portada del disco Pura Danza

El pretendido giro dado en “Efectos Personales” (GASA, 2001) quedó muy lejos de dar los frutos esperados, por lo que, como una constante en su carrera, los chicos de Danza Invisible vuelven a apostar por una fórmula más directa en “Pura Danza” (GASA, 2003), en el que cuentan como productor con Joaquín Torres, que fuera guitarrista de Los Pasos y con una sobresaliente carrera en dicha labor técnica.

Desde tendencias más modernas a su ya habitual querencia latina, Danza Invisible vuelve a despachar un álbum heterogéneo cuyas diferentes partes casan equilibradamente entre sí. Hay muchos grandes momentos, canciones bien conseguidas y mejor arregladas, sobre todo en aquellas que componen la primera mitad del álbum. Aquí, por el contrario, no hay un hit, un pelotazo, esa canción llamada a triunfar y representar a las demás, como eran “Por ahí se va...” o “Sabor de amor”. Aunque, claro, eso no es obligatorio, de cara al público supone una fácil ventana por la cual acceder al álbum y, al no haberla, el álbum no llegó, esta vez tampoco, a las esperadas ventas.

Tras “Pura Danza” el grupo desapareció del ojo público, llegándose a creer que habían finiquitado su carrera. Pero no fue así, aunque tardaron siete años en sacar su nuevo álbum de estudio.

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