Preguntado por los comienzos del grupo, allá por el año 1978, Evaristo Páramos, el cantante de la formación, menciona dos características del punk que le atrajeron a él y otros cuatro chavales más de Salvatierra (Araba) para formar la que se convertiría en una de las bandas de referencia de este género. De entrada, no era necesario en absoluto saber tocar bien ningún instrumento y además “se podía cantar en el lenguaje de la calle”. Fue así como, al no haber otra cosa que hacer, tocar en un grupo punk junto a Fernando Murua Quintana –Fernandito– (batería), Maleguin (bajo), Txarly (guitarra) y Manuel García –Sume- (guitarra), amigos de diferentes cuadrillas del pueblo con afinidades en sus gustos musicales, se convirtió en la única alternativa válida. Puestos a hablar mal, lo mejor era empezar con el nombre del grupo: nacía así La Polla Records (LPR).
A diferencia de otras bandas de la época surgidas en barriadas obreras o industriales de grandes ciudades, el origen, digámoslo así, rural de LPR, tendrá su importancia en el devenir del grupo. Aparte del aislamiento en los primeros momentos respecto al resto de Euskadi, la vuelta al pueblo tras giras o grabaciones una vez que el grupo había despegado servía para ponerles en su sitio, con los pies en la tierra.
El rodaje consiste en actuaciones en bares, garajes y demás garitos de la zona. En concreto, el primer concierto de la banda fue en la discoteca de Salvatierra, en 1979, tras una única semana de ensayos recién comprados los instrumentos, en la que practicaron las cuatro cosas que le habían enseñado a Txarly con la guitarra en la mili. En el local consiguieron meter a 1000 de los 3000 habitantes del pueblo: “980 iban a reírse de los locos, y los otro 20 eran la basquilla”, confiesa Evaristo en una entrevista para la revista Rolling Stone. De aquella ocasión recuerda “Teníamos cinco letras y una canción instrumental. Un concierto de seis canciones: media hora. Había una canción en ritmo de blues con una letra ridícula: ‘Oiga señora usted que llora, vengo a comprar, vengo a comprar su lavadora…’ . Como para convertirse en ídolo de generaciones. El pincha de la discoteca nos presentó así: ‘Y ahora, unos jóvenes imitadores de la Orquesta Mondragón‘”.
Para la grabación de las primeras maquetas, deciden enviar su material a Pamplona, y no a Bilbao como se había pensado en un primer momento. Curiosamente, esta decisión, motivada por un pequeño ahorro en los costes de la grabación, en apariencia intrascendente, supuso, en palabras del propio Evaristo, “un gran acierto … por ahorrarte mil pelas”. Los responsables de editar estos primeros temas son los hermanos Goñi, artífices de Soñua (que se convertiría después en Oihuka), compañía de discos pionera de la época, en cuyas filas militaron bandas emblemáticas como Kortatu, Cicatriz, Barricada o Hertzainak.
En Soñua graban un primer EP con cuatro canciones “Y Ahora Qué?” (Soñua, 1983) y sólo un año después, su primer disco de larga duración “Salve” (Soñua, 1984). El disco es un auténtico bombazo con diecinueve trallazos, auténticos escupitajos con los que mostrar su descontento con el orden social instaurado en los primeros años de la democracia. La banda consigue plasmar en canciones inapelables, de música poderosa y letras ingeniosas más allá del simple exabrupto, la rabia descarnada ante todo aquello que deja al individuo indefenso frente las instituciones, las fuerzas de seguridad del estado, las religiones, las hipocresías y en última instancia, contra quienes aceptamos resignados que todo continúe igual.
En la misma línea se graba “Revolución” (Soñua, 1985), con Abel Murua en el bajo en sustitución de Maleguin. Las letras, mucho más políticas, se ceban sobre todo con las vísceras del estado, nos invitan a zambullirnos en las cloacas de un sistema que tortura, controla, engaña y que se rige por directrices económicas y sociales en las que las diferencias entre ricos y pobres son insultantes.
