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Si bien a los de Nueva York se les ha perdonado desde siempre su despreocupación total por nihilismos y veleidades político-sociales que se le supone al género, los Ramones madrileños, los de Algete, tuvieron en contra a gran parte de la comunidad más ortodoxa para con estas cuestiones. Víctimas directas del enfrentamiento entre escenas musicales, a Los Nikis, al igual que a Siniestro Total, por ejemplo, su aparente frivolidad y su estética les granjearon cierta antipatías desde otras geografías peninsulares en las que se estaba haciendo punk. A pesar de ello quedaron incluidos en recopilatorios míticos de la época, como aquel «Punk Ibérico» que circulaba en cinta de cassette por los mercadillos, reconociéndoles así su papel en esto de las guitarras poderosas. Siempre tuvieron claro que la música era una cuestión secundaria, que estudios al principio y trabajo posteriormente iban primero, por lo que, sobre todo, se propusieron pasarlo bien. Y bien que lo hicieron, además de transmitir algo especial que atrapó a legiones de fans que aún hoy en día, años después de su disolución, siguen venerándolos, como lo demuestra la reacción en su reaparición sorpresa en octubre de 2011 en un concierto de Airbag.

Los Nikis sirvieron igualmente de inspiración a multitud de bandas que hicieron del punk-pop su único credo. Joaquín, que tras la disolución del grupo se embarcaría en labores de producción con Javier Pelayo (ddt, Vigilante Gitano) y en un nuevo proyecto musical, Los Acusicas, responde a nuestras preguntas en un capítulo más de nuestra particular revisión de aquellos años.

¿Cómo descubrís a los Ramones? ¿Es el único grupo punk que os influencia?
Rafa tenía algún disco y ya era fan. El primer disco que me compré en mi vida fue el «Leave Home» (Sirex, 1977) de los Ramones de oferta por 200 pts. en Pan de Azúcar Jumbo. Reconozco que lo compré por la oferta. ¿El único? No. Supongo que nos influyeron todos los de la época.

¿Estarían Los Nikis en el mismo capítulo de la historia de la música que bandas como La Polla Records, Kortatu o Decibelios? ¿Qué os distingue o qué tenéis en común?
No te puedo contestar, porque nunca los he oído. No sé si me gustan o no. Tampoco sé si tenemos algo en común. Sólo podía escuchar lo que sonaba en las radios que yo escuchaba o los discos que me regalaban en DRO. Antes no era tan fácil como ahora escuchar la música de otro grupo y ponerme a escucharlos ahora me da pereza. Realmente todo lo de los 80 suena tan mal que me da mucha pereza escucharlo, empezando por Los Nikis.

¿Tuvisteis algún tipo de relación con bandas del punk que se hacía en el País Vasco o en Cataluña en aquella época?
No. Tuvimos relación con los gallegos y los de Madrid. ¿Loquillo es punk? Con él si tuvimos relación.

¿Qué repercusión llegasteis a alcanzar fuera de Madrid? ¿Gustaban Los Nikis en los primeros conciertos que disteis en otras ciudades? ¿Cómo era la acogida fuera de la capital?
Salimos muy tarde a tocar fuera de Madrid. Sobre el 84, creo. Llevábamos ya cuatro años tocando. La acogida fue buena después del «Marines a Pleno Sol» (DRO / Tres Cipreses, 1984) porque al menos les sonaba el nombre del grupo.

¿Fue fundamental para el punk despreocupado de Los Nikis el haber crecido en el Madrid de La Movida? ¿Hubierais llegado igual de lejos en otros ámbitos?
Realmente nosotros estábamos a 30 km. de La Movida, que entonces no se llamaba Movida ni nada. Y no teníamos coche. Tampoco salíamos por los sitios de moda, porque el último autobús salía a las 22.30h. Vamos, que sólo crecimos en «el Madrid de La Movida» a ratos cortos por las tardes.

¿Qué contactos tuvisteis con el punk dela capital de La UVI, Commando 9mm, Espasmódicos, OX Pow…? ¿Y de la vertiente más oscura, como Parálisis Permanente?
Con Parálisis bastante. Compartíamos a Johnny de batería. Con los demás cero. Yo creo que por lo del autobús que te he contado antes.

¿Por qué crees que se ataca desde posiciones punk ortodoxas a la música que hicisteis vosotros o Siniestro Total? ¿Es posible el punk sin hacer crítica social o política?
Nosotros no hacíamos punk ortodoxo. Era más bien cristiano porque todos habíamos hecho la Comunión. Y, siendo pijos, sería poco consecuente hacer crítica social, ¿no?

