INTRODUCCIÓN A LA BARBARIE

Codornices - Vadim Tudor recort
Tajin de codornices y dátiles / Vadim Tudor

Barbarroja, Idi Amin, Charles Manson, Calígula, Atila, Pol Pot, Vadim Tudor… son todos nombres tonantes, llenos de una sonoridad que evoca truenos, fragores, estampidas y una docena de mascletás juntas. Uno imagina a estos hombres pertrechados con chaqueta de camuflaje, morral a la espalda, cartuchera en bandolera y escopeta en ristre, dando zancadas por un monte al acecho de cuanto bicho se mueva. Y después de la caza, se les ve junto a un pequeño fuego de campamento devorando a sus presas, espetadas de lado a lado con un palo. O como Saturno a su hijo. No te los figuras precisamente en una convención de vegetarianos poniéndose ciegos de tofu.

Al político rumano ultranacionalista Corneliu Vadim Tudor no se le pueden achacar las dosis de crueldad que sí estilaba el resto de mencionados; aunque sobre este, que lideró durante años el Partido de la Gran Rumanía, pueden leerse lindezas como que en su juventud ejerció de poeta de corte de los Ceausescu o que se le conoce como “el payaso de los Cárpatos”. No he sido capaz de hallar más referencias a ningún otro Vadim Tudor, así que obviando la simple casualidad, cabría imaginarse que Javier Rincón se inspiró en el nombre del politicastro para bautizarse artísticamente.

En caso de ser cierto, incluso tiene sentido. Por un lado, al sonido siniestro que desarrolla Rincón en este proyecto le sientan bien las reminiscencias de un estrafalario personaje salido de oscuros parajes transilvanos. Por otro, la mordacidad con la que Rincón se despacha en las letras encaja con la sorna y la ironía que supone apropiarse del nombre de un infecto fachón. Las cinco canciones de su minielepé trascienden impulso bailable, ritmos sintéticos y repetitivos a base de casiotones, sintes y demás artefactos electrónicos y digitales que te atrapan como un imán a un clip. La voz surte el mismo efecto por la forma de recitar las frases; son cortas, directas y claras, y deja hábilmente un silencio entre ellas de manera que da tiempo al oyente a retenerlas, a fijarlas, a sopesarlas.

«Nos estamos muriendo
No sabemos qué ponernos
Si será en verano o en invierno

Si te quedas sin cena
Si tu vida da pena
Si te tiras al Sena
Si te cortas las venas
Esta es la canción del dolor»

Como se ve, nihilismo, humor negro y existencialismo macabro son los aderezos principales de las letras. Pura cayena, que pica y da placer, para añadir a unas secuencias sonoras reiterativas perfectas para una cocción lenta y larga. Después sólo queda desmembrar muslos y pechugas de estas codornices y que el alma del Atila que todos llevamos dentro haga el resto.

Twitter: @goghumo

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