Etiqueta: alaska y los pegamoides

«LA EVOLUCIÓN SECRETA»

SILVIA RESORTE 

TEGE (2018)

 

silvia_resorte

 

Superviviente de aquellos peligrosos y anfetamínicos años 80, Silvia Escario, esto es, Silvia Resorte, constituye, probablemente muy a su pesar, algo parecido a todo un icono de esa época. Tiene mucho de símbolo de una manera de entender la vida, o más bien de enfrentarse a ella a lo que tiene de gris, rutinaria y opresiva. En aquellos años la cantante fue la del pezón a través de una redecilla, o a la que alguien del público del Rockola quiso dejar sin camiseta sobre el escenario, la que quiso marcar la diferencia entre las muñequeras de pinchos que llevaba ella en Barcelona y las que utilizaba Alaska en Madrid.

Ahora que quizás estemos viviendo los momentos de lucha más decidida y convencida por parte de las generaciones más jóvenes por abolir de una vez por todas cualquier distinción discriminatoria por cuestiones de género, su figura junto a la de Ana Curra, las componentes de Vulpess o las de Chute de Esperma cobran una especial relevancia. En una escena en la que siguen existiendo reflujos y maneras impropias de un género que se debiera distinguir por su carácter contracultural y vanguardista, la pelea y provocación que sostuvieron todas ellas en condiciones especialmente adversas las coloca probablemente como verdaderas pioneras.

Si antes fue al frente de Último Resorte y más tarde con Berlín 80, desde hace un tiempo Silvia combate desde las filas de Algo Tóxico y Días de OdioAñade este contenido. Silvia Resorte sigue marcando con su cabellera luminosa el camino a la utopía, sigue indignándose ante las miradas de repulsa o de burla que adivina en los transeúntes de a pie con los que se cruza. Es la misma que acumula bloqueos de su cuenta de Facebook cada vez que los guardianes de la moral del gigante de la redes sociales considera que el material fotográfico de sus porno fiestas punk no es apropiado. Silvia sigue manteniéndose, a pesar del paso de los años, terrible, radical, excesiva, categórica. En realidad sigue siendo consecuente con los parámetros de conducta que garantizan el desarrollo de la libertad personal sin cortapisas de inercia sociales.

Por todo ello, si en Londres tuvieron a Johnny Rotten o Siouxie y en Berlín a Nina Hagen ¿por qué no se ha de reivindicar con igual determinación que en Barcelona tuvieron a Silvia?

Con este pequeño librito de relatos ella no hace sino abrir un frente más en una nueva dirección de su lucha, la de la escritura. El contenido de estos cuentos parece extraído del mundo de las pesadillas. Dice la introducción de su editorial que el texto narra sobre la salvación y la destrucción de la Humanidad. Quizá sea así, quizá sea ése el objetivo final que persigue, pero en cualquier caso, el formato escogido es sin duda el de un mal sueño, uno de aquellos antibióticos sueños de los que hablaba La Polla Records, esos momentos de pseudo realidad que da el éter hospitalario o los narcóticos medicinales.

Vomitona argumental en la que aparecen, entremezclados y arrastrados por el flujo de la narración ingredientes de lo más variopinto: movimientos de extrema derecha que consiguen instalarse en el poder, el odioso presidente de Estados Unidos, repúblicas catalanas independientes, incluso Fermín Muguruza el cantante y líder de Kortatu. Pero probablemente sea todo lo que subyace de fondo, las manías personales persecutorias, las paranoias opresoras, los laberintos cíclicos casi imposibles de romper o la personal visión de la lucha feminista lo que más interesante hacen este libro. Son todas ellas en realidad coordenadas válidas para entender a Silvia o al menos para poder interpretar las señales que emite al exterior. Resulta especialmente conmovedor ese último momento del drogadicto que con la jeringuilla clavada en el brazo yace agonizante tirado en un callejón que apesta a orines y emplea sus últimas fuerzas en llamar con un grito desgarrador a su madre.

Silvia concitaba tanto adhesiones incondicionales como repulsas decididas. Su personaje no admitía ni las medias tintas ni las valoraciones intermedias y eso evidentemente no ha cambiado con el paso del tiempo.

estricnina-31-10-14
ESTRICNINA
Fanzine de Ruidos y Danzas (1982 – 1984)
Rafa Cervera
Efe Eme, 2014

Coordinado y dirigido por un jovencísimo Rafa Cervera, los tres números del fanzine «Estricnina» (1982 – 1984) ven la luz en diseño facsímil de la mano de Efe Eme, conservando incólume todo el encanto artesanal del original: retales mecanografiados, recortados y fotocopiados dispuestos de manera abigarrada, también sus dificultades de legibilidad por tamaño de fuente o escasa nitidez en las sucesivas copias.

He de reconocer que tras avanzar por las páginas del primer número (otoño de 1982), uno no llegaba a comprender del todo el valor de este supuesto ejercicio de arqueología, incluso veía cierta ausencia de pudor en el rescate de este material por lo descuidado de la gramática y cierta arrogancia en el tono, propia de una época y edad determinados, que impregnaba la práctica totalidad de los textos; vaya, que los 20€ en que se habían tornado las 125pts. del momento se me estaban haciendo caros. Sin embargo, gradualmente me fui zambullendo y, a partir del segundo ejemplar (invierno de 1983) pero, sobre todo, en el tercer y último número (verano de 1983), me di cuenta de que lo que estaba entre mis manos tenía mucha miga.

La relevancia que atesoraron los fanzines en la música independiente queda patente en un simple gesto: la propia casa disquera, Hispavox, proporciona nada menos que diez ejemplares del flexi de despedida de Alaska y los Pegamoides«En el Jardín / Volar» (Hispavox, 1982)– a la publicación, que los sortea entre sus lectores en una simpática «sopa de Bowie». O en el hecho de que Ana Curra abra las puertas de su casa para una jugosa entrevista y posterior sesión fotográfica provocativa en su propia habitación, mientras Eduardo ve la tele en el salón con total normalidad. Una entrevista, por cierto, en un momento peliagudo, con los Pegamoides recién disueltos, en la que se habla de sus proyectos al margen de Hispavox, desde Parálisis Permanente a Seres Vacíos, también acompañada por Eduardo, o Negros S.A. junto a Los Nikis.

Esa frescura y descaro con que irrumpieron en el panorama musical underground es el mismo combustible con que accedían a la casa de la propia estrella -aura que se fomenta de manera bidireccional-, o al camerino del post concierto de turno, aunque fuese el del mismísimo John Cale. Pero también es una actitud, la manera de tomarse muy en serio lo que se estaba haciendo, de sentirse responsable de estar sentando los mimbres de la modernidad musical y de llevarlo hasta las últimas consecuencias, con ese tono pontificante que en realidad tampoco difiere tanto de lo que uno podría encontrarse a día de hoy en el timeline de su Facebook.

El ansia de cambio y las ganas de sentar las bases de una profesionalización -con sus managers, sus distribuidoras y sus sellos independientes- goza de total reciprocidad, y los grupos no tienen el más mínimo tapujo en mostrar sus intenciones de petarlo, grabar en estudios en condiciones, tener infinidad de galas y, en definitiva, vivir decentemente de ello. Todo eso acarrea unas exigencias mínimas sobre algo que recién acababa de surgir: de trato, de logística y de ponderación de la prensa establecida y su poder (claro, no existía Internet), aunque sea para ponerla a parir o tildarla de reaccionaria. Tiempos de gloria, por tanto, para la figura del periodista, especie de semidios, pero también para la pluma amateur, que recibe estas maneras en igualdad de condiciones. No se eluden tampoco las cuestiones referentes a cifras de ventas (muy superiores en comparación a las de ahora), el afán de hacer industria y crecer enfrentándose a las grandes barreras del todo por hacer, con ánimo y vigor, pero en un momento político y social favorable. Que los males que aquejaban entonces: la falta de distribución, el poco público, el cainismo… sean exactamente los mismos que existen ahora, no hace sino impregnar todas estas ilusiones con una pátina de descorazonador desánimo.

Esta construcción de una industria independiente se plantea como trampolín de oportunidades, filosofía del todo acertada para el que suscribe estas líneas siempre y cuando no conlleve pervertir la propuesta artística. Me adscribo a las palabras de Servando Carballar (Aviador Dro) en «La Edad de Oro» (TVE): «Debemos aspirar a la radicalización de la masa, no a la especialización de la elite». Es precisamente un adelantado Servando, capo de la incipiente DRO, objeto de críticas por su supuesto veletismo -de la hostilidad panfletaria hacia Los 40 Principales a la connivencia en la aparición de sus grupos-. En general, estas diatribas sobre la pureza dan lugar a situaciones algo cómicas, como el hecho de que la colaboradora Lola Dilla abandone la revista al darse pábulo a periodistas profesionales tales como Manrique o Ignacio Julià. El primero firma una altanera y derrotista columna sobre la falta de talento en el concurso de maquetas del programa radiofónico «Don Domingo» (RNE) y el segundo se queja de la incapacidad para la modernidad de Barcelona.

