MÚSICA, POLÍTICA Y HUMOR CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN

Murga del Chucho (Tenerife, 1920)

Siempre que se habla de música tradicional o autóctona en España se habla del flamenco, de la copla, del pasodoble, de la jota y, como mucho, de la zarzuela. Punto. Y tenemos otros dos géneros que a mi modo de ver están a la altura de esos patrimonios culturales y que aquí vengo a poner en valor: la chirigota y su descendiente la murga. Con el añadido de que este género, a diferencia de los anteriores, fue exportado: a Uruguay, Panamá, Argentina… Busquen por ahí las recopilaciones, que están ahora muy a la moda, de música latina editados por disqueras anglosajonas y se encontrarán no pocas murgas.

La cosa es que la chirigota y la murga beben de esos otros estilos españolazos que mencionaba más arriba, con lo que se cierra el círculo, de tal manera que en ellos se aglutina toda la riqueza musical española.

La gente que me es cercana odia bastante estos géneros musicales y debe de ser algo generalizado pues la expresión “dar la murga” viene precisamente de aquí. Vale, a mí eso me da igual, allá cada cual con sus manías. Creo que el hecho de estar denostados es por el valor añadido que poseen, que para mí es algo positivo y que se conoce que para el resto de la humanidad suele ser algo negativo: la crítica política (y social), y el humor.

En principio, a la gente le suele hartar bastante que la música critique abiertamente cuestiones políticas (salvo a los adolescentes, que les encanta), aunque en los momentos actuales que todos sufrimos, si Nacho Vegas y Roberto Herreros, cuyas vidas guarde dios muchos años, cantan políticos, se les dedica artículos periodísticos y es la hostia. Pero, ¿qué pasa con el humor?

Nada, en todas las expresiones artísticas el humor está valorado como algo inferior. Es como “ah, sí, mira a ésos, ja-ja”, así, como con condescendencia. No verán en las vitrinas de Enrique Jardiel Poncela, Will Ferrell, los Hermanos Marx, Kentucky Fried Niggaz o Fernando Arrabal muchos premios. O sí los verán, no lo sé, pero que no se los tiene, cuando lo son, entre los mejores. Ojo, pero mejores en absoluto: como actores, grupos de rap o escritores; no como actores cómicos, grupos de rap cómicos o escritores cómicos, que es como se los suele definir.

Y combinar estas dos cosas, crítica política y humor, con la maestría que lo hacen las chirigotas y murgas, perdónenme, eso es algo al alcance de muy pocos. Reivindico y me pego con quien haga falta. Adjunto vídeo ilustrativo de lo dicho:

 

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Comentarios

  1. Sin gustarme una mierda la chirigota desde el punto de vista estético -me parecen terribles- no veo que el autor esgrima que si no eres capaz de percibir ese valor añadido eres un moderno. Ni siquiera veo que diga que no todo el mundo sea capaz de percibir dicha capacidad, sino que piensa que ese carácter contestatario sea el motivo -discutible- de tanta fobia..

    Con lo que yo sí que discrepo son con los ejemplos mencionados. Al menos -y esto sí que es moderno ahora vía Blackie Books- Jardiel Poncela está en el Olimpo de los escritores españoles.

  2. Con respecto a la copla, por ejemplo, ese valor añadido de la crítica política no es tal. A poco que se documente cualquiera verá que la copla era el género protesta por antonomasia a principios del S.XX.

    Que a alguien le pueda hacer gracia, pase, pero intentar venderlo como algo a reivindicar esgrimiendo el eterno argumento de que si no percibes su valor objetivo es porque eres un moderno me parece de locos.

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