portada del disco El Cantante

Tras el torrente de canciones nuevas que supuso la aventura casera de “El Salmón” (DRO, 2000), Calamaro regresó a los estudios de grabación con “El Cantante” (GASA / DRO, 2004), fundamentalmente un disco de versiones de la música popular latinoamericana que incluía, eso sí, tres temas nuevos -“Estadio Azteca”, “Las oportunidades” y “La libertad”-. El afamado productor Javier Limón -colaborador de Buika o Bebo Valdés & Diego el Cigala- tomó las riendas del proyecto. Así, el álbum se tiñe de un sabor flamenco en el que sobresale la guitarra de Niño Josele.

Calamaro se alejaba de su faceta de compositor torrencial y vestía así un traje de intérprete que continuó luciendo en el álbum de tangos “Tinta Roja” (DRO / Atlantic, 2006). Lo hacía arropado por una banda excelente, en la que Josele no es ni mucho menos el único nombre destacado: el trompetista Jerry González, el acordeonista Javier Colina o el bajista Alain Pérez integran también el equipo, Los Piratas del Flamenco.

“El Cantante” es un disco tibio, que contiene versiones de clásicos ya manidos -como “Volver”, “Algo contigo” o “La distancia”-, y los mejores momentos son aquellos en los que los músicos se expresan libremente. Las revisiones menos obvias, como “El cantante”, el himno al artista errante de Héctor Lavoe, o “Alfonsina y el mar”, mezclada aquí con gusto con “Zamba de mi esperanza”, aportan también instantes brillantes.

Pero si hay algo que se agradece en “El Cantante” son las composiciones nuevas de Andrés, sobre todo “Estadio Azteca” y “Las oportunidades”, con mucha más pegada que “La libertad”, tema un tanto indolente.

Estadio Azteca”, construida a partir de una misteriosa letra del escritor argentino Marcelo Scornik, parece hablar de fútbol y miseria, del sentimiento del hincha en los países más desfavorecidos de América Latina, donde el aficionado vuelca en su equipo toda su ilusión: “Agarrándome / dándole mi vida / a ese para-avalanchas”. Es una extraordinaria canción que se convirtió en un éxito inmediato.

Las oportunidades” es una rumba nostálgica con una melodía llena de gancho y una letra que contiene versos certeros: “La culpa es un invento muy poco generoso / y el tiempo, tremendo invento sabandija / será que será suficiente con que uno elija / porque si no la buena fortuna pasa de largo”.

“El Cantante” suponía así un regreso un tanto tímido de Calamaro tras cuatro años sin publicar disco. También fue el álbum de su vuelta a los escenarios tras un largo periodo de ausencia. Resulta ya desde el título, también en la apertura con “Malena”, un homenaje a grandes intérpretes de la música latinoamericana -Yupanqui, Goyeneche, Gardel, Lavoe- con un enfoque flamenco. Una orientación que seguiría también en el repertorio tanguero de “Tinta Roja”.

Andrés ofrecía así una cara distinta -aunque ya apuntada tanto en Los Rodríguez como en sus anteriores trabajos en solitario-, otra versión que sin embargo dejó un tanto frío al gran público, consciente de que el músico argentino es, sobre todo, un excelente compositor de canciones. 

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