Física y Química

Para muchos estamos ante el mejor disco de Sabina, o al menos así fue durante mucho tiempo. Gustos y preferencias aparte, en este disco vemos a un Sabina que juguetea con rancheras y ritmos de jazzclub en algunos momentos; y que entre canciones de amor y desamor nos cuela temas existenciales como la forma de vivir o la imaginación como forma de vida.

Ya desde el inicio nos acaricia como un arrullo en “Y nos dieron las diez”, humedeciendo las córneas y la memoria (real o ficticia), con un ritmo de ranchera suave que nos evoca a las aventuras vividas en un verano cualquiera, esas aventuras furtivas, esos recuerdos escurridizos.

Pero cambia repentinamente el registro Sabina con una audaz “Conductores suicidas” donde la gente de mala vida tiene un sitio privilegiado: “¿Cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida / el mejor dotado de los conductores suicidas? / No es asunto tuyo -me dirás y punto / pero reconocerás que es crudo aceptar / que no hay ser humano que le eche una mano / a quien no se quiere dejar ayudar / y búscate la vida / en dirección prohibida / pero no impedirás que levante mi vaso / a tu mala salud y te invite a brindar / muerta la amistad sabe igual que el fracaso / y a los dos nos gusta el verbo fracasar”. Se dice que está dedicada a Manolo Tena.

Tan simpática como perecedera y casi caduca “Yo quiero ser una chica Almodóvar” pasa sin pena ni gloria. Siguen una hermosa “A la orilla de la chimenea”, intimista y compuesta para acurrucarse con alguien en un sofá, y “Todos menos tú”, que va de más a menos, empezando por un listado de pintorescos personajes, para acabar con un deje medio funk, pasando a ser una canción menos excepcional de lo esperado en un principio, pero en cualquier caso bastante bien resuelta.

Con un parecido muestrario de estampas Sabina nos construye un crisol de vivencias y rutinas extraordinarias que se han fundido en otro de sus clásicos: “La de pirata cojo” nos invita a vivir otras vidas sin movernos de nuestro asiento; para seguir con “La canción de las noches perdidas” que es un trago de cinismo con regusto a Martini. Siguen dos canciones poco destacadas pero nada desdeñables: “Los cuentos que yo te cuento”, que recrea la historia de Adán y Eva con bastante guasa y un ritmo movido, y “Peor para el sol”, que con bastante más pausa habla sin pelos en la lengua del muchas veces tratado tema de las infidelidades y la vida nocturna.

Con un pincel sombrío y una desolada paleta de colores “Amor se llama el juego” nos cuenta el terrible sentimiento de melancolía y de falta de ilusión en una pareja: ”Amor se llama el juego en el que dos juegan a hacerse daño”, escribe el jienense sentando cátedra y sabiendo que nadie va a rebatirle.

Cierra el disco con un alegato al vivir despreocupado, “Pastillas para no soñar” nos cuenta entre rasgueos de guitarras cómo podemos existir mucho tiempo sin haber vivido: “Si lo que quieres es vivir cien años / haz músculos de 5 a 6 / y cómprate gomina que no te despeine / el vientecillo de la libertad / funda un hogar en el que nunca reine / más rey que la seguridad”. Con este tema cierra uno de los discos más rotundos y bien planificados de Sabina, que durante mucho tiempo estuvo entre los más celebrados, admirados y aplaudidos de su carrera.

Grupo:

Muchos y variados han sido los adjetivos...

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Tracklist:

CD 1

  1. Y nos dieron las diez
  2. Conductores suicidas
  3. Yo quiero ser una chica Almodóvar
  4. A la orilla de la chimenea
  5. Todos menos tñ
  6. La del pirata cojo
  7. La canción de las noches perdidas
  8. Los cuentos que yo cuento
  9. Peor para el sol
  10. Amor se llama el juego
  11. Pastillas para no soñar

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