EL DIABLO VINO A MÍ

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El Diablo y un hombre muerto. Inglaterra hacia 1320-30.

 

Los 90. Años convulsos en la música española. La generación de los 80 y la multipromocionada Movida Madrileña dando sus últimos coletazos sin un relevo claro. Al menos para el gran público, porque en el subsuelo nacían bandas muy interesantes. Toda esa creatividad de principios de la década anterior renacía de nuevo en grupos pequeños, pero con las grandes discográficas financiando carísimos proyectos como los escarceos de Mecano con el flamenco (y las posteriores locuras y despropósitos del gran Nacho) o gente como La Década Prodigiosa, Cómplices y Seguridad Social, ese talento tenía muy difícil aflorar en el mercado. Y así nació el indie y la música alternativa en España, de la absoluta y total marginación, sin medios y sólo alimentada por la pasión de los que la crearon.

Aparecieron Surfin’ Bichos, Los Planetas, Australian Blonde, Sexy Sadie, El Niño Gusano…, en todo el país. Era un fenómeno global, pero en Madrid no aparecía nadie. Hasta que aparecieron Dover, el grupo de dos hermanas, jóvenes de la Generación X, de barrio, para liderar con fuerza el movimiento alternativo. Movimiento en el que se terminaron fijando grandes marcas comerciales que ayudaron a catapultar definitivamente a Dover al estrellato nacional e internacional al aparecer su música en anuncios. El resto, es conocido por todos.

Dover fue el único grupo que sobrevivió a la moda. Pocos os acordaréis del grupo Hare-Krisna Undrop (grupo extranjero pero formado en Guadalajara), quizá algunos más de Killer Barbies, pero de Dover, seguro que sí. Y todo giró en torno a Subterfuge. El primer gran sello indie de España.

Tiene mérito que Dover se convirtieran en lo que son viniendo de donde venían. Sin casi medios, con una producción pobre, acorde con el bajo presupuesto y los medios limitados de la época, se sacaron de la manga «Devil Came To Me» (Subterfuge, 1997), con una calidad de sonido de maqueta de grupo adolescente del año 2005 pero con grandes, grandísimas canciones. Hicieron lo que había que hacer en el momento adecuado. Y lo hicieron muy bien.

Puede que esa repercusión viniera dada por el mismo título «Devil came to me», que llegó a los informativos bajo el titular de «Banda satánica madrileña asalta las listas de éxitos». SATÁNICA en España, esa nación tan dada al sensacionalismo, a la esquizofrenia y al melodrama más rancio. Para la sociedad, para los padres y abuelos, Dover era el demonio con una cabeza extra en el trasero que venía a visitarnos por la noche, mientras dormíamos. Dover eran el mal. Esa música crearía toda una generación de delincuentes subersivos y asesinos. Eran peligrosos. Y por eso les fue bien.

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