Hubo quien vio en vuestras pintas de niños bien, en las referencias a Ultras-Sur y retornos al imperio de la tortilla de patata razones para recelar, mientras que otros para saludar brazo en alto vuestras canciones. ¿Finalmente se politizó vuestra música desde fuera? ¿Como vivisteis toda esta polémica? 
Todo eso fue post-mortem, en los 90. En la época que estuvimos en activo la gente era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que nuestras letras sólo hablaban de chorradas como la tortilla de patatas, Brutus, el perro de Rafa o Charlton Heston en «El Planeta de los Simios» (Franklin J. Schaffner, 1968). En fin, cualquier tema chorras para evitar hacer canciones de amor.

¿Mereció la pena haber participado de todo lo vivido en aquellos años de La Movida? ¿Fueron tiempos creativos?
Tocar en un grupo es muy divertido en cualquier época. Yo creo que todas las épocas son creativas, lo que pasa es que nosotros somos subjetivos y nos gusta más la nuestra, pero para gustos, los colores.

¿Se han dicho muchas exageraciones o inexactitudes de aquella época pasado el tiempo?
Está todo muy mitificado. El otro día vi un documental en la tele sobre los 80 y mi conclusión fue: Qué gris y qué cutre. De verdad.

¿Por qué terminan Los Nikis? ¿Cansancio?
Bueno, llevábamos ya diez años tocando y yo no me veía con fuerzas para hacer otras doce canciones para un disco. Además, Emilio y Arturo se fueron a vivir a USA.

¿Cual es el secreto de la repercusión de Los Nikis?
Pues reconozco que a esa pregunta le he dado muchas vueltas. Han hecho diez nikifiestas en nuestro honor con gente que viene de toda España. Yo flipo. ¿El secreto? Yo creo que las letras y Emilio, que es insustituible.

Con Los Acusicas se recuperan a mi juicio los mejores momentos de tus letras, ¿En qué te sueles inspirar para escribirlas? ¿Qué diferencia el nuevo grupo con respecto a Los Nikis?
Te agradezco mucho el piropo. Me sienta mal cuando la gente idolatra las letras de Los Nikis y ni se fija en las de Los Acusicas, que son más de lo mismo, pero hechas con mas empeño porque la música no era mía sino de Mauro Canut y me sentía con más responsabilidad. Me ponía a mi mismo un listón muy alto para cada frase. Intento hacerlas de temas originales y que no haya hecho nadie antes. Por ejemplo, una canción de relleno contando su vida en primera persona. El grupo es parecido. Chunta-chun, dos minutos y fuera.

¿Cuándo comienzas a dedicarte a todas las cuestiones técnicas de la producción? ¿Resulta más gratificante que tocar tu propia música?
Empecé en los 90 con el «Mas de lo Mismo» (Hormigonera, 1998). Grabar a otros grupos, si me caen bien, es muy gratificante.

¿Tienes planes de seguir con Acusicas o algún otro proyecto?
Pues no, la verdad.

¿Cual es el balance que te sale después de todos estos años dedicados a la música? ¿Has tenido momentos especialmente malos?
Balance totalmente positivo. Como esto nunca ha sido un trabajo, sólo he hecho exactamente lo que me apetecía hacer en cada momento.

¿Cómo se os ocurrió la reaparición sorpresa en Madrid recientemente? ¿Qué sensaciones tuvisteis en el concierto? ¿Qué tal reaccionó el publico?
Fue idea mía. Yo quería que saliéramos a tocar sólo una canción y por sorpresa total. El que estuviera meando se lo perdía. Luego Johnny y Emilio se empeñaron en hacer seis canciones. Debo ser muy mal negociante porque al final tocamos seis. Yo he ido a casi todos los conciertos que ha dado Airbag en Madrid y sabía lo que iba a pasar conociendo al público de Airbag. A los demás les pilló por sorpresa y alucinaron. Nos aprovechamos de la mitificación de la que hablaba antes. La gente pensó que estaba ante un momento histórico y no se dieron cuenta de la realidad: Cuatro abuelos tocando seis canciones viejas. Punto pelota.

Dicen que el amor es el motor del mundo. El Eros, como señalaba Freud, es el instinto que, sublimado, da lugar a las más elevadas artes. Pero claro, no es él único sentimiento en el mundo. En lo musical, el amor ha sido el tema más recurrente, pero justo es decir que los anglosajones han coreado himnos que nada tenían que ver con corazones rotos y anhelos sentimentales. Temáticas como la perdida de la fe, la diferencia de clases o la vacuidad de la música electrónica han sido material para hits tan indiscutibles como «Losing my religion», «Common People» o «Panic». El asunto de las letras en el pop y el rock español, sin embargo, ha sido escasamente revisado. Críticos y oyentes a veces han manifestado un cierto conformismo con esta cuestión, desviando el análisis hacia otros aspectos de la música, y dando el visto bueno siempre que la letra no acabara directamente cargándose la canción.

