portada del disco Javier Álvarez

Un antihimno generacional como “La edad del porvenir" parece una elección acertada para llevar al mercado un producto del que no hay precedentes cercanos de éxito. El público objetivo parece modesto: jóvenes inconformistas ávidos de pop sensible y dispuestos a identificarse con alguien que protesta sin hacer mucho ruido. Pero lo de "nos dictan todo porque hay que saber elegir" llega más lejos de lo previsto y la canción se convierte en un éxito. Y el largo aún tiene bazas. Para los potenciales clientes, un gancho como “Uno - dos - tres - cuatro”, en pleno auge de la objección de conciencia al servicio militar obligatorio; para los compradores, que no hay sensación de decepción ni de tomadura de pelo; lo que hay en esas trece canciones no difiere de lo que se escucha en la radio, para bien o para mal.

De aquí a la eternidad” es su primer guiño al séptimo arte, un emotivo lamento (“pensar en tantos valses que pude bailar") en el que la escolta de Ana Belén no puede ser más fructífera. Unas estrofas no muy esmeradas de Álvarez sobre la dependencia emocional se traducen, gracias a la composición de José Encinas, en la breve y pegadiza “Ciega fe”. Mucho menos inspirado, el propio Encinas firma “La madre de Fabián”, una crónica sobre la educación severa, a la que la instrumentación y las voces de Luis Pastor y Ana Serrano remiendan, pero no reparan. Tampoco están entre lo mejor del disco la apología del derecho masculino a tener sentimientos “Uno - dos - tres - cuatro” y la onírica letra que menoscaba “Luna de menta”.

Credo”, una balada pasada por misa con una interpretación tan creíble que termina convenciendo, es una ligera recuperación, que se verá refrendada por los siguientes cortes. “Piel de pantera”, sustentada por coros y guitarras y aún con olor a incienso, pone el ojo en la prostitución y el fariseísmo ("hombres de misa, por la noche santiguados, dan caza a la pantera y ponen a lavar sus manos"). A "Amor en vena" no le hacen falta muchos adornos para funcionar. Un acordeón, un cello y la guitarra de Pedro Guerra (autor de la música) ambientan una deprimente historia sobre la soledad y sus paliativos. Años después, en el vigésimo quinto aniversario de Amnistía Internacional en España, la regrabará junto a Antonio Vega, quien incluirá el dúo en su disco "Escapadas" (EMI, 2004).

Por si había poca tristeza, todavía quedan “Miss Universo”, una especie de cara B de “De aquí a la eternidad”, con su correspondiente relato femenino desasosegante; el rescate de “Las casas de cartón", manifiesto proletario del venezolano Ali Primera más atinado en la letra que en la música; y “En esta casa”, un retrato de la claudicación ante la rutina conyugal que finaliza evocando “Even cowgirls get the blues", de Rodney Crowell, así como las notas del “Super Trouper” de ABBA abren el corte final, presagiando en ambos casos la anarquía encomiástica de su tercer trabajo. Una nana, versión de “Are you tired of me darling”, de Nanci Griffith, pone el punto final a un disco de andar por casa. Un buen disco para empezar a andar.

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