portada del disco Que Se Callen los Profetas

Su ópera prima viene a reflejar un salero muy propio de tierras andaluzas, pese a haber sido grabado durante el año 2003 en los estudios Box de Madrid, ocupándose de la producción Eugenio Muñoz, productor de Siniestro Total o Rosendo entre otros.

Éste trabajo, que da la impresión de haber salido de un cajón de sastre elaborado durante años, no es más que la demostración de su frescura, traducida musicalmente a unos ritmos que varían desde el ska hasta la rumba, pasando por infinidad de estilos que él mismo hace propios gracias a una voz rota bastante desgarradora y a una fuerza pasional casi inusual en el panorama tan independiente por el que se inmiscuye.

"Frío", primer corte del álbum y uno de los más personales, viene a reflejar la soledad del ser humano en un ambiente misterioso y ciertamente siniestro del que participa Rosendo, que grabó un sólo de guitarra para el tema, además de Poncho K. Esta presentación -que curiosamente puede parecer gélida- no es más que la introducción a un repertorio algo oscuro pero bastante realista en el que Albertucho pretende reflejar tanto su propio universo como aquel que rodea a la sociedad en la que se integra. Así pues, "El pisito" -una crítica en clave de humor desde la más profunda ingenuidad, dedicada a la situación de imposibilidad de emancipación que viven los jóvenes españoles- se convierte en un himno generacional, y en uno de los mejores temas en cualquiera de sus directos. Pegadizo, alegre y con mensaje.

El ska es otro de los géneros que converge en este universo musical compuesto por tan sólo quince canciones, y que se manifiesta claramente en "Mi estrella", un corte sorprendente en el que el sevillano cuenta con la colaboración de uno de sus habituales, Kutxi Romero de Marea.Gracias a temas como éste, Albertucho a veces logra ganarse la denominación de "saltautor".

El rock del que él mismo se considera abanderado aparece de manera casi aleatoria situado en este trabajo, que contiene temas bastante potentes en los que la voz de este sevillano se conjuga con unos acordes de guitarra un poco estremecedores. Así sucede en "Cristal ahumado", "Descuida" o "Basura en que nacen flores", éstas dos últimas con una voz femenina (y de la que posterior y no muy acertadamente prescindirá) no muy común que le da más realismo y que también se hace presente en "Vivir viviendo", quizás uno de los temas más equilibrados que fluctúan entre el rock y la canción de autor, impregnados por un toque andaluz que los vuelve totalmente reconocibles.

El álbum poco a poco va perdiendo fuerza, y así al llegar a los dos últimos cortes, "Matanza de almas" y "Mi voz" desaparece casi por completo la presencia de las cuerdas que le acompañan durante casi la totalidad del repertorio, sacando a la luz el lado más intimista y poético de este cantautor tan peculiar que, rodeado de tantas y tan diferentes colaboraciones logra conseguir un disco tan original como fresco haciendo brillar a un Albertucho bohemio, rebelde y ciertamente canalla.

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