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LaFonoteca, Disco: Valverde
portada del disco Valverde

En 2019 el sello ferrolano Ferror Records lanza la tercera parte de las aventuras de Kostia Bogomov. Con respecto a la historia que cuenta, Roberto Casteleiro apunta: “Hay dos formas de ver esto. Voy a por la primera. Kostia Bogomov ya ha atravesado las puertas al otro mundo, ya no estamos ante una aventura iniciática sino que ya se puede ver lo que sucede más allá de esas puertas. ‘Valverde’ está basado en las leyendas de las ciudades inundadas que se repiten por toda Europa. Valverde, Antioquía o Lucerna son los nombres que reciben en la mayoría de las ocasiones. Casi todos nuestros lagos, como Doniños o Louro, tienen este tipo de leyendas asociadas. También es cierto que décadas atrás los pantanos y embalses sepultaron bajo toneladas de agua cientos de pueblos por toda España. Como si las leyendas se hicieran realidad, solo hay que ver la película ‘Os días afogados’, que relata el anegamiento de la aldea de Aceredo en 1992. Y ya que estamos citando: ‘As cidades asolagadas. As augas e o Alén en Galicia’ del profesor Antonio Balboa Salgado es un buen libro para adentrarse en este tema tan conectado con los países atlánticos. También me interesaron mucho los viajes a islas invisibles que parecen existir en otro tiempo detenido. Como la isla de la mitología celta ‘Tír na nÓg’, la ‘Tierra de la Juventud’. Que aparece cristianizada en los viajes de San Brandán y San Amaro. Una fantasía de monstruos y lugares que me parece que es una de las primeras narraciones de viajes en el tiempo. Cuando vuelven han pasado cientos de años! Leí y me interesé mucho por estos temas, son ricos en elementos y lugares pero me di cuenta que había trabajado durante tanto tiempo en los elementos musicales que ya había creado un Valverde propio. Los lugares por los que camina Bogomov, los títulos de los temas, no corresponden realmente a ninguna leyenda existente sino a algunos montes y lugares que conozco. El disco es un caminar a través de ese “Valverde”. El disco parte de las mismas premisas que los anteriores: temas con desarrollos largos que alternan momentos de tensión con momentos más ensoñadores y que al oído parecen extender un paisaje. Estos años de silencio discográfico me han enseñado a ser más cauto en las ideas plasmadas en los discos. Siempre tuve intención de dirigir la imaginación del oyente, pero esta vez los puntos de apoyo por mi parte son mínimos. La narrativa está ahí pero es interpretable, la decisión de lo que se puede ver ya no está vigilada por mi. De todas formas, hay cosas claras: los dos primeros temas, ‘Aquí’ y ‘Valverde’ con esos vientos de ruido blanco como olas que lo arrastran todo son la apertura, Bogomov abre los ojos y observa un valle lleno de niebla. Antichton, la anti-tierra, Bogomov despierta definitivamente y comienza el viaje a través de este paisaje extraño. ‘A Lagoa do Esperón’ es un momento casi de terror. Quizás alguien lo haya notado pero hay un sinte que acaba fundiéndose con un sampler de una motosierra. ‘Modia’ y ‘O Catasol’ son a mi modo de ver el centro del viaje. Kostia coge velocidad. ‘O canto do cisne’ es una versión de Schubert. Una melodía que escuché mil veces de pequeño porque mi hermana tenía un joyero con caja de música que cuando lo abrías sonaba ese tema. Mirando en la wikipedia: ‘También es una frase metafórica que se refiere al último gesto de alguien justo antes de la muerte’… ‘Ovidio lo menciona en ‘La Historia de Picus y Canens’ (Metamorfosis, libro XIV: 320-396): ‘Ella derramó sus palabras de dolor, en un mar de lágrimas, en tenues tonos, en armonía con la tristeza, así como el cisne canta una vez, mientras muere, su propio réquiem». Hay cierta desazón y angustia en este tema, además el tema acaba como deshaciéndose con rocas cayendo. Quizás un proceso simbólico de construcción del sujeto, un darse cuenta de algo. ‘Cantiga 248’ es una cantiga de Santa María que aprendí al laúd. Aunque el laúd esté poco presente, en el directo cobra más relevancia, fue un instrumento tremendamente útil para componer melodías para este disco. De alguna forma es un momento meditativo y sagrado, por eso elegí esa sonoridad. Le hice un arreglo con un pad y un bajo que no estaban en la original, pero creo que no queda mal. En el disco solo canto una vez, como anticipaba el canto del cisne. Para mí, ‘Illa da Vaca’ es el final del disco”.