Las traducciones de entrevistas y especiales provenientes de la prensa extranjera constituyen un aspecto más que interesante. En concreto me sorprende mucho cómo treinta años después los grandes tótems siguen vigentes: Warhol (interesantísima y completa radiografía del personaje y su filmografía), la Velvet Underground, Brian Eno, David Byrne (reportaje traducción copia-pega algo plomazo), Alan Vega y otros más propios del momento como Siousxie, la escena neoyorquina más salvaje -Lidia Lunch, NY Dolls, Cramps…-, el «No New York» (Antilles, 1979) producido por Brian Eno y la querencia por las oscuridades de bandas como Echo & The Bunnymen, Killing Joke, Bauhaus, Theatre Of Hate o Adam & The Ants.

En el apartado nacional, Madrid es el epicentro de todo. Se incluyen entrevistas a un despechado Carlos Berlanga, moldeando aún su nuevo proyecto, Dynarama; a Alaska, a Glutamato Ye-Yé sin su cantante (por la mili, esa traba que padecieron muchos grupos en su desarrollo), una muy poco productiva a Gabinete Caligari (sin Jaime Urrutia, por lo mismo) e incluso a Eduardo Benavente poco antes de su trágico fallecimiento. Las plasmadas intenciones de Bonezzi de convertirse en compositor total al fichar por una multi, renegando incluso del sonido de los Zombies, sujeto a limitaciones económicas y técnicas, cuadran mucho con las expectativas respecto a la música anteriormente expuestas… También se da cabida a textos seudo intelectuales -y pedantones- como el de Santiago Auserón recreando una historia en torno a la estatua del Jardín Botánico -es justo decir que Radio Futura nos proporciona la réplica en la que es, probablemente, la entrevista nacional más reveladora para tomarle el pulso a la actitud del momento, además de por el consenso de respetabilidad en torno a ellos, erigidos como faro de la modernidad bien entendida-. El Zurdo también se prodiga por partida doble, firmando un interesante artículo sobre el eclecticismo y concediendo una entrevista donde sin tapujos se identifica con corrientes ideológicas que acabarían por condenarle al ostracismo. Almodóvar, quien por entonces andaba ya tramando su «Laberinto de Pasiones» (1982), hace alarde a partes iguales de petardeo y pedantería, pero también pone en evidencia una envidiable mezcolanza y permeabilidad en la época entre las diferentes disciplinas artísticas.

Pero, sin duda, lo más valioso es la importancia que se concede y la exhaustividad con que se desgrana -por cercanía y orgullo patrio- a la escena valenciana, sus zonas -El Carmen, Pelayo- y bares -Barraca, Metrópoli- y, esto menos relevante, sus dimes y diretes (mucho cotilleo, mucha pulla privada…). Por la seccion «Duduá» desfilan bandas como: Glamour -desde La Banda de Gaal– (abrieron las puertas a los grupos valencianos a la estela de Mecano), Esgrima, Fanzine, Betty Troupe, Video, Europa (luego Última Emoción), Garage (de Carlos Goñi), Interterror… así como todos los grupos recogidos por el cassette editado por NORMA (Neo Organización para la Revolución Magnética Avanzada): Seguridad Social (aún respetados), Información y Turismo, AM-FM, Los Inhumanos, Arpía, D.N.A., SS.SS., Blue Moon, Gabotti (líder de Esgrima), Peligro Inminente y Tripp. En última instancia, otras bandas como Cinema, Ceremonia, Sade, ADN, Proceso Inverso, Manía, Mamma Luna y La Morgue… Un intenso y menos conocido hervidero de grupos.

En ocasiones es imposible no esbozar una sonrisa ante tanta inocencia y nostalgia, enviar dinero en un sobre, incluso dólares a ROIR Tapes, como el que lanza una botella al océano. Pero es inevitable no sentir cierta envidia ante la atemporalidad de las noticias, lo pausado de la cocción de las propuestas, con tiempo para consolidarse y madurar (como el propio fanzine, que mejora a cada número). Tan sólo recordar en este punto que la publicación era prácticamente anual… Inimaginable algo así hoy día. En este punto de inocencia y dulce anacronismo, querría destacar el artículo firmado por Jaime Gonzalo sobre ROIR y el enaltecimiento desde el sello de las supuestas bondades del cassette frente al vinilo: «Creemos que las cintas no son sólo el nuevo rostro del futuro, son también el modo más práctico y divertido de escuchar música actualmente. Los discos se encorvan, se rompen, carraspean, acumulan polvo, se rayan, cogen grasa al ser manejados, requieren demasiado espacio para ser almacenados. Los cassettes son más manejables, más almacenables, precisan de menos cuidados y duran mucho más sin sufrir tantos daños a causa del entorno. No necesitan un equipo reproductor caro para ser escuchados fielmente. Y la calidad de reproducción es tan buena como los discos y, a menudo, mejor. ¡Ah, y tiene un gran ventaja! Si te aburres de escuchar la misma cinta puedes borrarla y regrabarla». Tampoco vamos a negar su importancia en la difusión y accesibilidad de la música en el momento, pero…

Finaliza la entrega con un interesante cuestionario a Nacho Canut, Poch, Alejo, Almodóvar, Auserón y Enrique Sierra, del cual se pueden extraer un par de conclusiones: La Mode era el grupo más odiado por Derribos Arias y el fanzine más molón del momento quizá fuera Moulinsart. Curiosa paradoja que sirve como epílogo a un -ahora sí- más que loable ejercicio de arqueología cultural y musical.

Parálisis Permanente - Adictos a la lujuria
El incombustible Marcos Gendre ha vuelto recientemente a la carga con otro capítulo de la historia musical de nuestro país, esta vez, la correspondiente al mítico grupo Parálisis Permanente a través de Quarentena Ediciones; un libro que viene a plasmar toda la leyenda que envuelve a la formación y en concreto a su líder indiscutible, Eduardo Benavente; pero que también efectúa un importante repaso a los prolegómenos y a lo que aconteció tras aquel fatal accidente de tráfico que le hizo perder la vida con tan sólo veinte años. En este punto, bastante tabú, se otorga la palabra a quien posiblemente más sufrió con todo ello: Ana Isabel Fernández, Ana Curra, pareja sentimental y creativa, quien responde sin tapujos y sin eludir las cuestiones más polémicas. Aquellas referentes a las drogas, a la ausencia de royalties procedentes del grupo por no figurar como miembro oficial al tener en la época contrato exclusivo con Hispavox e incluso las motivaciones que le hicieron presentar hace ya dos años y con otros miembros, «El Acto» (DRO, 1982). Interesante en este punto conocer las impresiones de Rafa Balmaseda, bajista, y la naturalidad y sencillez con que se explica su ausencia en esta gira, suprimiendo cualquier tipo de suspicacia: viviendo en otra ciudad y con una vida organizada en torno a otras prioridades se hacía imposible su presencia, sin más.

Se plantea el libro como una recopilación exhaustiva de testimonios y pareceres, recortes y entrevistas de la época y del momento actual. Por ahí pasan desde Patricia Godes, asumiendo un papel protagonista al ser responsable de uno de los prólogos, hasta el recientemente fallecido Javier Benavente, hermano de Eduardo y presente en la formación inicial, Jesús Ordovás, cronista de excepción de la época, de quien se reproduce a modo de epílogo una interesantísima entrevista inédita a Ana y Eduardo que desempolvara para su libro «La Revolución Pop» (Calamar, 2003) tras la extinción de Alaska y los Pegamoides… Así hasta completar el recorrido completo de la banda, llegando hasta la actualidad.

Y esta es, fundamentalmente, la virtud del libro: erigirse como aglutinador de un universo un tanto disperso. Adolece, quizá por las mismas, de un poquito de ritmo, al tratar de hilvanarse tantísimas citas, episodio en el cual participamos humildemente mi compañero TGL y un servidor. De este se reproduce íntegramente la crónica del ensayo al que pudo de manera privilegiada asistir cuando Ana Curra y sus nuevos secuaces estaban preparando la consabida presentación de «El Acto». Se echa en falta la pluma del escritor que, cuando se lanza, demuestra tenerla bien afilada, y en ocasiones la lectura se hace un tanto tediosa por lo ya comentado y por una homogeneización ortotipográfica algo descuidada.

Se habla del antes: desde los inicios de Eduardo en Plástico, el ingreso de Ana y Eduardo en los Pegamoides, su alianza musical y vital, sus viajes a Londres, la deriva hacia la oscuridad y la gestación de dos proyectos paralelos: el propio Parálisis Permanente, junto a Nacho y Johnny Canut, y Seres Vacíos, creado inicialmente para dar salida a las canciones de Ana que no tenían gran aceptación en Pegamoides -recordar en este punto que la mítica «Quiero ser Santa» de Parálisis Permanente fue compuesta por Ana Curra y la propia Olvido-… En definitiva, todo el meollo de grupos y subgrupos, ajenos y propios, que pululaban en la misma órbita hasta el momento clave de 1982 en que ven la luz dos discos capitales del pop español, el «Grandes Éxitos» (Hispavox, 1982) de los Pegamoides y «El Acto», tras un single compartido ese mismo año con Gabinete Caligari (Jaime Urrutia incluso llegó a formar parte de la formación inicial de Parálisis).

