portada del disco El Eructo del Bisonte

Rock sin complicaciones hecho en las Canarias con claras influencias de los clásicos del género, algún que otro guiño al rockabilly y los triunfantes discos de Tequila en sus oídos. Buena factura instrumental sustentada por una sección rítmica precisa y sin concesiones a solos, virguerías o cambios. Sobre ella, solos de guitarra bastante tópicos y, en ocasiones teclados manejados con ductilidad y buen gusto. La agradable voz de Dany Pacheco cantando con limpieza y afinación. En suma, una eficiente banda de rock con oficio, pero sin demasiado brillo.

Podemos dividir los once temas del disco en tres grupos bastante diferenciados. Uno dedicado al rock and roll a la vieja usanza con canciones como “Cardiaco” y su buen solo de guitarra; “El hombre mosca , puro rockabilly al estilo Bulldog, con melodía tópica, letra ocurrente y guitarra machacona; “La Rocola” , dedicada a las viejas melodías de los juke box y única canción que autoría ajena; la vibrante “Rock and roll nada más” con ese piano de toda la vida dirigiendo las operaciones rítmicas .

En un segundo grupo, encontramos muestras de rock más evolucionado, cercano de alguna manera, al rock progresivo con voces más forzadas y solos de guitarra pasada por una colección de pedales. “Cambio libros por papel de liar” o el intrigante blues “Memorias” pueden ser un claro ejemplo de este segundo estilo.

Finalmente, encontramos lo que tópicamente podemos denominar canciones lentas. Son las más personales de la banda, que aquí usa en mayor medida los teclados y trabaja las segundas voces de forma cuidada. “Labios de tu cara azul” es una balada deliciosa muy bien cantada por Danny con unos interesantes teclados que parecen ejercer de abanico, abriendo y cerrando el tema con sus intervenciones. En la misma cuerda se mueve la aburrida “Mar de nubes”. Pero la canción más representativa y personal del disco es “Kiosko de la Paz”, dedicada a su barrio y a su tierra, en la que se reivindica un vocabulario canario y una orgullosa insularidad. Todo ello semiarropado por una muy sencilla instrumentación que acentúa la tristona intranquilidad que destila la canción.

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