«LA DIVERSIÓN ESTÁ SOBREVALORADA»

imageEl pasado sábado 1 de agosto tocaron, en Matadero Madrid, Germán Carrascosa y la Alegría del Barrio. Germán es un artista legendario que ha militado en grupos como Bananas, Jugos Lixiviados o Los Muebles, y que ahora lo hace en este proyecto en solitario cuyo grupo de apoyo va cambiando de miembros, manteniendo como único núcleo fijo a Germán. A su voz, su guitarra y su opinión de que un concierto debe ser un espectáculo, y no limitarse a tocar en directo las canciones del disco punto por punto. Para el que escribe estas líneas, fue un concierto maravilloso. Otra gente se fue antes de terminar y/o despotricó contra lo que allí se vio. No es la primera vez. En enero, su anterior actuación en Madrid provocó opiniones igual de viscerales, tanto a favor como en contra.

¿A qué se debe semejante división de opiniones? Creo que tenemos que rebobinar más de medio siglo en la historia de la música popular para intentar entenderlo.

En el principio fue la oscuridad. Pero vio Dios que aquello no era divertido y creó el rock ‘n’ roll. El rock ‘n’ roll fue el primer género musical en el que lo importante no era tocar bien, sino que fuera divertido. Solo así se explican las reacciones de locura y desenfreno que provocó en las adolescentes del planeta y lo mucho que se santiguó la sociedad biempensante del momento. Y en realidad muchos de los músicos y grupos de aquella época tocaban bien. Pero eso no era la clave (se llevaban siglos de música bien tocada sin que se hubiese producido nada como «Surfin’ bird»). Sin embargo, con los años, los veinteañeros que habían empezado a hacer rock ‘n’ roll sin saber tocar maduraron y evolucionaron, hasta convertirse en virtuosos aburridos. La música en general sufrió esa transformación. El rock psicodélico y el rock progresivo estaban muy bien tocados, pero no eran divertidos. Así que Dios creó el punk, y la música volvió a ser diversión. No sabían tocar, pero aquello era realmente divertido. Pronto, claro está, alguien volvió a joderla. Seguramente Ian Curtis colgándose en la cocina, aunque no lo sé con seguridad. Los críticos musicales ayudaron, desde luego. Dándole tanta importancia a lo que contaban, a las atmósferas oscuras, a los discos conceptuales, al ARTE frente a la diversión. U2 eran buenos porque eran complejos y evolucionaban. Los Ramones no eran buenos porque repetían siempre una misma fórmula. Pues a la mierda, hombre.

En España ocurrió algo similar. La Movida, por sobrevalorada que esté, se trataba de diversión. El indie noventero en cambio, y con honrosas excepciones, se centraba en lo intelectual, en el tomarse en serio a uno mismo y lo que hace. Y sobre ese pilar se edificó en nuestro país la prensa musical especializada que llegó a este siglo. Sobre el de lo aburrido como lo óptimo, descalificando todo aquello bailable y adrenalítico como menor si no tenía una fachada seria y sesuda. Y eso lo han mamado varias generaciones, que ni entienden ni aprueban que un grupo se limite a divertir y no se tome en serio su música. De gente así está la barra del fondo de las salas llena.

Podemos observar, en esta escena indie, underground, o como la queráis llamar, unas exigencias sorprendentes. A grupos que hacen esto exclusivamente como hobby (no está el tema de venta de discos y entradas a conciertos como para otra cosa que no sea perder dinero), se les exige una profesionalidad que no tendrías con alguien que hace reproducciones a escala de Le Corbusier con macarrones. Profesionalidad a la hora de tocar, a la hora de escribir textos (auto)promocionales, de hacerse fotos… Se trata como grupos de medio pelo y sin puta idea de tocar a gente que se da por hecho que son exactamente eso. Es ridículo y triste, como abuchear al último en una marathon popular. Pero sobre todo no tiene ningún sentido. Escribes esa opinión en tu blog, ese medio en el que eres respecto a un crítico musical lo mismo que el grupo al que estás defenestrando es respecto a un grupo profesional. Eres el mismo simulacro, el mismo sucedáneo. Lo haces porque te divierte, sin más ambición. Igual que el grupo. Sin embargo, el grupo, por algún motivo (y no siempre es la clásica gilipollez de «porque he pagado una entrada»), está obligado a cumplir unos mínimos de profesionalidad que no se aplican a otros hobbies. Es muy extraño.

Pero nos hemos desviado del tema. Cuando voy a un concierto, espero pasármelo bien. No siempre lo consigo. Hay grupos que tocan demasiado tiempo. Otros se enrollan tanto entre canción y canción que nunca consigo meterme. Pero sobre todo no me lo paso bien cuando el grupo hace todo lo posible para que no me lo pase bien. Cuando se toman tan en serio a sí mismos que se transmite al público, transformándolo en una marea de críticos que sobreanalizan todo y no disfrutan nada. No me veréis en muchos conciertos así. No me interesa. Puede que su música me guste para escuchar en mi casa, pero si no me voy a divertir, no voy a ir a su concierto.

Lo ideal, lógicamente, es que un grupo sepa tocar bien y encima sean divertidos. Pero si solo puede ser una de las dos cosas, si tengo que elegir, yo elijo divertirme, todas y cada una de las veces.

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Comentarios

  1. Me encanta tu comentario Manuel, yo llevo 40 años disfrutando de la musica, soy coleccionista o como dice mi mujer «acumulador » de discos, pero escucho muchos discos y muchos estilos y me sigo emocionando con algunos de ellos, espero no perder nunca la emoción y que los musicos tampoco la pierdan…»la mujer portuguesa y su bigote de gato hacen cosquillas a un mono que veiste trajes muy caros…» como te añoramos Sergio…

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