Quizá lo más curioso para los que ya estábamos al tanto de estas asociaciones sea el acopio de testimonios desperdigados en diferentes medios a lo largo de los años, lo cual nos permite conocer un poco más de las diferentes personalidades entrevistadas, además de un ingente cuadernillo con fotos y memorabilia cedidos por el entorno y allegados. Uno encuentra especialmente interesante los relacionados con Servando Carballar y todo lo que rodea a DRO y, en general, al surgimiento de la nada de una industria musical independiente. Pero cada uno puede encontrar su porción de interés en este libro, sea fanático o sea profano. A mí, entre medias de ambos, me ha descubierto entre otras cosas esta actuación televisiva más bestia si cabe que el ínclito piloto de «La Edad de Oro» de Paloma Chamorro. Y en realidad, es por detalles como este que el libro ya vale la pena.

¿Cómo se formaron Alaska y los Pegamoides, Paraíso o Radio Futura? ¿Dónde ensayaban y cómo fueron sus primeras actuaciones? ¿Cómo respondieron la España y el público de la época a este despertar musical?

«Música Moderna», escrito por Fernando Márquez, El Zurdo y publicado por primera vez en 1981 por La Banda de Moebius, habla de la creación de grupos como Zombies, Kaka de Luxe, Radio Futura, Las Chinas, Tequila o Los Elegantes, así como del contexto en el que se desarrolló esta nueva ola desde el punto de vista de uno de sus protagonistas; lo que hace de este libro una instantánea del panorama musical de la España de principios de los 80 y un documento fundamental para entender la postura del undergroundnacional en la actualidad.

Tras caer en la cuenta de que el libro estaba hoy por hoy descatalogado y era objeto de coleccionistas, Libros Walden y LaFonoteca decidimos reeditarlo, no con la intención de recuperar o recordar tiempos pasados, sino con la motivación de demostrar el vínculo ineludible que une a la escena musical actual con la que describe Fernando Márquez en su libro como el comienzo de la «música moderna» en España.

Tal y como comenta José Manuel Costa en el prólogo a la reedición, «‘Música Moderna’ es la visión de un músico, de un protagonista principal y eso le sitúa en un nivel de conversación al que ningún crítico o radiofonista, por muy cercano que estuviera, podía acceder. Esa mirada del artista como cronista no existe en ninguna parte y menos describiendo una fase tan temprana en la evolución del sujeto: la Nueva Ola. El Zurdo describía desde el absoluto presente un breve pasado que tendría un futuro igualmente efímero».

La reedición de Música Moderna incluye nuevo material, como el ya citado nuevo prólogo a cargo del periodista cultural José Manuel Costa y un libreto interior de fotografías de dos grandes cronistas visuales de la época: Miguel Trillo y Javier Senovilla, que ceden varias de sus instantáneas, algunas inéditas, para reflejar en imágenes la efervescencia que describe Fernando Márquez en las páginas del libro.

 

 

 

 

La reedición se presentará al público en La Fábrica el 19 de diciembre, y con concierto de La Ruleta China al día siguiente en la sala Siroco.

¿Es Fernando Márquez tan fiero como lo pintan o se ha amansado con el paso de los años?
Es algo menos idiota y procura desperdiciar menos energías y entrar menos al trapo. En cuanto a la fiereza, quienes me seguís en Facebook podeis juzgar si me he amansado (ya sabes, el tema de los peajes, los baneos, las semblanzas con acritud de la red social, etc).

¿Por qué piensas que, siendo objetivamente como eres una de las personas más importantes de la historia de la música española, no ostentas públicamente ese reconocimiento como sí lo pueden tener otras que igualmente pueden haber generado antipatías en algún momento como Carlos Berlanga o Santiago Auserón?
Supongo que resultar persona non grata para el PSOE con un veto y campaña de caza de brujas en toda regla como fue la encabezada por Manrique (hasta convertirme en el Céline de La Movida –algo que no sufrieron ni Carlos ni Santiago-) pues lo explica bastante.

La Movida está a estas alturas muy trillada, no nos vamos a detener demasiado tiempo en esto… pero si sólo pudieras rescatar una cosa de esta etapa, ¿qué rescatarías?
La explosión de creatividad interdisciplinar de los tres primeros años. Sólo la época primorriverista de los años 20 se le podría comparar.

¿Cuánto de mitificada está? ¿No érais todos demasiado pequeños para el desfase y hedonismo que se le presupone justo en el período más interesante creativamente hablando de esta?
El quid es que en La Movida se querían vivir a un tiempo varias épocas, la Factory neoyorkina, la oscuridad morrisoniana, el glam británico, el punk, la new wave… y esto, sumado a la adherencia indeseable de vampiros oportunistas como Almodóvar, sobrecargó la situación y creó equívocos y derivas y excusas para el kistch y la picaresca.

¿Hasta qué punto eres responsable de tu propio malditismo?
En tanto en cuanto no he besado culos y he pecado de excesiva ingenuidad en las expectativas y poca estrategia en el combate dialéctico, soy, lo reconozco, bastante responsable. He sido un agónico del compromiso, nunca un profesional ni un narcisista del mismo, como se estila en los últimos años. Y eso resulta imperdonable “para hacerse una carrera”.

¿Te consideras una persona íntegra? En este sentido, ¿te arrepientes de tu consabida significación puntual con las FE-JONS allá por el 84? ¿Crees que los grupos han de significarse políticamente?
Con FE/JONS me significo puntualmente en el 86, con el famoso spot y la primera actuación del grupo Proyecto Bronwyn. Lo hago porque apoyo el paso de ese partido, bajo la jefatura de Diego Márquez, del feroz escuadrismo de la etapa raimundista previa a un abandono de la violencia y un alejamiento formal del culto a Franco. Meses después, cuando las elecciones vascas, al descubrir que esos cambios estaban desembocando en un acercamiento a las suciedades antiterroristas del PSOE, tema GAL y cloacas de Interior, rompo con el partido. No me arrepiento de las intenciones con que me signifiqué pero, de haber estado más informado sobre las conexiones entre azules y el gobierno felipista y que la reconversión del golpismo y del búnker iba a consistir en readaptarse a un modelo delincuencial a la mexicana, me habría ahorrado el acercamiento a FE/JONS y la creación de Proyecto Bronwyn. Y, claro, no habría habido veto (porque se me vetaba no por fascista desestabilizador de la prístina democracia del PSOE, sino por metepatas, por hacer propaganda de algo, FE/JONS, cuya tarea dentro del orden felipista era mantenerse en las cloacas cumpliendo su tarea de machaca, no bajo los focos como partido trendy, de moda). En cuanto a lo de la integridad, creo que mi problema es el ya mentado, el haber hecho (por exceso de ingenuidad y vehemencia) un ejercicio poco funcional de la misma (y, por cierto, en lo que yo pueda tener de tonto útil, soy completamente inútil: así, con mi presencia en el spot, FE/JONS logró los resultados más pobres hasta ese momento, pues por una parte ahuyenté al facherío más irreductible y, por otra, no logré atraer a elementos críticos del partido, fuesen azules de izquierda o gentes directamente ajenas a lo falangista).

¿Es «El Eterno Femenino» (Nuevos Medios, 1982) tu obra cumbre como artista? ¿Aquella donde desarrollaste todos tus miedos y obsesiones, desde osos de peluche a perversiones inconfesas?
Mi obra cumbre no la veo en un disco determinado sino en canciones sueltas («La cólera», «En cualquier fiesta», «El único juego en la ciudad», «Diálogo», «El eterno femenino», incluso alguna poco conocida de experiencias ulteriores como «La Exposición Internacional de los 80», «El hombre que sabía demasiado», «Sunset Boulevard» o «Con paciencia» –recuperadas estas dos con mi actual grupo La Ruleta China-…).

¿Como es que nunca llegó un proyecto o colaboración con Carlos salvo en los albores creativos de ambos? ¿Y con tus admiradas Vainica?
Supongo que con Nacho Canut por medio, intrigando, era imposible. Quedó claro con el fallido intento de Piernas Ortopédicas, experimento paralelo a Paraíso y Pegamoides cuando compartíamos local de ensayo en Tablada. Y con las V2 ya tuve mi momento en aquella canción, «Sueño 84», donde hicieron voces y cuya música y arreglos corrió a cargo de Álvaro, el hijo de Gloria y bajista de La Mode, amén de la entrevista en profundidad para el libro de Júcar. Después, cuando se fueron acercando más y más a gentes como Sabina, Wyoming o Luz Casal, era inevitable que me viesen cada vez más como alguien ajeno a su mundo. Recuerdo el sofocón y disgusto que me llevé cuando vi en el programa de Tola la presentación de «Mi alumno» en plan duet con Wyoming (ahí abrí los ojos sobre cuál era mi lugar real en el mundo de las Vainica).

¿Qué opinión te merece todo el sonido continuador del pop que Carlos y tú os cansasteis de reivindicar durante los 80, con clara inspiración en las Vainica? Me refiero especialmente a lo que se dio en llamar Sonido Donosti, desde Aventuras de Kirlian o Family, pasando por Le Mans y La Buena Vida, y que en definitiva acabó impregnando al pop español de una cierta idiosincrasia de la que carecía.
Me alegro por Carlos. Es su revancha campeadora. Lo echan de su grupo, Dinarama, y en solitario, rumiando miserias, traiciones y soledades, alumbra momentos mayúsculos que servirán como referente para ese pop de los 90.

