OCHÉNTAMELO DE OTRA MANERA

De todos es hartamente sabido que vivimos en un eterno revival que afecta a todos los segmentos de la cultura y, de modo fehacientemente notorio y especialmente frustrante, al que ocupa a esta columna, que es la música llamémosla alternativa. Dentro de esa permanente revisión nostálgica en la que el presente es siempre pasado, no dejamos de ver cómo los nombres emergentes son eclipsados por reuniones de grupos de todos los ámbitos y décadas, llegando incluso a la de los 2000 (The Libertines). Pero, en lo que me quería centrar es en el revival masivo de un sonido, el post punk de los 80, género que se volvió a poner de moda la pasada década y que me ha causado sensaciones encontradas: por un lado, la posibilidad de revisar, recuperar e incluso ver en directo a grupos que jamás habría soñado (¡Young Marble Giants!) y, por otro, la típica trampa de pensar que, veinte o treinta años después, recontextualizados en un entorno completamente diferente (hiperpatrocinado y masificado), tal vez hayan vuelto pervirtiendo su esencia.

Favorecido fundamentalmente por festivales como Coachella, ATP o Primavera Sound (y no solo), quizás lo que más me quede en el recuerdo de estos últimos años, por encima de los grupos nuevos, habrá sido asistir de un modo u otro a las reuniones de PiL, Magazine, The Pop Group, Pere Ubu, Devo, Suicide, James Chance & The Contortions, Scritti Politti, Gang Of Four, The Human League, Cabaret Voltaire, Throbbing Gristle y Psychic TV, los ya citados Young Marble Giants, The Specials, Dexys, Soft Cell, The Slits, New Order, Bauhaus, Mission Of Burma…, a revivir con más fuerza a grupos que, en realidad, nunca se fueron (Buzzcocks, Wire, The Fall) o a otros que, en decadencia, decidieron echar la vista atrás a su época gloriosa con mayor o menor compromiso ético (Simple Minds tocando sus primeros álbumes, Peter Hook interpretando el repertorio completo de Joy Division), a segundas partes insólitas (¡Swans!). No he tirado de memoria en esta retahíla de nombres, sino del índice de “Rip It Up And Start Again. Posptunk 1978-1984” (2005), el libro definitivo de Simon Reynolds sobre el género, descubriendo que prácticamente todos los grupos que él cita han regresado. Añadiría que, en la mayor parte de los casos, con bastante mayor dignidad de la que se podría esperar en un principio.

En realidad, la verdadera intención de esta entrada era trasladar el fenómeno a España y comparar. En efecto, y aunque nuestra (micro) escena post punk surgió como a imagen y semejanza de la británica, el revival no ha acontecido de la misma manera. Nadie ha intentado apropiarse -de momento- del nombre Rock Ola como Peter Hook del Haçienda. Ni al Primavera ni al FIB ni a festivales similares se les ha dado, por ejemplo, por intentar resucitar a Décima Víctima o a Radio Futura, probablemente conscientes de que los grupos tampoco se iban a prestar a ello. En el caso de los autores de “La estatua del jardín botánico”, se antoja completamente imposible tras el fallecimiento de Enrique Sierra, aunque los hermanos Auserón siempre fueron bastante coherentes con la idea de no volver (bueno, casi siempre: su gira «Las Malas Lenguas” sigue figurando en el top 10 de mayores despropósitos del pop español de lo que llevamos de siglo). Alguna experiencia de gira nostálgica sí ha habido, como la de Ana Curra haciendo repertorio de Parálisis Permanente (y Seres Vacíos), el regreso de Oviformia SCI vía Elefant Records o incluso la celebración del Segundo Simposium Tecno en 2013, rememoración del creado en 1981 por Servando Carballar y los propios componentes de Oviformia, entre otros. (La finalización del segundo, por cierto, con todos los músicos sobre el escenario versionando el “Blue Monday” de New Order, recordaba muchísimo a esas giras de viejas glorias del rock). También Esplendor Geométrico han vuelto a actuar en unas cuantas, contadas, ocasiones. Alguna de ellas en entornos tan insólitos como la Red Bull Music Academy. Y en mi memoria sentimental, aunque no tenga realmente mucho que ver ni con lo que cuento ni con prácticamente ninguna otra cosa, no quiero dejar de mencionar la profunda impresión que me produjo asistir al concierto de Cristina Lliso en Galileo, teóricamente presentando su primer álbum en solitario, pero también repasando gran parte del repertorio de Esclarecidos.

