PONER TABIQUES AL CAMPO

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Emparedado de berenjenas con mozarella / Violeta Vil

Las berenjenas visten de gótico la huerta. En su variedad más oscura —de violeta ceñudo, morado intenso o casi negra—, son como unos The Cure o unos The Sisters of Mercy agrarios. El resto de frutas y verduras las miran de reojo pensando que por qué ese empeño en no vestir de alivio, con el calor que se pasa en la mata tan de negro. Pero ser gótico por encima de todo es lo que tiene: es tortuoso, sufrido, y se tiende a la incomprensión de los demás. A la berenjena le costó que la quisieran; en la Edad Media se la tenía por causante de epilepsia y locura. Hoy convive entre nosotros humilde y discreta, aunque hay países en que se la adora y se le da enorme uso culinario. La gran virtud de estas hortalizas es la variedad de platos que se pueden preparar con ellas: los cordobeses las fríen y las mojan en salmorejo que dan ganas de rebozarse y morir; los griegos las trituran y las aliñan para tomar de entrante (melitzanosalata), en Oriente Medio las asan rellenas de cordero, en Marruecos puede degustarse un tajin de berenjenas y menta, y los italianos no se conforman con añadirlas al pisto, sino que son capaces de mezclarlas con chocolate.

Mónica Di Francesco es una especie de Siouxsie logroñesa. Con su voz y sus teclados insistentes y contorsionados comanda el grupo Violeta Vil, junto a la guitarra de Yanara Espinoza (Papaya). Son la encarnación del gótico rural. A cada paso discográfico que dan son más morbosas y oscuras, con todo un delirio dark ya desde los títulos y el arte gráfico (visítese su Bandcamp): «Mujeres Ulaga» (Gramaciones Grabofónicas, 2014), “Vagina dentada” (tema de 2015) y “Martillo criminal” (tema de 2015). Su primer trabajo fue «Lápidas y Cocoteros» (Discoteca Océano, 2012), que tal vez contiene su canción más potente y conseguida. En “Toronjil”, así se llama, aciertan a aunar con naturalidad lo campestre y lo tenebroso; es una especie de danza macabra, ante la que te sientes como si estuvieras atado a un poste y a tu alrededor bailaran sombras deformes, listas para masacrarte, al ritmo de esos teclados tribales. La letra, además, comienza así:

«Le quitaron una muela
el día de su comunión
y allá estaba sola la abuela
morada como una berenjena»

Sin duda los teclados conforman la identidad sonora de Violeta Vil. Más felices suenan en “Tormentas – sonrisas”; y al inicio de “Aguamarina”, una especie de órgano nos hace pensar que estemos en la cámara del jorobado de Notre Dame. Y aunque en la versión retorcida que hacen de “La Pericona” de Violeta Parra se detecte una mandolina, la caja de ritmos es el otro instrumento que termina de configurar ese sonido lúgubre y absorbente perenne en los ocho temas.

Emparedar un cadáver si no hay otro modo de deshacerse de un muerto es un útil remedio casero que puede ponerle los pelos de punta a más de uno. Con este otro emparedado de formas oblongas, enyesado con un poco de mozarella, lo que podemos es ponernos morados.

Twitter: @goghumo

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