¿Por qué no ha habido revival de La Mode como sí lo ha habido de multitud de otros grupos de la época? Tus seguidores te lo agradecemos, pero ¿por qué? ¿Tan traumático fue el fin del grupo?
Hubo la rentreé en directo del 94 (el llenazo de Revólver y el vacío de la sala Apolo –por el boicot catalanista contra lo madrileño-). Mario Pacheco propuso preparar un nuevo disco pero ni Mario (Gil) ni Antonio (Zancajo), por entonces plenamente integrados en sus historias televisivas (y Mario, además, con sus ServandosAñade este contenido y sus Pingüinos), mostraron el menor interés. De hecho, ni se molestaron en hablarlo conmigo y me enteraría años después a través de Pacheco.

¿Qué paso con ese máster de LP de Paraíso que circula por Internet? ¿Por qué aún permanece inédito?
Miguel Ángel Sánchez tiene contrato conmigo para sacarlo desde 2002 y parece ser que, por fin, saldrá este mes de marzo.

¿Tan enemigo de la nostalgia eres como para negar el «Para ti»?
Fue un encargo de Carlos Berlanga en los inicios richmanianos de Paraíso, no una idea que me surgiese de manera espontánea. A medida que sacaba otros temas, su posible carisma se empequeñecía a mis ojos, y el hecho de que los antifans -esos personajes a lo «Misery» (Stephen King, 1987) que quieren encajarte en la estrecha caricatura que tienen de sus ¿ídolos?- me la pidan, me incita todavía más a pasar de recuperarla. Con Charlie quiero deconstruirla (algo a lo Flyng Lizards o Residents) y entonces, sí, interpretarla de nuevo como un zas, en toda la boca.

¿Qué queda del Zurdo adolescente que todos sus seguidores conocemos? Las Vainica, los comics, la nouvelle vague, la timidez enfermiza… ¿Sigues dibujando? ¿Has cambiado mucho desde entonces?
Ahora le doy al Photoshop: en esta entrada cuento toda mi grafopeya (palabra que acabo de inventar en un alarde de genialidad torera). Sobre la adolescencia, el jetlag entre mi corazón quinceañero, mi cronología mediando la cincuentena y mi sangre sabia a base de bofetadas y (todo sea dicho) alguna que otra recompensa, convierte al Tom Hanks de «Big» (Penny Marshall, 1988) en un sujeto de lo más equilibrado y armónico.

¿No crees que a veces te has complicado la vida con declaraciones más o menos polémicas? Por ejemplo, te leí una vez afirmar que la película representativa de la nueva ola en España sería «Arrebato» (1979) de Zulueta, pero para apoyar tus argumentos denostabas la filmografía primigenia de Almodóvar, tachándole de advenedizo. Mi pregunta es, ¿crees que la pasión y el fervor con que has defendido tus ideas te ha podido llevar a la automarginación? ¿Has buscado la polémica a propósito o te la has ido encontrando a tu paso?
Me reafirmo en lo de «Arrebato» y Almodóvar. No busco la polémica pero no sé mentir ni eufemizar: o digo lo que creo debo decir o me callo. Mi madurez consiste en callar cada vez más.

Háblanos de El Zurdo hoy. ¿Cómo es un día cualquiera en la vida de Fernando Márquez? ¿A qué dedicas tu tiempo?
Internet (Facebook y correo, escribir para los blogs y la web, ver algunas series…), lectura, televisión, audición de música mientras me hago la comida, ir a la compra, ensayos… Más o menos como antes, pero en más pobre (desde 2006, por el affaire de AFINSA).

Recientemente publicabas en tu Facebook el supuesto estado de precariedad económica en el que te hallabas. Sin embargo, hace algún tiempo existía el mito, quizá extendido por ti mismo, de que vivías suficientemente con los derechos del «Para ti».
No cobro de la SGAE desde 2006, salvo las devoluciones de Hacienda por retenciones. Todo se lo llevan los plazos de la sociedad médica.

¿Sigues componiendo habitualmente? ¿Qué hay de La Ruleta China, tu proyecto musical junto a Charlie Mysterio y Clara Collantes?
Tenemos apalabrado un Siroco para el 1 de febrero aparte de que, según buenas fuentes, Siesta quiere sacar el disco que grabamos en 2008 para este 2013. A ver si es verdad…

¿Son estas dos personas tu nexo de unión con la actualidad musical? ¿La sigues de cerca?
Charlie, por su condición de apóstol y misionero del pop, es mi nexo desde que lo conozco con novedades y hallazgos. Últimamente, también Fb por cosas que cuelga el personal y que, de cuando en cuando, me llaman la atención.

¿Sigues escribiendo? ¿Alguna novela o ensayo en ciernes? ¿Quizá algún libro que plasme tus dotes culinarias?
Tengo ese libro que hice con dos fotógrafas y que busca editor desde 2010. El resto se me va en cosas para la red y en alguna letra.

¿Por qué tu manía de autocitarte continuamente en tus escritos? ¿Crees, como aquella canción de El Niño Gusano, que todo lo que estás diciendo lo dijiste antes ya?
No es creencia, es certeza. También, con los años y los palos y los trillones de entrevistas, tengo cada vez menos paciencia para repetir las cosas. Para eso están los links.

Recientemente Pedro Pinzolas ha editado una película sobre tu figura. ¿Estás contento con el resultado o más bien te sientes a lo Panero tras ver «El Desencanto» (Jaime Chávarri, 1976)? Por cierto que poco o nada se conoce de tu familia…
Pinzolas está encantado conmigo y yo con Pinzolas. «El Bosque Zurdo» (2012) es el anti «Desencanto». De mi familia (mi madre, mi abuelo, y otros parientes), cuando me da la vena, suelo largar alguna que otra píldora.

¿Cómo te gustaría ser recordado?
Como lo seré: por pocas, pero excelentes personas. El resto arderán en las llamas eternas y tendrán cosas más importantes de que preocuparse que pensar en mí.

Recientemente y con motivo de su primera exposición en Madrid, Javier Aramburu ha vuelto a estar en boca de todos; aunque a decir verdad, nunca lo ha dejado de estar, bien sea por la mitología que rodea al universo Family, bien por las pequeñas píldoras gráficas con las que nos ha ido obsequiando a cuentagotas desde su decisión de dejar de lado la ilustración de portadas, Single mediante, principalmente.

Cuando uno repasa la obra de Aramburu no puede sino experimentar una sensación de respeto absoluto, pues hablamos de una persona -no vamos a descubrirla a estas alturas- que ha dado color, y de qué manera, a gran parte de los discos más míticos de los 90 y, por ende, del undergroundespañol. Curiosamente, a la mayoría de esos que ajenos a la moda del tiempo han conservado toda su esencia, aupándose en los altares del reconocimiento general y envejeciendo mejor que bien. No todo lo de Aramburu, por cierto, lo ha hecho del mismo modo. Ahí quedan carteles y flyersrelacionados con Contempopráneas y Benicàssims, vericuetos poperos plasticosos y cosas anodinas mucho más comerciales que ustedes mismos pueden juzgar en este fantástico blog recopilatorio de su obra.

Me gustaría destacar, atendiendo a mis gustos personales, cinco portadas geniales. El criterio empleado para ello es un compromiso entre lo estético y lo musical, pero primando más lo primero, pues sino estaríamos hablando de citar de una tacada «Un Soplo en el Corazón» (Elefant, 1993) de Family, el «Soidemersol» (Siesta, 1997) de La Buena Vida, el «Super 8» (RCA, 1994) de Los Planetas y un par más que podrían estar entre las que confeccionó para los lanzamientos en Elefant de Vainica Doble, Décima Víctima, Alaska y los Pegamoides y Carlos Berlanga; precisamente, ninguna de ellas de mis preferidas, pero simbolizando una asociación del todo natural.

Allá va, pues, mi selección:


 
Ana D – «Satélite 99» (Elefant, 1997)
Una rareza tan exigua como misteriosa como «Satélite 99» encuentra su mejor aliado en el arte de Aramburu, así como los textos de Javier Corcobado e Ibon Errazkin y las múltiples versiones que nos hallamos deconstruidas en el disco lo encontraron en la hiriente voz de Ana D. Un universo concentrado en un madejado de flores por el que Ana asoma tímidamente la cabeza, quizás reivindicando su huequito en la historia del popespañol. Una portada dulce, delicada y enigmática para un feliz accidente.
 
 
 

 
Apenino – «En la Hora Azul» (Jabalina, 2003)
Tras Dar Ful Ful, Apenino, o lo que es lo mismo Marco Maril, nos entrega este breve EP que entronca con el estilo más puramente Family, saliendo airoso del envite y dando forma a un trabajo tan disfrutable como la maravillosa portada con vistas al mar con la que Aramburu desdibujó el tiempo y la distancia. Una portada que sugiere de manera fehaciente lo que nos vamos a encontrar dentro.
 
 
 
 

 
Aventuras de Kirlian – «Aventuras de Kirlian» (DRO, 1989)
El do-it-yourself del pop viene presentado por una portada simple pero magnética, como las propias composiciones del grupo. Todo el arte gráfico de la corta pero interesantísima discografía de Aventuras de Kirlian, como no podía ser de otro modo, corre a cargo de Javier, quien se inclina para este disco por los colores grises, taciturnos y apagados, representativos de la saudade característica del Sonido Donosti, escena a la que el grupo en cuestión da el pistoletazo de salida. «Un día gris en una casa…»
 
 
 

Single – «Pío, Pío» (Elefant, 2006)
Quizá sea la de este «Pío, Pío» de las portadas más recientes de Aramburu la más hermosa. Teresa, convertida ya a estas alturas en una musa absoluta, de perfil e inundada en verdes besa a un pajarillo sin que sepamos cuál de los dos es más delicado, dando lugar a una de esas portadas que incitan a comprar el disco aun sin tener idea de lo que uno se puede encontrar dentro. O mejor aún, dando por sentado lo excelso del contenido a partir de la magnífica portada. Luego ya cuando uno descubre lo que hay dentro, no puede sino rendirse ante tan sublime asociación gráfica y musical.
 
