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Portada de Antonio Zapico
Portada de Antonio Zapico

Conocimos a Raquel Peláez hace ya tiempo por su fantástico blog del Milodón e incluso llegó a hacer alguna colaboración con nosotros más ligada a la música española. Es justo comenzar con esto para poner de manifiesto que al enfrentarnos a su libro ya sabíamos por dónde iban a ir los tiros, lo cual, obviamente, nos encantaba. Se han escrito muchas líneas sobre Madrid, recientemente y sin cesar sobre lo supuestamente hipster y lo que no, la enésima disertación sobre La Movida, las mil y una listas de los mejores -ponga un sustantivo aleatorio- de la ciudad… Pero se echaba en falta, o al menos yo lo echaba, un retrato generacional con los ingredientes que en este «¡Quemad Madrid! (O Llevadme a la López Ibor» (Libros del KO, 2014) se reúnen: diversión no exenta de crítica social, mordacidad, psicología y desnudez personal.

Al igual que Carmen (de) Posadas hacía ese repaso a la fauna y flora de la tardomovida en “Yuppies, Jet Set, La Movida y Otras Especies” (El Papagayo, 1987) desde un punto de vista más socioeconómico (aunque de manera muchísimo más superficial y no por deliberadamente snob, con más gracia), Raquel Peláez se atreve a erigirse como retratista de una generación, la de los nacidos entre mediados de los 70 y principios de los 80 (año arriba, año abajo) algo perdida y falta de tótems. Y esto es importante, aunque no crucial, porque si bien el lector de edad no comprendida en este rango pueda quedarse fuera de ciertas cuestiones -no sentirse uno de nosotros al leerlo-, sí que puede encontrar en estas líneas la distancia suficiente y el interés necesario como para aproximarse a ello sin sentirse espantado, más bien lo contrario. Porque lo de Raquel es con ojos de viajera pero con el plus de ser residente y militante, combinación de Lonely Planet particular y bitácora personal de una superviviente inquieta en una ciudad inhóspita y cálida a partes iguales como Madrid.

Escudriñando cada uno de los rincones, acudiendo a los lugares típicos, pero también alejándose de ellos, adelantándose a ese fenómeno de gentrificación, dulce cuando tiene que serlo, mordaz e hiriente cuando procede, Raquel hila ideas y conceptos con gran destreza y maestría y gracias a ello y a su precisa mirada de bisturí de cirujano se aproxima más a una suerte de Baroja con retranca gallega (ejem, perdón, berciana) que a una simple croniquita meliflua repleta de nostalgia y batallitas. Al fin y al cabo, nunca nadie ha descrito mejor Madrid que alguien de fuera, lo cual entronca y mucho con la idiosincracia de la propia ciudad. Y Raquel lo vuelve a demostrar con creces.

En este recorrido por los sitios menos turísticos de la ciudad, veáse el caso de barrios como el de La Elipa, pasan de manera natural personajes ligados a la música y grupos tales como Loquillo y Burning. Por supuesto que hay un capítulo entero dedicado a Malasaña y se tocan, aunque sin demasiado énfasis, aspectos de La Movida (pequeña aseveración lapidante del  Zurdo inclusive) pero en los modos de vida, en los barrios y los locales, se huye, aquí sí, de lugares comunes. Uno puede encontrar cartas abiertas a personajes tan dispares como Christina RosenvingeDavid Summers al mismo tiempo que se frecuentan sitios como Ciudad Pegaso, por citar uno que me toca de cerca por familia, donde por cierto -y me da la impresión es una de las pocas cosas que Raquel no conoce- Fabio McNamara se crió. La pasión con la que escribe Raquel nos hace desear estar por igual junto a Carmen Martín Gaite y su refugio en El Boalo como junto a Carlos Boyero y su refugio en el Sylkar (de las mejores tortillas de Madrid, lo digo con conocimiento de causa). Historia, arte, literatura… Pocos detalles se le escapan a esta madrileña de adopción que confiesa haber pasado su primer verano en Madrid a la fresca dando vueltas y leyendo un libro en la circular.

Pasando las páginas de «¡Quemad Madrid!» uno tiene el doble (qué digo, triple; o cuádruple, no sé) placer de disfrutar las historias personales en las que Raquel nos enreda, querer descubrir la infinidad de lugares que describe y se nos escapan, sorprenderse por la innumerable cantidad de anécdotas históricas bien traídas que relata y, desde el punto de vista que aquí más nos interesa, constatar la vinculación de la ciudad a una grandísima y vigente escena musical. Ilusiona que las historias de Raquel tenga una banda sonora -su banda sonora, por supuesto- y esperamos que el valiente que se atreva a hacer el siguiente retrato también le de una importancia capital a la música como en este libro se destila.

«¡Quemad Madrid!» no sólo es una lectura perfecta para el verano, desestresante y refrescante, sino un libro imprescindible para cualquier madrileño, donde madrileño adquiere aquí el término más amplio posible: oriundo, residente, simpatizante, crítico y turista.

«Madrid, que siempre fue un resumen larguísimo de todas las ciudades españolas, que tiene un bar con el nombre de cada pueblo de Iberia, por fin acepta que ser un pueblo grande -y no La Movida- es lo que la ha convertido siempre en la ciudad más divertida de Europa.»

¡Quemad Madrid! se presenta hoy mismo en Tipos Infames (San Joaquín, 3) con la actuación en acústico de Marcos Rojas, líder de Los Claveles. Sale editado por Libros del K.O. con prólogo de Santiago Lorenzo y simpáticas ilustraciones de Alfonso Zapico.