Estos primeros discos alcanzan rápidamente unas cotas de popularidad impensables para un género como el punk. Y es que LPR pasa en poco tiempo a ser una de las formaciones abanderadas de la efervescencia que se vivió en todo el País Vasco en los primeros 80. En concreto, los hermanos Goñi en su sello discográfico y Jose María Blasco, manager entre otros de LPR, desde el suplemento musical del ya desaparecido diario Egin, fueron los responsables del término Rock Radical Vasco con el que se intentó etiquetar al movimiento musical de aquellos días. Parece existir incluso una fecha oficial de nacimiento para el así clasificado movimiento: octubre de 1983, en un concierto en Tudela, en el que participaron prácticamente todas las bandas que por entonces empezaban (LPR incluída). Aunque muchos de esos grupos expresaron desde el principio su disconformidad a la clasificación, lo cierto es que para una gran mayoría supuso una auténtica denominación de origen con la que exportar fuera de Euskadi la música que se producía en esos momentos. Un ejemplo es el propio sello navarro Soñua, que a pesar de lo pequeño que era, consigue poner en Madrid a principios de 1984 a tres de sus bandas: Barricada, Hertzainak y los mismos LPR. La promoción en el resto del estado se facilitaba si, como en el caso de LPR, las letras eran en castellano.
Bastan un par de años de esta efervescencia para que desde la izquierda abertzale se produzcan los primeros intentos de canalizar semejante despilfarro de energía. Por un lado, Egin propone a sus lectores la elección de la mejor banda en cada una de las provincias vascas para subvencionarles una serie de conciertos. LPR no ganó de milagro en Álava, donde se impusieron a última hora Hertzainak. Un año después, en el 1985, Herri Batasuna pone en marcha la campaña de conciertos Martxa eta Borroka (Fiesta y Lucha) con la que instrumentalizar el movimiento musical para la causa nacionalista. Sin embargo, la maniobra de politización no tiene los resultados esperados en todos los casos y fracasa estrepitosamente con muchas bandas (Eskorbuto, Cicatriz, etc). En el caso de LPR, las proclamas libertarias en contra de banderas, naciones y demás (“las banderas son trapos de colores”, “un país es un invento, un país es una estafa, un país es algo, para lo que nadie me ha pedido mi opinión”, “un patriota, un idiota”, “no al ejército, ni vasco ni español”) parecen dejar poco campo para la duda. Precisamente, preguntados sobre si sus canciones incitaban a la violencia, Evaristo responde, tras haber reconocido antes en la misma entrevista su intención de voto para el nacionalismo vasco, el que parece ser uno de los puntos de divergencia con esta corriente política: “… La violencia aquí siempre ha sido la del Estado (…) Entonces todo lo que sea responder a esa violencia es para ellos la violencia real. Cuando la violencia real es la del Estado y la de todos los estados. Este es el punto con el que nosotros, por ejemplo, puede que no coincidamos con planteamientos nacionalistas y con HB”.
Con el siguiente disco, “No Somos Nada” (Txata, 1987) completan un auténtico trío de ases. Para la grabación de este último, el grupo se lanza, en un intento de tener todo bajo control, con su manager entonces Jose María Blasco, a montar su propia compañía discográfica. A estas alturas, LPR son ya una banda consolidada con un discurso anti-sistema claro y duro; referencia punk obligada en todo el estado. Preguntados en esta primera etapa de su carrera, especialmente virulenta, sobre el posible mensaje en sus canciones, el grupo se pronunciaba en los siguientes términos: “Damos por supuesto que la gente sabe pensar. Nosotros tocamos y decimos lo que pensamos y fuera; no tiene más misterio. Puede ser un mensaje para el que lo quiera recibir, nosotros no se lo mandamos”.
