portada del disco On the Rock

“On the Rock” (Warner, 2010), producido por Candi Caramelo Avelló -habitual de la banda de Andrés Calamaro al bajo- y Guido Nissenson -otro nombre familiar para los seguidores-, es un disco exuberante en cuanto a sonido y rico en texturas. El título parece provocador con los puristas del género, ya que aquí tienen presencia la cumbia y la ranchera, el rap y el flamenco, siendo uno de los álbumes más eclécticos de un músico ya de por sí valiente y desprejuiciado.

“On the Rock” empieza con “Barcos”, una canción con sabor flamenco y portuario -colaboran el vocalista Diego el Cigala y Niño Josele a la guitarra- con una letra misteriosa que habla de destinos errantes, tal vez de la emigración, tal vez de los amantes. Habla el autor: “La escribí pensando en la amistad que permanece, y en medio de la letra hay una interferencia onírica que es la imagen del interior del barco de esclavos; aun así acepto un nuevo desarrollo o interpretación; no tengo la última palabra con mis letras, pueden reorientarse, son de todos; está escrita en primera persona y la primera persona es cada uno”.

Te extraño” es una épica y anhelante pieza con alma de bolero, dominada por el piano y en el que el MC El Langui aporta un recitado. El “El pasodoble de los amigos ausentes”, guitarrero y con aire a Los Rodríguez, es nostálgico y según Calamaro supone “una carta de despedida a un Madrid marginal, donde hay poca diferencia entre el vendedor y el cliente”.

El medio tiempo “Todos se van”, con puro sabor Calamaro y recubierto de almíbar, hace referencia a la levedad y, parafraseando a Sr. Chinarro, parece el lamento de quien solo lee “fechas de caducidad”. Precisamente de la necesidad de aprovechar el tiempo y superar las crisis internas trata “Los divinos”, una oda al camino, personal e intransferible, que a veces da vértigo pero es lo único que el ser humano tiene: “y no existen los destinos / ni siquiera los divinos / Desafinan los metales / sin principios ni finales”. Colaboran en el tema Rubén y Leiva, ya ex Pereza.

El tono rockero vuelve con “Flor de samurai”, obra a medias de Calamaro y Gringui Herrera, guitarrista y fiel escudero del músico durante prácticamente toda su carrera. Supone una continuación lógica de “Los divinos”, invitando a no perder tiempo en rencores y seguir adelante: “qué satisfacciones / a tan alto precio / si olvido mi desprecio”.

Insoportablemente cruel”, paradójicamente, es ciertamente despechada y rencorosa, aunque quizá no tan demoledora como avisa el título. Se va por los cerros del jazz y colaboran la exitosa banda de rap fusión Calle 13 y el fantástico trompetista Jerry González, aquí con sordina. También destaca el soberbio piano de José Reinoso. La cumbiaTres Marías” hace referencia Charo, la hija de Andrés, que tuvo con la actriz argentina Julieta Cardinali. Vicentico colabora en esta bonita canción.

Te solté la rienda”, un clásico de la ranchera -obra de José Alfredo Jiménez- que en España (re)popularizó a finales de los años 90 el grupo mexicano Maná, es aquí revisitado por Andrés con la ayuda de otro habitual del género, Enrique Bunbury. Digerible aunque imposible de comparar a la versión del maestro. “Me envenenaste” devuelve las guitarras al primer plano, y parece ironizar con épocas pasadas del artista, el reverso de canciones como “Crucificame”: el otrora artista incansable, que robaba noches al sueño para componer, tiene ahora otro ritmo de vida: “ya no puedo escribir / y no dejo de dormir”.

Gomontonera”, otro rock poderoso, retoma el tema de la emigración: “por tierra en un tren de promesas, y por mar en gomón y patera”. “El perro”, quizá un homenaje a Ramones, mantiene el ritmo vigoroso. Firma la letra el poeta argentino Marcelo “Cuino” Scornik, colaborador habitual de Calamaro. El texto es reivindicativo, mandando un recado al país natal del músico: “Qué lástima, Argentina / eras un bizcochuelo / ahora eres gelatina”. Abren y cierran la canción (y en este caso el disco) unos coros contagiosos.

Con “On the Rock” Calamaro continuaba el camino trazado en el quizá más afinado “La Lengua Popular” (DRO / Atlantic, 2007), y tras años de vaivenes en lo creativo -desde las grabaciones caseras de “El Salmón” (DRO, 2000) hasta los discos de versiones del folclore latinoamericano-, encauzaba su talento en una línea reconocible. El argentino ya no despierta tanta admiración como en otros tiempos, tampoco tantas críticas, pero guste más o menos, parece seguro de lo que quiere.

Compartir

1 2

Otros Discos

Deja una respuesta

Tu direcci贸n de correo electr贸nico no ser谩 publicada. Los campos obligatorios est谩n marcados con *

Uso de cookies

Esta web utiliza cookies propias para facilitar tu navegaci贸n y una atenci贸n personalizada gracias a la informaci贸n estad铆stica que obtenemos tras analizar h谩bitos de navegaci贸n. Si contin煤as navegando consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuraci贸n u obtener m谩s informaci贸n aqu铆

ACEPTAR
Aviso de cookies