portada del disco Rosa Mary y José Guardiola

“Di papá” no fue una canción, fue un fenómeno social. Aún recuerdo a mi primer maestro, don Severiano, empeñado en que la aprendiéramos a nuestros tiernos seis años. Lo que estaba llamado a ser una colaboración familiar se convirtió en una catequesis impartida por mosén Guardiola a su hija Rosa Mary. Uno es creyente, pero escuchando estas cosas se ve ganado por el agnosticismo; así eran las cosas en el nacional catolicismo.

Fue seguramente la canción más escuchada y el disco más vendido del año. No había tarde que las emisoras no la pusieran varias veces y entre las canciones dedicadas se llevaba la palma. Pero, ya digo, la palma de los mártires es lo que nos tendrían que haber concedido a los niños de aquella generación que tuvimos que aguantarla durante meses.

El resto, cantado ya por el papá de la criatura en solitario, tampoco es para tirar cohetes. Un tiempo de rock “Bella bella bambina” que hace rimar bambina con divina y otras lindezas lingüísticas por el estilo.

Lo único que salvo es un aparente solo de primitiva guitarra eléctrica. “Permittete signorina” es otra de las muchas canciones italianas que el catalán grabó en su historia, un fox rapidillo en el que el progenitor de Rosa Mary se pone ligón, pero guardando siempre la debida distancia. Una canción alegre y dicharachera.

La cuarta es el cover de “Now and forever” un slow americano que suena a engolado cantante de music hall.

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