Con respecto a la grabación, Roberto afirma que fue larga. “Cuando trabajas en tu propio estudio grabar quizás no sea el problema. Es más un tema de cuando consideras finalizar o dejar de componer. En donde vivo siempre tengo un habitación que utilizo como estudio. Se puede decir que la composición comenzó en el 2015 cuando vivía en Güimil (Vilarmaior). Vivíamos cerca del río Lambre, que son como unas fragas do Eume en miniatura. Toda esa naturaleza, los animales que entraban en la finca por la noche, el bosque al lado de casa, el sol, la luna, marcó profundamente lo que tocaba. Pero también me hizo dejar de lado las prisas, el ego y todas estas cosas de estar presente en el mundillo musical. Desaparecí. Es cierto que a finales del 2016 toqué parte de las canciones que forman este disco en Santiago de Compostela, acompañando a NOIA dentro del Ciclo Placeres Ocultos. Pero estaban lejos de como son ahora. Por otra parte del 2016 al 2018, ya viviendo en A Coruña, estuve más ocupado artística y laboralmente en Naranja Imaginario y de alguna forma me sirvió de disculpa para poner en stand-by el resto de proyectos. También era porque no tenía ganas de decir nada. Quería estar callado.

El 2019 llegó con tiempo para dedicarle a la música y con ganas para recuperar los temas del 2016 dándole los últimos toques de producción y recomponiendo algunas partes. A veces sacar disco se convierte en un final de época, un acto expurgatorio. Confieso que no fue fácil. Por una parte vencer cuestiones personales que me alejaban de todo esto y por otra enfrentarme a unos proyectos en el Ableton Live que ya casi no reconocía, con decenas y decenas de pistas y una libreta de anotaciones que ya no comprendía. Revisé sintetizador a sintetizador re-grabándolos todos utilizando principalmente los que tengo en el estudio: dos Waldorf, dos Dave Smith y un OP-1. Mismo procedimiento con el laúd y el bajo. Las baterías son principalmente una caja de ritmos Arturia Spark y una Boss Dr-770. Lo que sí ha sucedido es que he añadido partes nuevas. Las guitarras eléctricas fueron un añadido de última hora que no creía que iban a aportar tanto. La pandereta la grabé este año, porque cuando idee esa parte no sabía tocarla. A veces dejar pasar el tiempo compensa. Casi todas las canciones tenían letras, siguiendo los modos del “Kostia Bogomov”. Pero en esa recomposición las eliminé, vi que el mensaje funcionaba mejor y fue cuando apareció la oportunidad de cantar en ‘Illa da Vaca’, que sí que era un tema sin letra. Esa copla de la ‘Jota de Langueirón’ después de tanto silencio dobla el peso y el significado de esas palabras. Otra cosa de grabar en casa es que el paso de la composición a la grabación pueden hacerse inmediato, si tienes claro qué es lo que quieres fijar en el tiempo. Lo que veo más complicado para las producciones DIY es el tema de las mezclas y el masterizado. Con este disco he pasado días y días en el proceso de mezcla y aún así siempre se podría trabajar más. Pero el resultado me satisface mucho más que anteriores producciones. Por tener algo más de conocimiento y haberme parado más en que cada cosa ocupe su lugar”.

En “Valverde” se percibe una evolución en el sonido de Koroiev. De la synthwave de  “Hechos Tocantes al Joven Kostia Bogomov. Moradores del Otro Mundo” (Autoproducido, 2013) se pasa a un sonido más etéreo y místico que queda patente en cortes de gran belleza como la inicial “Aquí”. El componente folk queda totalmente integrado en los desarrollos –esas panderetas relucientes de “Valverde” combinadas con efectos electrónicos crean un sentido de unidad importante-.

Aunque el ambient y synthwave siguen ahí presentes en cortes como “Antichton”. La electrónica es la protagonista de “O Catasol”, uno de los temas más brillantes del disco. Intensidad, tensión y experimentación. También destacable “Illa da vaca”, una foliada espacial o muñieira marciana con gaitas from outer space. Tradición y modernidad se dan la mano en un corte atemporal para el recuerdo.

Un trabajo impecable.

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