Carlos Ordóñez entrega su primer larga duración tras los EP’s «Retortoiro» (Ferror Records, 2021) y «Un Círculo Helado» (Ferror Records, 2022). Un trabajo que llega en un envoltorio de auténtico lujo con las pinturas de José Luis Seara y el diseño de Manuel Romero.
Con respecto al álbum y a su título, indica que “No hay un concepto central, alrededor del cual gire el álbum. Se trata de música abstracta, sin textos ni mensajes, y como tal, abierta a múltiples interpretaciones. Indudablemente todo mi mundo interior está ahí, pero debo reconocer, que me cuesta muchísimo desvelarlo.
El dolor, la enfermedad, la pérdida de seres muy queridos, la muerte… son ideas que seguramente impregnan la atmósfera de este álbum. He de decir que he sentido un gran alivio, y una liberación inmensa hace unos días, cuando di por finalizada toda la parte musical de este trabajo, y envié estos diez temas a masterización. Porque hay momentos de una densidad asfixiante…
El título lo encontré en un verso de uno de los «Poemas a la Muerte», de Emily Dickinson. Me pareció sugerente, y bastante descriptivo del momento que estaba viviendo.
La cara A es más experimental y por momentos cercana al ruidismo, y la B más melódica, emocional e intimista. He tenido muy en cuenta esa dualidad (lado A, lado B) para la confección del álbum. Me gustan mucho esos álbumes, en los que el lado B muestra algo diferente, más especial (pienso en muchos ejemplos, en los clásicos). Incluso pueden funcionar como autónomas, una parte de la otra. También hay alguna fantasía psicodélica, escapista, inspirada en alguna de mis obsesiones.
Ha quedado un trabajo difícil, áspero, por momentos duro, y en otros incluso depresivo. No será de fácil escucha. Además, seguramente se trata de un trabajo difícil de etiquetar, lo cual me satisface; aunque por otro lado esto tiene un precio, que consiste en una mucho más limitada (si cabe) difusión, y una mayor incomprensión. La audiencia se mueve por etiquetas, y más aún dentro de la electrónica. Y dentro de esas etiquetas hay mucho sectarismo.
Un aspecto a destacar del álbum, será sin duda su cuidado diseño a cargo de Manuel Romero, un genio del diseño gráfico y la infografía, y que incluye bellas y delicadas pinturas de un artista de la talla de Seara, creadas y pensadas exclusivamente para ser desplegadas en una carpeta doble (o gatefold). Creo que el resultado en el formato físico será espectacular. La colaboración con Seara viene de lejos: ya en los años 90 hablábamos de esa posibilidad”.
Juan Lesta continúa siendo el encargado de traer las imágenes, con los videoclips de “Un canto sinusoide” y “Estridor 5-7-1”, lo que es ya una seña de identidad… “Juan y yo, aparte de buenos amigos, colaboramos desde principios de los años 90, ya ha llovido desde entonces… Junto con otros amigos comunes, éramos fanáticos del romanticismo del sello 4AD, del postpunk y al mismo tiempo, del industrial, y toda la electrónica fresca que despuntaba en aquel tiempo. Juan (junto a Belén Montero, en aquel tiempo), ya ponía imágenes abstractas de fondo, analógicas, con viejos monitores y otros artefactos, en mis presentaciones en vivo como Prozack, a mediados y finales de los años 90. Una buena muestra de ello quedó reflejada en el concierto de Prozack, en Los Conciertos de Radio 3, año 1999. Yo le otorgo plena libertad para sus vídeos, porque confío plenamente en su trabajo. Y siempre me sorprende. Para mí es un lujo contar con él, y es un gran artista cuyo trabajo está siendo más reconocido y valorado fuera de nuestras fronteras”.
Estamos, sin duda, ante uno de los discos de música electrónica más importantes que se han hecho en este país. Un viaje de caída y ascenso, de viaje a través de las sombras hasta alcanzar la luz. Un disco de música electrónica de autor, arriesgado y experimental, como nunca se había hecho en Galicia.