portada del disco Coulrofobia

En su incansable búsqueda por los escenarios más adecuados para el horror, Los Carniceros del Norte optan ahora por el mundo del circo, y más concretamente por el de los payasos. Transmisores de la risa, por lo general volcados en arrancar una sonrisa del espectador, aquí sin embargo se trata de utilizarlos como agentes del miedo y el terror. Es por ello por lo que el pánico y fobia a estos personajes circenses sirven para dar título al álbum.

Para ello, lógicamente cuentan, cómo no, con el soporte que la cinematografía del género del suspense y del terror les brinda. La nutrida lista contiene en este caso títulos como "It" (Tommy Lee Wallace, 1990) basada en una novela de Stephen King, "Payasos Asesinos del Espacio Exterior" (Stephen Chiodo, 1988), "La Casa de los 1000 Cadáveres" (Rob Zombie, 2003) cuyo autor era el cantante de los norteamericanos White Zombie, o "Noche de Circo" (Ingmar Bergman, 1953) que comienza, como "100 Lágrimas" a modo de nocturna, casi de nana ralentizada para luego enredarse y enrabietarse en feroz afterpunk.

Elaborado en el estudio de H. Zombie (guitarrista de la formación) de Miranda de Ebro (Burgos), tiene incursiones decididas en detalles de electrónica y producción que logran convertir melodías, en principio circenses, en verdaderos himnos de amenaza y peligro. Asimismo, este "Coulrofobia" ofrece pinceladas interesantes como los teclados que, por ejemplo, marcan marciales e inmisericordes el esqueleto de la épica negra de "El que recibe la bofetada". Para "Payasos asesinos" componen lo que parece música hecha por unos DEVO poseidos por el diablo.

Cuando recurren a versionar a los ingleses Crisis en el tema "Balada triste de trompeta" (como el título de la película de Álex de la Iglesia de 2010) consiguen sonar sin embargo a un híbrido entre Décima Víctima y UK Subs.

Personalmente me quedo con la escalofriante "It", que consigue poner los pelos de punta como aquella "El nuevo cenobita" de Kante Pinrélico, y cuya intensidad fría se repite un tanto más amortiguada en "Drive thru". Electrónica sencilla al servicio de la creación de tensión como de ejércitos de gusanos, insectos y seres varios en camino para arrasarlo todo, como parecen tejer en "Gacy".  Algo similar ocurre en "Clownhouse" que lo mismo hubiera cabido perfectamente en el repertorio de los Pegamoides más oscuros.

En un disco en el que a lo mejor se alejan algo del punk salvaje que mostraban a dentelladas en "2013 Maniakos! (GOR, 2013), se zambullen en las maneras del after punk más despiadado y frío que se le pueden suponer a cualquier grupo británico pionero del género. "Shakes the clown" ejemplifica esto que digo. "Payaso a medianoche" tiene también algo en esa misma línea melódica de música dedicada al espectro más oscuro.

Una vuelta de tuerca más en busca de los confines del miedo y del horror, una incursión más en el after punk para poner la carne de gallina, una experimentación por la senda del synth-punk

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