Para la grabación de su segundo LP La Secta volvería en mayo de 1993 al estudio de Burdeos, Le Chalet, en donde registraron el anterior disco. Repiten igualmente con lo de la ayuda internacional para la producción, aunque en este caso se pondrían en manos de Chips Kiesbye guitarrista sueco de la banda Sator, de la que Munster ya había editado algún sencillo, y que poseía ya experiencia en lo que suponía ser ingeniero de sonido por trabajos previos con The Nomads.
Antes de encerrarse en el estudio, estuvieron unos días preparando los temas con Chips (que había escuchado varias veces las maquetas que le había enviado el grupo) en su local de ensayo en los locales de Krik Krak situados en el barrio bilbaíno de Recalde. Toda esta labor previa y la coordinación ya sobre el terreno entre el sueco y el técnico francés, Kid Pharaon, tendría su recompensa en una grabación sobresaliente, en la que La Secta suena compacta y con una palpable mejora en el apartado melódico. Reconocerían posteriormente la labor de Chips en la de trabajar arreglos melódicos de las guitarras, enfrentadas entre si.
Tras la escucha de ruidos típicos de animales de selva se inician las hostilidades con «Back to the jungle». Ya en la segunda cara también recurren a efectos para abrir «Take a guru trip».
Las guitarras de fondo cuando acometen «Kill-a-cop» tienen algo de los míticos MC5.
Probablemente sea con «No advices» donde más alto llegan. El tema tiene algo de ese grado adictivo que lograron Stooges con «Your pretty face is going to hell».
La cara A la cierra «We get what we deserve», que aunque ya había visto la luz como sencillo homónimo, se graba de nuevo para la ocasión.
Cuando se atisba ya el final del disco deciden apretar el acelerador. Imprimen una marcha extra con «Fuck ya please» donde todo se dispara, añadiendo ese punto de velocidad extra a la contundencia que muestra el disco en promedio.
«Black hair» muestra a Gorka contenido, estirando frases y disfrutando de cierta gravedad en el discurso, que tiene cierto aire a Jim Morrison en los momentos más lentos y a Eddie Vedder en los más afectados. Todo ello hace que el tema se vaya con holgura algo más por encima de los 5 minutos, rompiendo así la media.
En la misma sesión de grabación dejarían lista una versión de Zeros, «Wild weekend», que aunque curiosamente no encuentra hueco en el disco inspira, sin embargo, su título.