EL PURITANISMO EN LA MÚSICA ESPAÑOLA DEL S.XXI

Uno se pone a repasar la historia de la música popular y encuentra que en los inicios de casi todos los estilos musicales (el jazz, el rhythm & blues, el rock’n’roll, el merengue, el soul, la música disco, el house, la cumbia, el reggaeton, etc.) tuvo una fuerte influencia la pasión erótica. Quizá sea deudora del baile, de la propia danza: no se me ocurre nada más erótico que un baile. Bien, como decía, la música, al menos la popular, siempre ha ido ligada en cierto modo al erotismo; en realidad, históricamente, toda expresión artística lo ha estado. No en vano casi todos los estilos mencionados anteriormente fueron en sus inicios denostados fundamentalmente por dos motivos, que siempre se repiten: su baja calidad artística y su vulgaridad, entendida ésta en términos sexuales.

Pareciera que este denominador común debiera estar ya superado, pero no creo que así sea. Al menos en lo que se conoce como la cultura occidental, y en concreto en la española. Dejando de lado el componente machista, que desde luego lo hay, y mucho, sobre todo en la forma de presentar la música en imágenes; dejando de lado ese machismo, digo, parece que en la música popular española de un tiempo a esta parte siempre se acercan los temas sexuales dentro de un contexto sensual vinculado al desamor. No suele ser una celebración del amor sexual, sino un reproche de la falta de amor humano. Y aquí viene mi acusación hacia la música española: es burguesa; de un aburrido insoportable, vaya.

Decía Werner Sombart en su libro “El Burgués” (1913) que “tan lejos de la naturaleza erótica está la naturaleza sensual como la no-sensual, ambas perfectamente compatibles con el temperamento burgués. Sensualidad y erotismo son conceptos casi mutuamente excluyentes. Al afán de orden del carácter burgués se adaptan las naturalezas tanto sensuales como no-sensuales, pero nunca las eróticas. Una fuerte sensualidad –si está controlada y vigilada- puede incluso beneficiar a la disciplina capitalista; la predisposición erótica se rebela contra todo sentimiento a un orden de vida burgués”. No sé si el argumento lo estoy cogiendo con pinzas, pero amén del amor monógamo, que ya se recoge en infinidad de canciones, y del hombre vulgar con sus aventuras amorosas, echo en falta en la música española más canciones acerca, simple y llanamente, de su deseo sexual, como la más pura expresión del amor. Porque yo quiero llamar sexo al amor. Y porque nos han vendido ya demasiadas veces la moto de que el sexo es algo superficial y que el amor humano es algo bien caro, elevado y profundo. No me da la gana. Desde mi punta de vista, el hecho de afrontar repetidamente, una y otra vez hasta el hartazgo, durante un disco (¡y durante toda una carrera musical!) las relaciones amorosas como una ilusión y/o como un desengaño, eso sí es de lo más vulgar. Total, al final siempre es lo mismo: “¿Me pones los cuernos? Eso es que no me quieres. ¿No me llamas por teléfono? Eso es que no me quieres. ¿Me dejas por otro? Eso es que no me quieres y estoy muy triste y quiero morirme. ¿Me llamas por teléfono tras una primera cita? Uy, qué ilusión”. ¡Por favor! Qué tendrá que ver el amor con esas mierdas.

No quiero ser demasiado negativo y antipático, yo como todos me he sentido reconfortado al escuchar este tipo de canciones burguesas a las que me refería anteriormente. Muy bien, acepto mi fracaso y vulgaridad, no pasa nada. Pero, hey, reconozcámoslo, señalémoslo y exijamos a nuestros músicos que hagan música para follar, como se ha hecho toda la vida.

Adjunto vídeo de la excepción que confirma la regla:

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