portada del disco Hablo de Una Tierra

El disco se abre con un amplio preámbulo instrumental a cargo de los teclados (así en plural) y la guitarra, que van tomando cuerpo y marcha a medida que se desarrolla el tema. Tras una moderada tempestad protagonizada por un solo de guitarra eléctrica, vuelta al remando de los teclados que acelerarán buscando la meta final. “Granada es” suena a preludio plúmbeo.

“Rompiendo la oscuridá” se mueve en parámetros más reconocibles. El juglar Cárcamo nos lleva de ruta medieval apoyado por un violín y una guitarra española que recrean un ambiente bucólico de pastores y encinares. Se trata de un tema cantado que encuentra su remate en un solo de flauta que remarca el carácter marcadamente folk de toda la pieza.

Cierra la cara A el tema que da título a toda la obra. Aquí el agua mana de pozos flamencos. Sobre un lecho de mellotrón, la flauta de Carlos rivaliza con la guitarra de Manolo Sanlúcar, uno de los más reputados estilistas de la guitarra flamenca de todos los tiempos. El resultado es un tema a ratos complejo, pero de sonoridades envolventes y siempre muy agradables. Nos recuerda a algunos pasajes de las obras más avanzadas de Paco de Lucía.

La cara B se abre con un tema que casi habría que apuntárselo a Tílburi más que a Granada, ya que en el intervienen la mandolina de José Luis Barceló, la guitarra de Antonio Rentería y las voces de ambos. Otra melodía de folk acústico con una gran carga de hippismo y con grupos como It's a Beatiful Day o la cara más suave de Jethro Tull planeando sobre el asunto.

Si hasta ahora todo era más o menos comedido, la quinta pista es un pastiche de improvisaciones sin tino y ruidillos de toda procedencia que crean un caos sonoro de cerca de siete minutos de duración.

Cierra el disco: “Algo bueno”, la apuesta más dura de todo el disco. Rock con guitarras distorsionadas, inglés escasamente reconocible y contundencia en la sección rítmica.

Un disco ecléctico donde hay de todo, aunque más malo que bueno, con el que Granada no acaba de definirse, a pesar de algunos buenos momentos instrumentales y una muy particular concepción del rock sinfónico, si bien aquí podríamos calificarlo mejor de folk sinfónico.

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