portada del disco Demasiado Oro

El segundo largo de Oscar Avendaño y los Profesionales llega tras un exitoso crowdfunding que les permite sacar el disco en una cuidada edición en vinilo. La banda cuenta con las colaboraciones de Jorge Beltrán de Siniestro Total al saxo y David R. Rial a la trompeta.

Nos presentan diez cortes que suponen una clara evolución con respecto a su debut: “Oscar Avendaño y los Profesionales” (Folc, 2012). Aquí todo brilla, hay más matices, instrumentaciones delicadas y muchísima personalidad. Ironía, humor, intimismo, fatalismo, sencillez y mucho rock clásico. También grandes canciones como las iniciales "El suelo, otra vez" –asumir las desilusiones del día a día es una buena manera de alcanzar la felicidad- y "Póster central" –efervescencia rock y unos arreglos muy logrados que nos llevan al sonido americano clásico-. Canciones que dejan claro que Burning, Quique González, Lapido, los Rolling Stones y los Small Faces andan cerca… "Y tocar el suelo otra vez / después de haber aterrizado del revés / feliz por siempre jamás, / después de haber aterrizado marcha atrás".

Canciones vestidas de gala, de corte clásico, que nos hacen sentir bien. Mucha claridad, honestidad y sinceridad en las letras, costumbristas y acerca de relaciones, fracasos, aires de grandeza, pequeños éxitos y mucha cotidianidad.

Nos encontramos con momentos íntimos cargados de emotividad, "La pecera", un corte armado con armónica y guitarra acústica que consigue poner un nudo en el estómago… "Y me siento aquí a esperarte / y no voy a ninguna parte / y me basta con mirarte / y que me mires al pasar". A continuación llega el rock, con todas las de la ley -"Siéntate y mira"-, los sonidos fronterizos con alma western en la instrumental “Los Fortunas” y la psicodelia californiana de los 70 con “El viento”.

"Las ruinas", al igual que anteriormente "La pecera", vuelve a tocarnos el corazón. En la vida hay momentos malos, a veces muy malos, y mirar hacia adelante parece imposible, y entonces… el sol vuelve a brillar: "Y ahora me dicen que siga / que no me vuelva a mirar / nadie quiere convertirse en una estatua de sal / nadie quiere estar tan mal".

Cierra "Todas las canciones" trayendo la luz, el brindis clandestino mientras los demás nos miran de reojo: "Y aún cantamos a la vez / y aún brindamos sin sed / Celebramos nuestro porvenir".

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