portada del disco Jupiter & Beyond

Para su segundo disco, A Room With a View viaja hasta la localidad madrileña de Mejorada del Campo, a los estudios Heathroom, para grabar con la ayuda de Karim Burkhalter su segundo largo. A pesar de nuevo de los intentos del sello Bcore, el grupo al final llega a un acuerdo con el sello Recordings From the Other Side, filial de Everlasting, para su lanzamiento.

En este segundo disco hay una evolución evidente. Si en su primer álbum, "Addiction of Duplicities" (Heart in Hand, 1999), el sonido del grupo era más homogéneo, en este segundo hay mucha más heterogeneidad en su propuesta. Esto fue debido a varios factores. Primero que algunos de los temas incluidos tenían varios años y, segundo, la gira donde se dedican a la improvisación. Esto les hace atreverse con cosas nuevas y acercarse a sonidos más jazzísticos.

Es un punto a favor el atreverse a dicha experimentación, y desde luego no se les puede tachar de inmovilistas. Pero quizás con más tiempo, o una grabación más pausada, podrían haber conseguido dar un empaque mayor al disco. Unificar todas las propuestas para darle una mayor unidad a esta grabación.

El álbum se abre con sonidos que nos hacen recordar tiempos pretéritos. Tanto "Jupiter" como "Aislado" son los temas más cercanos a su primer álbum. Pero mientras el primero de ellos suena más oscuro y con la misma tensión, el segundo es mucho más calmo y cercano a los postulados del post-rock.

Pero es solo un espejismo. En "Cromosfera" nos encontramos con los primeros bandazos free. Un tema donde los silencios tienen la misma importancia que la música. La improvisación fue un elemento importante para configurar el nuevo sonido de la banda y donde lo exponen más es en uno de los mejores temas del álbum, "Drifting". También está muy marcado en el tema con el que cierran el álbum, "26", toda una oda al loop, repetitivo y asfixiante.

En el resto del disco nos encontramos a unos A Room With a View más introspectivos, más cercanos a territorios del slowcore, con temas densos y oscuros que nos hacen recordar a grupos como Codeine. "Marea negra", con sus más de diez minutos, es una obra ambiciosa donde manda la improvisación controlada, al igual que en "White and pale". La más sorprendente es, con su toque psicodélico, "Dumb angel".

En definitiva, nos encontramos con un disco de transición y exploración, un álbum que promete más por lo que podía ocurrir en el futuro que por él mismo. Pero al final el proyecto de un tercer disco grabado con más tranquilidad nunca vio la luz y el telón de A Room with A View se cerró para siempre.

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