portada del disco elbicho

Era inevitable. El rock andaluz y el nuevo flamenco estaban condenados a encontrarse en la autopista común del jazz. Lo verdaderamente sorprendente es que esa “profecía de hecho” se terminase cumpliendo tan tarde: “elbicho” (DRO, 2003) es, antes que nada, un trabajo que vino a llenar un vacío clamoroso. También es el brillante debut de una banda con ganas de contar las cosas a su manera. Resulta lógico, por tanto, que Tino di Geraldo (producción), Jorge Pardo y Carles Benavent, popes del flamenco más inquieto, quisieran tomar parte en el primer asalto del proyecto elbicho.

Desde el primer momento nos queda claro que la cosa viene potente. “De colores + 11 farolas” es una arrolladora fusión de ritmos africanos y rock progresivo, con un Miguel Campello pletórico. ¿Eso que suena por ahí es una marimba?. “Tanguillo nuevo” tiene un irresistible aire arabizante, al que contribuye el exótico sonido del saxo soprano de Jorge Pardo, mientras que “De los malos” es una rumba explosiva en cuyo estribillo flota el recuerdo de Los Chichos. Campello se las arregla para escribir letras que son crípticas y cotidianas a partes iguales, siempre regateando en el último momento los lugares comunes, como se demuestra en la emocionante “Pa'ti”, tema en el que destaca especialmente el bajo nervioso de Carles Benavent, y al que tal vez le sobren esos beats electrónicosalgoforzados.

“Locura” es uno de los momentos más espectaculares del disco: una rumba atómica con scratches y deslumbrantes arreglos de viento. Pero el ritmo no para: después de una inspirada y nada ortodoxa “Bulería del día” llega “Entiendo”, un asombroso rompecabezas de rumba, rock y  jazz enmarcado entre los torerísimos cambios de tercio de la trompeta de Pepe Andreu.

Con las sobrecogedoras bulerías de “Letras” comienza una nueva sección del álbum, grabada en directo en el estudio. Parece como si el grupo quisiese demostrar que aquí no hay trampa ni cartón, pero es posible que precisamente por ello se resienta la coherencia de sonido del disco. En cualquier caso, hay poco que objetar a las jams festivas de “Y es la noche” o “Albadulake”, y menos aún a la soberbia versión de un clásico inmortal como “La bien pagá”, donde Campello demuestra que está aquí para quedarse. Este más que notable debut termina un poco absurdamente con “El cosmonauta”, un endeblito número psicodélico que no encaja en el conjunto del disco.

Pero no nos podemos quejar. “elbicho” es un disco especial de un grupo especial. Un grupo cuya música posee, fusiones aparte, eso por lo que todos los músicos matarían: pellizco, emoción, pegada. No se sorprendan si se descubren tarareando los estribillos de estas canciones.

Y eso que lo mejor todavía estaba por llegar…

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