Tras la buena acogida del primer disco, con el tirón innegable de «Lance Armstrong», Parquesvr entienden el envite y deciden tomarse más en serio la segunda entrega. Por un lado cuidan más las canciones, tanto en las letras, que sin perder mordacidad, se han trabajado algo más, admitiendo refinaciones sobre lo primero que se escribe, como en lo musical. De hecho acuden a Estudios La Mina con Raúl Pérez, emplazados por entonces en Sevilla, para asegurar una mayor calidad en el acabado.
El resultado se hace notar. Para empezar a hablar en la majestuosidad con la que arrancan con «Ansiedad», un tratado sobre la modernidad dedicada al autoconocimiento y auto-ayudas.
Aciertan además en varias de las canciones, a las que fácilmente se le adivina largo recorrido. «Almodovor, Amenábor» es una gamberrada sobresaliente. Letra con frases cortas y certeras alrededor de la figura de los dos directores de cine (sí Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar) trenzada, en lo que podría tomarse como un doble guiño al manchedo, a la manera de Almodóvar & McNamara.
Pero si uno quiere apuntar directamente a los que podrían ser los momentos más sobresalientes del disco, probablemente habría que lanzarse a «Arde, quema, duele» con fina electrónica para tratar historias de abandonos y rupturas sentimentales y «Los salvajes», donde apuestan por una producción intrigante que, empezando como Los Planetas evoluciona luego con algo como de Disco Inferno.
La portada la elaboran a partir de una serie de figuras de cerámica ambientadas en cada canción diseñadas por una amiga de la banda que luego irían repartiendo por los diferentes sencillos.
También se disfruta la miga de «¿Debo leer a Baudelaire?» donde ponen de vuelta y media a quienes parecen saber de todo. Algo parecido habían hecho igualmente Biznaga.
Donde dejan claro su procedencia es en «Zarzaquemada», un relato similar al que hiciera El Langui y La Excepción con su Pan Bendito. Desde luego, dan argumentos a los que les erigen en la voz del extrarradio.
Manifiestan igualmente amplitud de miras musicales cuando ensayan aires flamencos en «Muchas flores» y con aportes psicodélicos en «El laberinto».
Trabajo de refuerzo, mostrando un espectro más amplio en lo que al sonido se refiere y con mayor cuidado en las letras.