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LaFonoteca, Disco: Nº 8
portada del disco Nº 8

El único LP que grabaron realmente en vida Conemrad. Lo hicieron en Multitrack durante un fin de semana de marzo de 1993 en la que puede considerarse como la sesión más seria que tuvieron en un estudio. Unos años antes lo habían intentado infructuosamente en los estudios Acentejo pero no hubo la comunicación suficiente entre la banda y un técnico más habituado a la salsa canaria que no al rock and roll, para que la cosa funcionara. En esta ocasión todo marchó mucho mejor con Paco Chinea, el responsable de la mesa Soundcraft que se empleó.

Llegaba la banda con muchos de los temas ya preparados de esos intentos previos en grabaciones en maquetas a modo de prueba para comprobar cómo sonaban. No en vano, cortes como "Fuera de la ley" "You've got a reason" o "Bala perdida" ya habían quedado registrados en la cinta que preparó la banda al poco de incorporarse Juanjo como refuerzo en las guitarras.

El disco es reflejo de la etapa que atraviesa Conemrad. En su frenética carrera por ir explorando estilos diferentes, "Nº 8" (Multitrack, 1993), con título en un guiño tanto a los años que llevaban en activo (desde 1985) y a la etiqueta del bourbon Jack Daniels, está diseñado en clave de hard rock americano, en el que prima la estética motera, de tatuajes (como el de la portada), pelos largos y camisetas con motivos de indios norteamericanos y águilas pescadoras. Guitarras de rock contundente, mucha electricidad y punteos en los musical, mientras que el espectro en el que se desarrollan las letras se restringe alarmantemente alrededor del desenfreno nocturno y ganas de apurar el trago como si se tratara del último.

No pensar en el mañana, vivir hoy, a todo gas, como una bala perdida, como personaje de historias fronterizas a toda velocidad, fuera siempre de la ley, teniendo a mujeres y el alcohol como la perdición. Ganas de salir de la jaula, momento de romper las cadenas que nos atrapan en una rutina cotidiana que sólo se sublima a base de tragos, sexo y de rock and roll. Un rock en su versión canalla, en la que la atracción animal, el canto a la vida nocturna en clubs y la total despreocupación por responsabilidades y consideraciones similares marcan, de manera quizá algo obsesiva, el único objetivo de unas canciones que nada tienen ya que ver con el punk-oi! y después el ska, con el que empezaron. En esa cadena evolutiva que desarrolló el grupo, el disco constituye eso sí, una etapa previa comprensible a lo que vendría después, la deriva al metal con la que terminaron sus días.

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