco.

Hace ahora casi una década de la edición de aquel recopilatorio «Electro Spain» (Subterfuge, 2004) que englobaba a veintiuna bandas de lo que vino a llamarse electro-pop o electroclash. Intento o no de institucionalizar una escena o un tipo de sonido, el disco ha sobrevivido al paso del tiempo como escaparate válido de todo aquello. Subterfuge se ofreció como catalizador del proyecto pero hubo más sellos que personaron a diferentes bandas a la cita: Austrohúngaro, Elefant, Click New Wave, Mad Düdo…

Oído después de tanto tiempo el CD conserva bastantes momentos interesantes. Es posible escuchar por ejemplo cómo la electrónica puede ser recubrimiento ideal de intimismo y dulzura (La Monja Enana) o campo de experimentación utilizando los instrumentos más insospechados (Superputa). Hay aciertos a la hora de integrar influencias de Aviador Dro (Ciëlo, Lo-Fi, Margaret Astro) o de la elegancia de Carlos Berlanga (Gore Gore BoysAñade este contenido, Lemonfly). Eso sí, también queda de manifiesto el riesgo de no encontrar la voz adecuada con la que combinar teclados y pregrabados o de que la vena «petarda» de McNamara no funcione en cualquier situación.

A pesar de la abundancia de aparente «desparpajo» exhibido en muchas de las canciones algo no termina de resultar en tanto canto al apetito sexual; algo hace que las ofertas de felaciones, estados de ansiedad continuo y desfallecimientos por no «mojar» en la escena indie (gays y tetonas como los mayores enemigos a batir) suenen poco creíbles. Todo demasiado pop, quizá.

El caso de Baby Horror merece un comentario. Provenientes de vertientes mucho más duras, el grupo vive precisamente en Subterfuge su versión más tecno; el punk pop de esta época, que lo acercaría por ejemplo al universo Fangoria no desentona con lo propuesto en el recopilatorio. Eso sí, para participar en el mismo deciden versionar la canción de Larsen «Lucha contra el tekno» de la manera más electrónica posible. ¿Caballo de Troya en el disco, rebeldía ante tanto teclado o esfuerzos por domesticar la fiereza del punk?

De todos los participantes del «Electro Spain», L-Kan y Chico y Chica fueron de los de mayor recorrido. El pasado viernes día 15 de noviembre se vivió una jornada con algo de aire nostálgico de aquella escena en el concierto que dieron los dos grupos en la sala Ocho y Medio de Madrid.

Los primeros, que abrieron el cartel de la noche, tuvieron bastante de responsables precisamente de dicho recopilatorio. Al menos, tal y como reza la información interior del CD, en la producción ejecutiva y dirección artística. En el Ocho y Medio juegan en casa y en ese escenario han hecho de anfitriones de multitud de grupos que visitan la capital. Las dos ocasiones más recientes quedaron emparejados por ejemplo con Aerolíneas Federales y Stereo Total (de los que se declararon fan en la letra de una de sus canciones).

Para la cita del viernes apostaron por sus mejores bazas. Belén, B Kan, su cantante, no entiende una actuación sin vaciarse físicamente, incluso aunque tuviera recomendación expresa de su neumóloga para que vigilara cualquier exceso que agravara el asma que venía sufriendo la semana previa. De nada sirvió la mirada vigilante de Luis, L Kan, ya que esprintó en vacío, deambuló por todo el escenario, fracasaba en su intento de mantener puestos los disfraces que puntualmente le iba pasando su compañero al microfóno Olav, O Kan, para cada canción… Pero todo ello va en la esencia del grupo, de su electro-tonti-pop, de su humor mongolo, y Belén, abanderada de todo ello, tan pronto se lanza sobre el público para que la lleven en volandas como rompe los tímpanos de Maru, M Kan, el bajista y teclista que llevaba los auriculares puestos para controlar monitores.

En el «lo tomas o lo dejas» que han propuesto desde siempre, aquellos que se convencieron con sus canciones, letras y actitud, lo siguen estando irreversible e incondicionalmente. Quien no lo esté tendrá que reconocer de todas maneras los grandes momentos de actuaciones como las del otro día. Tocan naturales, asumen los posibles deslices en escena de forma simpática como parte del show sin grandes dramatismos. Olav, por ejemplo, mucho más racional en la dosificación de sus esfuerzos, se ganaba ingeniosamente al respetable felicitándole por su manera de cantar acompañando al grupo, dudando de si las punzadas que sentía eran pálpitos en el corazón por su comunión con ellos, dolor en el bazo o simplemente que tenía gases.

Garantizaron el recorrido por lo más destacado de su repertorio, que pueden presumir de poder acompañar casi con un vídeo por canción. Incluyeron, claro, «Aburrida de estar tan salida«, el tema con el que participaron en el «Electro Spain», y presentaron su nueva canción «Me gustas más sin el wifi«, para la que tienen ya también videoclip. Gustaron mucho, especialmente cuando imprimieron los tiempos más acelerados, tanto que cuando le tocó el turno a «Todo lo que no«, una pequeña gema a lo Belle & Sebastian, me pareció notar al presentarla incluso cierto deje de disculpa por ralentizar puntualmente el ritmo.

El plato fuerte de la velada se lo habían reservado para Chico y Chica. El universo de sus canciones es el de la grandilocuencia en la toma de decisiones tan fundamentales como la de adquirir un estilo propio, o la de la creación de lazos personales. Con la presencia de Alicia en escena, en la que se desenvuelve desde antes de ninguna aventura musical (como Olav y Belén de L-Kan) hierática, tajante, diva, o parafraseando un momento de su actuación: en actitud fenicia. Tiene algo de diálogo teatral el que mantienen uno y otro, de cabaret, de declamación. Fingió ella estar haciendo una entrevista a un grupo que representaba José Luis, hablaba de «su editorial», en definitiva, actuaban.

Sólido arrope el de la electrónica que brinda él. En los momentos en los que confía todo al piloto automático de lo grabado, se hace con un micro y encara a Alicia. Ya como interlocutores, amigos, confidentes, se confiesan qué le conviene al otro o hablan de las excelencias de la bomba latina, o de las exclusividades de comprar donde traen todo de fuera (con su «Lady Olé» que era precisamente el tema que incluían en «Electro Spain»). Arrebatadores a la hora de imponer sello personal de glamour… Convincentes.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.