La propuesta radical de la banda no es siempre bien recibida en todos los lugares a los que el grupo se desplaza para actuar. En algunos casos, los problemas surgían simplemente por el aspecto del grupo. Como comenta con cierto deje de lamento el propio Evaristo en una entrevista recogida en el documental “No Acepto” (José A. Alfonso / Alberto Bocos Oyarbide, 2007) -guía imprescindible para los interesados en el punk nacional en la década de los 80- los problemas que tenían con gente obrera se hubieran podido evitar si el público hubiera atendido a las letras más que escandalizarse por las pintas. Relata asimismo situaciones paradójicas como la vivida en Asturias, cuando tocaron en un local de la Liga Comunista Revolucionaria. Aparentemente, y en contra de lo que cabría esperarse, un grupo reducido de jóvenes de extrema derecha comenzaron a hacerse notar desde las primeras canciones, por sus gritos y saludos fascistas. Ante el estupor de la banda, lejos de ser neutralizados por el resto de la audiencia, a falta de cuatro canciones para terminar, Evaristo se ve obligado a deshacerse de uno de ellos cuando intentaba subir al escenario. La reacción de los compañeros en el público no se hace esperar y una botella de pacharán lanzada al escenario termina por dejar fuera de juego a Fernandito, el batería. Ante la agresión, los componentes de LPR deciden retirarse a lugar seguro, mientras que todo el local les despide al unísono con gritos de “¡Hijos de puta!”. Evaristo indignado por el desenlace de la escena, de la que salen como los malos de la película precisamente donde menos lo esperaba, confiesa: “aquello me marcó y me quitó de muchas tonterías de por la causa o por no la causa”.
Pero sin lugar a dudas, el percance más recordado es el que tuvo lugar durante los conciertos celebrados en Madrid en ocasión de las fiestas de San Isidro del año 1986. El grupo tocaba en aquella ocasión junto a los dos grupos heavy Bella Bestia y Obús. El público de las primeras filas consigue deshacerse de las vallas que los separaban del escenario, que en poco tiempo queda invadido por una multitud que corre de un lado a otro, simula punteos de guitarra o tratan de gritar a través del micro de Evaristo. Éste se ve obligado incluso en más de una ocasión a zafarse de varios de estos espectadores. La situación se hace insostenible cuando un objeto lanzado desde el público impacta en el batería. Para la música y los otros componentes de la banda se quejan de la seguridad que no impide el desmadre, mientras Evaristo dice que así no pueden seguir tocando. Alguien de la organización trata de aplacar al público pero con poco éxito. Finalmente, y tras intervenir miembros de la seguridad de la organización, todo se salda con ocho heridos, un detenido y la firme propuesta del Ayuntamiento de la capital de no contar con grupos como LPR en el futuro. El incidente fue noticia al día siguiente en el periódico El País, en el que se recalcaba la versión de que el grupo no había hecho nada por contener a los exaltados. Además se incidía en que los disturbios eran consecuencia de los consabidos problemas entre tribus rivales al haber juntado para la actuación a heavies y punkies. La banda por su parte, en declaraciones a medios mucho más afines a la filosofía del grupo, incidió en la violencia de los guardias de seguridad contra los que habían subido al escenario. Desgraciadamente no fue ni la primera ni la única vez en la que LPR se vió envuelta en incidentes de este tipo, con conciertos que terminaban con destrozos materiales de consideración, como los del Palau d’Esports de Barcelona durante el triple concierto Euzkal Rock’90 o algunos de sus giras por tierras argentinas.
A modo de curiosidad, hay que apuntar de esa época, la participación de Evaristo en un pequeño papel de “especie de macarra” en la película de cine “Adios Pequeña” (1986) de Imanol Uribe. El paso por la pantalla grande fue el resultado de la invitación del director tras un concierto que el grupo dio en Irún. A pesar de la negativa inicial de Evaristo, Fernandito, el batería, “que era bueno para liarme si yo me dejaba”, consiguió convencerle de que aceptase. En una de las escenas de la misma, Ana Belén, protagonista de la historia, se encara con un Evaristo vestido con sus mejores galas punkies en una sala de billares en la que jugaban, amén de la cuadrilla de éste, macarras y rockers.
La publicación de “No Somos Nada” de forma autogestionada no resulta todo lo exitosa que la banda hubiera esperado. De entre las razones del fiasco está el mal ambiente reinante entre la banda y su mánager Jose María Blasco, que termina por forzar el final de su relación profesional. Tan solo un año después LPR firma con Oihuka, compañía surgida de las cenizas de la desaparecida Soñua. Esta etapa comienza con la salida al mercado de dos discos más: “Donde se Habla” (Oihuka, 1988) y “En Directo” (Oihuka, 1988). El primero de ellos es un disco de los denominados conceptuales, en el que cada canción (salvo “Confusión”) tiene como título el nombre de algún animal, al que de algún modo se refiere también la letra. El trabajo se cerraba con un tema compuesto a modo de discurso con fragmentos de una obra del escritor William Burroughs. Aunque algunos han querido ver en este álbum el final del punk en la música de la banda, se trata de un disco espectacular, de gran intensidad, con letras que describen pesadillas esquizofrénicas, hospitales psiquiátricos e infiernos personales varios.
