LITROS DE ALCOHOL, CORREN POR MIS VENAS, MUJER

Ilustración de la obra Tacuinum Sanitatis, siglo XV
Ilustración de la obra Tacuinum Sanitatis, siglo XV

 

Ramoncín. Uno de los personajes más demonizados de la cultura pop española. Punta de lanza del movimiento anti piratería. Cabeza visible de ese gran monstruo de siete cabezas que se queda con todo nuestro dinero (?) que es la SGAE. Víctima del famoso apedreamiento en el ViñaRock y recientemente absuelto de un caso de apropiación indebida. No sé a vosotros, pero a mí esto me parece el retrato perfecto de lo que es el español de barrio medio.

Uno de los primeros recuerdos que conservo de Ramoncín fue el de un peculiar presentador de televisión, un poco listillo, pero afable. Bueno, bastante listillo. De negro, al más puro estilo doctor Ian Malcolm de «Jurassic Park». Para mí era el presentador de «El Lingo». Ni siquiera recuerdo las normas del concurso, pero sé que se sacaban bolas con números y se adivinaban palabras. No sé cómo encajaba una cosa con otra…

Después supe que cantaba «Litros de alcohol, corren por mis venas, mujer, no tengo problemas de amor…» y me sorprendió un poco. Fue porque en mi infancia Ramoncín estaba empezando su etapa de salvador intelectual de las masas, y aquello era una canción sobre macarras de esos con chaqueta de cuero que bebía en el parque y mi abuela odiaba. Emborracharse estaba mal y no entendía por qué ese tío tan graciosete (y bastante listillo) podía haber hecho una canción sobre eso.

Pero en realidad, aunque salvador intelectual de las masas, Ramoncín empezó como un rockero de barrio, haciendo música de barrio, en el barrio de Arganzuela, en la calle Canarias, donde precisamente hay una calle llamada José María ROQUERO. Todo encaja. Un chaval de barrio obrero que solo quería pasárselo bien, beber cerveza, emborracharse y ni siquiera tener problemas de amor. El uso de privar por beber ya nos traslada al típico barrio madrileño setentero. Uno de los primeros punk-rockers-glam de España. Con talento, sí, pero décadas después parece que su música haya acabado en tierra de nadie, en una especie de limbo de glam-rockdonde habitan almas con lentejuelas y maquillajes faciales excesivos que la gente ha olvidado.

Ramoncín hizo todo lo que un chaval de barrio humilde haría en su lugar. Explotó su talento, alcanzó la fama, ganó cierto dinero y al menos de cara al público, olvidó sus orígenes. Acabó en debates políticos actuando como sabio especialista de todo y la gente empezó a tenerle un poquito de inquina. No ayudó su cruzada contra la descarga de música ni ser directivo de la SGAE, otrora principal enemiga del español, ahora en un mediocre quinto o sexto puesto entre las figuras más odiadas de este país, por detrás de políticos, banqueros, deportistas y feministas. Tampoco ayudó su cambio de cara (literal) ni su actitud insolente, pero es que él siempre fue así. Creo que no me importaría tomarme unas cervezas con él.

Parece injusto que el personaje haya eclipsado tan salvajemente el talento de su juventud. Así que reivindiquemos este «Hormigón, mujeres y alcohol», que es su verdadero título. Te queremos, Rey del Pollo Frito. Nosotros no te apedrearíamos.

El grabado que aparece en el «Tacuinum Sanitatis», un manual de salud del siglo XV editado en Renania, nos muestra los efectos de las cantidades ingentes de alcohol en nuestro organismo y a juzgar por la chica del vestido azul, tampoco hay mucho problema de amor.

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