 
 

Le Mans – «Mi Novela Autobiográfica» (Elefant, 1997), «Yin Yang» (Elefant, 1998) y «Aquí Vivía Yo» (Elefant, 1998).
Y, para terminar, la mejor despedida posible y una pequeña trampa por mi parte, al tratarse no de una sino de tres portadas. No se me ocurre una manera más sobria, sutil y elegante de decir adiós. Sin dramas ni ruido. Una despedida eterna, como su obra.
 
 
 
 
La mística de Aramburu, su aura de artista inaccesible extensible a su entorno, el misterio. Indudablemente ha sido, y posiblemente sea aún durante los próximos años, el portadista de la independencia española por antonomasia.

No. No se preocupen ustedes. No vamos a hacer un nuevo panegírico de La Movida ni de los años 80. No es esto, pero déjennos que refresquemos la historia. En la Nochevieja de 1979 fallece José Antonio Cano -batería del grupo Tos– en accidente de tráfico; aparcado en la cuneta cerca de La Navata y fuera del coche, recibe el impacto de otro vehículo. La Escuela de Ingenieros de Caminos y el propio grupo decidieron hacerle un homenaje y programaron un concierto para el 9 de febrero de 1980. Pasaron por él grupos sin disco y con ganas: Alaska y los Pegamoides, los propios Tos reconvertidos en Los Secretos, los actualmente rejuvenecidos Mamá, Nacha Pop, Paraíso, los Trastos -pese al veto de su compañía CBS- y Los Bólidos. MermeladaAñade este contenido y Mario Tenia y los Solitarios también actuaron, un poco como hermanos mayores.

El resumen del concierto aparece en el programa de televisión «Popgrama» (TVE, 1977-1981) de Diego Manrique y Carlos Tena. Apenas había pasado un mes; fue el 27 de febrero de ese mismo año. Pues bien, traspasemos décadas y pongámonos en el momento actual ¿Sería posible eso hoy? La respuesta es, tajantemente, no. La presencia de grupos sin disco o aún sin prestancia en la televisión actual sería vista con tal extrañeza que pasaría directamente a la categoría de lo absurdo.

Imaginemos, por poner casos al azar, que un programa de televisión recogiera un concierto de Espanto, Primogénito López, Los Ginkas, Doble Pletina y, por poner alguno de mayor prez, Manos de Topo. Marea pensar en lo impensable. Y sin embargo esto existió. Hubo una época, con dos canales y sin horarios apenas, finales de los 70 y los 80 en pleno, que fueron un hervidero. No solamente el «Popgrama», sino también el «FM2» (1988) que Manrique hizo con Christina Rosenvinge, el «Auambabulubabalambambu», el «Musical Express», el «Caja de Ritmos», el «Pista Libre», hasta un concurso de temática musical -el «Popqué»-. Incluso los programas convencionales como «Aplauso» o «Tocata», acogían actuaciones de grupos nuevos. Pongo un ejemplo, uno sólo: los Zombies en este último programa; inenarrable. Hoy todo esto se ha perdido irremediablemente, la labor pedagógica de la televisión en el campo musical -no digamos ya el resto de artes- es nula, cero, vacío.

Bien es verdad que hoy Internet acude a todo, abarca todo, fagocita todo. Pero no es lo mismo, disculpen. Internet es el medio ideal, puedes acudir a cualquier cantante, de cualquier grupo. Bien, pero hay un problema, ¿a cuáles? Internet representa muchas cosas buenas pero representa también un menosprecio increíblemente radical por la labor del periodismo musical, por el filtro, por la selección de alguien con criterio. No negamos que los miles de blogs que corren por ahí tengan increíbles propuestas, razonados criterios; no negamos incluso que el mercado funcione aquí, que los mejores han de ser los más buscados. Pero hay algo que no cuadra, los grupos nuevos no llegan a las masas -siempre hay, claro, Vetusta Morla, Love Of Lesbian– y la tele viene a ser un escaparate para viejunos y latinos, algo lógico, pero pobre si no quedan espacio para otras propuestas.

Volvemos hoy a Barcelona para encontrarnos con Silvia Escario, cantante de Último Resorte, uno de los grupos míticos de aquellos años 80 en la Ciudad Condal. Fueron uno de los pioneros tras la estela que abrieron La Banda Trapera del Río con su rock de las cloacas, su proto-punk de las alcantarillas. En una Barcelona gris, la de los años de la Transición, como otros tantos jóvenes desencantados, decidieron hacer de la calle y de los locales de ensayo, su hábitat natural. De ahí, además de violencia en muchos casos, surgieron un puñado de bandas que conformaron el tejido de una escena musical que haría de Barcelona uno de los centros principales del punk y el hardcore de la península.

Formados junto con su entonces inseparable Juanito tras el regreso de Silvia de un viaje a Londres, donde entre otras cosas, se enzarzó en una pelea con Nancy Spungen, compañera del mismísimo Sid Vicious, Último Resorte sólo registrarían en vida dos sencillos: “Cementerio Caliente” (Flor y Nata, 1982) y “Una Causa Sin Fondo” (Flor y Nata, 1983), con canciones vertiginosas, directas, contundentes y con las deficiencias de sonido propias de las prisas del momento.

Víctima de la respuesta irracional que su provocación llevada al extremo generaba, la cantante vivió en su propia carne, experiencias desagradables como la de tener que ser prácticamente rescatada de entre la audiencia de la madrileña sala Rock-Ola que trataba de despedazar su camiseta. Una vez disuelto el grupo y tras un doloroso silencio, Silvia regresó formando sucesivamente Berlin 80 y Algo Tóxico, banda esta última con la que sigue en activo. Personaje indiscutible, testigo pero sobre todo protagonista de toda aquella virulenta época, comparte experiencias en su blog. Hoy lo hace con nosotros en esta entrevista:

Decías de aquella época que os sentíais jóvenes y llenos de energía, con ganas de romper y llevar la contraria. ¿Crees que fue ése el secreto de lo explosivo de los 80, de la importancia que tuvieron aquellos años?
Sí, sin duda, yo siempre digo que el entusiasmo es el arma secreta de los punks para destruir el mundo, aunque la verdadera intención sea salvarlo de sí mismo.

¿Piensas que con el paso del tiempo se han exagerado o distorsionado las cosas?
No, yo creo que no, pienso que tiene precisamente el aura que se merece porque fue un tiempo donde continuamente tratábamos de divertirnos, llevando el sentido del humor a pie de calle, pero que, sin embargo, jamás lo conseguíamos. Todo era urgente y peligrosamente descabellado, y todos más o menos lo sufrimos con mucha intensidad.

¿Qué aspecto lamentarías más de aquellos años: drogas, posibles rencillas entre bandas, entre escenas?
Yo creo que lo más peliagudo fue que cerraran el grifo de las anfetaminas en las farmacias, pues debido a ello, al no haber nada que supliera la excitación y buen rollo que daban, muchos de sus acólitos se arrojaron a los brazos de la heroína; o así al menos es como lo cuenta el fallecido Kike Kangrena en el libro “Harto de Todo” (BCore, 2011) de Jordi Llansamá, pues fue exactamente lo que les ocurrió tristemente a Kangrena como a otros muchos, a los cuales, más tarde la llegada del speed desde Holanda, les sirvió para librarse de nuevo de las ataduras del jaco.

¿Dónde situarías a Último Resorte dentro de lo que ocurría musicalmente en Barcelona en los 80?
No es por vacilar, porque a mi esa sensación, me daba vértigo, pero Último Resorte estaba justo en el centro; en el centro de todas las contrariedades, de todos los prejuicios, de todas las miradas, de toda la acción en los escenarios. Éramos la causa de los pogos, y los culpables de una escena que nadie se la hacía suya tanto como nosotros. Nosotros creíamos en nuestros propósitos, a pesar de que estaba mal, hacer el mal, y eso nos contrariaba a todos aunque lo hacíamos igualmente, pues hacer el mal para nosotros eran cosas tan consideradas hoy en día inocentonas, como era el hecho de montar un grupo y tocar en directo, sin saber tocar, y sonando a rayos y truenos. Afortunadamente esto a día de hoy esta superadísimo, todo el mudo sabe que la actitud es el 80% de la música.

¿Con qué bandas tuvisteis una mayor relación?
Con Kangrena y Desechables principalmente, pero también con Vulpess, R.I.P., Frenopaticss y Decibelios, además de un cordial trato con Alaska y los Pegamoides. Al principio Juanito y yo nos relacionábamos con Carlos de Tendre Tembles y/o con Gay el cantante de Peligro o con Magda de los Xerox. También tuvimos relación con Ruidos Molestos, Zoquillos, Attak, o con el Flash, el cantante de Disturbio.

¿Qué crees que os distinguió?
El caos que siempre nos rodeaba, y la obcecación de volver a empezar siempre desde cero, ocurriese el desastre que ocurriese, se fuera quien se fuera del grupo, nuestro lema era «punto partida cero»… de hecho teníamos un tema, inédito, que se llamaba así.

