Ángel y las Güais

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Rock visceral en el sentido literal de la palabra

Situémonos en una noche de sábado en plena década de los 80. El Agapo es un garito musical en el Madrid de las callejuelas. Un grupo ruidoso desgrana su música. El público, formado por bastantes incondicionales y algunos noctámbulos que pasaban por allí, observa a un escuálido líder que abandona al escenario, canta desde cualquier parte de la sala, escupe letras casi ininteligibles en breves descargas de odio. En el paroxismo del asunto, coge una botella, la rompe contra las tablas y se raja el abdomen. Ahí acaba la actuación. Alguno de sus amigos sale pitando con él hacia las Urgencias del hospital. Mientras tanto, los músicos recogen aplausos y parabienes mientras desmontan el equipo. La ceremonia tiene algo de cuadrilla taurina paseando, entre ufana y compungida, los trofeos logrados por su maestro malherido. Esto no lo hacen siempre, pero en sus mejores noches el harakiri era número imprescindible.

Ángel Altolaguirre, que había formado parte de las huestes de Alaska y Dinarama, es uno de los máximos showman de los 80. Adorador de Iggy Pop, sus actuaciones, con mucho de happening provocativo, no dejan frío a nadie. Musicalmente, son un grupo más; sin embargo, el estímulo visual está garantizado.

El sonido de Las Güais, así, en femenino y con diéresis por el morro, estaba sustentado por la guitarra experta de Manolo Benitez. Manolo era un canario trasplantado al asfalto capitalino, que antes había tocado en Teclados Fritos y Besos Rabiosos. Una guitarra cargada de distorsión y siempre en labores rítmicas. Junto a él, Danny Lorca (bajo) y otro viejo conocido de la afición madrileña en la batería, Celestino Albizu, que compartía este grupo con Los Coyotes.

En 1985 grabarán su primer trabajo: “Los Pies Sobre la Tierra” (La General, 1985) en el subsello La General, perteneciente a Fonomusic. Un disco de siete breves temas que no es un LP ni un maxisingle, sino todo lo contrario. Rock agreste trufado de elementos punk, presidido todo por el color rojo sangre, que era la divisa de Ángel y su gente. De la contraportada de ese disco está sacada la foto que ilustra este perfil.

Ángel Altolaguirre adquiere una cierta notoriedad en Madrid, participando en varios programas de La Bola de Cristal, en el papel de Johnny Tornillo, para el cual su lacio cabello habitual adquiere proporciones y arquitectura de torre de Babel.

Tardarán años en volver a editar una nueva obra. Son años de actuaciones intermitentes, algún cambio de personal y en el que casi todos ellos compaginan este grupo con otros proyectos artísticos. Uno de los ilustres que pasan en algún momento por el grupo es el bajista Juan Verdera, de Derribos Arias.

Por fin, en 1989, el sello zaragozano Interferencias, radicado en el bar del mismo nombre, les edita un nuevo disco. Para entonces Las Güais son, además de su masoquista líder, Celes, Manolo, Daniel Castro (bajo) y Pelayo Arrizabalaga (saxo). Junto a ellos, dos colaboradores de lujo: Alaska, que cantará a dúo con Ángel el tema “The end”, que se convertirá por este motivo en el más conocido del grupo, y Jaime Stinus, de sobra conocido por sus andanzas con la Orquesta Mondragón, Loquillo y cien aventuras más.

El segundo disco de Ángel y Las Güais, “The End” (Interferencias, 1988) muestra un sonido decadente con voces brotadas de una oscura caverna, guitarras opacas y tambores maltratados. El grupo vive una segunda oportunidad, actuando a menudo al lado de grupos como los Desechables, del que Ángel había formado parte y de los que finalmente se convertirá en productor. Otros grupos que pasarán por sus manos fueron Seres Vacíos y Distrito 14. Por su parte, Manolo Benítez se pasaría con su guitarra a Los Enemigos.

A principios de los 90, la banda desaparecerá. Dejan de su paso una estela de malditismo y ese amargo regusto para el aficionado de no haber dado de sí todo el potencial que atesoraban. Para el recuerdo, una de las figuras más epatantes y viscerales –en el literal sentido de la palabra- salidas de la fecunda escena madrileña de los 80 y nacido en San Sebastián, Ángel Altolaguirre.

Álbumes:

The End

El modesto sello Interferencias, dirigido por los entusiastas aficionados zaragozanos Luis Linacero y Miguel Goyanes, va a echar el resto...

The End / Delirium Tremens

Se trata seguramente del disco más atractivo del grupo por que las dos canciones son interesantes y porque la primera...

Grupos:

Tómese a unos tipos con la cara...
El mismo día que sus hermanos (batería,...

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