EL PUNTO

Gazpacho/ Veneno
Gazpacho/ Veneno

Podríamos convenir que no hay dos gazpachos iguales; incluso cabría sugerir que hay uno diferente por cada casa española. Una respuesta tajante a tamaña afirmación sería que lo mismo ocurre con cualquier otro plato, como el cocido, por ejemplo. Sí pero no. Es en el gazpacho donde las texturas y los sabores tienen un ligero no sé qué que los hace distinguirse más. Un cocido llevará este o aquel ingrediente, sin embargo, el todo no varía sustancialmente, mientras que en todos los gazpachos se esconde una receta susceptible de pequeñas pero decisivas variaciones.

Eso sin contar con que hoy día los tipos de gazpacho se han multiplicado al ritmo de la tabla del 9: de sandía, de melón, de remolacha, verde (abundante en pimiento y pepino), blanco (almendras y manzana)… Seamos serios, gazpacho, lo que se dice gazpacho, es el de tomate; lo otro son meras sopas frías. Así pues, centrémonos en el de toda la vida —con los sutiles toques personales o familiares que cada cual disponga—, y que suele asociarse con Andalucía. Para acompañar el rato mientras lo preparamos, que suene un disco de profundas raíces andaluzas pero sin ortodoxia ni academicismo, que al gazpacho lo que mejor le sienta es una alborotada mezcolanza.

Kiko Veneno y los hermanos Amador fueron el punto de partida de los tan efímeros como cruciales Veneno. Por hacer un símil que venga al caso, Rafael y Raimundo serían el pan y el tomate, y Kiko el aceite que emulsionaba todo. Esta combinación surgida en Sevilla en la segunda mitad de los años setenta fue única en su concepción musical. El asunto cuajó en un solo disco homónimo (CBS, 1977). Por aquellas fechas las cosas aún estaban delicadas para eso de la censura, así que la fotografía de la tableta de hachís de la portada se amplió con bien de zoom para que la interpretación no fuese tan evidente. Quedaba un resquicio para la duda, como la pequeña grieta que la recorre. La edición de 1986, cosas de las discográficas, se tituló «Grandes Éxitos» (CBS, 1986). No obstante, es idéntico disco, con las siete mismas canciones, en el mismo orden y sin alteración alguna o temas añadidos. Solamente es la portada la que aparece algo cambiada. Sobre el fondo original, que ahora recuerda a una pared, se dispusieron las fotos del quinteto al completo y dos miniaturas: encima de un suelo color gazpacho, una inefable e indescifrable figura de mujer está subida sobre la típica silla que usa un combo flamenco en sus actuaciones, con lo que podría entenderse que de eso iba el álbum. Etiquetarlo así sería demasiado simplista. Se ha dicho de este disco con enorme tino que “es flamenco que quiere ser rock que quiere ser flamenco”, pero que no es una cosa ni es otra, ni tampoco es flamenco-rock. Es un disco poligonero, en el que se arrumbaron escombros procedentes de muchos géneros musicales para revolverlos junto a una pizca de delirio surrealista, unos gramos de aire hippy y aroma de suburbio.

Una última curiosidad que parece cerrar un círculo. En el estribillo de “Los delincuentes”, tal vez el corte más reconocible de Veneno, se dice: “Me quiero asegurar que mi sombrero está bien roto y así los rayos pueden entrar en mi cabeza». Kiko Veneno acaba de publicar nuevo álbum titulado «Sombrero Roto» (Elemúsica, 2019)Añade este contenido.

Gazpacho también son las ideas que tienen algunos políticos en su cabeza, aunque eso es otra historia.

Twitter: @goghumo

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