¿Cómo os influyeron bandas inmediatamente anteriores como La Banda Trapera del Río? ¿Ves en su música un precursor del punk o directamente punk?
Sí, Trapera nos influyó con sus letras, aunque musicalmente nosotros tendíamos a hacer una fórmula punk mucho más novedosa, temas cortos, rápidos y con estribillos directos a la cabeza, mientras que Trapera seguían una fórmula musical más cercana al rock clásico. Sin embargo, su cercanía a las calles, a la gente de la calle, era la vertiente que les hacía más punks, además de que cuando apareció la Trapera con sus guitarrazos, los saltos estricnínicos de Morfi, y sus berridos, aquí en la Barcelona de los 70, nadie hacía lo que hacían ellos, pues todo el mundo se dedicaba a hacer jazz, jazz-rock, folk, nova canço, psicodelia, rock sinfónico, o hasta incluso progresivo. Pero a nadie se le había ocurrido ser soez y cagarse en la puta sociedad, y eso también los hacia muy punkies.

¿Es el punk una forma de ver las cosas más que un simple estilo musical? ¿Canal de expresión, arma de protesta?
No te líes, no te líes. El punk es una actitud, una actitud escéptica principalmente, no conformista, vital, urgente, una locura, una broma, un insulto, son patadas y puñetazos al aire. Es depresión, es ser grandes perdedores orgullosos, temerarios suicidas que se suicidan sólo por vivir intensamente, es una forma de que los chicos y las chicas hagan cosas juntos, para erradicar el machismo, tanto femenino como masculino… En fin, así podría seguir media hora más enumerando las cualidades del punk, pero creo que ya te habré azorado bastante.

¿Ser mujer te hizo las cosas especialmente complicadas para la época? Cuéntanos del papel que os tocó desempeñar a ti, a Tere (Desechables) en todo aquello.
Tengo una postal enviada por Loles Vulpess donde me cuenta que hicieron un concierto en la ejpaña profunda, y que los muy bejarracos empezaron a tirarles piedras, botellas y todo lo que pillaban, y que las Vulpes corrieron a esconderse detrás de los bafles, donde se estrellaban todas aquellas cosas, y que corrieron verdadero peligro. Otro ejemplo es lo que me ocurrió a mí en el Rock-Ola, que me tiraron del escenario y me arrancaron la camiseta sin contemplaciones. Sí era una situación difícil pues el punk se trataba de provocar, pero había quien se tomaba esas provocaciones por el ámbito de la perversión y la obscenidad, y subrepticiamente te hacían notar su aversión a ti y a tus modos haciéndote el vacío; y te dejaban sola en un rincón del bar sin que nadie te dirigiera la palabra o se inventaban mentiras con las cuales acrecentar tu mala fama. Como por ejemplo, el día que el PSUC trajo a los Ramones a Barcelona, alguien corrió la voz de que yo había provocado una pelea entre punks y rockers en primera fila, cosa que nunca sucedió, pero que lo hacían continuamente para hacerme servir de cabeza de turco de sus envidias y ofuscaciones del ego.

Tuviste ocasión de ir a Londres en un momento especialmente activo en lo que a la música se refiere. Aparte de sonados encuentros con protagonistas de todo aquello como los mismos Sid y Nancy, ¿qué te encontraste allí? ¿Fue realmente una fuente de inspiración?
Totalmente. El sol brillaba más radiante, el mundo era un sitio emocionante en donde ocurrían un montón de cosas interesantes e intensas, y además cualquier punk era tu aliado, era como de tu familia, de tu equipo. Los punks eran fascinantes, hacían cosas que nadie hacía y estaban extrañamente unidos en una hermandad en donde la mayor perversión a alcanzar era ejercer continuamente tu voluntad, estuviera bien o mal, pero es que el bien y el mal es relativo a la época y lugar donde vives.

Cuéntanos cómo era la relación con la escena madrileña. ¿Cómo veíais a los grupos de la denominada Movida Madrileña? Alguna vez has comentado haber sentido todo aquel altercado a cuenta de las muñequeras de Alaska, ¿fue con ella y los Pegamoides con los que encontrasteis más conexión?
Aunque había mucho ingenio, como La Broma de Ssatán con el “Baila pogo sobre un nazi”, y aunque los Espasmódicos sonaran a los mismísimos Dead Kennedys, nosotros decíamos que en la Movida había mucho punk de plástico, y eso era debido a que los punks de Madrid, como músicos, se habían dignificado y hasta eran reconocidos por la tele y por el alcalde Tierno Galvan, mientras que en Barcelona, no paraban de apalizarnos por las calles por ser punks, cualquier energúmeno, entre ellos principalmente los quillos. Además de que la policía nos detenía a diario y nos llevaba a comisaria sin haber hecho , solo por vestir punk y esto resultaba ser mucho más crudo que la escena social de Madrid. Y por eso yo vestía mis muñequeras con el propósito de defenderme de tanta agresividad callejera, de ahí la frase que dije de Alaska, pues ella no tenía que usarlas como yo para algún asalto de violencia ocasional como la que vivíamos los punks en Barcelona. Así que la cosa no iba exactamente como agravio hacia ella, sino como resultas de una situación que ella en la Villa de Madrid no tenia que afrontar, mientras que aquí todo el mundo era unos incivilizados, nosotros incluidos.

¿Qué es lo primero que te viene a la mente al echar la vista atrás?
Dolor, pero también emoción, momentos, situaciones y personas únicos, pero como decían los Ramones en “Pet semetary”: “Yo no quiero volver a vivir mi vida otra vez”. Si tuviera que volver a pasar por lo que pasé dentro del laberinto, o una de dos, o me mataba yo, o mataba a alguien con mis propias manos.

Alguna vez has hecho hincapié en la tensión que te supuso ser parte activa del punk de la época. Al evaluar todo con el paso del tiempo, ¿encuentras que el balance fue positivo? ¿Te llevas muchas cicatrices de aquellos años?
La época que estoy viviendo actualmente de reconocimiento, es sumamente dulce y embriagadora… Casi me hace olvidar. También es que cuento actualmente con un grupo y unos amigos formidables. Por otro lado, mi mejor aliada de toda la vida, mi madre, ya esta muy viejita aunque muy lúcida y tan divertida como siempre, e igualmente lúcida y divertida está mi mejor amiga Deborah, que tiene una terrible enfermedad que me va a dejar sin ella. Pero aparte de esto es que ya llevo veintiún años conviviendo con el corazón más punk de lo que me merezco, se lo debo todo. Aparte de todo eso es que yo sigo estando en mis ejes aunque a veces me vuelva conspiranoica con los que me rodean.

¿El final de Último Resorte resulta una liberación?
Noooo, yo creía que sí lo sería pero fue precisamente el verdadero principio de mi caída al infierno profundo…

¿Qué lamentas no haber hecho entonces? ¿De qué te arrepientes más?
De no haber trabado amistad con Sid y Nancy. Pero de lo que hice por ser punk no me arrepiento de nada, es más, me reafirmo: reivindico mis buenas intenciones.

Tras un periodo de silencio volviste con Berlín 80. Háblanos de cómo iniciaste el nuevo proyecto. ¿Qué cosas diferentes querías intentar?
Yo creo que el descenso al infierno y su posterior ascenso con las uñas, me ha dejado un poso de sabiduría de valor incalculable, y precisamente en las letras que compuse para Berlín 80 llevaban en su trasfondo todo ese tesoro, tanto por lo que contaba, como el modo tan efectivo como se lo hacia llegar a los demás. Una de las cosas que más maravillosamente me han complacido últimamente con respecto al “Punk Fiction” (Outline, 2002) de Berlín 80 es que mi amigo Pitufo se ha llegado a enamorar del tema “Ahora o nunca” y se lo escucha continuamente, una y otra vez, dejándose regar por las endorfinas que suelta esa canción. No sé, a mi esto me llena de orgullo y satisfacción.

Cuéntanos también de Algo Tóxico, tu proyecto actual, ¿cómo se pone en marcha? ¿Qué es lo que más te ilusiona de esta nueva etapa?
Lo que más me ilusiona es que a mis cincuenta y pico años, aún me quedan oportunidades de subirme a un escenario a punkrockear. Me ilusiona que gracias a eso tengo millones de amigos, gente que por ser quién soy me trata con cariño y deferencia. Algo Tóxico se puso en marcha en cuanto tuvimos que matar el cadáver de Berlín 80. Con Berlín 80 habíamos subido muy alto, pero tal vez no era ese nuestro lugar, el de Wilko y yo, y a lo mejor tampoco era ese nuestro momento. Así que partimos de cero a encontrar nuestro nuevo lugar, y lo encontramos en La Báscula; allí la diversión se convirtió en nuestra segunda piel, y yo perdí todo el recato y encontré mi lugar haciendo la cucaracha entre los pies de la gente que nos estaba viendo mientras Irene me lamía la cara como un gato. Pero aunque habíamos encontrado nuestro camino, tal como empieza una época termina otra, y aquella época esplendorosa en La Báscula aparentemente terminó, aunque no fue así exactamente. La Báscula sigue estando ahí sólo que hay que mirarla con nuevos ojos y darle más oportunidades, pues sigue estando llena de gente valiosa. En la actualidad Algo Tóxico acabamos de cambiar por enésima vez de formación. Pero es que esta formación que tenemos ahora es la hostia consagrada. Estamos afiladísimos. Derrapamos de alta velocidad pero con toda elegancia. Tenemos personalidades que brillan. No sé a dónde llegaremos, pero no nos creemos los malos rollos de los Mayas: es imposible que ahora se acabe el mundo con el pedazo de banda que tenemos, y si se acaba, estaremos al filo de los acantilados y las grietas arrojando sobre el pogo de víctimas nuestro sulfatado aliento tóxico.