Cuenta la leyenda, que precisamente uno de los temas de este trabajo, “El avestruz”, está dedicado a Eskorbuto, banda con la que mantuvieron una fuerte rivalidad iniciada por el robo de una de las guitarras de LPR en un concierto en Llodio en el que tocaban los dos grupos. Aparentemente, los de Santurce se vieron involucrados en más de una ocasión en sustracciones (o intentos) de este tipo, bien de micrófonos o guitarras de otros grupos, veáse los casos de Vómito, Tijuana in Blue y los propio LPR. A su vez, Eskorbuto grabaría el tema “Cuidado”, como dedicatoria especial a los de Salvatierra. El hurto, reconocido por el propio Iosu de Eskorbuto, trató de ser justificado por una actuación en Rentería, que según el entorno de los vizcaínos, LPR les habría arrebatado. Independientemente de los motivos, las fricciones que el incidente provocó llevaron, tal y como explicaba luego Jose María Blasco, a que las bandas se evitasen para no coincidir en concierto alguno. Eso obligaba a los promotores a tener que elegir entre ellas a la hora de organizar eventos. Eskorbuto se quejaba entonces de que la animadversión que provocó su rechazo a participar en la institucionalización del Rock Radical Vasco, jugaba siempre en su contra ante quienes decidían en el circuito de conciertos.
“En Directo”, por otra parte, constituye la primera grabación de un concierto de la banda. Corresponde a una actuación de LPR en la sala Ilargi de Lakuntza, y recogía fielmente la energía de la banda en sus actuaciones en la primera etapa de su historia.
En 1990 LPR graba “Ellos Dicen Mierda, Nosotros Amén” (Oihuka, 1990), un disco intenso y duro que contiene algunos temas que podrían estar perfectamente entre lo mejor que compuso la banda. En el mismo año, sale “Los Jubilados” (Oihuka, 1990), que viene a ser un auténtico experimento. Disco de transición que aunque mantiene el tono de las letras políticas y sociales, parece más el trabajo de una banda en paralelo. Por primera vez otros miembros del grupo aparte del propio Evaristo cantan como voz principal. Los efluvios de este trabajo anterior se disipan pronto con “Barman” (Oihuka,1991), un maxi de cuatro temas, con versiones del tema de Batman, de Undertones y de Cock Sparrer y de la recuperación, en nueva versión de un antiguo tema de la banda “Juanito Tergal”.
En lo que podría interpretarse como un paso por caja, Oihuka se lanza a la publicación de cuatro discos “Volumen I” (Oihuka, 1992), “Volumen II” (Oihuka, 1992), “Volumen III” (Oihuka, 1992) y “Volumen IV” (Oihuka, 1992) en el que se incluyen, en disposición casi aleatoria, los temas de todos los discos de larga duración de la banda hasta la fecha. Estos trabajos gozaron de una distribución espectacular que hizo posible encontrarlos, en formato de cassette para series medias, en los lugares más variopintos, como por ejemplo en cantidad de bares de carretera de toda la geografía española.
“La Polla Records” (Oihuka, 1992) -“Negro”- es considerado quizás de forma injusta, por la propia banda incluso, como un trabajo menor. Se habla en varias entrevistas incluso de bache del que LPR tuvo que recuperarse posteriormente. Sin embargo, aunque es cierto que el disco tiene momentos bajos, temas como “Europa”, “Memoria de muerte” y especialmente “Capitalismo” dejan a uno sin respiración. El grupo está pasando por una fase de evolución. Al menos en lo musical, ya que las letras, por lo general, mantienen el mismo espíritu irónico y crítico. Es en este disco donde la banda graba por vez primera un tema en otra lengua que no sea el castellano; en este caso el gallego, lengua de los padres de Evaristo.