Tal es así que en los 90 se llegó a ver el curioso fenómeno, no sólo del viraje a un inglés deficitario y de temáticas burdas; sino incluso que algunos grupos ni siquiera cantaban en ese idioma, y simplemente balbucearan un fraseo sin sentido que imitaba su dicción. Los pocos grupos de los 90 que rompieron desde el inicio con esa tendencia, solían solucionar el problema enterrando la voz en el sonido hasta hacerla prácticamente ininteligible, caso de Los Planetas o Sr. Chinarro, o tiraron por una suerte de surrealismo críptico, como hicieron El Niño Gusano. Hay algo evidentemente entrañable para nosotros, oyentes, en todo esto, que nos hace mirarlo con ternura y nostalgia. Sin embargo, no parece que los propios artistas sean tan benevolentes. Curiosamente, la mayoría de ellos han avanzado a lo largo de sus carreras hacia una música donde las letras se hacen cada vez más claras, las voces se oyen cada vez más altas, y se reniega un poco de esos primeros discos, que han acabado por convertirse en una especie de huella incómoda.

Sin embargo, no hay que desdeñar la identidad lírica que muchos grupos han conseguido en su manera particular de enfrentarse al escollo del texto. Las letras de desamor y resentimiento, en un lenguaje llano y certero, tan típicas de Jota de Los Planetas, por ejemplo, han acabado siendo una seña de identidad innegable. El problema quizá viene cuando aparecen sucedáneos que se agarran a esa temática como la única posible y, quedándose en lo superficial, acaban haciendo cada vez peores copias de la idea original. Afortunadamente, algunos heterodoxos de las letras de pop y rock español nos han enseñado que hay un camino más allá del amor, el lamento y la deriva existencial, y que ese camino no pasa necesariamente por el hermetismo, la poética vacía y la vaguedad argumental. Con esta excusa voy a repasar en diez nombres lo que para mi representa esa manera de entender el texto como algo narrativo y abierto a los más improbables temáticas.

Vainica Doble: Vainica doble es, sin duda, uno de los más extraños casos que se ha visto en esta tierra. Santonja y Van-Aerssen eran capaces de hacer una canción a una funcionaria («La funcionaria»), reclamar con psicodelia cañí los productos de la tierra («Déjame vivir con alegría») o abrir un disco con una amarga canción sobre una amistad decepcionante («Réquiem por un amigo»). En su lírica, los refranes y la terminología popular conforman un mundo tan personal e intransferible como sus giros y armonías vocales.

Mecano: Cuesta creer ahora la popularidad que alcanzó un grupo que a veces dedicó sus canciones a las temáticas más marcianas. Su primer éxito estaba inspirado en una resaca («Hoy no me puedo levantar»), pero no sólo eso, también fueron capaces de cantar a cementerios («No es serio este cementerio»), perras astronautas («Laika»), y excéntricos personajes («Dalai Lama», «‘Eungenio’ Salvador Dalí»). En las canciones de Mecano cabe desde la frivolidad esteta («Maquillaje»), a la trascendencia naïf («El fallo positivo»), pasando por el cuento gótico («Hijo de la luna»).

Antònia Font: Los mallorquines llevan colgada, casi desde el inicio, la etiqueta de exquisita rareza. Por cantar en mallorquín sin sonar a cançó catalana, por inspirarse casi exclusivamente en otros heterodoxos como Jaume Sisa, y por meternos en un mundo extraño, lleno de astronautas rimadores, robots con sentimientos, alpinistas-samurais, iglús y batiscafos. Con esa materia prima cocinan fantásticas historias, instan a los alienígenas a hacer una visita turística a este planeta de polvo y de mierda que es la tierra («Extraterrestres») o dedican una canción entera a las ocurrencias de su compositor, Joan Miquel Oliver, cuando está aburrido con un papel delante («Wa yeah!»)

Single: Quizá la depuración definitiva de la manera de entender la música de Ibón Errazkin, el hombre que creó el, posiblemente, primer grupo indie de la historia de España. Single es un grupo de barroquismo marciano, capaz también de hacer canción de cualquier cosa. Con ese estilo narrativo que bordea lo relamido para alcanzar lo genial, igual hacen una oda al trino de un pájaro («Pio Pio»), al amor platónico entre un perro y su dueña, desde el punto de vista del perro («Mi perrito librepensador») o la eterna procrastinación de dos amantes («Posponías»).