¿Cabe imaginarse una explosión como la que hicisteis vosotros por parte de los jóvenes de ahora?
Nunca tiempos pasados fueron mejores, el ahora siempre está por construir y eso ya es mejor. ¡Sí, creo en la juventud de ahora! Tienen muy buen trasfondo y no pueden seguir masticando lo que ya está masticado, pero pueden abrir ramificaciones por doquier. Yo les recomiendo tres cosas: que crean en sí mismos, que escojan bien a las personas que han de tener alrededor y por último que no tengan miedo ni se sientan culpables de querer ser felices. La felicidad es como una melodía, es magia.

No sé vosotros pero yo estoy bastante cansado de los míticos años 80, en lo musical y todo lo demás. No creo que fueran tan importantes como quieren que pensemos. Nos bombardean continuamente con artistas y grupos de aquella época, con la Constitución, la Democracia y el pretendido cambio que eso trajo en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cultural. Claro que hay cosas que valen la pena y discos y canciones que me gustan, pero de ahí a pensar que no hubo un antes y un después hay un trecho.

Pocos artistas o grupos nacidos en ese momento son capaces de mantenerse hasta hoy a un nivel de creatividad decente. Si lo comparamos con el mundo anglosajón, el resultado es pobre. Sonic Youth, Mark E. Smith, Kim Salmon, Ian MacKaye, Robert Smith, Billy Childish o Steve Albini, entre otros muchos, también nacieron alrededor de esos años y nos han dejado un buen puñado de discos incontestables. Mientras en España, como digo, encuentras muy pocos ejemplos: Fernando Alfaro (aunque este ya tira más hacia los 90), Ilegales, Los Enemigos, Sex Museum y Javier Corcobado son ejemplos de carreras relativamente largas y fructíferas.

Después hubo un poco de todo, casos con final precipitado (Parálisis Permanente, Desechables, Eskorbuto), primeros tiempos (Siniestro Total, Duncan Dhu, Gabinete Caligari, Los Ronaldos, Los Coyotes o Aviado Dro) y carreras cortas (Golpes Bajos, Pegamoides, Nikis, Dinarama, Último Resorte, Los Vegetales, Décima Víctima). Pero antes y después, hubo música tanto o más importante que la que se hizo durante los 80.

A finales de los años 70 había entre las altas esferas un temor muy grande a una vuelta a la situación anterior a la Guerra Civil tras la muerte de Franco. Había que nombrar un sucesor, para lo que se eligió al actual Rey y cambiar un poco el sistema político, por lo que se montó la democracia. Era necesario también abrir un poco la mano a todos los niveles ya que la gente en la calle presionaba por un cambio total. Sólo de esta forma se puede explicar que un disco como «Cuando Se Come Aquí» (DRO, 1982) de Siniestro Total llegase a vender la cantidad de copias que vendió o que un grupo como las Vulpess saliese por la tele. Todo esto hoy día es totalmente impensable. En ese momento surgieron muchos grupos que en otra situación nunca hubiesen tenido la repercusión que tuvieron, pasaban del local de ensayo a fichar por una multinacional directamente. Por otro lado, el público también los necesitaba, ya que buscaban algo nuevo y diferente.

He visto demasiados capítulos de la serie «Cuéntame» (TVE) y, como digo, la famila Alcántara no tiene la culpa; no es más que una familia de clase media como otra cualquiera superando las dificultades de la vida. Pero esa voz en off omnipresente es la que realmente me perturba, recordándonos lo cutre que era todo antes de la llegada de la democracia y todo lo que le debemos por lo que vino después. Una broma de mal gusto con la que está cayendo. Es triste pensar que los tiempos que nos ha tocado vivir son peores en cierto sentido que los que les tocó vivir a nuestros padres. No veo que este país haya cambiado tanto, como la propaganda nos vende: Las esperanzas que muchos pusieron en la llamada Transición no se han cumplido.

Buscando información por Internet para escribir esto, me encontré con varias reflexiones de Alejo Alberdi sobre su grupo, Derribos Arias, uno de los pocos protagonistas de esa época que parece conservar algo de cordura. Otros contemporáneos suyos podrán presumir de haber logrado cierto éxito o vivir de rentas, pero están demasiado desnortados para que podamos tener en cuenta sus declaraciones.

El grupo duró seis años, desde 1981 hasta 1987 y, según él, al principio pecaban de autoindulgencia e irregularidad, teniendo que responder a una serie de expectativas creadas. Cuando consiguieron paliar esos defectos era tarde, y el interés de los medios y público se había enfriado. Sin embargo, piensa que en su mejor momento consiguieron evitar algunos de los males del rock nacional: la falta de sentido del humor, la pretenciosidad, el excesivo mimetismo, y una imagen penosa. Se puede decir que no fue una carrera muy larga y su producción es prácticamente de un disco y varios maxis y EP, pero fueron un ejemplo de lo que sí se debe hacer.

Bajo el nombre de una de las recopilaciones míticas del punk ibérico de los 80, hemos decidido abrir una sección en el blog en la que dar cabida precisamente a este tipo de música. Para ello, pretendemos ir citando a los protagonistas de aquellos días para que en nuestro suplemento compartan con todos nosotros su visión retrospectiva, sus valoraciones y recuerdos. La idea es convocar, en la medida de lo posible, a representantes de las diferentes escenas tanto geográficas como estilísticas que se desarrollaron entonces. Si bien en algunos casos ya estuvieron en contacto con nosotros para asesorarnos y garantizar así la rigurosidad de las reseñas de las bandas que ya están en nuestro archivo, ahora buscamos el lado estrictamente personal de quienes participaron de forma activa y directa en aquella explosión que sacudió todo el país tras el arranque del punk al final de los 70 en el Reino Unido.

Comenzamos esta galería de entrevistas con una visita muy especial, la de Miguel Alférez, batería de una de las bandas más emblemáticas de aquella época: Decibelios. El grupo de Barcelona hizo de auténtica punta de lanza en géneros como el oi!, ska y punk-hardcore en general. Desde su debut con el sencillo “Paletas Putrefactos” (DRO, 1982) hasta su disco LP “Con el Tiempo y Una Caña” (1989, Twins), dejaron buena muestra de su rabia en discos que constituyen auténticos clásicos del género. Situados en el ojo del huracán por lo extremo de su propuesto no pudieron sustraerse de polémicas sobre su posible orientación política y cambios de estilo. De todo ello nos habla Miguel en la entrevista que os presentamos a continuación.

¿Piensas que Decibelios fue una banda pionera en la música oi! y de una forma de entender el ska de este país?
Bueno, no se si decir pionera, pero sí que fuimos los que de alguna manera dimos a conocer tanto la música oi! como el ska. En el 82 no había muchas bandas haciendo ska; recuerdo que en alguno de nuestros primeros conciertos por Madrid, cuando tocábamos el tema “Oi! Oi! Oi!”, mucha gente no sabía de que iba y nos preguntaban qué era eso del oi!

¿Qué recuerdas del ambiente, de la escena musical de Barcelona cuando empezasteis?
Lo que recuerdo es que había muchas bandas con muchas ganas de hacer cosas, pero muy pocos medios, apenas salas donde tocar y nadie te hacía mucho caso, veáse radios, revistas especializadas, prensa y no hablemos de las televisiones. Se tuvo que empezar de cero, a base de mucha voluntad y mucho esfuerzo por parte de mucha gente. Ahí empezaron a salir las radios libres, los fanzines, locales pequeños que programaban actuaciones, pero sin cobrar. Normalmente el caché de los grupos era barra libre y nada más, tenías que poner la furgoneta, desplazarte y después del concierto, recogerlo todo, cargar y para el local a descargar. Era la tónica habitual.

¿Fue con DRO que entablasteis contacto con la escena o los grupos de Madrid? ¿Qué impresión os causó lo que se hacía en Madrid cuando ibais de visita? ¿Con qué grupos de punk de la capital tocasteis o tuvisteis relación? ¿Había diferencias con Barcelona?
Nosotros hicimos algún bolo por Madrid y veíamos que los grupos estaban mejor organizados. Era frecuente que hubiera conciertos en cualquier Instituto o colegio con grupos como Alaska, Gabinete, Loquillo, Parálisis Permanente y aquí no era posible organizar este tipo de actos por falta de apoyo. Allí conocimos a un montón de bandas ya que cuando había concierto en el Rockola se podía ver la flor y nata de La Movida Madrileña, era como otro mundo. Recuerdo estar en un bar al lado de Rockola y coincidir con Antonio Flores, Eduardo Benavente o los Siniestro Total que también andaban mucho por Madrid. Si querías conseguir algo, tenia que ser vía Madrid. Por lo tanto las diferencias eran notorias.

