portada del disco Sinfonía de Frustración

A estas alturas no sorprende ya comprobar la solvencia de Fast Food en esto de hacer punk rock melódico vigoroso apoyado tanto por cuidados coros vocales como por letras mordientes. Mucha de su ya abundante discografía está compuesta sobre estas premisas, que han servido para marcar lo que puede considerarse un sello personal. No es de extrañar pues que en esta generosa colección de temas (hasta 16), abunden los momentos de insatisfacción y frustración o las "viñetas sórdidas" de existencias desesperadas: "Frida se ha asomado a la cornisa y mira al suelo sin pestañear, casi ochenta metros de caída la separan de la realidad". La ciudad de Los Ángeles hace, en este caso, las veces de escenario en el que se entremezclan historias inventadas de pandillas y gotas de verdadero malestar personal, tal y como reconoce Javi, cantante, guitarrista y autor de la casi práctica totalidad de la música y la lírica de la banda. Rehenes en la urbe, muros por derribar, demonios interiores, abortos adolescentes, apuñalados sobre el asfalto... la pretendida dulzura que parece desprenderse del entramado melódico que arropan con sus voces She Lux (Asiatics, Grupo Sub1, X Prays) y Almudena no es sino un espejismo.

La de las dos chicas, por otro lado, no es la única colaboración externa con la que cuenta el grupo ya que se han incluido, por ejemplo, secciones de viento, más apoyo vocal desde Airbag y la guitarra de Astray. Fast Food en esta ocasión ha trabajado en formato de estricto trío en los estudios portátiles Sincutronic de Javier Pelayo (ddt, Vigilante Gitano).

A pesar de la evidente calidad en los juegos de melodía aportando esa aparente normalidad, no es sólo en lo desolador de las letras en donde se llegan a mostrar rugosos y duros. En lo musical, esta "Sinfonía de Frustración" comienza con toda una declaración de intenciones: un guitarrazo, el de "Dancin' with a watermelon". Además, y jugando quizá las veces de cuñas o separaciones, pildorazos como "La Peste crew", "Día de muertes" o "Jmmy Pinball" parecen justificar su brevedad con una vertiginosa crudeza, sin disquisición alguna en otras consideraciones.

Por su parte, con "E-mail confidencial" se emparentan con los ademanes ramonianos de Los Nikis, aunque, de no ser por la dureza de las guitarras, en "Al este del edén" hacen recordar las maneras revisionistas de opciones como Cooper.

Hay donde elegir con creces para seleccionar lo más destacado. Habrá quien argumente sobre "Marzo" y su sonido Fast Food cien por cien, quienes queden atrapados irremediablemente con la belleza de "Apartamento #7" o con lo acertado del sonido de los metales en "Los Ángeles". Pero aceptado todo ello, casi yo seleccionaría "Dramarama" entre los momentos sobresalientes. Velocidad, melodías vocales y esas historias directamente conectadas con el "Ella saltó por la ventana" de Ilegales.

El final de "East Side Story", orquestaciones incluidas, juega a favor de ese malamente aceptado carácter conceptual que desprende el disco, que con su atractivo diseño gráfico para la portada y la imagen de soledad insatisfecha de Javi de la contraportada, entra por méritos propios en lo mejor de la producción de la banda.

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