El Patio

Redoblan la guitarra flamenca y el piano sobre un amenazante paisaje de sintetizadores hasta que cuatro poderosos golpes de batería lo ponen todo en su sitio. Escuchamos entonces un extraño y hermoso preludio instrumental hacia lo desconocido. Vibra el gong. La apasionada voz de Jesús de la Rosa canta, grita, aúlla: “Yo quise subir al cielo para ver / y bajar hasta el infierno para comprender…”. Acabamos de entrar en “El Patio” (Gong-Movieplay, 1975). A partir de ahora todo es posible.

“Abre la puerta, niña, / que el día va a comenzar…”. ¿Quién nos iba a decir que el compás por bulerías podía ser un vehículo idóneo para una explosión de rock progresivo? ¿Quién, en aquellos primeros años de la década de los 70, podía haber profetizado algo así?. El sonido de Triana fluye con tanta coherencia y naturalidad que da la sensación de que el flamenco-rock ha existido siempre. No es sólo la batería de Tele, ese prodigio, con su flamenquísima cadencia y una pegada demoledora, es también el diálogo (toda una revelación) entre la guitarra flamenca de Eduardo Rodríguez y los teclados “pinkfloydianos” de Jesús de la Rosa. Es Jesús de la Rosa, su voz, que es como la de un muecín remoto que nos llama al rezo y a la introspección. Es, colmo de los colmos, la guitarra eléctrica del invitado Antonio Pérez, cuyo vibrante solo pone fin, justo después de una intervención de Tele para la historia, a esa auténtica avenida entre dos mundos que es “Abre la puerta”.

“Sé de un lugar” casi podría pasar por un aria operística. Las bellísimas texturas que crean los teclados de De la Rosa arropan a la perfección unos textos que hablan de paraísos terrenales y amores febriles. “Todo es de color”, idiosincrática versión del tema de Lole y Manuel, hipnotiza como un cálido mantra, y en “Luminosa mañana” descubrimos al De la Rosa más rockero.

Pero es tras la hermosa “Diálogo”, con una letra de reminiscencias lorquianas, cuando llega la apoteosis de “El Patio”. En “En el lago” todas las bondades del sonido del grupo confluyen en torno a la melodía más lograda del disco. El resultado es un himno de esos que en los conciertos se corean mechero en mano. Además, no hay que pasar por alto el potencial alegórico de una letra que, en pleno 1975, habla de probar nuevas experiencias y de bucólicos edenes donde hombres y mujeres conviven en libertad.

Para finalizar, la evocadora “Recuerdos de una noche”, unas bulerías 5×8 que alternan con un ritmo ternario con cierto aire a fandango.

Nada volvería a ser lo mismo en la música española después de “El Patio”. Podemos señalar este disco como el primer hito en el camino que, con el paso del tiempo, nos dejaría obras tan importantes como “Veneno” (CBS, 1977), “Omega” (El Europeo, 1996) o, más recientemente, “La Leyenda del Espacio” (RCA, 2007). Con “El Patio” el rock español se deshace de todos sus complejos y empieza a mirar cara a cara a los grandes.

Esto es sinfonismo cinco estrellas.

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No se confundan: el flamenco-rock fue fruto...

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Tracklist:

  1. Abre la puerta
  2. Sé de un lugar
  3. Todo es de color
  4. Luminosa mañana
  5. Diálogo
  6. En el lago
  7. Recuerdos de una noche

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