El siguiente disco, “Hoy es el Futuro” (Oihuka, 1993), es un buen ejemplo de la ruptura con el estilo tradicional de LPR. Cargado de temas objetivamente prescindibles, atrapa donde menos lo esperas, en canciones ortogonales a lo que nos tiene acostumbrados el grupo, como “Johny” la historia de un piloto de un bombardero americano y “Radio Crimen”, una crónica a lo Radio Clash. La etapa en Oihuka, exceptuando recopilatorios, se cerrará con “Bajo Presión” (Oihuka, 1994), disco en el que el sonido se hace incluso más atronador que en el trabajo anterior.
Sigue entonces una época de cambio. Se cambia de compañía, GOR, y lo que es aún más drástico, cambio de nombre. La razón de dicha decisión es una resolución judicial que así se lo impone a la banda. Aparentemente alguien demandó a LPR en 1991 tras haber sido expulsado de la misma. Aunque la identidad del demandante no llegó a conocerse con certeza (a pesar de ello, algunos medios como el periódico El Mundo llegaron a publicar las iniciales que presuntamente corresponderían al mismo), parece ser que se trataba de un antiguo técnico de sonido. Sea como fuese, tras no llegarse a un acuerdo amistoso entre ambas partes, en julio de1993, una sentencia en firme obligaba a que el grupo, bajo el nombre LPR se disolviera. A pesar de la misma, los de Salvatierra no hacen caso, y firmaban “Bajo Presión” sin cambio alguno. Sin embargo la actuación del juez, que amenaza con condenarles por desacato, obliga finalmente a disolver a LPR para formar, al momento La Polla. Como tales firman el resto de trabajos que llegó a producir la banda.
Tras estos cambios, La Polla publica “Carne Para la Picadora” (GOR, 1996) un disco de punk-rock trepidante que sigue destilando el mismo nihilismo y falta de esperanza para con la sociedad tal y como está dispuesta. El fugaz paso por GOR se completa con un nuevo disco en directo con broma escatológica en el título: “La Polla en Turecto” (GOR, 1998). De sonido poderoso, para muchos mejora la experiencia de “En Directo”.
Es entonces cuando La Polla decide probar con un sello valenciano, Maldito Records, a cuyos responsables conocieron en una serie de conciertos. Así graban “Toda la Puta Vida Igual” (Maldito, 1999) y “Bocas” (Maldito, 2001). Para la grabación de este último se produce el relevo de un histórico: Txarly, el guitarrista, que en accidente doméstico se golpea la cabeza dañándose sus funciones motoras, será sustituído por Jokin, que había tocado en M.C.D. El registro sonoro de la banda ha cambiado ciertamente a estas alturas. No se les puede acusar de haber bajado la guardia o reblandecerse, ya que en algunos temas, las guitarras marcan incluso niveles de hardcore acelerado. Aun así, un oyente que no sea fan incondicional, podría prescindir de más de un corte, especialmente en “Toda la Puta Vida Igual”. Estos discos contienen los dos únicos temas grabados en euskera por el grupo (“Shanti” y la controvertida “Oi-oi!”) y una nueva letra en gallego, la de “¿E que pasou?”.
La Polla sigue atrayendo el interés de un nutrido número de seguidores que conecta con sus letras y actitud. Evaristo publica incluso un libro de historias cortas titulado “Por los Hijos lo Que Sea” (Txalaparta, 2001). Aunque siempre se ha mantenido muy autocrítico al respecto, la verdad es que el libro tiene mucho del espíritu de las letras que el cantante escribe para La Polla. Más recomendable pues de lo que el propio Evaristo parece publicitar.
