portada del disco Inteligencia Artificial

Sin duda, "Inteligencia Artificial" (Spicnic, 2003) es el álbum más ambicioso de Parade, y más que un cambio, supone una evolución a pasos forzados en su sonido. Esta vez Antonio Galvañ decide rodearse de instrumentos, muchos instrumentos, y orquestar sus canciones, dándoles un aire mucho más cálido. Con predominio del piano, el profesor de música de Yecla construye una colección de canciones superiores, dando carpetazo a su etapa electrónica (ojo, sigue utilizando bases y sintetizadores, pero ya no son los protagonistas), y abriéndose por completo a la canción europea, sobre todo la francesa y la italiana, pero también con algunos toques de folklore y música clásica y, sorpresa, al pasodoble, que no desentona en absoluto.

Solo con los temazos "¡Llama!", "Nickel Chromo", "Bucle surf", "Área 51 (del corazón)" y "No connections" podríamos hablar de un disco mayor, pero lo mejor viene cuando uno descubre que del resto no sobra nada, todas las canciones tienen algo que las hace especiales. La mezcla de estilos juega a favor de Parade, que consigue el punto perfecto entre su universo de ciencia ficción y pop y la música más tradicional, que malea a su antojo.

"Inteligencia Artificial" se abre con la dramática "Romance Morlock", que tira de épica (y de H.G. Wells) para hablar de  amores imposibles. La soledad vuelve a estar presente en la rockera "Nickel chromo", la más sci-fi de todo el disco, con un planeta Tierra arrasado y sin futuro. Pero las cotas de poética más altas las alcanzan "Bucle surf", un relato futurista sobre videojuegos con un aire de electrónica francesa y "¡Llama!", uno de los pasodobles del disco, en el que utiliza la Guerra Fría para tratar, una vez más, la incomunicación y los amores frustrados.

Cabe destacar la belleza acústica de "Se positivo, acepta el silicio", los acordeones a la italiana de "No connections" o la referencia a "Aliens, el Regreso" (James Cameron, 1986) de "Corre, Newt", que nos recuerda que una vez Parade fue una banda de tecno-pop.

Las catorce canciones que componen el tercer álbum de Parade son un lujo en todos los sentidos: letras ingeniosas, emocionantes y nada previsibles, acompañadas por un sinfín de estilos que se adaptan como un guante, y que se zafan de prejuicios, poniendo como único límite los gustos de Antonio Galvañ. Sin duda, uno de los grandes discos de esta primera década del siglo XXI.

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