¿OTRA POLÍTICA MUSICAL ES POSIBLE?

Me acerco a la ¿celebración? del Día Sin Música con un inquietante pensamiento en la cabeza: en la agenda de los partidos políticos todos los días son días sin música. Y no, no estoy hablando solamente de la agenda de las formaciones que ostentan el poder o aspiran a decidir sobre nuestras vidas, sino incluso, sobre sus catálogos de promesas electorales, en los que el hecho musical prácticamente no existe. “Mejor”, pensaréis muchos con cierta razón. “Que no se metan, que nos dejen hacer”. En realidad, no existe en lo positivo. El problema se acerca más al del perro del hortelano, como demuestran aspectos ya señalados como éste o la cada vez mayor proliferación de ordenanzas municipales de todo tipo dispuestas a poner coto a la música en directo relacionándola directamente con problemas de orden y salud pública, casi nunca fomentándola como hecho cultural enriquecedor.

Pero la semana pasada me topé con una insólita excepción. Acudí a la presentación del programa de Podemos Cultura para la Comunidad de Madrid en el Círculo de Bellas Artes y me quedé anonadado por su puesta en escena, la claridad e ímpetu de sus intenciones, su forma de comunicarlas. Después de que el acto fuese introducido por un cuarteto femenino de cuerda que hacía una versión de “Sweet child o’ mine” y con el actor Juan Diego Botto como (muy breve) maestro de ceremonias, por el estrado se fueron alternando diferentes representantes de Podemos que están trabajando en los ámbitos de las artes visuales y escénicas, libro y bibliotecas, cine, comunicación, patrimonio histórico-cultural, fílmico y sonoro y, por supuesto, música, con personas vinculadas profesionalmente a cada uno de esos sectores y que fueron explicando sus puntos de vista sobre las problemáticas concretas de cada uno de ellos. En el plano musical, fueron bastante incendiarias tanto las palabras de Santiago Auserón como del periodista especializado en metal Mariano Muniesa.

Muniesa, por cierto, hincó el dedo en una llaga tan evidente como, hasta el momento, desapercibida: ningún partido político había incorporado hasta ahora la música a su programa electoral. O, al menos, no de un modo tan manifiesto y articulado como Podemos, para quien el hecho cultural adquiere un carácter de centralidad –o, al menos, relevancia- tal que ha decidido también reservar uno de los actos de su campaña a hablar exclusivamente de ello. Ponerlo sobre el tapete de un debate político hegemonizado en torno a la economía y poco más. De hecho, la única mención que a lo cultural y a lo musical se hace en los grandes partidos suele ser siempre como motor económico, generalmente asociándolo al gran evento, el impacto turístico o la burbuja inmobiliaria (se han construido muchos grandes recintos y espacios en los últimos años, sin importar que luego apenas se les dé uso, por ejemplo). El programa cultural y musical de Podemos ha sido elaborado horizontalmente, abriendo las propuestas a la ciudadanía, se nos ha consultado a diferentes actores relacionados con el sector, y es un compendio de líneas estratégicas generales para desarrollar a medio y largo plazo que muestra una profunda reflexión sobre la labor de fomento de la música que deben desarrollar los poderes públicos. Lo hace visualizando un modelo más cooperativo que individualista, descentralizador (que acerque la cultura a los barrios y pueblos), que considere la música como un derecho de todos y no un privilegio, que permita que suceda sin dirigirla, que la celebre en lugar de criminalizarla y que se planifique de cara al futuro en lugar de cerrarse en la política de burbujas y el cortoplacismo. Tienen también previstas medidas educativas e incluso la puesta en marcha de una fonoteca de la Comunidad para conservación y divulgación de nuestro archivo fonográfico. En un acto mucho más modesto celebrado esta misma semana, Ahora Madrid presentaba a la prensa y los actores sociales relacionados con la música, un ideario para las elecciones municipales cuyas líneas generales son básicamente las mismas.