Sin embargo todo se viene abajo cuando un martes de septiembre de 2002, muere Fernandito, el batería original. Víctima de un derrame cerebral, no pudo ser esa vez el primero, como solía, en llegar al local de ensayo. Su pérdida, a la edad de 40 años, conmociona a sus compañeros; era el de carácter más tranquilo y que mejor evitaba el consumo de cualquier sustancia poco “sana”. Con la entrada de Iker Igeltz -Tripi- a las baquetas y de Raul Lasa -Txiki a la guitarra para sustituir a Jokin finalmente se graba “El Último (el) de La Polla” (Maldito, 2003), que efectivamente es el último álbum en estudio original del grupo. Sin embargo, se cancelan todos los conciertos y se disuelve la banda. Según relata Evaristo en una entrevista posterior, los miembros restantes se concedieron unos meses para meditar sobre el futuro de La Polla, pasados los cuales y tras una reunión algo tensa, se decide acabar con toda actividad. El disco resulta una despedida más que digna, con temas intensos para conservar en la memoria.
Para finalizar la discografía oficial del grupo, dos títulos más: “14 Años” (Oihuka, 2003) recopilación que repasa la carrera de la banda en su etapa con Oihuka, la más extensa, y “Vamos Entrando” (Maldito, 2004) registro en directo del paso del grupo por el festival Viñarock.
Evaristo pone entonces en marcha una serie de combos puntuales con miembros de R.I.P. como The Meas y The Kagas con los que publica dos discos, hasta formar, junto a Tripi y Txipi, las dos últimas incorporaciones que hizo La Polla justo antes de su disolución, una banda a la que llaman Gatillazo.
Sería gracias a estos últimos y a su actividad como escritor como se sabrá de Evaristo. Precisamente, coincidiendo con la promoción de uno de sus libros, “¡Qué Dura la Vida del Artista!” (Desacorde, 2018), en el que narra un buen número de anécdotas que le acontecieron durante la trayectoria de La Polla Records, se produce una noticia que pilla a más de uno por sorpresa: La banda ha decidido juntarse coincidiendo con los 40 años desde que se formaron para dar una serie de conciertos. El detonante contaban fue la reunión que tuvieron para determinar qué hacer para recuperar el control legal de los derechos digitales de sus canciones.
Lo comunican todo de manera oficial en una rueda de prensa celebrada el día 13 de marzo de 2019 en el Wizink Center de Madrid. Flanqueado por la periodista Marisol Galdón (que en su momento apareciera en el programa de televisión Plastic) encargada de presentar el acto y de Xavier Arretxe -“Polako”- cuya agencia se encargaba de las actividades de manager en la vuelta del grupo, Evaristo respondía a las cuestiones de los medios congregados. Valencia (20-21 de septiembre), Madrid (11-12 de octubre), Bilbao (18-19 de octubre) y Barcelona (25-26 de octubre) constituían las fechas, dobles todas ellas, de los multitudinarios conciertos para los que las entradas se agotaban al poco de salir. Para dichas actuaciones además contarían con el apoyo de El Drogas como telonero especial. De igual manera se hablaba de extender la gira a Latinoamérica donde ya surgían otros muchos lugares donde tocar.
La vuelta a los escenarios se acompañó con la edición de “Ni Descanso, ni Paz!” (Cultura Rock, 2019), disco grabado y mezclado en los estudios Haritz Harreguy de Usurbil (Guipúzcoa), masterizado por Víctor García en Ultramarinos Mastering, y que ofrecía la lectura en la segunda década del siglo XXI de temas históricos del grupo. Con un sonido rocoso y en algunos casos otra velocidad, se repasaban algunos de los momentos más destacados del “Salve”, “No Somos Nada” y “Revolución”, con el extra de un tema nuevo que daba además título a la nueva entrega.
Todos estos años de lucha comprometida pasan sin lugar a dudas factura, y así Evaristo y el resto de La Polla Records han tenido que ir respondiendo a todo tipo de cuestiones referentes a sus vidas privadas a lo largo de su carrera. Se les criticó por el funeral a Fernandito, se le preguntó a Evaristo por la compatibilidad con su aparente feliz paternidad, del dinero ganado con el grupo… Incluso la manera en la que se confecciona la vuelta a los escenarios y la aparente sobreexposición a los medios. La naturalidad del personaje sin embargo aguanta los envites con facilidad. Además, haber sido el cantante de La Polla (“y a mucha honra”, como él mismo dice) te hace acreedor de cierto crédito. No en vano el “cura rojo” que bautizó a su hija le dijo a la niña durante la ceremonia: “Critica lo malo del mundo y enfréntate al opresor, como tu padre…”.
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