Que Dios Reparta Suerte

Jaime Urrutia, 25 años. Gorra de chulapo, camisa con los cuellos subidos, botines, pañuelo en el cuello. Esta es la nueva iconografía de un grupo de jóvenes que sacaban al mercado su primer disco. Una imagen acorde con la nueva música que habían inventado. Una suerte de after punk mezclada con música pseudo-folclórica; el “rock torero” como lo definió el fallecido Francisco Umbral. Ecos anglosajones sazonados con los productos de la tierra; castañuelas. Si hay un grupo que ha reivindicado las castañuelas son Gabinete, como queda claro en el tema bandera del disco: «Que Dios reparta suerte». Sea con intención irónica o con intención icónica, lo cierto es que dejó a la afición alucinada.

Unos oyentes que pedían algo más de petardeo, nada que les recordase la sociedad castiza, conservadora y tradicionalista de la España franquista. Sin embargo, Gabinete Caligari rescató algunos de los arquetipos de las profundidades de la memoria histórica para quitarles el polvo de la conciencia política. Así que el mundo de los toros y del chulapeo eran valientemente rehabilitados libres de caspa y deshonra.

La siniestralidad de sus primeras canciones sigue oscureciendo, musicalmente hablando, algunos de los temas de su debut, pero en otros las reglas cambian; «Que Dios reparta suerte», «Mentir» y «Sangre española» responden a los dictados de ese rock torero.

Se sientan las bases que desarrollará el grupo en el futuro, con más éxito cuanto más alejados se muestran de la negrura inicial. La inconfundible voz de Urrutia que, reconozcámoslo, no es un vocalista de boleros (más bien se acerca al tremendismo de un Raphael mezclado con la afonía de Lou Reed) y su personal manera de tocar la guitarra, la inclusión del saxofón y los ritmos de resonancia británica son el esqueleto que ya muestran en «Que Dios Reparta Suerte» (DRO/Tres Cipreses, 1983).

Sus letras en cambio, se ajustan más a los cánones de sus inicios; una lírica cercana a la bestialidad más literal («Pérdidas blancas» y su referencia poco sutil al semen) y a una hueca provocación chirriante, que a veces nos descubren a un grupo más preocupado en polemizar y escandalizar que en epatar. Pero al fin y al cabo, los primeros ochenta eran una época en la que casi todos intentaban sobrepasar los límites, y en la que el dogma último era “mejor pasarse que quedarse corto”, en todos los aspectos.

El álbum se vendió junto con «Cuatro Rosas» (DRO/Tres Cipreses, 1983), una operación cuestionable, dadas las obvias diferencias entre ambos. Habría que estudiar si económicamente les salió bien la jugada.

De su ópera prima destacamos otros temas aparte de «Que Dios reparta suerte». «Mentir» tiene un primigenio poso melancólico que tan buen resultado dará en futuras ocasiones, «Un día en Texas» es un rockabilly divertido que versiona un tema perteneciente a Parálisis Permanente, con quien estaban muy unidos en sus orígenes (de hecho Ana Curra colabora en el disco a los teclados) y «Sangre española», un temazo a reivindicar.

Grupo:

Su principal característica es la constante mutación...

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Tracklist:

CD 1

  1. Tierra de nadie
  2. Mentir
  3. Que Dios reparta suerte
  4. Héroes de la URSS
  5. Pérdidas blancas
  6. Un día en Texas
  7. Sangre española
  8. Grado 33
  9. Maquis
  10. Gresca gitana

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