portada del disco Naves Ardiendo más allá de Orión

¿Para qué escribir si alguien dijo lo mismo que tú con más éxito? Algo así creemos que debió pensar Ismael Serrano cuando buscaba título para su nuevo disco. "Naves Ardiendo más allá de Orión" (Universal, 2005), en referencia al monólogo que el replicante Roy espeta al final de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), es un disco lleno de esperanza en un tiempo en el que todo parece derrumbarse. El miedo es la piedra angular en torno a la que giran catorce temas en los que se medita, sobre todo, en lo difícil que es ser humano, caer en la desesperanza más brutal y aún así levantarse cada mañana con fuerza para ver que las cosas pueden cambiar, a pesar de los pesares.

Recurrente en sus temas -sin por ello resultar repetitivo- vuelven a parecer como marca de la casa las reflexiones sobre el amor, la nostalgia como arma de destrucción masiva y, en definitiva, los avatares que todo hijo de vecino padece en silencio pensando que si hubiese un concurso que midiese la miseria humana, nosotros seríamos los que más sabemos de sufrimiento del mundo, palabra. Además, reaparecen las reivindicaciones propias y ajenas que se mezclan con lo cotidiano en un disco que brilla, sobre todo, por el equilibrio y el reposo que transmiten sus letras. La música, aunque tiene algunos lances atrevidos e innovadores, queda en segundo plano para transmitir el mensaje, y lo hace con más confianza que nunca y más sensibilidad de la habitual. Del fondo del armario, y a petición de los miembros que visitaban su página web, el cantautor madrileño rescató de su repertorio de directos, "Allí" -en una versión prácticamente irreconocible cuyo tempo no termina de convencer- y la tremenda a la par que dolorosa "Ya nada es lo que era", con la sobriedad de la guitarra y los coros de Olga Román.

"Fragilidad" es seguramente la canción capital del álbum. Un tema que aún sigue llenando de lágrimas los ojos de los que lo escuchan en directo y que hace referencia, con la sensibilidad requerida, a lo sucedido en Madrid el 11 de marzo. “La burbuja que encierra este grito, y este temor a saberme perdido, a perderte y perder la razón (...)”, es parte de la sinceridad a flor de piel que incide en el mensaje principal del disco: "Hay momentos que no se perderán como lágrimas bajo la lluvia".

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