He excluido deliberadamente los fastos conmemorativos de La Movida, casi siempre marcados por lo casposo, y los regresos de grupos que entrarían en otra categoría (Nacha Pop y similares), aunque dentro de estos sí hubo alguna cosa aprovechable, como el concierto del malogrado Germán Coppini tocando repertorio propio y de Golpes Bajos con Maga como banda de acompañamiento. El resultado fue dignísimo, e incomparable, en las antípodas, de lo que habría sucedido si Coppini reuniese a la banda original con Teo Cardalda. (Este lo intentó, por cierto, por su cuenta y sin la autorización de sus compañeros, con algún delirante concierto revival con invitados como Xoel López o Iván Ferreiro).

Sin embargo, sí que ha habido una operación rescate articulada de otra manera: la de unos años 80 ajenos a la historia oficial, ocultos para casi todo el mundo, y que ha sido ahora cuando se han dado a conocer con mayor fuerza. Destacaría así la sorpresiva reaparición de Ataque de Caspa, favorecida por la reivindicación de grupos actuales como Los Punsetes. Algo relativamente similar sucedió con los más populares Monaguillosh, resucitados del inconsciente colectivo de quien vivió aquellos años y descubiertos para muchos gracias a la versión de “Voces en la jungla” que hacían los efímeros Dolores. Al parecer, se encuentra en posproducción un documental sobre Monaguillosh –o, más bien, sobre la adolescencia musical de su vocalista, Beatriz Alonso Aranzábal-, que se titulará “De Un Tiempo Libre a Esta Parte”. También Desechables fueron testigos de un interesantísimo documental, “El Peor Dios” (Alejandro Montes, Daniel Arasanz y Nico Tarela, 2013). Entre algunas reediciones más o menos oportunas que han ayudado a recordar la zona más oscura de los grupos oscuros de los 80, hay que destacar el recopilatorio “Sombras. Spanish Post Punk And Dark Pop. 1981-1986” (2014), editado el pasado año por Munster.

Además, me resulta interesantísimo el vislumbrar una influencia latente de todo aquello en grupos como El Último Vecino o Perapertú, que hacen suya aquella era de un modo muy personal, interiorizándola en un lugar de la memoria y reconstituyéndola en el recuerdo de cintas de casete caducadas en la guantera del coche de sus padres, de Ciudad Jardín, El Último de la Fila o El Último Sueño, como si fuese la psicofonía de un tiempo no vivido por ellos pero recordado a través del recuerdo de otros. Ensamblo esa idea con la expuesta en la película “El Futuro” (2013) de Luis López Carrasco, recreación de una fiesta de estudiantes en un 1982 reimaginado desde la distancia, desde una visión difuminada por la memoria y desde una banda sonora imposible, que nadie podría escuchar en una fiesta en aquel año, como si se quisiera mostrar que el recuerdo de los 80 se ejerce desde un estado mental del presente. Oportunamente, y en una afortunada y rocambolesca casualidad a la que (¡lo juro!) yo era completamente ajeno cuando redactaba este artículo, LaFonoteca acaba de editar la banda sonora de la película justamente estos días.

Todo esto que cuento a colación de “El Futuro” iría ligado a la crítica a la Cultura de la Transición y, por tanto, a la necesidad de volver a contar aquella historia desde otro prisma no oficial. Ésta sería, lo pienso ahora, la mayor especificidad del revival español del post punk, establecido desde unos parámetros sociales y políticos bastante diferentes a los que rodean a ese fenómeno a nivel anglosajón. Aunque la asociación de las políticas neoliberales actuales a las bases sentadas por Thatcher y Reagan nos hagan pensar también en que se podrían establecer otros paralelismos que ya excederían las intenciones de esta entrada.

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