portada del disco Dos

El salto de calidad con respecto a su primer disco es manifiesto en todo momento. Las composiciones son definitivamente mejores; las letras ya no gritan a la cara, ahora musitan, si acaso refunfuñan; los arreglos son más minuciosos y menos estridentes; el propio Álvarez canta más comedido, a veces con aparente indolencia; y la gran producción de Suso Sáiz termina por convertir "Dos" (Chrysalis, 1996) en una visita, tranquila pero escalofriante, a un manicomio.

En la primera habitación se describen en segunda persona las tribulaciones de una víctima de los éxitos del pasado, como Norma Desmond -protagonista de "El Crepúsculo de los Dioses" (1950) de Billy Wilder-, pero sin tragedia bíblica. “Sunset Boulevard” es tan espléndida que parece una osadía que abra el disco. Trata de aguantar el tipo “Sombra mía”, que, siendo la principal heredera de su debut, se desmarca no sólo en el desesperado monólogo interior, sino también en los sonidos que lo mecen en lugar de espolearlo. “Ella diciendo sí” es un ejercicio de resignación enfermiza con un estribillo un tanto vago.

Cuando uno empieza a suponer que, en efecto, el disco no va a volver a acercarse al nivel del corte inicial, se topa “con la bruma de farolas” de “Barrio”, una joya confeccionada a base de estampas melancólicas que alguien tuvo la valentía de elegir como segundo sencillo. La esencia del disco queda perfectamente recogida en este peregrinaje fantasmagórico por un álbum lleno de fotos y esperanzas amarillentas ("tantos sueños en paredes de ladrillo sin cartel"). Esa misma tristeza crónica y contagiosa pasa de estado a condición en otro ensueño neurótico que parece ocultar algo perverso, “Tanta calma“, y se convierte en ansiedad gracias a la viola de Isabel Abril al trote de “Mamá”.

Álvarez echa un vistazo al purgatorio con empatía en “Los hay”, que crece soberbia. “No te acuerdas” se vale de un bajo y un puñado de verdades a medias para golpear en las costillas a quien esté dispuesto a ser golpeado ("aunque a veces nos puedan las ganas"). “Gipsy”, la original de Suzanne Vega, está tan cerca de "Dos" que era difícil no repetirla, pero una batería machacona y un bajo incansable se encargan de hacerle un vestido pop antes de arrastrarla a este psiquiátrico. Bendito Suso Sáiz.

Es una suerte que “Por ahora” cayera aquí y no en la producción anterior, de donde podría haber salido con más pena que gloria. Esto se puede decir de cualquier canción del disco, pero especialmente de estas últimas. La tétrica fiesta de “Fantasma” y la nostalgia de manual de “Domingo menos dos” hacen aún más grande e irrepetible "Dos". Visto el nivel, el epílogo, “Si cierro los ojos”, sabe a poco; pero de un disco de estas características, mejor salir de puntillas.

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