Aún admitiendo el riesgo de caer en el centralismo, y sin tener muy claro si esto es extrapolable al resto de territorios, estoy acotando mi análisis a la capital, ya que es lo que más conozco de primera mano. En este sentido, no se encuentra nada remotamente similar en el resto de agrupaciones. Cierto es, a tenor de lo que se refleja en este reportaje publicado por Mondosonoro que PSOE e IU tienen cierta conciencia e ideas al respecto. Revisando el programa de Ciudadanos, hay un epígrafe dedicado conjuntamente a Deporte, Educación y Cultura, pero la música sólo aparece representada en un par de medidas generales bastante vagas: la apertura de espacios públicos y mayor concesión de ayudas al sector cultural. En cuanto al PP, no parece que tenga previsto cambiar nada de lo que ha hecho (o dejado de hacer) en las últimas legislaturas. En su escueto programa, no hay ningún tipo de referencia a la cultura.

Asociado a todo esto, personalmente me resulta saludable y alentador comprobar el apoyo de numerosos músicos a estas nuevas formas de hacer política, implicándose en mayor o menor medida. Parte del impulso del círculo de música de Podemos se debe a la iniciativa de Garikoitz Gamarra (Ornamento y Delito) y, además de Auserón, han mostrado su apoyo tanto a Podemos como a Ahora Madrid, ya sea asistiendo a actos y charlas, colaborando en los círculos o manifestándose en redes sociales, desde cantautores de vieja o nueva estirpe a músicos de los 80 (Ana Curra, Mercedes Ferrer o Nacho Goberna son algunos de los más activos) y grupos alternativos más jóvenes. Una buena toma de contacto ha sido el concierto de apoyo a Ahora Madrid organizado anoche en la sala Boite, donde intervinieron MAJESTAD, Alborotador Gomasio, Mihassan, The Government y Helveticas DJ’s; aunque tenemos constancia de que se están preparando eventos similares en un futuro próximo para celebrar, reivindicar y visibilizar la diversidad musical que hay en el Madrid presente. La reciente aparición de un tema de Joe Crepúsculo como sintonía para mítines de Podemos (más como gesto de apoyo a requerimiento del Círculo de Cultura que como algo con pretensiones de himno) es sólo un elemento más en la estrecha vinculación entre los músicos más inquietos y las alternativas de gobierno que se están mostrando más dispuestas a defenderlos. Que este tema no haya gustado a Pablo Iglesias o incluso cuestionarse que las preferencias o fobias musicales de sus miembros pueda sumar o restar votos parece tan irrelevante como plantearse si a Rajoy y Zapatero les ha beneficiado o perjudicado ser del Madrid o del Barça.

A lo que quería ir es a otra cosa. La lógica electoral nos lleva a pensar que esto que estamos hablando se queda en el terreno de la incertidumbre o, más aún, en el de la utopía. Desde el “realismo bien informado” es fácil pensar que, en el probable caso de que ninguna de estas formaciones alcance el poder, todo esto sea papel mojado, agua de borrajas. Tal vez habría que eludir esa tentación finalista, esa cosmovisión en la que solo importan los resultados, y plantearnos esto como un primer paso, unos documentos iniciales de trabajo sobre los que seguir ahondando y, con la ayuda de un tejido asociativo que debería seguir creciendo, tenerlos presentes por parte de la ciudadanía. Aunque no puedo, ni pretendo, disimular mis simpatías ideológicas (LaFonoteca, que tan amablemente me reserva este espacio, tampoco tiene necesariamente por qué compartir o responsabilizarse de mis opiniones), la intención de esta entrada no es tanto la de hacer proselitismo como la de reflexionar en torno a una realidad y ponerla de manifiesto. La música era, hasta ahora, un cero a la izquierda en la agenda y el debate políticos. Ahora está encima de la mesa, aunque su fuerza sea relativa. Si realmente es algo que nos importe a la ciudadanía, no estaría mal no desaprovechar estos primeros impulsos, suceda lo que suceda en el mapa municipal y autonómico a partir del lunes.

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