Cuéntanos igualmente de vuestra relación e impresiones por lo que se hacía en el País Vasco por entonces. ¿Qué bandas os sorprendieron o gustaban más de lo que había por allí? ¿Notaste la politización del punk vasco de la que se ha hablado tanto?
Nosotros realizamos bastantes conciertos por el País Vasco y también nos sorprendió su propia autogestión. Casi cada fin de semana había algún concierto que solían organizar el algún frontón o en alguna sala. Lo de la politización no era muy notable en aquella época, creo que también los grupos se buscaban la vida como podían, allí coincidimos con gente como Eskorbuto, La Polla Records, RIP, MCD, Vulpess o Kortatu y teníamos muy buena relación con todos ellos. Pienso que comos todos los grupos de cualquier punto de España, perseguían lo mismo, tocar en directo y poder editar tus canciones en algún sello independiente que en aquella época tenía más valor que fichar por cualquier multinacional.

¿En qué momento notáis que Decibelios se está convirtiendo en una banda importante?
No sé si Decibelios llegó a convertirse en una banda importante, al menos en aquella época, porque desde dentro del grupo, vivíamos el día a día normal, seguíamos con nuestros trabajos y ensayábamos cada día. Sí que es cierto que a partir de la edición del segundo disco “Oi!” (DRO, 1985) y posteriormente el “Vacaciones en el Prat” (DRO, 1986) cogimos más nombre, teníamos más conciertos, aparecíamos más en televisión, pero el grupo seguía siendo el mismo que cuando empezó, cuatro tíos unidos por la música y por una gran amistad. Con el paso de los años quizás Decibelios ha llegado a formar parte de la historia musical de este país y muchos grupos jóvenes tienen a Decibelios como una referencia y eso es un orgullo para nosotros.

Me imagino que resulta inevitable mencionar a Decibelios y no pensar en toda la polémica en la que se vio envuelta la banda respecto a sus posibles tendencias políticas ¿Piensas que se os maltrató injustificadamente en su momento?
Quizás sí, pero sobre todo fue debido a la desinformación y manipulación que hubo por parte de mucha gente. Tampoco nos preocupaba mucho por aquel entonces, pues teníamos muy claro lo que éramos y cuales eran nuestros objetivos, pero no siempre lo controlas todo y hubo muchas cosas que se nos fueron de las manos. Con los años se ha llegado a decir muchas cosas, pero en su gran mayoría son falsas, pues nadie ha sacado información directa del grupo, sino que hablan de lo que han oído, o de lo que les han contado, vamos como el cuento de la portera.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando echas la vista atrás pensando en toda aquella época? ¿Nostalgia, algún tipo de ganas de cambiar algo de lo que hicierais?
Cuando miro atrás lo que veo son diez años compartidos con otras tres personas que fueron una parte importante de mi vida. No siento nostalgia, porque el tiempo pasa y en esta vida vas cubriendo etapas y Decibelios fue una etapa en mi vida. En cuanto a lo de cambiar algo, pues no sé, quizás, beberme más cervezas de las que me bebí.

¿El peor momento del que te acuerdes durante la trayectoria de la banda?
Quizás el palo del “Vacaciones en el Prat». Fue un disco que hicimos con mucho esfuerzo y mucha ilusión; tener que destruir cinco mil copias fue bastante duro. Pero como se suele decir, nos caemos para aprender a levantarnos.

¿Resultó tan decepcionante todo lo que ocurrió en el concierto en el que grabasteis «Vivo’s 88»?
Con el tiempo sí, en su momento no, porque no fuimos conscientes de lo que pasó en la sala. Lo he dicho ya un millón de veces, desde el escenario no ves si unos tíos están con el brazo en alto o el portero se está tirando a la guardarropa. Como el “Vacaciones” el “Vivo’s” (DRO, 1988) fue un disco que hicimos con mucha ilusión, hacia tiempo que no tocábamos en Barcelona y nos apetecía hacer un buen concierto delante de nuestra gente y grabarlo en directo. Fue una gran inversión por parte de DRO a los que también les apetecía mucho y mucho trabajo por la nuestra. De hecho, creo que el disco quedó muy bien, pero ciertos medios de comunicación magnificaron en demasía lo que ocurrió y eso no ayudó mucho.

¿Fuisteis conscientes en algún momento de toda la repercusión que llegaríais luego a tener?
La verdad es que no, porque cuando empiezas una historia como es montar una banda de rock, siempre tienes ilusión en que funcione, pero todos éramos conscientes de lo difícil que era en aquella época y más con el estilo putrefacto, punk, oi!, ska que nosotros hacíamos, así que nunca imaginas que treinta años después, tengas tantos seguidores como tiene Decibelios. Como he dicho, es un orgullo.

¿Cómo fue la relación de la banda con sus seguidores? Tengo entendido que había quienes os pedían una respuesta más enérgica contra el sector más politizado del público o quienes no aceptaban de buen grado cambios de estilo con respecto a vuestros primeros trabajos. ¿Cómo se conjuga el hacer lo que realmente os apetece y soportar la presión de vuestros seguidores?
Siempre tuvimos seguidores fieles y los que estaban cerca de nosotros nos conocían muy bien. En cuanto a las presiones, para nosotros no existían, sólo los medios de comunicación presionaban sobre el tema tras el concierto del “Vivo’s”, pero como siempre Decibelios seguía el camino que creía más conveniente al margen de los rumores.

¿Queda algo por decir que no hubierais dicho entonces? En vuestra música, en las respuestas a las críticas…
Jamás nos cortamos un pelo al momento de poner las cosas claras, de hecho creo que éramos el único grupo que decía las cosas tal como eran sin ningún tapujo. ¿Algo pendiente? No creo que nos quedara nada, hicimos y dijimos lo que había que decir, pero te vuelvo a repetir: la manipulación periodística es una lacra. Me recuerda mucho al periodismo deportivo, lo mismo te encumbran como te hunden en la miseria, se llama el poder de la pluma.

Siento curiosidad por saber cómo empezáis a trabajar con Rosendo y cómo resultó la experiencia.
Nuestra relación con Rosendo fue increíble, él vino a Barcelona para escuchar los temas que íbamos a grabar y enseguida surgió una buena amistad, estuvimos casi un mes en Madrid grabando y Rosendo parecía nuestra niñera, se preocupaba de que todo estuviera a punto, nos venia a buscar al hotel con su coche, nos traía cerveza al estudio de grabación, como te digo increíble, aparte de que es un profesional como la copa de un pino.

Tengo especial predilección por alguno de los temas de vuestro repertorio: «Matar o morir», «Ningún nombre de mujer»… ¿hay alguna canción de la que te sientas especialmente contento? ¿Algún disco en especial?
Los discos, suelen decir los músicos que son como hijos y que es muy difícil decantarte por uno u otro. A mi me pasa algo parecido, me gustan todos los discos, pues todos ellos fueron compuestos con la misma pasión y entrega, aunque si tuviera que elegir uno, quizás me quedaría con el “Oi!”. Creo que es el disco que mejor define la rabia de Decibelios, en cuanto a composiciones, letras, diseño, etc.

¿Qué ha sido lo más gratificante a nivel personal de tu pertenencia a una banda como Decibelios?
Sin duda la gran amistad que se forjó entre los cuatro. Diez años son muchos, sobre todo si los vives intensamente como los vivimos nosotros. Creo que conocer a Fray y Manel, aparte de que Manolo es mi hermano, fue lo más gratificante que te queda con los años.

¿Cuáles son a tu juicio las razones para haberos convertido en una banda de referencia del género?
Pueden haber varias, pero creo que la mas importante fue que la gente vio en nosotros a una banda diferente, auténtica y que hablaba de problemas reales, problemas que de hecho siguen vigentes, esa forma directa de denunciar las injusticias, unido a la música y los shows que montábamos en directo nos hizo un grupo diferente.

¿Sientes después de todo el tiempo que ha pasado el reconocimiento al grupo?
Han pasado más de veinte años desde la disolución de Decibelios y mucha gente sigue escribiéndonos y escuchando nuestra música, otros grupos que empiezan hacen versiones nuestras… No necesitamos ningún reconocimiento para satisfacer ningún ego personal, el reconocimiento está ahí y es un orgullo ver que la gente no te olvida.

En breve celebráis aniversario del nacimiento de la banda, ¿qué estáis planeando para la ocasión? ¿Qué habéis hecho en aniversarios anteriores?
Bueno cuando estábamos en activo montábamos auténticas bacanales, con fiesta, cerveza y algún directo. Ahora se cumple el 32 aniversario del grupo y en principio hemos quedado los cuatro para reencontrarnos y repasar todos estos años que no nos hemos visto, al menos no como nos veíamos antes y celebrarlo a nivel privado. Lo que venga después ya se verá.

Me imagino que uno no se embarca en una banda como Decibelios simplemente por cuestiones musicales. ¿Sentíais ganas de cambiar o criticar aquello que no os gustaba de entonces? ¿Cuál es el balance de ese posible enfrentamiento con lo que criticabais? ¿Te llevas alguna cicatriz de todo aquello?
Todas las batallas dejan cicatrices. Cuando nació Decibelios, teníamos muy claro que iba a ser diferente; no sé, es una cosa que sientes enseguida. Indudablemente queríamos cambiar cosas, denunciar injusticias, apoyar causas perdidas, pero el sistema es indestructible y por más que luches es difícil lograr algo positivo. Pero nos queda la satisfacción de que al menos durante diez años fuimos un grano en el culo del sistema.