Airbag: Aunque gran parte de su repertorio encuentra la inspiración en las historias de amor y desengaño post-adolescente, hay otro grueso de las canciones de punk pop de la banda que encaran las temáticas más freaks. Han dedicado varias canciones a sus películas favoritas, como a «La Matanza de Texas» (Tobe Hooper, 1974) –«Familia de subnormales todos locos»-, a «El Resplandor» (Stanley Kubrick, 1980) –«El resplandor»– o «La Mujer Explosiva» (John Hughes, 1985) –«Ciencia explosiva»-, suelen hablar de cómics, videojuegos y ciencia ficción y han dedicado sus singles más exitosos a temas como el suceso de Roswell («Roswell 1947») o la mafia rusa («Mafia rusa en la Costa del Sol»).

Los Punsetes: El sarcasmo y el humor retorcido de Los Punsetes supuso un soplo de aire fresco para el panorama nacional. Lo que ha marcado la diferencia de su monolítico post-punk han sido sus particulares letras. Tras sorprender con un himno dedicado a la excesiva presencia policial en la noche de Malasaña («Dos policías»), han tenido palabras para la gente que mira en los accidentes («Accidentes»), los tipos que observan con asco a las parejas («Queridoalberto») o la tendencia de la naturaleza al desastre («Lo natural»). Entropía y misantropía, solo ellos podían hacer un estribillo mandando a tomar culo a tus amigos («Tus amigos») y conseguir que se coree en las discotecas.

Ornamento y Delito: Tan oscuros como Los Punsetes, pero sin recurrir al humor, o haciéndolo con tanta seriedad que no se le ve la gracia a la cosa. Ornamento y Delito presentan los temas más escabrosos con una crudeza que hiela la sangre. Así, adolescentes violentos («Policía»), licenciados abúlicos («Beñat») y ciudades corrompidas («Madrid») pueden ser objeto de un frío análisis, que revela lo grotesca que es la realidad cotidiana. Como la rara avis que son, pueden permitirse sacar un single («Bono es Dios») en que a través de una anécdota personal, abordan el origen de la gente que hoy copa el establishment musical.

Klaus & Kinski: Los murcianos han definido su peculiarísima personalidad no sólo a través del eclecticismo, sino también a través de sus textos. Así, pueden retorcer los refranes («Ojo por diente», «Lo que no cura mata»), dedicar un bolero a Mengele («Mengele y el amor»), hacer un charlestón político-económico para Bakunin («Carne de Bakunin») o darle sabor folk al lamento de un niño lleno de miedos («Mamá, no quiero ir al colegio»).

Raúl Querido: Conocido por su incontinencia creativa y por haber dedicado canciones con sorna a Christina Rosenvinge, Amaia Montero, Antonio Luque o Mai Meneses, entre otros, la canción para Raúl Querido es una libreta abierta a cualquier tipo de reflexión. Detrás del humor cafre y punk («Sostres Sostres», «NNO, Nana del Nuevo Orden») suele haber una provocación con enjundia, pero ante la tentación de leerle sólo en clave de postmodernidad, es recomendable acercarse al Raúl más reflexivo («Reinventar el domingo», «Invierno perpetuo») donde las inquietudes personales alcanzan una franqueza devastadora.

Astrud: En ese arte de hacer canción de cualquier cosa, nadie ha alcanzado un nivel tan depurado como Astrud. Todos los temas valen, desde un niño que acaba de enterarse de que no existen los Reyes Magos («Son los padres»), a las deletéreas personalidades de los poetas patrios («Nuestros poetas»), pasando por la añoranza de un bar que cerró («Acordarnos»). Salen victoriosos de casi cualquier reto, ya sea cantar a la grabación de un CD casero («CD»), dedicar un pasodoble a un chiste sobre la personalidad española («Hay un hombre en España»), abordar lo decorativo de las ansiedades neuróticas («Miedo a la muerte estilo imperio»), hacer una canción sobre afirmaciones que se hacen y se deshacen como si fueran un dibujo de Escher («Me desdigo») o dedicar una letra a la última vez que se hacen las cosas («La última»). Las canciones parecen hacer de diván para las angustias y fantasías de Manolo, y hasta cuando habla de amor, lo puede hacer de las maneras más exóticas, por ejemplo, con Noam Chomsky protagonizando un improbable idilio por la red («Noam Chomsky»).

El camino de los heterodoxos no acaba aquí, claro. Canciones de bandas nuevas como «Cruzo los dedos» de Doble Pletina, que aborda la desidia de una ciudad que se vuelve cada vez menos excitante, «Trovadores» de Solletico, que repasa la evolución de la música cantada a lo largo de la historia o «Sentido y referencia» de Los Lagos de Hinault, que analiza una conversación trivial desde distintos focos, son buenos ejemplos de que hay aún espacio y talento para salir de la obviedad a la hora de hacer una canción. Parece que sí, que hay vida más allá del amor.