portada del disco El Regreso

Una de las buenas noticias que supuso “El Cantante” (DRO, 2004) fue la vuelta a los escenarios de Andrés Calamaro. El músico argentino ofreció un puñado de conciertos en su país natal, junto a la banda Bersuit Vegarabat, que nutren “El Regreso” (DRO / Warner Argentina, 2005). Se trata de un disco en vivo en el Luna Park de Buenos Aires, con un transfondo épico -la portada recuerda al primer paso del hombre en la Luna-. El nuevo álbum sirvió como celebración y también para constatar que el cantautor bonaerense seguía siendo un ídolo de masas pese a sus años de encierro.

El repertorio del disco se basa en canciones del propio artista, esencialmente de “Alta Suciedad” (DRO, 1997), “Honestidad Brutal” (DRO, 1999) y “El Salmón” (DRO, 2000), aunque también contiene las piezas nuevas publicadas en “El Cantante” (DRO, 2004) y versiones de este último álbum.

Es precisamente el clásico de Rubén Blades popularizado por Héctor Lavoe, “El cantante”, la canción que abre fuego, marcando un inicio arrollador. Es una declaración de intenciones que parece enlazar con el rockEl salmón” -“siempre seguí la misma dirección / la difícil, la que usa el salmón”- y dota a la apertura de un tono orgulloso, una reivindicación del artista herido (pero recuperado para la causa).

La energía doliente de “Te quiero igual” se funde con algunos versos de “El día que me quieras” para hacer estallar al público. “Tuyo siempre” y “Las oportunidades” mantienen la intensidad hasta la llegada de “Clonazepán y circo”, un acertado resumen de la situación política y social de Argentina, y que el público canta con fervor.

Para no olvidar”, siempre gloriosa, es la única concesión del músico argentino al repertorio perteneciente a la etapa de Los Rodríguez. Precede a otra canción inolvidable, “Los aviones”, en la que parece imposible no echar de menos la guitarra de Marc Ribot que abrillanta el tema original.

Dos temas de “Alta Suciedad” continúan la travesía. Son la baladaCrímenes perfectos” y el funk Loco”. Les sigue otro dedo en la llaga albiceleste, “Vigilante medio argentino”, un nuevo retrato (también descarnado) de su país natal, con una sociedad castigadora y que enarbola una doble moral.

La libertad”, homenaje a los amigos presos, cede el testigo a “Estadio Azteca”, que se hace grande amplificada en la voz del público. El enfoque argentino del repertorio sigue con una extraordinaria versión del clásico del tangoPor una cabeza”, bien interpretada por Calamaro, acompañado por el maestro Juanjo Domínguez a la guitarra.

Entre el bajón de nivel que suponen “Nos volveremos a ver”, “Desconfío”, “No me nombres” -en la que participa su hermano Javier- y  “OK, perdón”, “Media Verónica” abrillanta la parte final del disco. Calamaro se reserva para coronarlo dos ases en la manga, las indiscutibles “Flaca” y “Paloma”, que los seguidores (y el propio músico) entonan con emoción.

“El Regreso” fue un éxito de ventas y volvió a poner a Calamaro en circulación entre la élite del rock en castellano tras el fiasco de “El Salmón”. Sobre todo, el álbum permite comprobar la tremenda cosecha de canciones del trovador bonaerense -“Los aviones”, “Estadio Azteca”, “Para no olvidar”, “Flaca”, “Paloma”-, y es especialmente indicado para completistas o no incondicionales.

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